El Alacrane
17 de diciembre de 2001

En el dialecto de las y los trabajadores de la maquila hay un verbo que casi siempre se usa en imperativo: el verbo Alacranar que cuando se usa se oye algo así como ¡Alacránate!
      La orden o invitación pretende que el interpelado –o pelada– se ponga en guardia, se alerte, se ponga como alacrán: listo para defenderse. Y como la forma sustantiva de este verbo es Alacrane, pues por eso se llama así esta columna. Traducida entonces, diríamos que este espacio se llama La puesta en guardia.
      En los ochentas en ciudad Juárez circuló un periodiquito con este nombre entre obreras y obreros de la maquila.
      En los noventas lo intentamos también aquí, en Chihuahua.
      Y en 1996 se escribió un libro que da cuenta de lo que logró ese instrumento de organización.
      En cierta medida, este esfuerzo es la continuación de aquellos e intenta dar una opinión desde la óptica de las y los trabajadores asalariados de este estado.


Luis K'Fong Fierro

¿Qué tan malo es el terror?
17 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

C uando llegué, ellit@s ya lo habían considerado más o menos extensamente. De hecho tenían anotaciones sobre unos cuestionarios que sus maestras les habían proporcionado para centrar su discusión. Quise entonces enterarme del grado de avance de la construcción y poco a poco fueron imponiéndome de su infantil visión:
      Me dijeron que tod@s coincidían en que el terrorismo era malo, muy malo, recalcaron. Como mi obligación era medio cuestionarlos, medio animarlos a considerar todos los ángulos posibles, les pregunté:
      -Una gripa, por ejemplo, ¿es terrorismo?
      -Ah, no -dijeron en coro-. Tiene que haber violencia -completó Omar que al parecer había hecho su tarea en la internet la noche anterior.
      -Un choque, entonces, ¿es terrorismo?
      -Tampoco -otra vez el coro-. Tiene que haber venganza -dijo Cristy-. O amenaza para conseguir algo que el otro no quiere dar -terminó Freddy, con una voz casi inaudible por lo largo de aquella mesa redonda de niños CAS, o sea con capacidades y aptitudes sobresalientes.
      -Ya entiendo... -quise agarrar tiempo y aire, porque tal parecía que mis nuev@s amiguill@s tenían muy afilado aquello de la conceptualización, cuando menos más que los tallerand@s con los que trabajo normalmente-. Entonces, Bush es terrorista.
      -¡Qué no!, el terrorista se llama Bin Laden -me corrigieron tod@s junt@s, aunque ya no en coro, porque el tono de algun@s era ya de fastidio, por no poder hacer que yo entendiera; otr@s como que querían burlarse de mi ignorancia y la mayoría intentaba lealmente sacarme del error.
      -¿Cómo no?; es muy malo lo que Bush anda haciendo por allá en Afganistán ¿o no?; bombardear es un acto de violencia; él dice que les está haciendo eso porque no le entregan a Bin Laden, o sea, se está vengando y claro, primero los amenazó para conseguir lo que quería y no se lo daban -siguió un silencio en el que casi pude oír sus cerebros procesa que procesa- ¿entonces? -finalmente los apremié.
      Y fue cuando la opinión se dividió. Lucero, una muchachita que se está convirtiendo en jovencita, me vio con esos ojos con los que ve la gente cuando, de pronto, reconstruye algo:
      -Pues a lo mejor y sí -consideró-. Sí, yo digo que sí, que Bush es el terrorista.
      -Pero también Bin Laden -completó Cristy.
      -Bueno, quién sabe -acotó Óscar-, porque dicen que no le han probado nada. Pero los que se estrellaron en las torres ésos sí... y Bush también -concedió.
      Luego tomaron ellit@s la iniciativa y comenzaron a bombardearme a mí con preguntas; que cuál era el fondo del problema, que el petróleo, el poder y las ideas religiosas, que por qué estaban enojados con Estados Unidos, que por lo de Israel; que si eran muy malos con las mujeres, que sí, pero también algunos juaritos y no por eso nos bombardean a todos... y así.
      Cuando terminó el tiempo del ejercicio, teníamos que decidir cómo íbamos a presentarle a l@s demás los resultados de nuestra mesa. Dijeron que hablara una comisión de tres y l@s demás los apoyarían con dibujos. Primero querían que yo los nombrara a los oradores, pero pronto pasó la idea de que debían elegirlos entre los que estuvieran dispuestos a hablar. Y Lucero, redondeó:
      -Que sean dos hombres y una mujer, nomás porque ellos son mayoría -aventuró.
      L@s demás aceptaron, dibujaron como desesperados, tanto que se negaban a comer por estar tan ocupados -me traje dos de los trabajos, los que aparecen aquí- y, al final, hablaron Freddy, Óscar y Lucero -Omar se negó, porque dijo que si él no dejaba a nadie hablar por él, ¿cómo iba a decir cosas por otr@s?-. No informaron todo lo que construimos, pero dieron una idea clara a l@s demás de que eso del terrorismo es más complejo que condenarlo como malo simplemente.
      Yo hubiera querido haber tenido tiempo y habilidad para proponerles mi conclusión: que el epíteto de terrorista simplemente es un insulto, que lo aplican los tirios a los troyanos para descalificarlos y bombardearlos, pero que en correspondencia los troyanos les dicen terroristas a los tirios, para poderles tirar las torres. En fin, ya será otra vez... si me vuelven a invitar.


La pueblada
24 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

E l primer impulso que tiene uno al enterarse de las noticias de Argentina, es de regocijo. Es el pueblo, las y los de abajo, las clases media y baja, la pequeña burguesía y el proletariado dictándole condiciones al gobierno de su país y, de paso, a las agencias financieras internacionales, principalmente al omnipresente FMI.
      Es la gente negando en los hechos la irrefutable verdad de que el mercado lo domina y decide todo; son las y los humanos de cuando menos una región del planeta, diciéndole qué hacer a las cosas, y no al contrario como ha venidos sucediendo todos estos últimos años en el resto del mundo, donde todavía ahora gobiernan las cosas sobre los hombres y las mujeres.
      El episodio también es prueba, por otro lado, de que las elecciones no son ni con mucho más, el único camino que tenemos las y los de abajo para hacer política, sino que los caminos para participar en la cosa pública son, como los de dios, infinitos.
      La pueblada como estoy leyendo que le dicen allá, le ha dicho a las clases participantes que no era cierto que las grandes decisiones sólo pueden venir de arriba para abajo, sino que también se pueden dar a la inversa, tan contundentes o más que las que hasta hace muy poco dictaban el ministro de economía y el presidente depuestos...
      Pero ése es sólo el primer impulso, porque cuando seguimos leyendo los despachos, notas y comentarios que nos llegan del cono sur, el gozo como que comienza a írsenos al pozo: resulta que las consecuencias políticas del movimiento –cuando menos hasta el momento– es que el poder que perdieron los radicales, recayó en los justicialistas, quienes para estas horas ya nombraron dos presidentes provisionales y, según leo, se preparan para hacerse del definitivo el próximo tres de marzo.
      O sea que como diría Virgilio, a los argentinos les salió la cosa como a las abejas, que hacen la miel, pero no para ellas. O como dirían los viejitos en uno de sus evangelios chiquitos, saltaron del sartén a la lumbre. Sucede que el régimen que ellos reprobaron en las pasadas elecciones, en las que eligieron al ahora depuesto De la Rúa, era un régimen peronista, precisamente; uno corrupto que se benefició de la venta de las paraestatales, que pidió los préstamos que ahora no se pueden pagar y que, por otro lado, puso en práctica religiosamente todos y cada uno de los consejos neoliberales del Fondo Monetario Internacional y plantó las primeras piedras de la debacle que coronó el gobierno radical que acaban de tirar.
      ¿Cómo pudo ocurrir tal cosa?; ¿cómo puede ser que un movimiento que pretende parar las políticas económicas depredadoras, le entregue el poder a otro partido igualmente antipopular?
      La explicación no es sencilla, pero tiene que ver con esa posición idiota que desde la derecha, o desde una supuesta extrema izquierda, a estado propalando entre la gente que la organización política sólo es para los políticos, y poco o nada tiene que ver con la gente honesta; que política es igual a corrupción; que el partido de las y los de abajo ha sido superado por otras formas de organización, que mientras se mantengan más alejadas de la política, mejor; porque al cabo nosotras y nosotros sólo necesitamos satisfacer nuestras necesidades económicas, nunca las políticas, ésas son de quienes están enfermos de poder y los buenos, los honestos, los humildes, sólo podemos y debemos aspirar a ser ciudadanos.
      Las consecuencias ahí están: los argentinos dejaron en manos de los canallas y ladrones la actividad política y ahora, cuando tuvieron el poder durante cuarenta y ocho horas, no pudieron conservarlo, más temprano que tarde tuvieron que entregarlo a sus enemigos. Nada más preguntémonos: ¿qué hubiera pasado si en aquel país hubiera un partido de los trabajadores? Ahora estuviéramos celebrando una revolución, no una pueblada...
      Es cierto que los peronistas van a tener que aflojar el dogal, pero luego vendrán las necesidades ineludibles y, con ellas, las medidas dolorosas pero necesarias, o sea una situación idéntica a la que crearon Cavallo y De la Rúa, aunque eso sí, sin Cavallo y De la Rúa. Si alguien no lo cree, al tiempo...


¡Cuánta ruindad!
31 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

D ebería escribir en este día un texto que diera cuenta de mis mejores deseos para el año que comenzará mañana, es lo que se acostumbra. Escribir, por ejemplo, que deseo con toda mi alma que George W. Bush siga cumpliendo con su misión de desembarazarnos de los terroristas de todo el mundo que, por no sé qué extraña razón, cada vez que se profundiza la crisis, ellos se multiplican; y ya andan hasta en el patio trasero del imperio, o sea aquí mismito, en América Latina, en forma de guerrilleros en Colombia, de piqueteros en Argentina y hasta de diputados tercos en México, porque no quieren acceder a la reforma fiscal.
      Debiera escribir que mis mejores votos son porque Fox siga prometiendo y prometiendo, para que se vea claramente que los gobiernos de derecha derecha, son mejores que los de centro derecha derecha. En fin debiera escribir que quiero que nuestro gobernador sea guardado del mal por muchos, muchísimos años, para que pueda terminar su obra, o sea declarar y declarar y declarar sobre la violencia, aunque no mueva un dedo o un procurador al respecto.
      Pero no puedo y no quiero. Porque estoy enojado. Porque estoy triste y decepcionado de mis congéneres. Muy concretamente de algunos que viven allá, en Juaritos.
      Sucede que como maldición, nomás para amargarme las vacaciones, hace días me llegó un emilio. Venía triangulado, pero procedía de mi amiga Esther Chávez Cano, la directora de la Casa Amiga, una institución no gubernamental que da atención y apoyo a las víctimas de la violencia contra la mujer en aquella ingrata frontera. Anexo, venía un recorte del Diario de Juárez y en él se daba cuenta de otro feminicidio:
      María Luisa Carsoli tuvo problemas en su matrimonio –forma suave de decir que se casó con un energúmeno que la golpeaba, nomás para demostrar quién debe mandar en el hogar–. Acudió a Casa Amiga para defenderse, para que la protegieran del que se cree su dueño y señor. Y sí, les estaban dando terapia psicológica, pero por la necesidad de sobrevivir, María Luisa se quedó a trabajar como recepcionista en la institución.
      El caso es que el pasado 21 de diciembre, el macho la acechó como si fuera una pieza de caza; la esperó en la esquina de su trabajo, la abordó, la insultó y luego la acuchilló varias veces hasta dejarla tendida muerta en la banqueta misma de la institución que defiende a las mujeres contra la violencia de esa frontera.
      Y bueno ya con esto es para ponerse triste y hasta enojado. ¿Qué rayos ha cometido esta sociedad para hacer pensar a un tipo que puede dirimir sus desavenencias conyugales a puñaladas?..., pero ojalá y fuera todo...
      En la misma nota, el Diario informa que la ayuda de miserables treinta mil pesos mensuales que les estaba dando el ayuntamiento a Casa Amiga, será suspendida. Y cuatro días después, el día en el que la mayoría de las familias están toreando la cruda y devorando los quedes del pavo o la pierna, el 26 de diciembre, recibo este otro emilio que responde al que envié con mis condolencias:
      "...Gracias por solidarizarte con nuestro dolor.
      Los otros, los que nos quieren destruir, han armado en radio a varios detractores con comentarios como éstos: 'algo turbio se esconde en Casa Amiga para que hayan matado a una colaboradora' o 'después de niño ahogado tapan el pozo, ahora quieren aprovechar este crimen para lucrar con él' ¡Cuánta ruindad!
      Un besote para ti y Rocío con mi cariño..."

Sí, ¡cuánta ruindad! Desde hace tiempo, como una campaña orquestada desde aquellos que son cuestionados en su gestión por la imparable ola de crímenes en Juárez, o como un acto infame de disputa del exiguo capital político o económico que, con inenarrables sacrificios ha logrado acumular la Casa Amiga; un corito absurdo ha venido repitiendo calumnias, ataques o, de plano, estupideces: que si Esther y sus amigos tienen inconfesables intereses políticos; que si es corrupta, que si patatí, que si patatá. Pura basura, puro enloda que al final algo quedará.
      Y entonces piensa uno: ¿Quién ha dado la cara y mencionado por sus nombres y apellidos a los inútiles que no han podido detener el horror de Juárez? Esther. ¿Quién ha concretizado en algo; en un punto de referencia y apoyo para las abusadas, golpeadas, abandonadas, huerfan@s y enviudadas de Juárez, los pocos esfuerzos que se pueden hacer desde fuera del poder del estado y del dinero? Ni más ni menos que Esther.
      Por lo tanto, atacarla significa una de dos cosas: o que se está en el campo de los que dicen que finalmente las mujeres asesinadas se lo merecían por putas y callejeras; o bien es alguien que tiene envidia de lo logrado por Esther; y que en la disputa por los recursos está intentando echar al traste lo conseguido con tanto esfuerzo.
      Y para mí que ambas posiciones son criminales, tanto o más que las que tomaron Ricardo –el verdugo de María Luisa–, los convictos de violación y muerte, o los todavía impunes que deben responder por la desaparición de casi trescientas mujeres, de las de abajo.


L@s pagan@s
7 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

V iene la crisis. Algo pasa y, de pronto, resulta que hemos producido más de lo que se puede vender. Y como en este sistema no trabajamos para consumir, sino para vender, esto es una gran desgracia, la desgracia más grande del mundo: tener mucho y no poder realizarlo, no poder convertirlo en lo único que puede satisfacer a un productor en el capitalismo, dinero, o cualquier otro valor equivalente que enriquezca, que permita seguir el infinito círculo de la ganancia...
      Y si no hay ganancia, hay que hacer de todo para componer las cosas, para que vuelva la normalidad. Se reduce la producción, para empezar. Como consecuencia inmediata, queda cesante un buen número de brazos. Luego, se intenta bajar precios para competir; para convencer a los consumidores de que sea éste producto el que adquieran y no el de otros oferentes. Para ello es necesario bajar costos y como el trabajo vivo, los hombres y mujeres que mueven las cosas para producir, son mercancías que se consumen en el proceso, pues es válido, recomendable y saludable que se recorten otro buen número de ell@s y, a los que queden, amenazados con la espada del despido, se les rebaje el sueldo, se les aumente la jornada o simplemente el ritmo de producción. Y así. La idea es hacer todo lo que se pueda y deba para cargarle la crisis a otros, y si se trata de las y los más débiles, mejor.
      Pero hacer esto tiene riesgos. Recordemos que todo comenzó con una contracción del mercado, o sea que la gente ya no gastaba como antes. Pues bien. Cada desempleado y restringido, son otros tantos consumidores que ya no demandan cosas, que ya no viven normalmente, como les recomendó Bush a todos los norteamericanos. Menos salarios, menos compras; menos compras, más quiebras; más quiebras, más despidos y restricciones. Un círculo vicioso que incluso puede poner en peligro todo este jueguito de la explotación capitalista.
      Es entonces cuando entra el estado en acción: ese aparato político, ideológico, administrativo y militar que dice velar por todos y cada uno de nosotros, está encargado en realidad de vigilar que la cosa funcione, que supere sus crisis, que marche con los menores sobresaltos posibles; que la ganancia se realice sin conflictos; y si éstos surgen, se encarga de meter orden; de dirimirlos y volver a cada quien a su lugar: al capital a ganar, al obrero a trabajar.
      Así, el gobierno de EEUU, por ejemplo, devuelve impuestos a las mayores empresas capitalistas (ver Raymundo Reynoso, La gota 21 ). La lógica es fácil de entender: se trata de que lo que no ganen normalmente se los dé el estado, de esta manera, se dice, no hay necesidad de despedir y, a lo mejor, ni de restringir salarios o intensificar jornadas ni ritmos y consecuentemente –lo que para ellos es más importante– no se contraerá el mercado... Lo cierto, por supuesto, es que lo obtenido así, vía devoluciones, no se destina a la reinversión ni al salario, sino que como es de orden en un capitalista, simplemente se embolsa como merecida ganancia.
      Otros gobiernos, los ahora descalificados populistas, intentan hacerlo directamente: en lugar de devolver impuestos para que los señores del dinero hagan el bien; usan estos recursos para paliar la miseria, compensar el desempleo o subsidiar el consumo. Programas de reparto como Solidaridad o Progresa; obra pública para emplear la mano de obra expulsada por los vaivenes del mercado y, a veces, hasta controles en los precios o subsidios a quienes produzcan para el consumo directo, como el que antes había para la tortilla o el transporte público, son algunas de las estrategias seguidas por quienes optan por esta forma de intervenir.
      El problema es que en uno o en el otro caso se necesita tener recursos para devolver o para repartir. En uno o en otro caso se tienen que cobrar impuestos. Y como en el caso del reparto, la forma en que se obtienen definen a los gobiernos:
      Los muy liberales tratan de no gravar mucho a sus patrones directos, los empresarios. La lógica, como todas sus ideas, es simple: todo lo que beneficie a los de arriba, debe dar felicidad tarde o temprano a la totalidad de la humanidad, así, lo que les quite sufrimientos, ellos lo agradecerán repartiendo felicidad a las y los de abajo... Ah, pero eso sí, para mantener el gasto de operación del gobierno, para paliar los fracasos de sus mandantes, para ello, gustan de gravar el consumo, preferentemente aquel que todos forzosamente tenemos que hacer, o sea, las mercancías que satisfacen las primeras necesidades. Dicen que eso es muy democrático, porque ¿quién no come?, ¿quién no viste? Entonces, si gravan la comida y el vestido, nos gravan a todos.
      Los otros, los populistas, intentan ponerse equitativos. Quieren gravar sólo a los de arriba: la ganancia, el consumo de lujo o la especulación, dicen, son los renglones que deben proporcionar al estado los recursos que luego se emplearán para sacar del atolladero a los titulares de la ganancia, los consumidores de lujo y los aficionados a la especulación...
      Y en ambos casos los paganos, los que tenemos que absorber el costo del esfuerzo social para salvar a los adoradores del mercado, tenemos que ser nosotr@s, las y los de abajo.
      En el caso liberal es claro: pagando IVA y otros impuestos directos al consumo, pagamos el desorden capitalista que necesita de muletas para caminar normalmtente.
      Pero en el caso populista la cosa no es tan clara. Parece que el gobierno castigara a los descuidados inversionistas que con sus errores nos llevaron a la crisis; que reprimiera el despilfarro y gravara aquellas actividades que no producen nada, como la bolsa o la especulación. Pero... siempre tiene que haber un pero... ¿de dónde sacan los ricos, despilfarradores y especuladores sus haberes para pagar sus impuestos? De nuestro trabajo, no hay de otra. Nos lo sacan en forma de productos de nuestro actividad transformadora y lo realizan en el mercado, donde nos lo cambian por nuestras monedas que recibimos de salario. No hay más.
      Así las cosas, los empresarios se las arreglan. Uno, aumentan la explotación para resarcirse de la pérdida que significa el gravamen. Dos, aumentan los precios de las mercancías que ofrecen en el mercado, con el qué de que ahora tienen que mantener a un tercero, a la burocracia. Y tres, chillan y patalean, haciéndose las víctimas; critican y resisten al estado y, si pueden, llevan al baile a los demás miembros de la sociedad, diciéndoles que los malos son los políticos, y no ellos, los explotadores y hambreadores; que si recurren a estas malvadas prácticas es obligados por la circunstancia de tener un estado intervencionista y de poca fe en la excelencia del supermercado.
      En el fondo, entonces, para nosotr@s la cosa es exactamente igual... aunque, claro, hay matices: en el caso de los liberales, para las y los de abajo el estado aparece como el malo; en el de los populistas son los empresarios los que llenan este papel. Por eso pelean entre ellos, para sacarse la varilla política, el costo que tiene, quiérase o no, robar arteramente.
      Y en todo este embrollo, nosotr@s tenemos que jugar. Unas veces beneficiaremos a unos, otras a otros. Pero lo importante es hacer nuestro propio juego. Aprovechar y fortalecer la posibilidad de construir un mundo donde no haya explotación, no haya impuestos, no haya crisis, ni despilfarro, ni pugnas por ver quién puede robar sin que lo señalen como ladrón.


No, pues sí...
21 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

D esde luego que sigo siendo un completo ignorante en esto de los impuestos, pero desde que me lo explicó un doctor, uno de esos que entrevistan en la tele, con una lista así de títulos, libros publicados y puestos desempeñados; desde entonces... estoy peor.
      Dice que la ciencia económica no ha resuelto todavía muchas cosas, entre ellas si se debe gravar a quien más gasta o bien, a quien más gana.
      La primera opción tiene grandes ventajas, según nos explicó muy pacientemente. Simplifica el sistema de recaudación, porque no hay que hacer tanto cálculo, y ni siquiera se tiene que confiar en que lo que declaren los contribuyentes sea cierto o no, ya que éstos no son más que retentores del impuesto, no paganos, como sucedía anteriormente. Además, es cuestión de simplísimas triangulaciones –entre él, sus proveedores y sus clientes– para enterarse de si está declarando correcta o incorrectamente cuánto fue que retuvo. Y, por último, tiene la ventaja de que quien lo retiene puede descontar de ahí el impuesto que ha pagado a otros en la cadena ésa de la libre circulación de las mercancías. Por eso le dicen la forma moderna de recabar impuestos.
      Y bueno, visto así, si uno no se fija bien, puede que hasta llegue a pensar: "no, pues sí".
      Pero detengámonos a ver un poquito estas ventajas. En primer lugar, ¿son ventajas para quién? Es evidente que para el recaudador, tal vez con excepción de la última mencionada, la de la posibilidad de descontar. Si alguien compra algo, paga IVA. Pero si ese algo lo utiliza para hacer otra mercancía que luego vende, entonces cobra IVA en mayor cantidad, puesto que ha agregado valor. Y al fisco sólo le paga la diferencia entre las dos operaciones. Mas, ¿qué sucede si ese algo ya no lo vende, sino que lo consume? Pues entonces tiene que ponerse con todo el IVA que le carguen...
      Nosotr@s, l@s de abajo, que sólo consumimos y no vendemos –bueno, sí vendemos, pero sólo nuestra fuerza de trabajo, la cual no causa IVA–, pues tenemos que pagar siempre, sin que podamos descontar nada. Pero aparte de eso, decir que el que gaste más, pague más tiene sus bemoles: nosotr@s, por lo insuficiente de nuestros ingresos, estamos obligados a gastara el 100% de lo que conseguimos, por lo que siempre pagamos; mientras que los de arriba distraen diversas cantidades para el ahorro o la inversión y, por ello no pagan, aunque en términos absolutos paguen más... Y entonces me dije: "no, pues no". Como que éste sistema, por muchas ventajas que tenga para ellos, a mí como que no me gusta.
      Veamos entonces el otro; que se grave al que más gana. Éste, nos dijo, también tiene sus ventajas. Redistribuye el ingreso; es más equitativo, porque el que más tiene, más aporta, además, si se le agrega el ingrediente del subsidio fiscal, es decir, no cobrar sino sólo desde cierto nivel para arriba, pues entonces hay una transferencia de recursos de los ricos hacia los pobres. Claro, nos advirtió, tiene desventajas, porque desestimula a los negocios, el ahorro y la inversión. ¿Para qué invertir, si todo se lo lleva el estado?, mejor lo gasto. Cosa que, por otro lado, hay que tomar con reservas, porque el capital invierte siempre que le garanticen ganancias, no le hace que las tenga que compartir con la burocracia.
      Me volví a entusiasmar: "no, pues sí".
      ¡Pues no!, me volvió a sacar de onda el doctor: resulta que el que puede hacer cuentas, las hace. Si alguien sabe que le van a gravar su ganancia en tal o cual porcentaje, no necesariamente por eso deja de ganar; simple y muy sencillamente ajusta sus precios, o sea que su aportación al gasto público, al social que le dicen, se lo carga al consumidor... es decir, al que gasta, al que come, al que consume; o sea a nosotr@s.
      Y ya, ahora estamos donde comenzamos. Como que la ciencia esa que dice el doctor no ha podido resolver el problema porque en última instancia no lo hay. Que se cobre así, que se cobre asá, de todas maneras pagamos nosotros y así, "pues no... no nos conviene".


¿Quién ahorra recortando al ISSSTE?
28 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

L a noticia la tuvimos que ver en los diarios locales, porque los órganos de difusión del sindicato, si es que existen, no fueron para informar al resto de l@s trabajadoræs de la lucha que estaban sosteniendo sus colegas del noroeste. Así que la crónica habremos de tomarla con pinzas, con reservas y asumiendo la intención sesgada de sus periódicos que, en cuanta oportunidad tienen, nos golpean a l@s de abajo.
      Las notas dicen que el jueves 24 l@s trabajadoræs de la educación de la región de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, tomaron la caseta de cobro de la carretera que va de Chihuahua a Juárez. Que cuando llegaron la Policía Federal Preventiva, la Judicial del Estado y la Preventiva que levanta a los borrachitos, les dijeron de sus motivos: era una protesta contra el trato que se les da a l@s profesoræs en el ISSSTE; la falta de clínicas en la región y aún de médic@s en los poblados menores; de lo ridículo de pagarles sólo dos horas a la semana para que atiendan a todos los empleados al servicio del gobierno federal o sus dependientes y, en fin, contra la versión regional de la inoperancia, pobreza, ineficiencia y baja calidad de los servicios médicos que se dan a las y los trabajadores oficiales en todas partes del territorio nacional.
      Sus demandas: que les diera una entrevista el delegado estatal del ISSSTE, un ex secretario general de una de las secciones del SNTE y, además, con las autoridades sindicales (sic, por aquello de que nosotr@s los creíamos solamente representantes) de la sección 8 que agrupa a l@s maestr@s federalizad@s de la entidad.
      Al final se les concedió, creo yo, porque los diarios ya no dicen nada sobre el asunto en sus ediciones de los días subsecuentes. No que haya mejorado el servicio en el ISSSTE, sino que hayan obtenido una audiencia con las autoridades, las administrativas y las sindicales. Pero lo que yo quiero comentar aquí es el enfoque –para decirlo en el argot pedagógico– que se le da a este problema. En la mayoría de l@s maestr@s, aun en l@s que se reclaman de la disidencia de izquierda, está la idea de que todo se reduce a un problema de corrupción, ineficiencia o mala onda de parte de las ya muy citadas autoridades, o, mejor dicho, de l@s mon@s que ahora fungen como autoridades. Algunos hasta hacen cuentas democráticas: lo que pasa, dicen, es que no hay contrapesos suficientes para controlar los excesos de l@s abusones que, de alguna manera, se hicieron con el poder.
      En base a esto, se diseñan estrategias para superar el problema, principalmente dos muy sencillas: destituir a quienes no están funcionando o movilizarse para obligarlos a decidir en favor de los intereses de l@s de abajo.
      Y yo digo, ojalá y todo se redujera a eso; porque ello supondría que vivimos en un sistema justo, equitativo y hasta humano... lo que pasa es que los que están encaramados en el poder son los malos. Y sí, efectivamente, todo es cuestión de ir ensayando; subiendo a uno, luego bajarlo; probar con otro y así, hasta encontrar el que dé el perfil de estadista magnánimo... ah, por cierto y sólo sea dicho de paso, ese alguien, por qué no, puede ser uno de los impugnadores del perverso en turno.
      La realidad, desgraciadamente es otra. Esto del ISSSTE y su pésimo servicio tiene una explicación más compleja, pero más plausible: sucede que el servicio médico que recibimos, así como todas las prestaciones que no se nos entregan en moneda del cuño legal, son parte de nuestro salario. Algunos adornados le dicen salario diferido, otros dicen simplemente salario en especie, pero el hecho incontestable es que las ventajas que recibimos además del cheque o el depósito en pagomático, son contraprestaciones que nos merecemos por haber trabajado esta quincena, este mes, este año o este quinquenio, no hay vuelta de hoja, es parte de nuestro salario.
      Y como el grito de guerra de l@s de arriba en la última década del siglo pasado y el año y cacho que va de éste es agandallar cuanto se pueda a l@s trabajadoræs; reducirles el salario al mínimo; quebrar su resistencia; rebajar su estado de ánimo hasta el grado de hacerlos decir no hay de otra; dividirlos y enfrentarlos entre ellos y todo con el fin de obtener el máximo de ganancia posible, porque esto del supermercado mundial nos ha puesto en la real y verdadera competencia; en la disyuntiva de explotar a fondo nuestr@s esclav@s o morir desplazados. A nadie le debe resultar difícil entender que esto del ISSSTE no es más que una manera de saquearnos.
      Si al servicio médico no se le invierte, se ahorra y el ahorro es base de toda inversión, lo que a su vez es riqueza, tal como decía mi abuela cuando trataba de infundirnos buenas costumbres. Lo que no me explicó mi ancestra es cómo ahorramos un@s y se enriquecen otr@s...
      Ahora bien, si lo vemos así, como una disputa, un estira y afloja por ver quién se queda con mayor parte del producto del trabajo, habrá que sacar conclusiones muy distintas a las del sentido común: uno, que no es cuestión de cambiar de gandallas en los puestos de autoridad, porque de todos modos, a quien pongamos, van a tratar de exprimirnos lo que puedan. Dos, que sólo terminando con el sistema del trabajo asalariado se resolverá de fondo la bronca. Tres, que para ello tenemos que arrebatarles el poder y eso no lo podemos hacer si seguimos intentando sólo presionarlos para que actúen en nuestro favor; porque lo que no hagamos por nosotros no lo va a hacer nadie, y menos nuestros enemigos.
      Qué bueno que consigamos, de vez en vez una que otra migaja con la presión; pero si esos pequeños triunfos no van engarzados en una estrategia para obtener nuestra liberación, va a ser como esfuerzo desperdiciado, como si el ahorro que tanto costó, tuviéramos que desparramarlo en la calle.


¿Y si es un conocido?
5 de febrero de 2002

ROCÍO MARTÍNEZ C.

E l domingo 3 de febrero salió en El Heraldo la promoción de una campaña contra crímenes de mujeres. Se mencionan trece formas de "ponerte viva", algunas cuestionables, como esas de: No andes sola. Procura andar con una amiga, amigo o familiar. No subas a la ruta si no trae otros pasajeros. El pero que les pongo es que ahora, si tengo que hacer una entrevista debo ir acompañada, y es preferible quedarme en una parada de autobús sola a subirme en un camión que no lleve otros pasajeros. Es decir resulta que todo parece radicar en que me debo cuidar yo, porque andan los hombres sueltos, eso me molesta. No creo que alguna de las chicas piense: "¡ah!, sí, voy con ese tipo para correr peligro y me mate", claro que tenemos cuidado siempre, y vivimos con miedo y conseguimos chapas buenas, y ponemos cadenitas en nuestras casas, más que ponerme viva quisiera no tener que hacerlo y andar sola en lugares oscuros sin que me tiemblen las piernas y poder dejar de sentir coraje contra quien me ha agredido y que va a volver a hacerlo con otras, porque las autoridades no le quisieron hacer nada.
      Con el resto estoy de acuerdo en lo general, pero no bastan por sí solas para detener las agresiones a mujeres. Es más, recuerdo haber leído que existen estadísticas donde registran que la mayoría de las agresiones físicas son llevadas a cabo por familiares o conocidos de las víctimas, independientemente del sexo o la edad. Una prueba es el caso de las jovencitas de ciudad Madera, cuando les hablaron unos muchachos, se acercaron a platicar porque ellas conocían a uno de sus agresores. No pretendo descartar que tod@s debemos tomar medidas de seguridad, pero eso está muy lejos de terminar con los crímenes de mujeres. Es como ponerse calcetines para no resfriarse, el virus persiste. Aunque aprendamos defensa personal el machismo seguirá ahí, cuando una mujer dice que su marido no le pone la mano encima, aunque reconoce que le da cachetadas, no sirve que ella sepa kung fu. Sirve más la conciencia que por muy tontas que seamos, inútiles o comunes y corrientes, no merecemos golpes.
      Hay un punto que me parece delicado, utilizar llaves, tacones, gas, lápiz, pluma como autodefensa, si no se saben usar correctamente, es posible que terminemos lesionadas con esos elementos por el agresor, sugerir su uso implica adiestrarnos en el mismo. No voy a seguir desmenuzando una por una de las sugerencias, pero es obvio que los ataques no dependen de las medidas de seguridad que cada una de nosotras implemente en sus vidas. Preferiría que nos explicaran cómo nuestra cultura fomenta las relaciones violentas, y de las características de los hombres que son capaces de hostigar, acosar, abusar y asesinar a las mujeres. O que nos detallen que cuando la violación ocurre es un hecho aterrador y no placentero y de pasada avisarle a los hombres, a todos, que la violación y los golpes no nos gustan a las mujeres.
      Más allá de ponerse viva, es necesario instrumentar toda una serie de acciones legales, organizativas, materiales, administrativas y hasta educativas para que funcione la mitad de las sugerencias. De no ser así estaremos condenando a la frustración de quién se atreve a denunciar y no es oída.


Ni crea
19 de febrero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

L o tomamos porque nos encandilamos. Nos dijeron que tendríamos la posibilidad de que, saliendo sorteados en alguno de los meses previos al año y medio, podríamos tener un carro sin necesidad de pagar enganche. Claro que para tener esa oportunidad tuvimos que hacer gastos elevadísimos y desproporcionados a lo que recibiríamos:
      Mes con mes nos cargarían gastos de administración. Sí, aunque parezca increíble, tuvimos que pagar para que nos administraran nuestro propio dinero. Y no crea usted que eso era poco y aceptable, en nuestro caso, era algo así como entre doscientos veinte y doscientos treinta, según variaciones que nunca nos explicaron a qué se debían. El caso es que en año y medio, les pagamos más de cuatro mil pesos, por nada... Nuestro dinero que estuvimos entregando religiosamente, no produjo –cuando menos para nosotros– ningún rendimiento.
      El grupo en que nos inscribimos era de ciento veinticinco miembros y, según nos dijeron, se participaba en la rifa de tres unidades que con distintos criterios se otorgaban mensualmente. O sea que estuvimos en dieciocho rifas en las que teníamos .024 oportunidades de obtener el crédito, una posibilidad escasísima, según nos informó un amigo que sabe de esto de las probabilidades.
      Pero, nos explicaban, con todas estas desventajas, tienen una gran ventaja: si se sacan el carro, se les congela el precio para el resto de las mensualidades que tienen que entregar. Y nos creímos. Lo cierto es que con letras muy chiquititas, dice que se nos hará un cargo del punto tres por ciento mensual sobre el valor del auto, para asegurarse –ellos, obviamente– contra la eventualidad de una variación del precio. En nuestro caso, eso significan quince mil pesos, o sea como cinco meses más de pago, nomás porque sí. Ya que los precios de los autos, en el peor de los casos, no varían los quince mil pesos.
      En otras palabras, que, efectivamente, no nos cobran intereses por el supuesto crédito, pero nos cargan un catorce punto cuatro por no cargarnos intereses, curioso, ¿no?
      Y digo supuesto crédito, porque en realidad fue una operación como las que hay en las tiendas del centro, una de apartado, pero con enormes desventajas, porque cuando apartamos una camisa en la Liber, nos prometen respetarnos el precio para cuando la hayamos completado. Pues aquí, ni eso.
      El caso es que transcurrieron dieciocho de los cuarenta y ocho meses que tenemos que pagar por el dichoso auto. El contrato dice que si para ese tiempo no se lo ha sacado uno, entonces se le adjudicará automáticamente, si no se ha retrasado uno nunca y, ojo, si ellos lo consideran a uno sujeto de crédito.
      Y bueno, ése era precisamente nuestro caso. Las dieciocho mensualidades las pagamos oportuna, puntual y religiosamente, a veces sin esperar a que nos viniera el cobro, porque hasta para eso son ineficientes. Satisficimos todos y cada uno de los requisitos que dijeron había que cumplir para ser eso, sujeto de crédito.
      Y ¿qué creen? El auto no llegó. Ni siquiera nos avisaron, impugnaron o descalificaron. Simplemente siguieron recibiendo nuestro dinero como si tuvieran derecho a él.
      A los diecinueve fuimos a ver qué pasaba. Pues nada, que sí, que efectivamente teníamos derecho, pero que debiéramos traer estos y aquellos papeles –no fuera a ser que intentáramos hacerles fraude y les quisiéramos regalar más dinero– y que luego, después de un mes, ellos iban a decidir si sí, o si no. O sea que nuestra esperanza debía recorrerse un mes más.
      Ah, y que nos fuéramos preparando, porque si éramos agraciados, ahora habría que ponerse con once mil pesos más, para aquello del seguro del auto que, obviamente, hay que contratarlo con ellos y con nadie más y otra parte para los derechos vehiculares, placas y demás.
      ¿Por qué otro mes?, ¿no debieran pedirnos disculpas y darnos de inmediato lo prometido? Pues nomás, porque sí, porque así son las políticas de la empresa.
      Entonces regrésenos nuestro dinero y ya.
      Con todo gusto, sólo que los cuatro o cinco mil de gastos de administración, más una mensualidad y media que pactamos como cláusula penal, ésos no. En total, les vamos a robar así, nomás porque sí, once mil y tantos pesos...
      No, pues entonces déjenos ver si traspasamos el crédito a otra gente, que pueda verle algo de utilidad a esto. Pero nadie lo quiso. La razón es muy sencilla, ¿quién teniendo cerca de setenta mil pesos va a requerir de hacer un trato tan leonino?
      Regresamos. Que bueno, pero dénos uno más barato, el más barato que tengan, para pagarlo pronto y no tener más que ver con ustedes. Otro mes. Estamos viviendo el vigésimo segundo mes de incautos y todavía no vemos el carro.
      Por eso yo digo: el nombre de su empresa es Sicrea. Pero mejor ni crea. 1