a PORTADA

<Nº 11

Abril 2000 — Nº 12

N° 13>


PRÓLOGO
Lidia Castellini y Daniel Salvanescki

LA MEMORIA
Leda Schiavo

CENTENARIO DE LEOPOLDO MARECHAL
Carlos Costantini

QUE TE DEJEN
Mario Ferrari

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PRÓLOGO

No somos historiadores, pero hemos intentado reconstruir el pasado de la Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Mores. El disparador de este trabajo, fue la elaboración de una parte del Proyecto Educativo Institucional. Puestos a la tarea, por la fuerza de los proceso reseñados, se fue ampliando el marco de referencia y el trabajo se extendió hasta adquirir la forma de un libro. Algunos lectores quizás puedan encontrar vacíos o ausencias, consideraciones con las que es probable que disientan, aseveraciones que no comparten. A ellos instamos a que enfoque la lectura como un acercamiento realizado desde el sentimiento a una Institución esencialmente relacionada con el arte y la educación. Nos interesó expresar una mirada hacia el lugar en el que trabajamos, que es parte nuestra y al que pertenecemos.

Otro acicate que nos impulsó a trabajar en la conservación de la memoria de la Morel, es el veloz proceso de modificaciones por las que la Escuela está atravesando. Junto a los factores estructurales de la diversificación y globalización surge el posible cambio de ámbito físico que, si bien es necesario, nos haría perder la atmósfera particularmente proclive al arte que el edifico casi centenario provee. A esto se suma el fin de una época que el ingreso al Tercer Milenio supone. Se agrega al panorama, la transformación del sistema educativo nacional. En esta constelación de situaciones, hace necesario un anclaje en las raíces como motor de la actividad de formar artistas y educadores, afianzándolos en la identidad de la Morel a partir de su historia. Han sido destinatarios permanentes de este emprendimiento los alumnos, tan los actuales como aquellos que lo fueron en las etapas previas de la Escuela. Toda institución es la suma de los esfuerzos humanos de quienes a ella perteneces. Tanto el equipo directivo como los profesores, preceptores, ayudantes de cátedra, personal de maestranza y mantenimiento has sido y son fundamentales para el funcionamientos de las tareas diarias. No hay trabajos pequeños cuando el esfuerzo está orientado a conducir la educación mancomunadamente.

Esta propuesta es apenas un llamado para que otros la complementen con distintos enfoques, modalidades y miradas. Lo mejor que podría pasarnos es que se constituya en el cimiento de un edificio a construir, el del futuro.

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del Prólogo de Apuntes para una historia de la Morel,
libro que aparecerá este mes bajo el sello de Tiempo Sur

Lidia Castellini y Daniel Salvanescki

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LA MEMORIA

Ayer nos estremecimos con la noticia de que Ronald Reagan ya no sabe quién es, de que la terrible enfermedad de Alzheimer también destruyó su capacidad de comunicarse coherentemente. Lo dijo su hija Maureen, quien dedica su tiempo a luchar para que el Senado apruebe un presupuesto donde se dedican fondos para la investigación de la enfermedad.

La noticia es pasto para la ironía fácil; quizá es que Dios se apiada de los ex-presidentes haciéndoles perder la memoria. Ellos, que tuvieron en sus manos el cambiar el curso de nuestras vidas, ya no saben quiénes son. Pero la ironía aquí es demasiado fácil. Esta enfermedad destruye no sólo a quiénes la padecen, sino a los de alrededor, ya que el paciente pierde la posibilidad de reconocer a los seres queridos.

Cosa terrible, la memoria. Tanto si la tenemos como si no la tenemos. Uno tiene la perversa costumbre de recordar más lo malo que lo bueno, uno tiene la perversa costumbre de usar la memoria para añorar lo perdido, un paraíso que quizá nunca fue paraíso. Borges decía que los únicos paraísos son los paraísos perdidos. Yo, por ejemplo, que recuerdo cada esquina de Buenos Aires, y el mate, y la política, y los amigos, y la humedad, y el gallinero de mi abuelita... escribo estas cosas para que tus ojos me toquen de alguna manera. Ah.

Leda Schiavo

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CENTENARIO DE LEOPOLDO MARECHAL

Este año del milenio es el del centenario de muchos artistas excelentes, que nacieron en la gran aldea, y vivieron las transformaciones vertiginosas del siglo, con sus inquietantes repercusiones en estéticas por las que se enfervorecían y luchaban como por las utopías y los ideales: modernismo, ultraísmo, deslumbrantes juegos de parábolas y la metáfora como un emblema... González Lanuza, Cadícamo, Mastronardi, Francisco Luis Bernárdez, y el mayor de todos, Marechal, poeta excepcional, quizá el mayor del siglo después de Borges, del que lo separaba sólo un año de edad. Era, también, de la generación de otros dos grandes, Nalé Roxlo y Molinari.
Como otros, pero en su caso es más injusto, Marechal es hoy casi omitido como poeta, y poco leído y recordado. En todo caso, se lo considera el novelista de Adán Buenosayres. Acá queremos rendir un minúsculo tributo a su poesía. En Marechal se conjuga un lirismo ardiente, casi desaforado, hiper abundante en imágenes muy ricas, con una obsesión personalísima por el orden y la medida, lo que genera una tensión poética de altísimo vuelo, que recuerda a San Juan de la Cruz, en versión moderna y argentina. Marechal, que se enseñorea de lo mejor del barroco, es sin duda, también un conceptista, discípulo brillante del viejo Quevedo; en definitiva, un clásico moderno e inquietante.
Sus "Odas para el hombre y la mujer" o sus perfectos "Sonetos a Sofía" son ejemplos de su rara perfección:

Entre los bailarines y su danza
la vi cruzar, a mediodía, el huerto,
Sola como la voz en el desierto
Pura como la recta de una lanza,
Su idioma era una flor en la balanza:
Justo en la cifra, en el regalo, cierto
Y su hermosura un territorio abierto
A la segura bienaventuranza.
Nadie la vio llegar. Entre violines
Festejaban oscuros bailarines
la navidad del fuego y del retoño.
Ay, que sólo yo la he visto al mediodía,
Desnuda estaba y al pasar decía:
”Mi Señor tiene un prado sin otoño”.

O este estupendo "Cortejo" (fragmento):

Vestida y adornada como para sus bodas
la Muerta va: dos niños
la conducen, llorando.
Y es en el mismo carro de llevar las espigas
maduras en diciembre.
...Ha cerrado los ojos a la calma visible
del día y a su juego
de números cantores
y se aferran sus manos a la Cruz en un gesto
de invisible naufragio.
...Dos niños la conducen: en sus frentes nubladas
el enigma despunta.
Por qué la muerta va con su traje de bodas?
Por qué en el mismo carro de llevar las espigas?
(Mi hermano va en un potro del color de la noche,
yo en una yegua blanca
sin herrar todavía).

Carlos Costantini

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QUE TE DEJEN

Sentados en la orilla miramos las boyitas en el agua. La de Luis tironea pero él no hace nada, la mira pero no la ve. Él está en la suya y yo lo respeto. Sé que está conversando muy por adentro. La condición para que me deje venir con él a pescar es que lo deje tranquilo. Pero no soporto tanto silencio.

  1. —Un tipo dice que lo peor de ser viejo es haber vivido una vida estúpida —digo.
    Luis me mira. Se queda así como tres minutos.
  2. —Leí el cuento, salió en la Agenda Cultural del Sur —dice.(*)
    Levanta la caña. Veo al pez que salta en el aire, vibrante y plateado, hace una pirueta y cae vivito y coleando. Luis enrolla la tanza en el reel y deja la caña a un costado.
    Sirve vino para los dos y apoya la espalda en el árbol.
  3. —Tendría que haberlo decidido él ¿no?
  4. —¿Quién? —pregunto aunque sé la respuesta.
    Me mira de nuevo sin hablar. Agarra mis cigarrillos y enciende uno.
  5. —Servite, como si fueran tuyos —le digo.
    Por primera vez en dos horas, se sonríe. Una sonrisa breve, claro, cuando viene aquí no está para sonrisas.
    Simula que pesca, pero en realidad viene para estar solo con su Juan, para tener una conversación imaginaria con un hijo que ya debería ser un muchacho adulto, pero que no está. Lo mató la policía porque los policías matan porque sí, porque no saben más que matar y robar.
  6. —Digo que lo primero es que te dejen llegar a viejo —dice Luis—. Me gustaría que Juan pudiera tener una vida estúpida.
  7. —Ajá –digo.
    Recojo la tanza despacito, no vaya a ser que se enganche algún bagre.

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(*) "Lo peor de ser viejo..."

Mario Ferrari

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Todo delSUR

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