a PORTADA

<Nº 21

Abril 2001 — Nº 22

N° 23>


LA MIRADA DEL EXTRANJERO: INDÍGENAS EN EL ZÓCALO
Leda Schiavo

PRINCIPIOS ELEMENTALES DE FILOSOFÍA
Miguel Ángel Morelli

LA LENGUA
Adolfo Ariza

VALLADOLID
Graciela Reyes

PARA APENDER A AMAR LA MÚSICA
Sonia Otamendi

PETROGLIFO
Claudio L. Pérez

LA MUJER JUSTA
Roberto E. Rocca

PALABRAS SOBRE UNA ARTESANA
Raúl Lacabanne

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LA MIRADA DEL EXTRANJERO: INDÍGENAS EN EL ZÓCALO

Los vimos llegar, con sus colores, con sus trajes típicos, a los lacandones, mixtecos, totomecos, zapotecos, chichimecos... Los vimos y no pudimos menos de preguntarnos ¿quién es más extranjero que un indígena en el Distrito Capital? Todos los grupos indígenas de las tres Américas han llegado a ser extranjeros en la tierra de sus antepasados...
Los que mienten su asombro, los que disimulan su cobardía con el asombro, se asombran de que haya "turistas" mezclados con la marcha zapatista. ¿Acaso los indios no fueron obligados a hacer turismo cuando los poderosos se apropiaron de sus tierras? ¿Acaso no son todos extranjeros, tanto los que vinieron a acompañar desde afuera como los que siempre estuvieron adentro?

Esta marcha, este peregrinaje de Marcos y los que lo acompañan, es un símbolo del peregrinar del indígena. También los asombrados se asombran de que Marcos y sus jefes sigan usando máscaras. Creo que el mensaje es claro para el que quiera entender: nos están diciendo "yo no soy este yo de carne y hueso" sino que yo tengo más de 500 años, soy cada uno de los que están luchando por sus derechos; mientras haya indígenas extranjeros en México, habrá alguien dentro de esta máscara luchando por conseguir que los indígenas sean ciudadanos con todos los derechos.

Ojalá que todos "los que tienen el color de la tierra", como dijo poéticamente Marcos, tengan acceso a la dignidad. Y dejen de ser extranjeros en su tierra.

Leda Schiavo

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PRINCIPIOS ELEMENTALES DE FILOSOFÍA

Como lo ha venido haciendo durante los últimos doscientos veinticuatro años de su vida (excepto los domingos que le están reservados al Hacedor), Xin Wangdian llega también hoy a las siete y cincuenta y tres de la tarde hasta la orilla del Gurabnamyai, afluente del Bramaputra y sagrado como él.
Dispuesto a enjuagar su sudor después de una jornada de algo más de quince horas de trabajo, este humilde carpintero de Tunggar se quita una a una sus prendas y las va depositando con oriental esmero sobre la hierba, seguro de que nadie lo está observando a la distancia, (por lo demás, jamás ha habido un solo robo en Tunggar, y aún si los hubiera, a ningún mortal se le ocurriría alzarse con la ropa deshilachada del más humilde de sus congéneres).
Eufórico como un niño, desnudo y feliz, Xin Wangdian baja al río corriendo. Pero las aguas de Gurabnamgyai no se mueven y sobre ellas flotan todo tipo de calamidades: restos de maderas de naufragios milenarios, viejas ramas doradas, el cadáver pestilente de algunos pájaros, un montón de raíces enmarañadas, dos toneles antiquísimos y absolutamente podridos.
Tan resignado a aceptar sin queja los preceptos de su buen dios como incapaz siquiera de abominar su mala suerte, hundido hasta la cintura en el barro fétido, Xin Wangdian se consuela maldiciendo la buena estrella del finado Heráclito, aquel que todos los días bañaba sus pies esclarecido en las aguas siempre renovadas de un río distinto.

Miguel Ángel Morelli

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LA LENGUA

En Lingüística es criterio común el de aceptar la validez de las hablas locales, desde el principio de autoridad de los hablantes (dentro de ciertos criterios) para usar localmente las lenguas generales. No hay modelos. Ni los españoles, ni los argentinos, ni ningún hablante de castellano puede arrogarse el derecho de ser modelo de otro. Todo son hablantes y “dueños” de su lengua.
Por lo demás, decir que el habla de los argentinos es el “lunfardo” es un error grave. El lunfardo es una lengua técnica, un habla de delincuentes usada para comunicarse en la cárcel sin ser entendidos por los carceleros. Ni siquiera es el habla de Buenos Aires, aunque muchos vocablos y expresiones se incorporaron al habla de esta ciudad. Por supuesto, que tampoco es el habla de los jujeños, de los cordobeses, de los mendocinos.
Tal vez tengamos un problema con el crecimiento de los hablantes del “Spanglish” en los Estados Unidos, donde se puede oír tinajero por adolescente (de teenagers), pero decir que no hablamos castellano en la Argentina es incorrecto, por decirlo suavemente, ya que desde la controversia Sarmiento-Bello en el siglo pasado, está demostrado el derecho de los pueblos a usar su lengua.

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[Guaymallén, Mendoza]

Adolfo Ariza

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VALLADOLID

Llegué a Valladolid un domingo al anochecer. Me recibieron con todos los honores, y después de un rato de charla y unas tapas, me dejaron en mi hotel. Deshice la valija, colgué la ropa, puse los libros y papeles en el escritorio y ocupé el inmaculado baño con todos mis potingues. Después, como hacemos todos los viajeros crónicos, puse la televisión, pero tuve suerte y escuché con placer la dulce habla de los castellanos, en un canal local en que estaban explicando la historia de los pueblos más antiguos de Castilla. Pasadas las once, cuando ya empezaba el fútbol, me levanté de un salto y decidí salir a ver un poco más el mundo.

El vestíbulo del hotel estaba mucho más tranquilo que un par de horas antes. Afuera llovía a cántaros. Como no llevaba paraguas, pasé al bar, que tenía un nombre rimbombante de duque, y me senté a la barra. El bar tenía la puerta principal a la calle, y estaba lleno de parroquianos, pese a la hora. Pedí una copa de vino tinto. "¿De la ribera?" dijo la chica que atendía. Si yo estaba a punto de deprimirme, por esa superstición de las vísperas y porque los viajes acentúan la soledad, esa frasesita era lo que necesitaba para volver a la vida. La ribera es la ribera del Duero, y los vinos de la ribera son extraordinarios.

En el medio del bar había dos nenas, jugando. Debían de tener ocho o nueve años. Eran preciosas. Sus madres las habían vestido y peinado tan exquisitamente, que eran una celebración de sí mismas. Impecables, graciosas, con botitas rojas una y verdes la otra y medias haciendo juego, trenzas de oro las dos, movimientos acordados, risas quedas, misterioso murmullo, esas niñas eran dos seres del paraíso, dos dueñas del mundo de los sueños. Sus padres estaban por ahí, supongo, pero ellas vivían independientemente. Como yo las miraba, me miraron alguna vez, pero creo que no percibían la presencia de nadie. Eran felices, simplemente, y cuando uno es feliz está, curiosamente, solo o solo con otro, pero solo, lleno de uno mismo. Cuando se es muy feliz, o se es muy infeliz, se está solo. Pasada la medianoche, se pusieron sus abrigos de lana cortos, con martingala caída y botones rojos, y sus sombreritos de lluvia brillantes, y salieron por la puerta sin dejar de conversar entre ellas, absortas siempre, excluyéndonos a todos siempre.

En Valladolid parece fácil ser feliz, porque hay mucho dinero y vinos deliciosos y jamón de cerdos de pata negra, criados a bellota, y la gente tiene tiempo libre para pasearse y charlar. Esta es una impresión superficial, de quien ha estado allí unas semanas, dando cursos y tomando riberas. Lo único cierto, en el recuerdo que voy formando de Valladolid, son las dos nenas de la primera noche, que representan, en su perfección casi absurda, el mundo igualmente perfecto y absurdo del deseo: la felicidad total. Estoy escribiendo, con Phillips Chetka, un libro sobre los niños refugiados, sobre el hambre y la desgracia de los niños, y yo quisiera poner en la cubierta no los ojos terribles de los niños muertos de hambre que quizá quiera poner la editorial, esos ojos que todos miran sin casi conmoverse, ya, sino las fotos de las dos nenas preciosas que jugaban a medianoche en un bar de Valladolid, mientras sus padres tomaban copas con indolencia, partícipes todos de un mundo que quizá no sea el más feliz, pero que lo parece. Dos niñas preciosas, con botitas rojas una, verdes las otra, y medias haciendo juego.

Graciela Reyes

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PARA APENDER A AMAR LA MÚSICA

"El niño no es un recipiente para llenar, sino una lámpara para encender".

Esta frase de Jean Piaget, que encomillo pero no estoy tan segura de que sea textual, me vino a la memoria cuando conocí este taller.

Sofía Escardó y Darío Lipovich tienen un taller de creación musical para niños de 6 12 años. Es una propuesta original, que tiene por objeto hacer que los chicos se relaciones con la música a través del juego, creando sus propios instrumentos, y componiendo con los instrumentos que han creado. Es, sin duda, una interesante forma de educación por el arte.
A diferencia de los antiguos métodos en que se los abrumaba sometiéndolos a largos y aburridos estudios de un instrumento —piano, violín, guitarra—, al que tal vez en el mejor de los casos, dominaban medianamente —y entonces “nena tocá la piecita” y la nena, o el nene, arremetían con Para Elisa, (era “laparalisa”, así, todo junto) o descuartizaban al pobre Chopin para tortura del chico y de los circunstanciales oyentes— la mayoría de las veces lo abandonaban (al instrumento) ni bien podían, para no volver a tocarlo nunca más. Creo que aquí la intención es otra, porque lo que se espera es que aprendan con alegría. Entendámonos: de ningún modo abomino del estudio sistemático. Creo que quien va a dedicarse a la música, indudablemente debe pasar por largas horas de práctica, necesarias para adquirir la técnica, el oficio se adquiere con trabajo y esfuerzo. El talento, si lo hay, hará el resto. Pero esta propuesta no es hacer músicos ni eximios intérpretes, sino poner a los chicos en contacto con los sonidos y permitirles descubrir su infinita posibilidad de combinaciones, brindarles los medios para aprender a disfrutar de la música descubriéndola a través de la creación.

El tan citado Piaget, al que mucho se menciona y poco se lee (más o menos como Borges) dice por ahí, que la meta principal de la educación es formar seres capaces de hacer cosas nuevas, no solamente de repetir lo que han hecho otros, sino que investiguen, que sean descubridores y creadores, que aprendan a cuestionar y cuestionarse y se permitan NO ACEPTAR todo lo que se les propone, siendo capaces de criticar y verificar.

Si se les enseña a pensar, dice, serán hombres y mujeres libres.

Sonia Otamendi

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PETROGLIFO

Ahora voy a hablar sobre lo hallado. No importan las penurias del viaje ni las causas que lo motivaron, ni las estimaciones erróneas que, entre otros motivos que no he de detallar, menguaron tan significativamente nuestro número. Desiste en ésta de toda imputación que pudiera caber a cualquier integrante de la dotación y asumo la plena responsabilidad de los hechos y sus consecuencias legales y morales. Voy a hablar sobre lo hallado.

En una zona que el deterioro de los instrumentos me impide precisar pero que, seguramente, se encuentra más al sur de lo que los mismos hubiesen podido indicar, decidimos hacer noche extenuados por la larga marcha y el rigor de la ventisca.
Nada vivo en el páramo escarlata. Nada que aguzara en nosotros el ingenio y despertara nuestros sentidos de la duermevela a la que el cansancio y el hambre nos tenía acostumbrados desde que tuvimos que abandonar la nave.
Ni huellas de animales, ni excrementos, ni plantas, ni plumas, ni osamentas, ni presunción de bacterias, ni baba del diablo. Nada que no significara nuestro fin.
En situaciones como estas la hosquedad de los rostros dibuja el lado oscuro de las almas. El otro es entonces sólo algo que se mueve a nuestro lado, buscando, y el aire empieza a oler a asecho y la noche tiende a llamarse cacería.

No importa quién y de qué lado de las armas se encontraba. Voy a hablar sobre lo hallado.
Como de fuego la mirada creyó acertar el objetivo, el golpe, el impacto, la manada.
Fue un instante.
O fue mejor el tiempo detenido, y lo vimos tropezar y caer y reconocer en el fracaso no su fin sino su estirpe. Y allí, junto a sus pies, la roca gris, gastada por milenio, condenándolo a ser. Y bajo el polvo que su paso derrotado sembró en la noche como estrellas, sobre la imperfecta superficie de un mineral que aun no nominamos: signos.

Y digo aquí que hicimos de esa piedra una casa y que unos la llamaron evangelios y otros ley y algunos teoría.
Y yo, yo no voy a desdecirlos.

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del libro «;Ciencias de lo sólido», Ed. Tiempo Sur

Claudio L. Pérez

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LA MUJER JUSTA

Con lo peligrosa que está la calle, vos no podés salir con un cliente nuevo si no te lo recomienda algún conocido. Fijate que no hace un mes que un loco le cortó las piernas a Samantha, la rubia alta, y la dejó tirada por ahí. Y la semana pasada aparece la pobre petisa muerta. El diario decía que parecía que la hubieran puesto en el potro, ese aparato de tortura de la Edad Media en que te ataban y te estiraban hasta que te rompías. ¡Qué horror!

Yo estaba preocupada porque me había citado con uno que no supo decirme quién le había dado mi teléfono. Pero hablaba tan bien y parecía tan amable, que me convenció. Me dijo que se llamaba Procusto ¡pobre, qué nombre! y que andaba en la política o algo así. Nerviosa y todo, fui igual, porque con el trabajo soy muy cumplidora.

Al final la pegué, porque el tipo era un dulce. Y encima, pintón. Además con el departamento que tiene, debes estar forrado en plata ¡no te imaginás lo que era! Hasta sauna tenía. Y me trataba como si yo fuera una leidi.
Un poco me asusté cuando pasamos al dormitorio, porque tenía una cama rústica, de madera gruesa, que me hizo acordar al potro ese y me vino el recuerdo de la pobre petisa. Pero me acosté y era cómoda. Cuanto estiré las piernas y toqué la madera con la puntita de los dedos, él me dijo sonriendo:

—¡Justo, justo, sos la mina que buscaba!

Me sentí una princesa. Realmente soy una chica de suerte. ¡Pensar que casi me lo pierdo porque me había agarrado miedo!

Roberto E. Rocca

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PALABRAS SOBRE UNA ARTESANA

Hablar de “Chichí” no es solamente hablar sobre una persona excepcional, una amiga confidente, una docente invaluable y una artista con personalidad y sensibilidad única, sino también es hablar de uno de esos pocos seres con que uno se cruza, cuya apertura y entrega es francamente inusual.
Tuve el privilegio, como todos los demás alumnos, de tenerla como profesora en la Universidad Nacional de Quilmes y luego como compañera de cátedra en la misma institución. Es curiosa la sensación de estar en una clase, escucharla y seguir aprendiendo de sus palabras sinceras, humildes, directas, sin parloteos discursivos.
Esta misma honradez la llevaba a trabajar con pequeños y adultos con las mismas expectativas y objetivos. No despreciaba formas o géneros supuestamente menores. Era tan importante realizar un afiche para un concurso como sus últimas obras digitales. Porque el trabajo era exactamente el mismo, producir un hecho estético significativo.
Ella se veía como una “laburante”. Sólo le importaba la obra y producirla honestamente. Jamás le preocupó construir su “imagen de artista” para la comunidad, o los medios. Quizás sean estos los valores que debamos a comenzar a revisar los artistas y volcarnos nuevamente a lo más importante, el objetivo último del arte: la obra producida honesta y humildemente tal como nos demostró en vida “Chichí”.

Raúl Lacabanne

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Todo delSUR

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