EMOCIONES Y CORAZONADAS:
PARA QUÉ SIRVEN LOS SENTIMIENTOS
Graciela Reyes
ABRIL
Leda Schiavo
DE CONMOCIÓN Y ESPANTO
Fernando Anguita B.
CONCIERTO MUDO PARA LIBERTAD
Miguel Ángel Morelli
DE «LAS MIL Y UN NOCHES»
Sonia Otamendi
LOS PRODUCTOS DE LIMPIEZA
Salvador Enríquez
OSCAR: SIN RED CARPET Y MUCHA DISCRECIÓN
Fabián Iriarte
OTROS
Adolfo Pérez Esquivel / Julio Cortázar
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EMOCIONES Y CORAZONADAS:
PARA QUÉ SIRVEN LOS SENTIMIENTOS
Miro una foto de mi ahijado Gabriel y sonrío embobada, miro en la televisión cómo caen bombas sabias y se me cierra la garganta de angustia, escucho una música y suspiro con nostalgia. Las emociones, estos complejos de reacciones mentales y físicas, son espontáneas, con frecuencia perceptibles para otros, pero no siempre para quien las experimenta. A partir de ellas, en un continuum, se desarrollan los sentimientos, que también involucran el alma-cuerpo, pero son privados y conscientes, son mucho más complejos, duraderos y poderosos en el derrotero de nuestra vida.
En la nota anterior propuse que los sentimientos son percepciones del estado de nuestro propio cuerpo, a través de la lectura de las imágenes que va produciendo el cerebro para controlar constantemente el buen funcionamiento del organismo. En los sentimientos “nos sentimos” a nosotros mismos, a partir de un estímulo externo que provoca la primera reacción. Dije también que en los sentimientos intervienen la memoria y el deseo, el pasado y el futuro del cuerpo. Y prometí intentar explicar por qué cada sentimiento es una combinación única, personal, de placer y dolor, y por qué hay sentimientos inexplicables y también sentimientos locos. Pero antes de llegar hasta ahí tenemos que plantearnos para qué nos sirven los sentimientos.
Los sentimientos nos importan más que nada, a la hora de la verdad. Antes de morir, en esos instantes definitivos, suele haber la urgencia de expresar amor, de desear o pedir algo por amor. Y, sin embargo, aun admitiendo la importancia del amor en nuestra vida, tendemos a fiarnos más de nuestra razón, como si fuera independiente de los sentimientos, y estos poco fiables.
Contrariando esta tendencia, el neurobiólogo Antonio Damato propone (en su libro The feeling of what happens, entre otros) que los sentimientos son brújulas que nos ayudan a navegar, que determinan las decisiones más importantes de la vida y nuestra capacidad de relacionarnos con el mundo. Hay una prueba irrefutable: los pacientes que tienen dañado el lóbulo frontal no pueden sentir simpatía, antipatía, apego, amor, culpa, vergüenza, es decir, son incapaces de tener relaciones con los demás, y también de tomar decisiones, de ser independientes socialmente. Estos pacientes carecen de emociones y de la memoria de las emociones, no pueden recordar reacciones que nunca tuvieron, ni prever las que tendrán o tendrán otros a su alrededor. Están privados de una parte clave de lo humano: la anticipación del futuro gracias al pasado, y la capacidad de hacer planes, tener expectativas y soñar.
Si algo nos dio dolor o vergüenza en el pasado, la memoria guarda esa información, que es muy útil, ya que no queremos repetir la experiencia. Si algo nos dio placer, en cambio, nos inclinaremos a repetirlo. Cuando decimos que tuvimos un pálpito (una palpitación, literalmente), o que sentimos algo “en el fondo del alma”, o que algo nos dio repugnancia o algo nos resultó irresistible, estamos admitiendo la participación decisiva de señales que provienen claramente del cuerpo en los procesos mentales con los que vamos tomando decisiones y viviendo nuestra vida. Reconocemos esas señales, grabadas en la memoria del cuerpo, y las obedecemos, porque nos protegen de daño. Los sentimientos son como brújulas. Sin ellos quizá no existiría lo que llamamos ética, porque no “sentiríamos” qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Por su parte, la razón da sentido, ordena y equilibra. Necesitamos tanto nuestra inteligencia como nuestra afectividad.
Si los sentimientos son tan útiles, ¿pueden ser insensatos? Lo veremos en la próxima nota.
Graciela Reyes
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DE «LAS MIL Y UN NOCHES»
«Como primera medida, se apresuró a ir al zoco a comprar todo género de víveres y artículos de primera calidad... »
Algo me despertó. No sé qué. No miré el reloj, pero todavía era de noche afuera. Nunca cierro la persiana, porque me gusta que me despierte la primera luz del sol, que me dé en la cara la luz que entra por mi ventana tamizada por el voile de la cortina. Di una vuelta en la cama y me tapé con la sábana pero fue inútil, el sueño se había ido y entonces me levanté.
Cuando entré al living vi a mi perra parada con el hocico pegado al vidrio de la puerta que da al jardín, estaba inquieta. La dejé entrar y corrió hacia el frente queriendo salir. La saqué a la calle.
El cielo estaba salpicado de nubes leves y grises que dejaban ver algunas estrellas todavía. Hacia el lado del río, una angosta franja de luz se apoyaba sobre el horizonte de casas bajas, y un poco más arriba la luna en cuarto menguante. Más arriba, el lucero del alba.
Hoy es jueves pensé, claro, hay feria. Sobre mi calle, una cuadra hacia el oeste, los primeros feriantes estaban armando sus puestos. En unos minutos más, los madrugadores comenzarían su recorrido temprano por la feria para comprar las mejores frutas, las verduras más frescas, el pan recién horneado. Recién entonces miré el reloj, eran las seis y diez de la mañana. Entré a casa, fui a la cocina a poner el agua para el mate y esperé pacientemente que la pava cantara. Cebé el primer mate y me quedé mirando subir la yerba, la espuma cubriendo la superficie. Apagué la luz y me senté en el patio a oscuras para sentir cómo llegaban lentamente la luz del día y el aroma estimulante de la yerba caliente.
En la calle aumentaban los ruidos de la feria. Encendí la radio y oí la noticia: esta madrugada en el centro de la ciudad de Bagdad dos misiles cayeron sobre el mercado dejando quince muertos civiles y numerosos heridos. Imaginé el pavor, los gritos, el desconcierto, el dolor, los llantos, el polvo, el miedo, las corridas, el olor de la sangre.
Los mercaderes y los compradores que encontraron la muerte allá tan lejos, y los testigos que lo presenciaron, seguramente no vieron las mismas estrellas, pero sí la misma luna menguante el 27 de Marzo del 2003 sobre Bagdad, la ciudad de las mil y una noches que fundara el califa Abu Yafar al-Mansur sobre la margen occidental del río Tigris hace trece siglos.
Sonia Otamendi
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ABRIL
Ya lo dice T. S. Eliot en la primera parte de La tierra devastada, que se titula “El entierro de los muertos”: Abril es el mes más cruel.
Es el mes más cruel porque en abril la primavera está en flor en el hemisferio norte, y cuando todo vuelve a nacer con inocencia desvalida, se pone en evidencia la estupidez de los que hemos perdido la inocencia. Abril y Mayo son tradicionalmente los meses de los enamorados, aunque para nosotros -que no existíamos entonces para la cultura occidental- lo sea septiembre. En la iconografía europea Abril y Mayo son alegres, sensuales, cantan y bailan y hay comida para todos, acabados los rigores del invierno. Probablemente no había alérgicos al polen en aquella época dorada en la que se inspiran las iconografías.
Marzo y Abril son y serán meses crueles para todos en este 2003. La guerra pone luto en los corazones y la sinrazón de los violentos pone luto en nuestros cerebros. La civilización occidental está de luto como lo estamos los que creímos en los valores sobre los que se asentaba nuestra civilización. Desde que mi hermano me pegaba porque era más grande que yo, odio la fuerza bruta; creo que igual la odiaría sin haberla experimentado en carne propia, ya que por algo estoy enseñando literatura desde hace unos 50 años.
La guerra es una adicción peor que cualquier otra, ya que no solo mata la conciencia del adicto, sino que el adicto mata a los de alrededor.
Qué cosa tan rara el ser humano, capaz de tantas iniquidades y de tantas grandezas.
Leda Schiavo
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DE CONMOCIÓN Y ESPANTO
Sólo queda una infinita desesperanza. Shock and awe, la conmoción y el espanto no fueron recursos retóricos: el “segundo” bombardeo de Bagdad, contemplado frente al televisor, a miles de kilómetros y a salvo, alcanzó todos sus objetivos. Y lo peor estaba y está ciertamente por venir: “no es lo que no vemos, ni siquiera lo que imaginamos, sino lo que no podemos ni ver ni tampoco imaginar”. Esas palabras del director de un periódico no trataban de propagar un mensaje tremendista, sino prevenir de lo que algún día, cercano o lejano, aparecerá debajo de los escombros. Pero yendo un paso más allá, lo que no podemos imaginar son las dimensiones de la venganza infinita a que la civilización “occidental” se ha hecho acreedora. La ley del Talión, se agiganta, y de ser una práctica aplicable de tú a tú:
«Si un señor ha reventado el ojo de otro señor, se le reventará su ojo»,
pasa a ser moneda de cambio plural de nosotros a vosotros:
«Si los terroristas reventaron mis torres, yo concentraré mi fuego devastador sobre todos los lugares donde puedan esconderse».
La primera cita la tomé de una enciclopedia, y es la traducción del artículo 196 del Código de Hammurabi (circa 1750 a.C.); la segunda es sólo producto de mi imaginación.
El lector habrá advertido el sarcasmo que le brinda la Historia, la fatal y amenazadora coincidencia que el “vengador de occidente” parece haber pasado por alto. Entre todos los tiranos de la trama señaló, para eliminarlo el primero, al que hoy ocupa el trono del milenario rey de Babilonia. El círculo se cierra, pero la ley del Talión no tiene broche, es recurrente ad infinitum. Muera el tirano o escape, la civilización sólo ha comenzado a extinguirse entre los mismos ríos donde comenzó.
Fernando Anguita B.
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CONCIERTO MUDO PARA LIBERTAD
En un oscuro rincón del mundo, en ese arrabal olvidado del planeta llamado Montevideo, sobrevive cierto hombre que repite, acaso sin saberlo, el gesto desesperado de otro hombre hundido en el pasado. Aquel se llamó Hölderlin y fue poeta. Éste, Miguel Ángel Estrella y es concertista, alguien que ama la música como pocos, y en la música la imagen del paraíso perdido (porque lo mismo que la literatura para Nerval, la danza para Nijinsky o el teatro para Artaud, para Estrella la música encarna lo opuesto a todo lo que de vulgar y perverso trae siempre la realidad).
Celebrado en todo el planeta como uno de los grandes intérpretes de su tiempo, argentino de nacimiento, está preso desde hace unos cuantos meses en la Banda Oriental. Se trata, naturalmente, de un preso político, otro entre los tantos presos políticos que colman la cárcel llamada Libertad (si no supiéramos que el penal debe su nombre a la pequeña población donde se levanta, pensaríamos que es la broma más cruel que el destino le ha reservado a estos hombres).
A Estrella lo han torturado, lo han golpeado casi hasta la muerte, le han querido obligar a firmar acusaciones falsas contra su propia gente. Y tanto se han ensañado con él, que a punto ha estado de perder toda sensibilidad en sus dos manos (desde luego, en varias de las noches de espanto no han faltado tampoco los simulacros de amputación de esas manos, o simplemente de fusilamiento). Sin embargo algo ha cambiado de pronto: sus amigos, que son muchos y muy influyentes en Europa, lograron que el gobierno uruguayo lo reconociera oficialmente entre los presos, perdiendo por lo tanto su condición de “desaparecido”. Y como si fuera poco, cierta mañana ha llegado a la cárcel un misterioso regalo para el artista: un piano. ¿Qué hacer?, se preguntan las autoridades de Libertad. El piano ha venido “desde muy arriba” (algunos dicen incluso que ha sido enviado por la mismísima reina de Inglaterra) y el gobierno de facto del Uruguay no quiere ni necesita más problemas internacionales. El instrumento no puede evaporarse como ellos quisieran, pero tampoco es posible que Estrella lo reciba… Alguien da con la solución: cortarle las cuerdas. ¿Para qué podría servirle un piano mudo a un concertista? Pero Estrella no sólo acepta el regalo sino que, poco a poco, comienza a interpretar a Chopin, a Mozart, a Beethoven en esas teclas sin sonido. Y sus manos vuelven lentamente a recobrar la sensibilidad perdida, y la música comienza a invadirlo todo, y la cárcel se termina convirtiendo en un concierto adonde no escuchan sólo los que no quieren.
La historia es siempre una paradoja que da vueltas. Y así como aquel viejo piano mudo hundió a Hölderlin en la más oscura de las noches, a Estrella lo ha salvado de la locura y de la muerte. Porque como a todos los hombres, a ambos les tocó vivir el más terrible de los tiempos. Como todos los hombres, ambos han sido testigos del ocaso de aquella era que nunca termina y esa otra aurora que jamás comienza.
Miguel Ángel Morelli
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LOS PRODUCTOS DE LIMPIEZA
Desde ahora habrá que tener cuidado al comprar el detergente, la bayeta del suelo, el jabón y similares, no sea que le acusen a uno de manejar armamento químico. No es esta una ocurrencia para hacer sonreír, aunque lo sería de no resultar triste y a un tiempo ridículo.
El 24 de enero, en Cataluña, fueron detenidos 16 argelinos y marroquíes de quienes el belicoso presidente del gobierno español, José María Aznar, dijo que trabajaban con armamento químico. Sin duda lo hizo para asustarnos a quienes estamos en contra de lo que él llama "conflicto armado" y para intentar justificar, una vez más, la irracional guerra que le ha "impuesto" el señor Bush. Días después el laboratorio de la Marañosa, en Madrid, certificó que se trataba de productos de limpieza. Está claro que, aparte del ridículo, parece que para él cualquier argumento es bueno con tal de convencernos a los españoles -que no lo conseguirá- de que la guerra contra Irak es necesaria, aunque en ella perezcan miles de ciudadanos.
Me pregunto ¿usará productos de limpieza, de los de verdad, para lavar su imagen en el caso de que la ONU no apruebe la guerra y el presidente americano decida (como parece que tiene decidido) hacerla por su cuenta? En tal caso se situaría al margen de la legalidad internacional, esa legalidad a la que tanto hace referencia.
Está visto que es necesario tener abiertos los ojos y la mente ante las tergiversaciones que se vienen haciendo en algunos medios de comunicación; es el caso de la televisión estatal (me refiero a la española, ignoro lo que ocurrirá en las de otros países) donde se han suprimido informaciones, se ignoraron las multitudinarias manifestaciones, y se intenta conducir a la opinión pública hacia las tesis gubernamentales... ¡para eso sí que servirán los productos de limpieza!
Aunque me temo que no será capaz de transmitírselo a Bush, pues al jefe nunca se le lleva la contraria, seguiremos diciendo a Aznar algo que parece no haber escuchado: ¡¡No a la guerra!!
Salvador Enríquez
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OSCAR: SIN RED CARPET Y MUCHA DISCRECIÓN
El fastidio de Joan Rivers era evidente, no podía hacer su trabajo desde la fastuosa Red Carpet o Alfombra Roja, aquel ícono del glamour donde circulan las estrellas rumbo al Oscar. El objetivo de la Red Carpet es simple: señalar que el star-system esta vivo, que la industria está en constante movimiento y que muchos actores olvidados aún siguen vivos (aunque tengamos una sección para recordar a los muertos) y no claudican. La guerra de Irak ya está aquí y el mítico adagio de “El Show debe seguir” se cumple con un agregado: “Siempre y cuando reforcemos la guardia”. Es así que nos quedamos sin Red Carpet, nadie va a perder el sueño por esto, nadie extrañará las mismas respuestas del año pasado, tal vez añoremos una hora menos de pop-corn.
Celoso del éxito comercial de Moulin Rouge, “Chicago” marcó el regreso del musical americano. El regreso, sin embargo, responde a implicancias directas y similitudes con acontecimientos del pasado. La MGM había apostado fuertemente al musical durante la segunda guerra mundial, durante Corea y después de un breve lapso, durante el descarnado Vietnam. Las producciones musicales coincidían con el sentimiento de pérdida, dolor y muerte y a veces fortalecían el espíritu patriótico cuando algún general (interpretado por un racional James Cagney) se despojaba de su gorra y cantaba ensayando medidos movimientos coreográficos. Stanley Donen y Arthur Freed catalizaron el sentimiento popular junto a actores como Gene Kelly, Judy Garland, Bing Crosby, Ginger Rogers y una campeona de natación de la costa del Pacífico que estuvo en el lugar indicado y en el momento preciso y se convirtió en actriz de notorios musicales bajo el nombre de Esther Williams.
En el Taller de Guión que dirijo, siempre sustento la creatividad en base a ¿Estoy escribiendo algo que los demás estén dispuestos a ver? Y eso responde a estados de ánimo generalizados o a carencias y necesidades urgentes que la sociedad reclama. Nuestras producciones últimas son noticieros formateados como películas, nos pintan la cara con la misma realidad, no como una alternativa de ella. El musical americano ha funcionado como alternativa casi siempre y Chicago nació como una píldora Post-Depresión 11-09 aunque debe asumir los efectos de una guerra instalada. Chicago es Broadway, la Avenida de las Luces, tal vez la luz llegue a sus espectadores, aunque sería bueno que llegara a sus gobernantes.
Fabián Iriarte
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