a PORTADA

<Nº 51

Abril 2004 — Nº 52

N° 53>


A UN DIOS QUE AGONIZA
Miguel Angel Morelli

DOS POEMAS
Graciela Reyes

DOS CUENTOS
Roberto Enrique Rocca

NI MÁRTIRES NI MONSTRUOS
Leda Schiavo

DE LOS CÁLCULOS DEL TERROR
Fernando Anguita B.

INICIALES (Fragmento)
Alicia Silva Rey

DOS POEMAS
Mario Meléndez

EL COMPROMISO POLÍTICO EN EL CAMPO ESTÉTICO
Federico Pablo Blanco

BASTA UN GESTO / LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Sonia Otamendi

SIESTA EN MENDOZA
Antonio Bou

OTROS
John Barry

fab9

A UN DIOS QUE AGONIZA

golpe tras golpe los clavos te desgarran las manos/
gota a gota sucumbes bajo una corona de espinas

y sin embargo
no cae el martillo de tus manos/
ni eludes con la lanza mi frente malherida

finalmente soy yo la luz, el redentor
y tú apenas la carne / el lugar de la agonía

(mañana, cuando todo haya sido consumado,
los dos seremos uno para que nadie distinga
cuál de los dos fue el que acabó en la cruz
y cuál se entregó al banquete y bebió de las heridas)

Miguel Angel Morelli

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DOS POEMAS

SAETA

Indecisa, aproximada,
abierta en mil sentidos,
fugaz, ida.
Un dibujo tembloroso en el agua,
una resonancia sin sustancia,
una tradición de malentendidos
y la oscura paciencia del olvido.
Ojalá pudiera tallar
una masa sólida de bronce
o dibujar la línea que no tiene más que un trazo.
Ojalá mi letra fuera
la saeta en el arco en el brazo
preciso de mi sagitario.


JUBILACIÓN

A cierta edad, al pececito
uno de los ojos le da la vuelta a la cabeza
y se le instala junto al otro.
El pececito se vuelve plano, horizontal y quieto. Los dos ojos juntos
miran doblemente
qué. La otra cara, la sin ojos,
no necesita ver.

Quizá llegue a la edad
de la sabiduría del lenguado.
Será calma el agua
del fondo. La arena
me pondrá los muslos blancos.
Mi cara ciega reposará,
mi ojo duplicado qué recordará.

Graciela Reyes

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DOS CUENTOS

PREVENCIÓN


Cada vez que nombraban a los dragones el miedo los sobrecogía, levantaban murallas, multiplicaban los puestos de vigilancia y pasaban noches enteras en vela ejecutando ensalmos y conjuros.

Con el tiempo la ciudad y el país entero terminaron por convertirse en un laberinto inextricable repleto de hombres exhaustos.

Nadie pudo escapar cuando un dragón hambriento traspuso volando el muro exterior.


LA VIDA BREVE

Se conocieron una noche de primavera. Él quedó deslumbrado por su juventud y su frescura y aunque ya estaba curtido por los años y las desilusiones, se atrevió a proponerle que fuera su pareja.

La muchacha maduró con tanta rapidez, que el hombre se arrepintió de haber dudado de la posibilidad de convivir con quien casi podría ser su nieta. Porque al final del verano, ya era una mujer hecha y derecha.

Cuando cayeron las primeras hojas, sorprendió en sus párpados unos pliegues casi imperceptibles. Los atribuyó al cansancio, y como era muy rico, le propuso un viaje de varios meses para que se repusiera. Antes del final del invierno tuvo que regresar para internarla en un geriátrico.
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de «Cuentos mínimos»

Roberto Enrique Rocca

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DE LOS CÁLCULOS DEL TERROR

No iban mis previsiones por lo que sigue. Ni mucho menos.
Cuando esta columna o nota —como mejor se entienda— esté en la calle, yo también andaré pisando tierras argentinas. Tenía esbozadas las líneas fundamentales de una argumentación muy distinta, la que pensaba cerrar aquí, en Quilmes. Sin embargo, al igual que en otras ocasiones, la violencia desmesurada del mundo en que vivimos impuso su salvaje protagonismo. Escribo el 11 de marzo. La sombra ominosa de otro día once se ha cobrado su tributo de víctimas inocentes en la capital de España. Otras manos y otras ideas han estado siempre —lo están todavía— detrás del terror ominoso autóctono. Ese terror que “presume” de la elección de sus objetivos cuando elige sus víctimas por el cargo o por el nombre. Sin embargo cuando tiene “prisa”, porque matar en una fecha señalada incrementa su siniestro prestigio, se vuelve indiscriminado y entonces sus víctimas dejan de tener empleo o rostro: cuantos más caigan, mejor. Esa forma calculada del terror fue la que impactó en las Torres Gemelas y ahora ha exportado su siniestra copia sembrando la muerte en los trenes de cercanías de Madrid. Fanatismo religioso, fanatismo nacionalista montaraz, venganza juramentada: uno de estos tres ingredientes es el alimento básico de los proyectos terroristas de destrucción. Por separado ya son suficientemente letales; unidos a pares sus víctimas no bajan de las decenas por golpe; actuando la tríada al unísono la catástrofe que provoca retrata la negrura del mal absoluto.

Sin embargo, los vivos, los que tenemos todavía la suerte de no haber sido alcanzados por la lotería del mal, habremos de hacer el esfuerzo necesario, mancomunado y generoso, para poder salir de inmediato de ese fatídico pozo de oscuridad. Cada uno habrá de aportar lo que sabe, lo que ve, incluso lo que imagina. Porque los que combaten en primera línea, los hombres y mujeres que trabajan en los “servicios invisibles“ de inteligencia, tienen que adelantarse —cosa por supuesto nada fácil— a los cálculos precisos que efectúan los terroristas mientras preparan sus golpes. Lo sobrecogedor es que ellos, los proyectistas del terror, cuentan con nuestra precisión. Acaban de demostrarlo. La puntualidad de los transportes es un activo en sus planes. Las bombas colocadas en uno de los trenes de Madrid explosionaron antes de entrar en la estación de Atocha “gracias” a los dos minutos de retraso que llevaba el convoy. Si éste hubiera sido puntual, las explosiones diseñadas para producirse en cadena habrían colapsado la estructura material de la estación. Más de dos mil víctimas y un descomunal vacío de escombros en el corazón de Madrid entraban en los cálculos del terror. Les falló una parte, pero tratan de “perfeccionarse”. Hasta presumen de ello. Hay que sacarlos de sus guaridas antes de que lo consigan, y dejar de insistir obtusamente en que abandonarán sus proyectos si nos sentamos a dialogar.

El engaño integral es el equipaje del terrorismo disfrazado de interlocutor. Quienes, —hablando con ellos—, esperan comprar un poco de seguridad temporal, deben de leer a Benjamín Franklin para saber a lo que están renunciando.

Fernando Anguita B.

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NI MÁRTIRES NI MONSTRUOS

Hace poco vi en la Universidad "La hora de los hornos" de Pino Solanas, película tan importante para mi generación. Verla, después de tantos años, cuando todo lo postulado allí como bueno resultó utópico y la mayoría de los que aparecen están muertos de muerte violenta o natural, es desgarrador.

La revolución fracasada logró agudizar las contradicciones del sistema, creando mártires y monstruos en lugar de héroes. Y todos, quien más, quien menos, hemos sido un poco mártires y un poco monstruos. Recuerdo aquel cartelito que tuvo amplio uso y difusión que decía "Los argentinos somos derechos y humanos". Recuerdo a la gente que negaba que aquí pasara nada raro en la época de la tortura. También recuerdo el infantilismo revolucionario de quienes tomaron el gobierno de la Facultad de Filosofía y Letras, cuando pedían un cargo público en ella pero se negaban a mostrar sus documentos porque decía que vivían en la clandestinidad (no lo digo por sustancial sino porque lo viví). Y recuerdo tantas cosas de aquellos momentos tan negros.

Hace dos días vi "Memoria del saqueo", el nuevo documental de Solanas, quien tiene la virtud de hacer hablar a la gente decente y de mostrar a los indecentes. Solanas asegura que hubo más muertos por desnutrición como consecuencia del terror económico que durante la represión. Lo malo es que en la película vemos a los monstruos que crearon esta nueva forma de martirio y reconocemos todas las caras, porque siguen ahora en algún puesto de gobierno.

Quizás Kirchner está en estos días tratando de volver a agudizar las contradicciones, para que se pongan en evidencia los monstruos que quedaron ocultos durante todos estos años y, además, pisen el palito los monstruos que vinieron, los del enriquecimiento ilícito, las coimas, la inmoralidad. A mí, después de escuchar decir a tanta gente en el 73 que había que agudizar las contradicciones, la frase me pone carne de gallina. Y quizás, porque ya he visto demasiadas veces los manejos de esa vieja dama indigna, la Historia, prefiero la prudencia del bueno, la sensatez del que sabe, la justicia sin ofuscaciones, a la algarabía y la declamación. Tenemos que hacer lo necesario para que en la Argentina no haya ni mártires ni monstruos nunca más.

Leda Schiavo

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BASTA UN GESTO

Apenas con un gesto se diluye el recuerdo
cae la memoria
se desploma
rueda
golpea el fondo del abismo
y surgen efímeras palomas
que se pierden
otra vez
más allá del horizonte y del olvido.

*

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Estábamos mirando el festival de folclore de Cosquín, y fue Lucio el que lo vio, y lo señaló, y todos nos reímos. Yo no hice ninguna asociación.
Al día siguiente cuando iba a hacer las compras, pasé por la casa de Sara para tomar unos mates y charlar un rato, y la encontré llorando sin consuelo. Me asusté.

— Lo que me hizo no tiene nombre— me dijo cuando entré.

Otra historia, o mejor, variaciones sobre el tema de siempre, pensé.

— ¿Y ahora qué?
— Se llevó todo, se fue el muy hijo de puta.

— ¿Y no es lo que querías? ¿No querías que se fuera?

— Sí, pero no enterarme como me enteré— y se quedó callada.

— ¿Y cómo te enteraste?— tuve que preguntarle.

— Por la mañana antes de irse me dijo: no vengo a cenar, mirá el festival de Cosquín. Y yo lo miré, sabe que siempre lo miro. Había carteles, muchísimos, decían Morón presente, Chivilcoy, defensores del Chaco... y entonces lo vi, o más bien le reconocí la camisa y el pantalón, porque la cara la tenía tapada con un cartel que decía: Sara, no vuelvo.

Sonia Otamendi

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DOS POEMAS

SEÑORES DEL SUR

Señores del sur
he comprometido mis raíces con ustedes
mi palabra llegará como un río
a recoger la tierra y su origen
Llámenme agricultor
cuando el trigo se despierte
cuando cruja la semilla
y el invierno se levante en una mano
Llámenme soldado
cuando el agua y la piedra se reúnan
entonces seré el puñal
que desgarre ceniza y envoltura
No digan al Maule como me llamo
me reconocerá por la voz
por los susurros que mis labios
llevarán hasta su lecho
No digan nada en Constitución

o en Pelluhue o en Chanco o en Curanipe
mi nombre fue encontrado en una ola
no es necesario que digan nada
Señores del sur
mi casa es mi mejor emblema
Pueden ver a través de las ventanas
o a través de mis ojos
lo que les tengo preparado
Abriré de una en una mis heridas
y escupiré poemas en vez de sangre
y a todos les diré mi nombre
Porque no quiero ver a Pedro
arrinconado en un museo
o a Manuel Francisco
retenido en una boca
Ellos sabían cantar
eran dos vientos de distinto oficio
dos gotas que el Maule
sacudió con violencia
Y yo ¿quién soy?
algo tengo de todos
cara de pan o de hormiga
muslos comprometidos
con el sabor de la tierra
hombros de padre
dientes de inquilino o de patrón
Soy una flor con espinas
y pétalos de mármol
un poema preparado
con la lluvia de cada día


PARA MAYOR SEGURIDAD

Vengan a ver mi poesía
no está hecha de material ligero
aguantará perfectamente el invierno
y en verano refrescará
las mentes y los cuerpos
Hay poderosas vigas entre cada verso
hay listones apuntalando mis palabras
Y si la lluvia desea entrar
pondré mis sueños en el techo
y taparé las goteras
con mi propio dolor

Mario Meléndez

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INICIALES (Fragmento)

Ludwig W.

—¿Sólo una fuente de luz, invisible de luz,
imperceptible a los ojos?
Supóngase inclusive que las cosas irradiaran
sus colores sólo cuando ninguna luz
cayera sobre ellas...
—¿Sólo en luz negra
aparecen colores en plenitud?


Hannah A.
Algo indeterminado ocurre mientras
uno debería
no poder más habiendo sido:
uno no es sino
eventualmente yo.
De tristeza mortal
esa puesta en ausencia
de lo que yo ha sido aún cuando
se recuerde ese ojo, esa pierna móviles traicionados
en su modo de haber estado vivos.
Por recordar en ausencia prendas valiosas,
un cuerpo móvil no ahí,
la falta que hace en la memoria ese rememorar...


Marcel P.

El detalle infinitamente acumulado pesando un poco
pues aún el menor
fragmento de verdad
está sujeto
a condición política. —No,
es una especie de fondu, de unidad
transparente

Alicia Silva Rey

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EL COMPROMISO POLÍTICO EN EL CAMPO ESTÉTICO

Mucho se ha hablado a lo largo del siglo XX sobre si el arte debía tener compromiso político, o si era el artista quien debía comprometerse con su tiempo, más allá de su producción estética.
Por mi parte considero que todo individuo debe tener un compromiso ético con su tiempo, más allá de la actividad que realice, sea artística o no. Pero no creo que sea necesario hacer Realismo Socialista o Arte Rojo para tener un compromiso político real; o es que acaso puede alguien ser tan necio como para negar que hombres como Bretón fueron tan revolucionarios como Neruda o Einstein.

El compromiso debe manifestarse fundamentalmente en la búsqueda y la creación de espacios alternativos reales, donde el artista tenga contacto directo con el público en general y pueda tomar conciencia de su situación, y a la vez, que la gente pueda acercarse al arte y la cultura por fuera de lo establecido por el sistema.
Hay una tradición de intelectuales con dialéctica izquierdista, que exponen sus obras en lugares exclusivos, para un público reducido y con un costo elevado o en lugares inaccesibles para el común de la gente; pero se llenan la boca hablando de igualdad social. Algunos se escudan diciendo que tienen que cobrar para poder vivir. Esto es cierto, pero no implica que por cada actividad que se realiza con un costo elevado, no pueda realizarse otra que resulte accesible. Pero no confundamos esto con sacar la ópera a la calle, como hacen los populistas, sino que tenemos la obligación de permitirle a todos que tengan la posibilidad de conocer y gustar de una actividad de ese tipo.

Como dije, el compromiso del artista es generar espacios culturales, el hecho de tomar o no una temática social es una cuestión personal que dependerá del criterio de cada uno. Pero lo que no se puede tolerar, es el facilismo del posicionamiento solamente verbal. De nada vale pregonar nuestras ideas si no están acompañadas de acciones concretas que respondan a nuestros principios. Es indispensable que de una vez por todas nos distanciemos y aislemos a esos intelectualoides snob, que se jactan de sus ideas “progresistas” y luego sacan provecho de las perversiones del sistema.

Federico Pablo Blanco

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SIESTA EN MENDOZA

En esta amable ciudad puertorriqueña... reencuentro a Michelle y a Chris. Michelle es demasiado bella para la vida, la sonrisa como una mañana en que se celebra el triunfo de alguna batalla gigante, cuyos resultados han sido importantísimos para la humana especie toda. Chris tiene perfectos ojos azules, de ésos que hacen a los pájaros detener su vuelo y dejar las alturas para detenerse a alternar con nosotros en libertad... sin jaulas. Después de haberlos perdido en algún punto del sur de Chile, los reencuentro en Mendoza... ¡en plena fiesta de la vendimia!
No pude dejar de sentirme como feliz agricultor que ve a la tierra rendirle fruto agradecida. Los encuentro esta vez en la avenida de las Heras... ¡están quedándose en el mismo hotelito que yo! Su habitación está en el mismo piso, la primera en el largo pasillo, la mía es la última... Chris fue el primero en reconocerme... me lanzó resplandores celestes que me hicieron desviar la vista hacia la sonrisa infinita de Michelle.
Venían de Buenos Aires, donde al igual que yo habían ido a descansar después de una magnífica expedición a los hielos. Mi descanso había sido paradójico, sumergido en fuerte experiencia afectiva, quizás la más intensa y extraña de todos mis años. Tan intensa que apenas recuerdo Buenos Aires sino como ciudad encantada de brillo esplendoroso con irreal luminosidad donde fluye la vida sin el más mínimo percance.
Había conocido yo a la princesa Argentina, ¡ellos, a la pícara! Les habían robado la maleta donde llevaban su equipo fotográfico y cientos de rollos sin revelar, con fotografías de su largo viaje al sur. Para colmo, en la estación de buses, mientras esperaban el que los traería a Mendoza, a Michelle le habían robado el bolso. Además, por confiados, se habían echado al cuerpo en Buenos Aires agua contaminada con ciertas algas que crecen en el Plata, sumamente resistentes a filtros, químicos y altas temperaturas. Es decir, que los hallé enfermos y por ello algo tristes.
Si comprenden cómo la mascarilla de la tristeza puede hacer de la belleza una virtud aún más atractiva, sabrán por qué no pude separarme de ellos en los días en que compartimos en esta hermosa ciudad de árboles y acequias... construida sobre tierras robadas al desierto, rodeada de los más excelentes viñedos que produce el planeta. ¡Y en plena fiesta de la vendimia!... cuando Mendoza luce en todo su esplendor, sin dejar de parecerme algo triste, y por ello mucho más hermosa... Pasea por sus calles cautivadora la grácil juventud de las reinas de la vendimia... a los acordes de los profundos cantos populares de la vid y el trabajo.
Me acompañaron Michelle y Chris convirtiéndome en la envidia de todo el que nos veía... Los llevé a una fiesta en el Ministerio de Turismo a la que me habían invitado. Estaban allí todas las reinas de la vendimia a quienes Chris deslumbraba con sus ojos mágicos y su porte de príncipe nórdico con cabellos rubios casi blancos. No hubo mendocino que no quisiera acercársenos para disfrutar de los destellos virginales de la sonrisa de Michelle, de su gracia espontánea y saludable, de la caricia de su dulzura.

Cenábamos juntos todas las noches en los más elegantes restaurantes de la ciudad, concentrados unos en los otros, perfectamente armónicos en nuestro sereno estar. Dábamos quizás escándalo de cuchicheos maliciosos entre los que nos admiraban... a Michelle y a Chris por su belleza... a mí por la suerte de tenerlos para no estar solo. En el Hyatt, alguno se atrevió a recordarme aquel erótico juego de Lisa Minelli y Michael York con el noble italiano, en Cabaret. No dejó de molestarme la comparación, aunque fuera hecha, según se dijo, con la mejor onda. Había mucha más frescura y delicadeza en nuestra relación... era algo mágico... de magia blanca... de magia sagrada... Una vez cenábamos cada noche, nos rendían los efectos del vino... nos retirábamos caminando despacio hasta el hotel... Nos separábamos sólo en el pasillo, ellos a un extremo... yo al otro.

Hoy me han dicho Chris y Michelle que se van mañana por la noche. Me piden permiso para dejar por unas horas su equipaje en mi habitación, una vez cancelada la cuenta en el hotel. Por supuesto, les dije... pero la melancolía por la noticia se adueñó de mí... si hubiera sido bello, mi belleza habría resplandecido en Mendoza más que nunca.

El tiempo que no queremos que pase, se esfuma precipitado... llegó el último día de este período maravilloso en que la vida nos concedió la gracia de encontrarnos. Los invité a almorzar... Nos sentamos en un café al aire libre... no hablábamos o si hablábamos no podíamos concentrarnos en una línea de conversación coherente... ¡Quédense para siempre!, hubiera querido decirles... ¡quiero compartir con la belleza lo que me queda de vida!... Ante ese pensamiento, que dolía como duele enfrentarse a lo imposible, busqué una excusa para dejarlos. Voy a echar una siesta, les dije... me miraron extrañados... pueden venir a mi habitación si quieren descansar un rato antes de irse esta noche. Gracias, dijo Chris, vamos a dar el último paseo por Mendoza.

Me fui al hotel con el corazón inquieto. Me desvestí, me eché en la cama... no podía quedarme dormido... me fumé dos, tres cigarrillos... prendí el televisor, cambiaba de canal en canal como enloquecido... ni una imagen que pudiera serenarme, ni una película que consiguiera dormirme, lo que usualmente logran casi todas. Pasaban las horas... a pesar de que el aire acondicionado marchaba a toda velocidad, sentía calor... estaba sudoroso. No me quedó más remedio que meterme bajo la ducha por un rato que me pareció interminable.

Siento golpes en la puerta. Salto a abrir... Chris y Michelle habían subido a mi habitación... necesitaban descansar un rato. Hablamos mucho... abrí mi equipaje y les enseñé mis compras, mis cuentos, mis pinturas... como un niño que comparte sus juguetes. Leímos algo en voz alta... no recuerdo bien qué... nos reíamos. Luego nos echamos en la cama los tres, como ángeles... y dormimos la más dulce siesta que nadie jamás haya dormido.

Antonio Bou

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TEXTOS de OTROS


 

John Barry

 

Graciela Reyes me sorprende. Catedrática, poeta y cuentista laureada en España, Argentina y los Estados Unidos, lingüista, editora, ensayista y crítica literaria, es realmente asombrosa la fecundidad de su carrera académica y literaria. Hasta la fecha Reyes ha publicado nueve libros de lingüística, numerosos artículos, cinco libros de poemas, y muchos poemas y cuentos en las revistas literarias y culturales de más renombre en España, como Revista de Occidente e Ínsula. Es destacable que haya publicado sus estudios lingüísticos y literarios en España, Méjico, Puerto Rico, Argentina y Estados Unidos.

En la obra de Reyes se evidencia una marcada consciencia de las posibilidades creativas e intuitivas del lenguaje, de su plasticidad, de la riqueza posible de sus significados. Se dirige a un lector inteligente, con la idea de que sabrá interpretar las palabras en sus varios significados, que podrá interpretar los gestos y los silencios como parte de la comunicación, y que se dará cuenta de que la comunicación perfecta es imposible, tanto para sus personajes como para nosotros.
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del libro: «Graciela Reyes, la fuerza de la expresión»
Arena Cultural, Chicago, noviembre de 1999

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