A UN DIOS QUE AGONIZA
Miguel Angel Morelli
DOS POEMAS
Graciela Reyes
DOS CUENTOS
Roberto Enrique Rocca
NI MÁRTIRES NI MONSTRUOS
Leda Schiavo
DE LOS CÁLCULOS DEL TERROR
Fernando Anguita B.
INICIALES (Fragmento)
Alicia Silva Rey
DOS POEMAS
Mario Meléndez
EL COMPROMISO POLÍTICO EN EL CAMPO ESTÉTICO
Federico Pablo Blanco
BASTA UN GESTO / LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Sonia Otamendi
SIESTA EN MENDOZA
Antonio Bou
OTROS
John Barry
fab9
A UN DIOS QUE AGONIZA
golpe tras golpe los clavos te desgarran las manos/
gota a gota sucumbes bajo una corona de espinas
y sin embargo
no cae el martillo de tus manos/
ni eludes con la lanza mi frente malherida
finalmente soy yo la luz, el redentor
y tú apenas la carne / el lugar de la agonía
(mañana, cuando todo haya sido consumado,
los dos seremos uno para que nadie distinga
cuál de los dos fue el que acabó en la cruz
y cuál se entregó al banquete y bebió de las heridas)
Miguel Angel Morelli
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DOS POEMAS
SAETA
Indecisa, aproximada,
abierta en mil sentidos,
fugaz, ida.
Un dibujo tembloroso en el agua,
una resonancia sin sustancia,
una tradición de malentendidos
y la oscura paciencia del olvido.
Ojalá pudiera tallar
una masa sólida de bronce
o dibujar la línea que no tiene más que un trazo.
Ojalá mi letra fuera
la saeta en el arco en el brazo
preciso de mi sagitario.
JUBILACIÓN
A cierta edad, al pececito
uno de los ojos le da la vuelta a la cabeza
y se le instala junto al otro.
El pececito se vuelve plano, horizontal y quieto. Los dos ojos juntos
miran doblemente
qué. La otra cara, la sin ojos,
no necesita ver.
Quizá llegue a la edad
de la sabiduría del lenguado.
Será calma el agua
del fondo. La arena
me pondrá los muslos blancos.
Mi cara ciega reposará,
mi ojo duplicado qué recordará.
Graciela Reyes
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DOS CUENTOS
PREVENCIÓN
Cada vez que nombraban a los dragones el miedo los sobrecogía,
levantaban murallas, multiplicaban los puestos de vigilancia y pasaban
noches enteras en vela ejecutando ensalmos y conjuros.
Con el tiempo la ciudad y el país entero terminaron por convertirse en un
laberinto inextricable repleto de hombres exhaustos.
Nadie pudo escapar cuando un dragón hambriento traspuso volando el
muro exterior.
LA VIDA BREVE
Se conocieron una noche de primavera. Él quedó deslumbrado por su
juventud y su frescura y aunque ya estaba curtido por los años y las
desilusiones, se atrevió a proponerle que fuera su pareja.
La muchacha maduró con tanta rapidez, que el hombre se arrepintió de
haber dudado de la posibilidad de convivir con quien casi podría ser su
nieta. Porque al final del verano, ya era una mujer hecha y derecha.
Cuando cayeron las primeras hojas, sorprendió en sus párpados unos
pliegues casi imperceptibles. Los atribuyó al cansancio, y como era muy rico,
le propuso un viaje de varios meses para que se repusiera. Antes del final
del invierno tuvo que regresar para internarla en un geriátrico.
__________ de «Cuentos mínimos»
Roberto Enrique Rocca
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DE LOS CÁLCULOS DEL TERROR
No iban mis previsiones por lo que sigue. Ni mucho menos.
Cuando esta columna o nota —como mejor se entienda— esté
en la calle, yo también andaré pisando tierras argentinas. Tenía esbozadas
las líneas fundamentales de una argumentación muy distinta, la que
pensaba cerrar aquí, en Quilmes. Sin embargo, al igual que en otras
ocasiones, la violencia desmesurada del mundo en que vivimos impuso su
salvaje protagonismo. Escribo el 11 de marzo. La sombra ominosa de otro
día once se ha cobrado su tributo de víctimas inocentes en la capital de
España. Otras manos y otras ideas han estado siempre —lo están
todavía— detrás del terror ominoso autóctono. Ese terror que
“presume” de la elección de sus objetivos cuando elige sus víctimas por el
cargo o por el nombre. Sin embargo cuando tiene “prisa”, porque matar en
una fecha señalada incrementa su siniestro prestigio, se vuelve
indiscriminado y entonces sus víctimas dejan de tener empleo o rostro:
cuantos más caigan, mejor. Esa forma calculada del terror fue la que
impactó en las Torres Gemelas y ahora ha exportado su siniestra copia
sembrando la muerte en los trenes de cercanías de Madrid. Fanatismo
religioso, fanatismo nacionalista montaraz, venganza juramentada: uno de
estos tres ingredientes es el alimento básico de los proyectos terroristas de
destrucción. Por separado ya son suficientemente letales; unidos a pares
sus víctimas no bajan de las decenas por golpe; actuando la tríada al
unísono la catástrofe que provoca retrata la negrura del mal absoluto.
Sin embargo, los vivos, los que tenemos todavía la suerte de no haber sido
alcanzados por la lotería del mal, habremos de hacer el esfuerzo necesario,
mancomunado y generoso, para poder salir de inmediato de ese fatídico
pozo de oscuridad. Cada uno habrá de aportar lo que sabe, lo que ve,
incluso lo que imagina. Porque los que combaten en primera línea, los
hombres y mujeres que trabajan en los “servicios invisibles“ de inteligencia,
tienen que adelantarse —cosa por supuesto nada fácil— a los
cálculos precisos que efectúan los terroristas mientras preparan sus golpes.
Lo sobrecogedor es que ellos, los proyectistas del terror, cuentan con
nuestra precisión. Acaban de demostrarlo. La puntualidad de los
transportes es un activo en sus planes. Las bombas colocadas en uno de
los trenes de Madrid explosionaron antes de entrar en la estación de
Atocha “gracias” a los dos minutos de retraso que llevaba el convoy. Si éste
hubiera sido puntual, las explosiones diseñadas para producirse en cadena
habrían colapsado la estructura material de la estación. Más de dos mil
víctimas y un descomunal vacío de escombros en el corazón de Madrid
entraban en los cálculos del terror. Les falló una parte, pero tratan de
“perfeccionarse”. Hasta presumen de ello. Hay que sacarlos de sus
guaridas antes de que lo consigan, y dejar de insistir obtusamente en que
abandonarán sus proyectos si nos sentamos a dialogar.
El engaño integral
es el equipaje del terrorismo disfrazado de interlocutor. Quienes, —hablando con ellos—, esperan comprar un poco de seguridad temporal, deben de leer a Benjamín Franklin para saber a lo que están renunciando.
Fernando Anguita B.
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NI MÁRTIRES NI MONSTRUOS
Hace poco vi en la Universidad "La hora de los hornos" de Pino Solanas,
película tan importante para mi generación. Verla, después de tantos años,
cuando todo lo postulado allí como bueno resultó utópico y la mayoría de
los que aparecen están muertos de muerte violenta o natural, es
desgarrador.
La revolución fracasada logró agudizar las contradicciones del sistema,
creando mártires y monstruos en lugar de héroes. Y todos, quien más,
quien menos, hemos sido un poco mártires y un poco monstruos. Recuerdo
aquel cartelito que tuvo amplio uso y difusión que decía "Los argentinos
somos derechos y humanos". Recuerdo a la gente que negaba que aquí
pasara nada raro en la época de la tortura. También recuerdo el infantilismo
revolucionario de quienes tomaron el gobierno de la Facultad de Filosofía y
Letras, cuando pedían un cargo público en ella pero se negaban a mostrar
sus documentos porque decía que vivían en la clandestinidad (no lo digo
por sustancial sino porque lo viví). Y recuerdo tantas cosas de aquellos
momentos tan negros.
Hace dos días vi "Memoria del saqueo", el nuevo documental de Solanas,
quien tiene la virtud de hacer hablar a la gente decente y de mostrar a los
indecentes. Solanas asegura que hubo más muertos por desnutrición como
consecuencia del terror económico que durante la represión. Lo malo es que
en la película vemos a los monstruos que crearon esta nueva forma de
martirio y reconocemos todas las caras, porque siguen ahora en algún
puesto de gobierno.
Quizás Kirchner está en estos días tratando de volver a agudizar las
contradicciones, para que se pongan en evidencia los monstruos que
quedaron ocultos durante todos estos años y, además, pisen el palito los
monstruos que vinieron, los del enriquecimiento ilícito, las coimas, la
inmoralidad. A mí, después de escuchar decir a tanta gente en el 73 que
había que agudizar las contradicciones, la frase me pone carne de gallina.
Y quizás, porque ya he visto demasiadas veces los manejos de esa vieja
dama indigna, la Historia, prefiero la prudencia del bueno, la sensatez del
que sabe, la justicia sin ofuscaciones, a la algarabía y la declamación.
Tenemos que hacer lo necesario para que en la Argentina no haya ni
mártires ni monstruos nunca más.
Leda Schiavo
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BASTA UN GESTO
Apenas con un gesto se diluye el recuerdo
cae la memoria
se desploma
rueda
golpea el fondo del abismo
y surgen efímeras palomas
que se pierden
otra vez
más allá del horizonte y del olvido.
*
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Estábamos mirando el festival de folclore de Cosquín, y fue Lucio el que lo
vio, y lo señaló, y todos nos reímos. Yo no hice ninguna asociación.
Al día siguiente cuando iba a hacer las compras, pasé por la casa de Sara
para tomar unos mates y charlar un rato, y la encontré llorando sin
consuelo. Me asusté.
— Lo que me hizo no tiene nombre— me dijo cuando entré.
Otra historia, o mejor, variaciones sobre el tema de siempre, pensé.
— ¿Y ahora qué?
— Se llevó todo, se fue el muy hijo de puta.
— ¿Y no es lo que querías? ¿No querías que se fuera?
— Sí, pero no enterarme como me enteré— y se quedó callada.
— ¿Y cómo te enteraste?— tuve que preguntarle.
— Por la mañana antes de irse me dijo: no vengo a cenar, mirá el festival de Cosquín. Y yo lo miré, sabe que siempre lo miro. Había carteles, muchísimos, decían Morón presente, Chivilcoy, defensores del Chaco... y entonces lo vi, o más bien le reconocí la camisa y el pantalón, porque la cara la tenía tapada con un cartel que decía: Sara, no vuelvo.
Sonia Otamendi
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DOS POEMAS
SEÑORES DEL SUR
Señores del sur
he comprometido mis raíces con ustedes
mi palabra llegará como un río
a recoger la tierra y su origen
Llámenme agricultor
cuando el trigo se despierte
cuando cruja la semilla
y el invierno se levante en una mano
Llámenme soldado
cuando el agua y la piedra se reúnan
entonces seré el puñal
que desgarre ceniza y envoltura
No digan al Maule como me llamo
me reconocerá por la voz
por los susurros que mis labios
llevarán hasta su lecho
No digan nada en Constitución
o en Pelluhue o en Chanco o en Curanipe
mi nombre fue encontrado en una ola
no es necesario que digan nada
Señores del sur
mi casa es mi mejor emblema
Pueden ver a través de las ventanas
o a través de mis ojos
lo que les tengo preparado
Abriré de una en una mis heridas
y escupiré poemas en vez de sangre
y a todos les diré mi nombre
Porque no quiero ver a Pedro
arrinconado en un museo
o a Manuel Francisco
retenido en una boca
Ellos sabían cantar
eran dos vientos de distinto oficio
dos gotas que el Maule
sacudió con violencia
Y yo ¿quién soy?
algo tengo de todos
cara de pan o de hormiga
muslos comprometidos
con el sabor de la tierra
hombros de padre
dientes de inquilino o de patrón
Soy una flor con espinas
y pétalos de mármol
un poema preparado
con la lluvia de cada día
PARA MAYOR SEGURIDAD
Vengan a ver mi poesía
no está hecha de material ligero
aguantará perfectamente el invierno
y en verano refrescará
las mentes y los cuerpos
Hay poderosas vigas entre cada verso
hay listones apuntalando mis palabras
Y si la lluvia desea entrar
pondré mis sueños en el techo
y taparé las goteras
con mi propio dolor
Mario Meléndez
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INICIALES (Fragmento)
Ludwig W.
—¿Sólo una fuente de luz, invisible de luz,
imperceptible a los ojos?
Supóngase inclusive que las cosas irradiaran
sus colores sólo cuando ninguna luz
cayera sobre ellas...
—¿Sólo en luz negra
aparecen colores en plenitud?
Hannah A.
Algo indeterminado ocurre mientras
uno debería
no poder más habiendo sido:
uno no es sino
eventualmente yo.
De tristeza mortal
esa puesta en ausencia
de lo que yo ha sido aún cuando
se recuerde ese ojo, esa pierna móviles traicionados
en su modo de haber estado vivos.
Por recordar en ausencia prendas valiosas,
un cuerpo móvil no ahí,
la falta que hace en la memoria ese rememorar...
Marcel P.
El detalle infinitamente acumulado pesando un poco
pues aún el menor
fragmento de verdad
está sujeto
a condición política. —No,
es una especie de fondu, de unidad
transparente
Alicia Silva Rey
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EL COMPROMISO POLÍTICO EN EL CAMPO ESTÉTICO
Mucho se ha hablado a lo largo del siglo XX sobre si el arte debía tener
compromiso político, o si era el artista quien debía comprometerse con su
tiempo, más allá de su producción estética.
Por mi parte considero que todo individuo debe tener un compromiso ético
con su tiempo, más allá de la actividad que realice, sea artística o no. Pero
no creo que sea necesario hacer Realismo Socialista o Arte Rojo para tener
un compromiso político real; o es que acaso puede alguien ser tan necio
como para negar que hombres como Bretón fueron tan revolucionarios
como Neruda o Einstein.
El compromiso debe manifestarse fundamentalmente en la búsqueda y la
creación de espacios alternativos reales, donde el artista tenga contacto
directo con el público en general y pueda tomar conciencia de su situación, y
a la vez, que la gente pueda acercarse al arte y la cultura por fuera de lo
establecido por el sistema.
Hay una tradición de intelectuales con dialéctica izquierdista, que exponen
sus obras en lugares exclusivos, para un público reducido y con un costo
elevado o en lugares inaccesibles para el común de la gente; pero se llenan
la boca hablando de igualdad social. Algunos se escudan diciendo que
tienen que cobrar para poder vivir. Esto es cierto, pero no implica que por
cada actividad que se realiza con un costo elevado, no pueda realizarse
otra que resulte accesible. Pero no confundamos esto con sacar la ópera a
la calle, como hacen los populistas, sino que tenemos la obligación de
permitirle a todos que tengan la posibilidad de conocer y gustar de una
actividad de ese tipo.
Como dije, el compromiso del artista es generar espacios culturales, el
hecho de tomar o no una temática social es una cuestión personal que
dependerá del criterio de cada uno. Pero lo que no se puede tolerar, es el
facilismo del posicionamiento solamente verbal. De nada vale pregonar
nuestras ideas si no están acompañadas de acciones concretas que
respondan a nuestros principios. Es indispensable que de una vez por
todas nos distanciemos y aislemos a esos intelectualoides snob, que se
jactan de sus ideas “progresistas” y luego sacan provecho de las
perversiones del sistema.
Federico Pablo Blanco
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SIESTA EN MENDOZA
En esta amable ciudad puertorriqueña... reencuentro a Michelle y a Chris.
Michelle es demasiado bella para la vida, la sonrisa como una mañana en
que se celebra el triunfo de alguna batalla gigante, cuyos resultados han
sido importantísimos para la humana especie toda. Chris tiene perfectos
ojos azules, de ésos que hacen a los pájaros detener su vuelo y dejar las
alturas para detenerse a alternar con nosotros en libertad... sin jaulas.
Después de haberlos perdido en algún punto del sur de Chile, los
reencuentro en Mendoza... ¡en plena fiesta de la vendimia!
No pude dejar de sentirme como feliz agricultor que ve a la tierra rendirle
fruto agradecida. Los encuentro esta vez en la avenida de las Heras...
¡están quedándose en el mismo hotelito que yo! Su habitación está en el
mismo piso, la primera en el largo pasillo, la mía es la última... Chris fue el
primero en reconocerme... me lanzó resplandores celestes que me hicieron
desviar la vista hacia la sonrisa infinita de Michelle.
Venían de Buenos Aires, donde al igual que yo habían ido a descansar
después de una magnífica expedición a los hielos. Mi descanso había sido
paradójico, sumergido en fuerte experiencia afectiva, quizás la más intensa
y extraña de todos mis años. Tan intensa que apenas recuerdo Buenos
Aires sino como ciudad encantada de brillo esplendoroso con irreal
luminosidad donde fluye la vida sin el más mínimo percance.
Había conocido yo a la princesa Argentina, ¡ellos, a la pícara! Les habían
robado la maleta donde llevaban su equipo fotográfico y cientos de rollos
sin revelar, con fotografías de su largo viaje al sur. Para colmo, en la
estación de buses, mientras esperaban el que los traería a Mendoza, a
Michelle le habían robado el bolso. Además, por confiados, se habían
echado al cuerpo en Buenos Aires agua contaminada con ciertas algas que
crecen en el Plata, sumamente resistentes a filtros, químicos y altas
temperaturas. Es decir, que los hallé enfermos y por ello algo tristes.
Si comprenden cómo la mascarilla de la tristeza puede hacer de la belleza
una virtud aún más atractiva, sabrán por qué no pude separarme de ellos
en los días en que compartimos en esta hermosa ciudad de árboles y
acequias... construida sobre tierras robadas al desierto, rodeada de los
más excelentes viñedos que produce el planeta. ¡Y en plena fiesta de la
vendimia!... cuando Mendoza luce en todo su esplendor, sin dejar de
parecerme algo triste, y por ello mucho más hermosa... Pasea por sus calles
cautivadora la grácil juventud de las reinas de la vendimia... a los acordes
de los profundos cantos populares de la vid y el trabajo.
Me acompañaron Michelle y Chris convirtiéndome en la envidia de todo el
que nos veía... Los llevé a una fiesta en el Ministerio de Turismo a la que me
habían invitado. Estaban allí todas las reinas de la vendimia a quienes Chris
deslumbraba con sus ojos mágicos y su porte de príncipe nórdico con
cabellos rubios casi blancos. No hubo mendocino que no quisiera
acercársenos para disfrutar de los destellos virginales de la sonrisa de
Michelle, de su gracia espontánea y saludable, de la caricia de su dulzura.
Cenábamos juntos todas las noches en los más elegantes restaurantes de
la ciudad, concentrados unos en los otros, perfectamente armónicos en
nuestro sereno estar. Dábamos quizás escándalo de cuchicheos maliciosos
entre los que nos admiraban... a Michelle y a Chris por su belleza... a mí por
la suerte de tenerlos para no estar solo. En el Hyatt, alguno se atrevió a
recordarme aquel erótico juego de Lisa Minelli y Michael York con el noble
italiano, en Cabaret. No dejó de molestarme la comparación, aunque fuera
hecha, según se dijo, con la mejor onda. Había mucha más frescura y
delicadeza en nuestra relación... era algo mágico... de magia blanca... de
magia sagrada... Una vez cenábamos cada noche, nos rendían los efectos
del vino... nos retirábamos caminando despacio hasta el hotel... Nos
separábamos sólo en el pasillo, ellos a un extremo... yo al otro.
Hoy me han dicho Chris y Michelle que se van mañana por la noche. Me
piden permiso para dejar por unas horas su equipaje en mi habitación, una
vez cancelada la cuenta en el hotel. Por supuesto, les dije... pero la
melancolía por la noticia se adueñó de mí... si hubiera sido bello, mi belleza
habría resplandecido en Mendoza más que nunca.
El tiempo que no queremos que pase, se esfuma precipitado... llegó el
último día de este período maravilloso en que la vida nos concedió la gracia
de encontrarnos. Los invité a almorzar... Nos sentamos en un café al aire
libre... no hablábamos o si hablábamos no podíamos concentrarnos en una
línea de conversación coherente... ¡Quédense para siempre!, hubiera
querido decirles... ¡quiero compartir con la belleza lo que me queda de
vida!... Ante ese pensamiento, que dolía como duele enfrentarse a lo
imposible, busqué una excusa para dejarlos. Voy a echar una siesta, les
dije... me miraron extrañados... pueden venir a mi habitación si quieren
descansar un rato antes de irse esta noche. Gracias, dijo Chris, vamos a
dar el último paseo por Mendoza.
Me fui al hotel con el corazón inquieto. Me desvestí, me eché en la cama...
no podía quedarme dormido... me fumé dos, tres cigarrillos... prendí el
televisor, cambiaba de canal en canal como enloquecido... ni una imagen
que pudiera serenarme, ni una película que consiguiera dormirme, lo que
usualmente logran casi todas. Pasaban las horas... a pesar de que el aire
acondicionado marchaba a toda velocidad, sentía calor... estaba sudoroso.
No me quedó más remedio que meterme bajo la ducha por un rato que me
pareció interminable.
Siento golpes en la puerta. Salto a abrir... Chris y Michelle habían subido a
mi habitación... necesitaban descansar un rato. Hablamos mucho... abrí mi
equipaje y les enseñé mis compras, mis cuentos, mis pinturas... como un
niño que comparte sus juguetes. Leímos algo en voz alta... no recuerdo
bien qué... nos reíamos. Luego nos echamos en la cama los tres, como
ángeles... y dormimos la más dulce siesta que nadie jamás haya dormido.
Antonio Bou
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