LA ESCRITORA
Miguel Angel Morelli
LAS GALLETITAS CHINAS
Graciela Reyes
SOBRE LA CIENCIA
Roberto Enrique Rocca
ELOGIO DE LA INCERTIDUMBRE
Leda Schiavo
DE LOS INGREDIENTES
DEL MARTIRIO
Fernando Anguita B.
«1976 / 30 Años / 2006»
Claudio L. Pérez
CINE - recomendados :: EL MÉTODO
Cintia Alviti
OTROS
Elías Canetti
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LA ESCRITORA
Tenga cuidado mi amigo, porque tarde o temprano, fatalmente, usted también va a terminar tropezando con una rara avis autotitulada "la escritora". Podrá ser en un cocktail (ella jamás se pierde uno), en la sala de espera del ginecólogo ("¡Es tan joven ese bombón!") o simplemente en la cola del supermercado. Esté atento y sepa cómo descubrirla: casi siempre anda embutida adentro de un trajecito (tailleur, of course) comprado en liquidación, con curvas y contracurvas bien marcadas debajo de la faja, el escote disimulando la papada y los tacos mucho más altos de lo que aconseja el sentido común. Bien podría pasar por catequista, empleada administrativa o secretaria de escuela, y hasta es posible que allá en la prehistoria lo haya sido. Pero hoy, ahora, aquí, en este preciso momento, ella ha pasado a ser "la escritora". Así se presenta, así quiere que la recuerde la posteridad. No se deje amilanar: si usted no ha visto jamás de cerca a una escritora de verdad, puede que en un primer momento la tome en serio. Sepa, sin embargo, que para advertir que se trata de una simuladora, un clon, una mala imitación, hará falta haber leído algunas líneas suyas... bué, una sola, a decir verdad. En fin, si se lo advierto es para que tome sus precauciones: eche sal, tóquese adonde ya sabe, cruce los dedos y -si le da tiempo- cambie de vereda.
Su historia es más bien pobretona en anécdotas interesantes. En primero superior ya deletreaba con esmero "E-vi-ta-me-a-ma", en cuarto planeaba redacciones algo cursis pero muy festejadas por las tías, en quinto maltrataba al piano con esmero, participaba de los juegos florales en sexto, y hasta ligó una medallita en séptimo. Si terminó el secundario, fue a los ponchazos. Después se recibió de ama de casa, crió hijos, fregó platos, lavó calzoncillos... Y entre plancha y plancha siguió escribiendo en secreto versitos eróticos mientras imaginaba otra vida y sufría hasta el estreñimiento con Solita y André. En fin, le falló el horóscopo. Así fue que un buen día advirtió que los hijos habían crecido y se mandaban a mudar, y el marido otro tanto... Libre al fin cual una grácil mariposa clandestina, al principio dudó entre tirar la chancleta o dar rienda suelta a su postergada condición de "escritora". Claro, el espejo será cruel pero no es tonto: aunque le hubiese encantado darse algunos gustitos, lo mejor para evitar los dolores de cintura sería sentarse bien derechita frente a la Lettera, abrir de patas tanta imaginación desbordante y ser finalmente como la Virginia Wolf del subdesarrollo, una Sylvia Plath surbonaerense, esa Pizarnik madurita que tanto reclaman nuestras letras.
Dispuesta a colarse en el Olimpo aunque más no fuere por la puerta de servicio, rompió el chanchito y con los australes ahorrados se financió un librejo, y con el librejo un rinconcito en alguno de los tantos bares literarios que contaminan la decencia y el sentido común. En fin, no entró en la historia, pero sí en la historieta. Amiga de las comisiones directivas de todas las instituciones de fomento, ahora jamás se pierde una asamblea, un vermissage, un congreso de verseadores nativos en Huinca Renancó. Y si bien en uno de esos encuentros oyó hablar de pasada de los formalistas rusos, ella dice que lo suyo es lo popular, razón por la cual le encantaría ser la nueva Poldy Bird de la Argentina. ¿Ya dije que con tal de ver su nombre en alguna parte es capaz de firmar las solicitadas más disparatadas, las cartas de lectores más descabelladas, las declaraciones más infames?
En fin, cuídese mi amigo, porque por ahora todavía anda suelta y nadie está exento de tropezar con esta peligrosa enemiga de la buena literatura. En nombre de Borges, dispárele como al hombre de la bolsa. Invoque a Cortázar y húyale como a la luz mala. Haga lo mismo que haría Arlt en tales circunstancias: raje. Recuerde que es peor que la peste bubónica, acaso no tanto por mala sino por zonza. Ya lo dijo el bueno de Machado: "no es un fruto maduro ni podrido... ¡es una fruta vana!"
Miguel Angel Morelli
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LAS GALLETITAS CHINAS
Y a quién pedir ayuda en esta ausencia circunvalada por el río del olvido Leda Schiavo: El Leteo
Hilda se encontró con las llaves de un departamento deshabitado cuya dueña era la amiga de una amiga. Solamente tenía que echar una ojeada, recoger el correo y regar las dos plantas grandes que habían quedado. Una sola vez, porque la amiga a cargo de cuidar la casa volvía la semana siguiente. El llavero tenía muchas llaves y dos tarjetas electrónicas para abrir el garaje. La dirección de la casa, pleno centro de Chicago, adonde Hilda no iba nunca, piso 49, sobre el río.
Cuando por fin acertó con la última llave y pudo entrar, vio una habitación muy grande, semivacía, que tenía un olor familiar a cera, a encierro. Las persianas estaban bajadas, menos una, en el centro, y por allí entraba la luz de la tarde, e iluminaba una mesita baja, marroquí, cuyo cuero rojo estaba destiñéndose por efecto del sol, por poco sol que hubiera en invierno. La amiga le había dicho que toda la casa daba al río y que la vista era espectacular. Se acercó a la ventana y quedó cara a cara con las torres de Chicago: por primera vez en su vida las tenía a la misma altura, inmensas, cercanas como hermosos monstruos. Podía ver de cerca las escaleras de los operarios que las refaccionaban y limpiaban, los cables de los focos que las iluminaban de noche, los delicados trabajos en la piedra, y veía el mármol como nunca lo había visto. El reloj de la torre Wrigley estaba tan cerca, que le pareció que podía tocarlo, mover las agujas negras con la mano. Después, cuando bajó los ojos, vio el gran río, cortado por un puente tras otro, y los puentes anchos como avenidas, con sus laterales de color rojizo para los peatones, pero los peatones apenas se veían, se veían los coches como si fueran de juguete, en hileras ordenadas. Todo se movía, sin duda, el agua, los coches, la gente, pero todo parecía detenido.
El carrillón de la torre Wrigley dio las tres. Hilda acercó a la ventana una de las sillas del comedor y se sentó a mirar el río. Tardó mucho en inclinarse a la izquierda y ver el lago, como un mar, y los altos barcos entrando del mar al río, que corre en dirección contraria a su desembocadura original, corre hacia atrás, como la memoria.
En el baño había un olor ligero a agua podrida, que le recordó las casas alquiladas de sus veraneos de la infancia. En el living, el sol había dejado de iluminar la mesita y resbalaba por las paredes desnudas. Hilda tenía sed y también hambre, porque no había almorzado. Fue a la cocina a tomar agua y después, distraída, empezó a abrir las alacenas, ordenadas y llenas de cosas. La última inquilina había sido una señora italiana, profesora de literatura. Sin duda ella había dejado todo eso: fideos Barilla, latas de tomates, frascos de anchoas y de berenjenas. A un costado había unos paquetitos cuadrados de papel celofán, que le recordaron las galletitas que compraba en el quiosco, camino del colegio, por 5 centavos. Pero estas eran galletitas chinas. Lo decía en cuatro lenguas --chino, inglés, francés y árabe-- : "product of China, manufactured in Sunan Candy Factory, Chenghai County, Guangdong". Ingredientes: maníes, manteca, azúcar, sésamo.
Desde el dormitorio también se veían las torres, pero el poniente las doraba, las alejaba. Se acostó en la gran cama y se cubrió con su abrigo. Sentía en la boca el gusto familiar y a la vez extraño de las galletitas chinas, la ligera repulsión del azúcar y la grasa. Quiso mirar las torres pero vio, en cambio, a su madre, vestida de blanco y sonriente, y no se sobresaltó. Después pensó que no iba a encontrar su coche, en el enorme parking del edificio, después se puso a conversar tranquilamente con alguien, quién sabe quién, y se rió, y le pareció que corría por una calle a todo correr, riéndose, y que era joven, y sus hijos no habían nacido, y después los vio con sus pantaloncitos cortos y su gato Felipe, y después se encontró en la Costanera, mirando el Río de la Plata, de color violeta, y después su amiga Estela colgaba sábanas en el patio, y se oía en el fondo de la calle la musiquita del afilador. Mucho después creyó saber que era de noche, y las torres se iluminaron con el esplendor de lo irreal.
Así tiene que ser la muerte, pensó al irse y cerrar el departamento otra vez, cerradura por cerradura, así tiene que ser la muerte, lo desconocido conocido, una confusión de la memoria, ni triste ni feliz, meramente la vida dada vuelta, un sueño dentro de otro, eso va a ser, qué bueno saberlo, la muerte.
Graciela Reyes
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SOBRE LA CIENCIA
Veo en la televisión la larguísima publicidad (¿cuánto habrá costado?) de un producto para adelgazar, que disuelve las grasas de los tejidos del organismo. Como prueba, en un recipiente que contiene una solución del producto se introduce un paño impregnado en grasa. El líquido burbujea y la grasa se desprende rápidamente de la tela. ¡Científicamente demostrado!
Supongo que Ud. podrá repetir el experimento, con cualquier detergente diluido en alguna gaseosa. Y beber esa mezcla si así lo desea. Pero sería mejor ingerir la gaseosa sin detergente. Si elige una "light", no lo adelgazará, pero tampoco lo hará engordar y aprovechará mejor el detergente si lo reserva para la vajilla.
Soy decidido defensor de la libertad de expresión, pero no entiendo la libertad para vender buzones. Aparentemente las ganancias de la empresa de marras alcanzan también para procurarse la protección legal.
Pero no era a esto a lo que quería referirme, sino al poder de convicción que parece tener lo "científico" para el público en general. Personalmente - y llevo muchos años estudiando y reflexionando acerca de temas científicos - estoy convencido de que, en la inmensa mayoría de los casos, cuando se dice que algo está "científicamente demostrado", hay algún tipo de trampa.
En realidad la ciencia tal como la concebimos hoy en día, es mucho menos pretenciosa: más que a demostrar se dedica a formular hipótesis, que son aceptadas como ciertas hasta que alguien o algo ponga en evidencia alguna falla. Entonces, si es posible, se pule la hipótesis fallada y si no es posible, se la descarta.
Y si bien el científico debe ser lo más objetivo posible, las creencias pesan mucho más de lo que parece en sus investigaciones y descubrimientos. Para muestra baste un botón: a fines del siglo XIX Luis Pasteur refutó experimentalmente la teoría de la generación espontánea, que era aceptada por la mayor parte de los biólogos. ¿Por qué fue él y no los otros? Sencillamente porque el paradigma dominante de la ciencia positivista necesitaba creer que la vida podía surgir sin demasiado trabajo de la materia inerte; y Pasteur, que aunque sabio era un hombre muy religioso, prefería pensar en la intervención de la mano de Dios, como sostiene el relato bíblico.
Roberto Enrique Rocca
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DE LOS INGREDIENTES
DEL MARTIRIO
La fe, la venganza y la confusión se combinan hoy en arbitrarias proporciones. Es un proceso similar al que rige las reacciones químicas. No se mezclan —recuérdese la diferencia entre mezcla y combinación— y una vez que penetran la mente que las acoge ya no se pueden separar: han formado (son) una sustancia distinta. Quien hasta entonces fuera un ciudadano normal y anónimo puede que se haya convertido en aspirante al martirio. Por supuesto, ese proceso, -químico en sentido lato-, se activa por motivaciones, estrategias y acciones "externas", las que catalizan la reacción aleccionando y ayudando al aspirante a conseguir su propósito sin esperar a mañana: ¡El Paraíso, ahora!
La contundencia de la exclamación fue un buen reclamo para publicitar una película modesta, "Paradise now", que desde Septiembre de 2005 se ha ido cargando de polémica. En fecha cercana apareció "Munich", una costosa superproducción "spielbergiana".
Ambas cintas tienen en común los ingredientes citados, la convivencia imposible de palestinos e israelitas, y poco más. La primera la dirige Hany Abu-Assad, palestino nacido en Israel, la segunda el consagrado Steven, norteamericano de Ohio. Esta segunda se habría titulado "Revenge now", si algún halcón de los mercados del celuloide hubiese olfateado fortuna en componer una tentadora trilogía con "Apocalypse now", lejana ya pero no demasiado. Montar ese triplete con la coetánea "Syriana", titulándola por ejemplo "Petroleum now!", hubiera sido posible, pero excesivo.
La proporción de aquellos ingredientes primarios, inseparables ya, que se instale en nuestra conciencia al salir del cine, depende de cada uno.
El ingrediente dominante es distinto en las tres. El emparejamiento es fácil para cualquiera: Paradise - Fe :: Munich - Venganza :: Apocalypse - Confusión.
Pararse en esa categorización sería muy pobre y, por supuesto, insuficiente. Si la trascendemos y enfocamos la atención en la proporción arbitraria, advertiremos enseguida que es en la proporción "adecuada" donde reside el éxito del adoctrinamiento ¡por partida doble! que cada director se ha planteado lograr.
Los tres casos conjugan y se dirigen a dos estamentos inmiscibles: a los aspirantes al martirio (la realidad), y a nosotros, (la audiencia del producto de ficción, de las películas).
Cuando este segundo adoctrinamiento vicario no tiene importancia, ninguna facción partidista, ningún lobby gubernamental sale al paso de la exhibición. Cuando la tiene, trata de impedir la difusión de la película y, en donde puede, la sepulta.
El lector sabe que no revelaré nada que vaya a "estropearle" el disfrute de una sesión en la sala oscura; sólo sabrá mi opinión de cómo prospera la reacción de los ingredientes en cada film. En "Paraíso" se debilita la fe, a la par que lo hace la venganza cuando irrumpe el discurso (externo, no solicitado) de la esperanza, de quien cree que puede haber otra posible vía que no precise mártires... aunque al final todo parezca envuelto por la confusión. En "Munich", la venganza es el motor circular espiral que barre y recluta aspirantes al martirio y al contramartirio. No hay sombra de esperanza y la confusión está servida ab initio. "Apocalypse" ya certificó en su momento la dimensión global de la confusión, que no pide mártires porque se sirve y digiere sus propias excrecencias.
La trilogía imaginada la sustenta el denominador común de los tres filmes del "ahora". El denominador no es otro que el tenebrismo implícito en lugares, ya sean desvanes, sótanos o praderas, donde poderes y contrapoderes fabrican lo que necesitan para existir: mártires o soldados.
Fernando Anguita B.
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ELOGIO DE LA INCERTIDUMBRE
Me parece que uno de los males que aqueja a muchos argentinos es la certidumbre. Todas las mañanas escucho las noticias por la radio y, aunque estoy medio dormida, me despierta el temblor que me produce la certidumbre de los locutores. Toman la palabra como Dios o como dioses, lo saben todo, no dudan jamás, sientan cátedra. Aliverti, por ejemplo, los sábados, habla con una soberbia prodigadora de adjetivos que desmerece lo inteligente de su programa, la buena selección de los entrevistados, la coherencia de sus enunciados. No hablo del qué, hablo del cómo. Quería hacer el elogio de la incertidumbre, de lo bueno que es pensar en alternativas, de cómo a veces la duda beneficia el desarrollo de la inteligencia y hasta de la bondad.
Como nada es casual, me llegó a las manos una novela en la que el tema es, precisamente, la incertidumbre. Me refiero a «El lago» de Paola Kaufmann, premio Planeta 2005. La novela transcurre, en su mayor parte, en una zona aislada del lago Nahuel Huapi, cerca de la ciudad de Bariloche, en la Patagonia Argentina.
Según una leyenda muy antigua, en el lago habita un monstruo, quizás un plesiosaurio, cuya supuesta presencia provocó expediciones científicas, la más importante, con la participación del gobierno, en1922. En la ficción, el padre de la protagonista, Víktor, participa de esta expedición, obsesionado hasta su muerte con el monstruo del lago. La novela trabaja con la incertidumbre y el misterio. Hay varios monstruos, pero es difícil racionalizarlos y categorizarlos. El nazismo, la represión argentina de la última dictadura y el monstruo del lago, son monstruos tan oscuros y resbaladizos como las fuerzas que se mueven en las sombras para sembrar el terror y el desconcierto en el escenario de la novela, cuya acción comienza en la navidad de 1975, o sea en los últimos meses del desgobierno de Isabel Perón. La protagonista, Ana, intenta descifrar la realidad, tanto la del presunto habitante del lago como la realidad política que se corporiza en un muchacho al que intenta salvar, salvajemente torturado y arrojado como muerto en la orilla de enfrente. El joven no está muerto pero nunca recupera la conciencia y muere sin que sepamos quién es, aunque Ana viaja a Buenos Aires para tratar de identificarlo. Los personajes de mayor edad, que entrecruzan su historia de persecución e ignominia con los jóvenes, son Ilse y Lanz, refugiados de la segunda guerra mundial, víctimas de la locura hitleriana. Han adoptado a una niña que queda huérfana en el barco que los trae a Argentina. Es Klara, quien por ayudar a los aborígenes patagónicos es perseguida por los represores, aunque logra burlarlos y huir al extranjero. Es tan inocente como la mayoría de los personajes de la novela, incluyendo al monstruo Nahuelito.. Paola Kaufmann es una científica argentina que entró por la puerta grande en la literatura y se convirtió en autora consagrada a partir de su primera novela, La hermana, premiada por Casa de las Américas. El lago es interesante, aunque tiene algunos altibajos, tanto en el uso de la prosa como en el nivel argumental. Pero estos obstáculos apenas oscurecen los aciertos, aciertos que creo se dan en la creación del clima de incertidumbre que abarca a todos los niveles, metafóricos o no, de la novela. Heisenberg y su principio de incertidumbre se citan, claro, en el texto. En El lago tiene más importancia lo sugerido, lo onírico, las analogías, que el hilo argumental, deliberadamente confuso. El bien y el mal existen, pero lo cierto es que cada uno ve lo que quiere ver en el lago sin fondo de la realidad y en el bosque de signos a los que es necesario otorgar significados. Los simbolistas ya sabían a fines del siglo XIX que sugerir es más importante que tratar de describir la resbalosa realidad.
Leda Schiavo
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«1976 / 30 Años / 2006»
Así como Hannah Arendt se planteaba si era posible pensar después del holocausto, innumerables agrupaciones, instituciones, asociaciones y artistas argentinos nos planteamos cómo recordar, desde lo específico, el genocidio que llevó a cabo la dictadura militar que tomó el poder en 1976. Muestra de esta preocupación fue la gran cantidad de agrupaciones artísticas y culturales que participamos de la marcha del 24/03/06 y las miles de acciones que se realizaron en todo el país.
Digo que es difícil definir una mañana tan intensa en lo estético, en lo ético, en lo emocional, en todos esos discursos que se desplegaron conformando un momento de profunda significación cultural y política.
Intentar narrarlo sería necesariamente darle un sentido, seguramente más estrecho del que tuvo, por eso, me limito a recordar esas flores amarillas sobre el río alto, lleno de sol, cruzada la visión por un cartel que decía "las acciones derivadas de la desaparición forzada de personas son crímenes cuya persecución penal es imprescriptible", flores que arrojamos Digo que es difícil definir una mañana tan intensa en lo estético, en lo ético, en lo emocional, en todos esos discursos que se desplegaron conformando un momento de profunda significación cultural y política.
Intentar narrarlo sería necesariamente darle un sentido, seguramente más estrecho del que tuvo, por eso, me limito a recordar esas flores amarillas sobre el río alto, lleno de sol, cruzada la visión por un cartel que decía "las acciones derivadas de la desaparición forzada de personas son crímenes cuya persecución penal es imprescriptible", flores que arrojamos después de colocar placas con los nombres de escritores y artistas plásticos desaparecidos en las columnas de la pérgola, porque nombrar es, desde siempre, dar vida. Gabriel Sasianbarrena gritó a voz en cuello "Este día no es lo que parece" después de hundir a piedrazos barquitos de papel que se llevaban, al fondo de un río que no merecen, las fotos de Videla, Viola y otros facinerosos, para escribir finalmente "Aún nos falta".
Gonzalo Crespo nos hizo un nudo en la garganta repartiendo sus "ataduras" que "siguen en nuestras manos". Hilda Paz y Viviana Sasso colgaron la muestra de arte correo "La vida es memoria" con trabajos de artistas de Argentina y de otros países de América y del mundo que se sumaron a este ejercicio de memoria. La exposición callejera de plástica, que Artenpié organizó este año con la temática de los 30 años, se expuso al aire libre, sobre la rotonda, para dar a nuestra ribera un color pleno de sentido. Javier Sobrino realizó una performance intensa que nos puso en contacto con la angustia y la muerte.Gabriela Alonso, con sus "presentes" repetidos obsesivamente en el cemento tal vez nos haya ayudado a salir de ese momento de dolorosa introspección al que Javier nos había conducido.
Miriam Aguerrido montó una instalación con cerámicas desde las cuales nos miraban rasgos apenas, ausencias. Raúl Ludueña, con un texto propio y Néstor Tellechea, leyendo a Molinari, sobre el golpe de las olas en la costanera, crearon el sutil espacio de la palabra que conforta y alienta.
Nos fuimos murmurando en secreto que "los pájaros no murieron, sino que Tamil los llevó a un bosque hechizado, donde cantaron desde entonces con sus voces dulcísimas" [Rodolfo Walsh «La muerte de los pájaros»].
Claudio L. Pérez
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CINE - recomendados :: EL MÉTODO
El Método, basada en la obra teatral española El Método Grönholm, trata sobre una serie de pruebas estratégicas y psicológicas que siete candidatos deben superar para conseguir un puesto ejecutivo en una empresa. Lo interesante para el espectador, pero terrible para los personajes, es que la elección del más indicado para el puesto es hecha por ellos mismos, sin piedad y jugándose el todo por el todo.
Lo que consiguió Piñeyro con esta película, es un trabajo que pocos directores logran cuando tratan de llevar al cine algo tan estático como una obra de teatro. La filmó con tres cámaras en simultáneo y en orden cronológico para darle el mayor realismo posible, y logró su cometido.
La excelente actuación de todos los personajes da verosimilitud al relato. Pablo Echarri, despojado de sus clásicos personajes de galán, ofrece una actuación impecable (no por nada fue nominado para los premios Goya). A los demás, por estas tierras se los conoce poco, excepto a Noriega (Plata Quemada), Alterio (Tango Feroz) y Verbeke (Apasionados, El hijo de la novia), pero son actores que no se olvidarán pronto.
Una película recomendable, y para pensar qué haríamos nosotros mismos si nos tocara luchar por un puesto bajo las condiciones de El Método Grönholm. _____________ El Método: Argentina/España — Dirección: Marcelo Piñeyro —Elenco: Pablo Echarri, Eduardo Noriega, Ernesto Alterio, Natalia Verbeke— Duración: 105 minutos
Cintia Alviti
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