PARÁBOLAS
Graciela Reyes
EL EFECTO LILITA
Leda Schiavo
DE ICONOCLASTAS E ICONÓDULOS
Fernando Anguita B.
OJO DE AGUA
Miguel Ángel Morelli
HACER PATRIA
Roberto Enrique Rocca
III CICLO IBEROAMERICANO DE LAS ARTES
Salvador Enríquez
PIQUETEROS
Marta Vasallo
SYLVIA Y GATO
Virgilio Melzi
OTROS
Julio Cortázar
fab9
PARÁBOLAS
Quisiera ser el negro suntuoso, de corbata amarilla, que va el domingo a la
mañana, con su mujer vestida de colores y todos sus hijos alrededor, a la
Iglesia Bautista de la calle Clark, y sonríe, solemnemente sonríe. Quisiera ser
la chica inverosímilmente hermosa —una estatua móvil, en realidad— que, casi
desnuda, mostrando en cada impulso la perfección de su rodilla y su cadera,
patina por la rampa que hay junto al lago; la veo desde mi ventana, veo su pelo
atado en la nuca, extendido por el viento como un ala que sube y baja, y deseo
su volar, deseo la armonía serena de sus músculos y la ausencia de tiempo
en que se mueve.
Quisiera ser la misma que soy, en otro más fuerte, más grande, más sabio.
Tener
el poder de vivir que tiene Mara Caffi a los ochenta años: quisiera, como ella,
escribir mis memorias en tardes inmensas, tomando té y mirando las colinas de
Roma y complaciéndome en lo que he vivido. Quisiera que mis manos tocaran a
los
enfermos con la misma ternura con que lo hacen las manos del doctor Gordon,
médico de niños. Quisiera ser Miriam como era antes de morir: inocente de la
muerte, sumergida en sus sueños, invulnerable. Quisiera ser el amante que he
perdido, que era lúcido y apasionado; quisiera usurparle la ilusión, plagiarle
las palabras, mirar con su mirada.
Los poetas se comunican mediante imágenes, que los demás deben dotar de
sentido:
quisiera saber evocar las imágenes más sugerentes, más ricas y poderosas,
aunque
fueran, por eso mismo, ambiguas. Quisiera ser Milton, que hasta hoy no se sabe
si alabó o criticó a Dios, y quisiera ser Dante, porque tenía todas las certezas
y las expresaba más bellamente que nadie. Quisiera ser esa persona, rara de
encontrar, que siempre tiene palabras certeras y dulces que nos ayudan a ver,
a
sentir, a vivir. Quisiera ser no alta ni perfecta (pace Alfonsina Storni) sino
mediocre y esforzada, pero siempre alegre como soy sólo a veces, y dar
consuelo,
sabiduría y fiestas de palabras a todo el que se acerque a mí. Quisiera ser yo
misma como era cuando escribía mi primer libro. Quisiera ser el lector ideal que
esbozo en cada página, el que me entiende y quizá me contradice.
Quisiera ser, también, una mujer que duerme, que tranquilamente duerme con
un
libro abierto en la falda, y las flores que la rodean entran y salen de sus
sueños, y ella no sabe si está en vela, si duerme o si sueña, y ya no recuerda
ni desea.
Graciela Reyes
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HACER PATRIA
Encuentro, en la página web; los trabajos de mi hijo Enrique en Barcelona. Un
argentino, un quilmeño, haciendo patria. Me anuncian de Viena, que el Consejo
Mundial de Psicoterapia acaba de premiar con el Premio Sigmund Freud a Héctor
Fernández Álvarez un argentino que trabaja acá en Buenos Aires, que
pertenece a
una asociación científica que actualmente presido. Y al mismo tiempo me
anuncian
que nosotros, los argentinos, nuestra asociación, somos los encargados de
organizar, para el 2005, el Cuarto Congreso Mundial de Psicoterapia, el primero
que se realiza fuera de Viena, somos los encargados de hacerlo, porque han
elegido a Buenos Aires (lleno de pobres y de peligros), como sede. Y me
acuerdo
que de nuestros cinco premios Nobel, dos lo ganaron haciendo cosas en el
extranjero, y que hay un argentino en la academia francesa. Escribe en francés,
pero hace patria. Y me gusta leer las noticias deportivas y aunque en el mundial
perdimos (en el deporte se gana o se pierde y esta vez la selección estaba
preparada con una seriedad ejemplar), ganamos en natación, en golf, en tenis y
en otras cosas. Hacen patria. Afuera existimos.
Entretanto, la fijación de una fecha para las elecciones —sin duda necesarias—
movilizó el animalaje. Parece mentira que mientras el grito ¡que se vayan
todos!, absurdo pero espontáneo, se oye estallar por doquiera, volvamos a oír
a
los mismos bichos decir las mismas cosas, ensayar las mismas coyundas y
apareamientos. Esos no hacen patria: hacen caca.
Hay tanta gente acá cerquita, al lado, aunque no la conozcamos que también
hace
patria haciendo lo suyo, esperando contra toda esperanza, permitiéndose
soñar
para hoy y para mañana.
Y entonces quiero que nos miremos a los ojos, que nos escuchemos, que no
nos
dejemos engañar, que hagamos el vacío a los chantas, que lloremos si hace
falta
para descargarnos y recuperar las fuerzas, y que enseguida sigamos
caminando.
¡Qué sé yo, hermano, tengo tantas cosas en la cabeza, tantas ganar de creer
que
vale la pena, tantos horizontes todavía, que necesito que oigas esto y necesito
oírte!
Roberto Enrique Rocca
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EL EFECTO LILITA
Por su sola y contundente presencia, Elisa Carrió ha logrado crear una escena
nueva en la arena política argentina. Nadie queda indiferente ante el efecto
Lilita, ante esta figura de mujer que ha logrado el milagro de crear un
partido nuevo con discurso propio, siendo la señora de nadie. Una figura de
matrona joven que desconcierta a muchos y acapara la atención de muchos
otros.
Lilita es demasiado, too much, y creo que suscita los temores y amores del
arquetipo de la gran madre. ¿Nos dará lo que pedimos y necesitamos o nos
devorará? Creo que es la figura de la madre devoradora la que perturba a
algunos, porque no puedo dar crédito a las superficialidades que escucho
acerca
de su crucifijo, su peinado, su indumentaria anticonvencional. Tuvimos un
presidente al que se votó porque corría con coches último modelo, era piola,
jugaba al fútbol y usaba unas patillas impresionantes. Así nos fue. Los
argentinos no podemos darnos el lujo de ser superficiales en este momento de
la
historia, hay que ir a la esencia y dejar las pavadas para mejor oportunidad.
Yo oigo con asombro a esta mujer que habla de partos y nacimientos y logra
hacerse escuchar en un mundo de hombres, en un mundo de políticos
gastados, de
políticos viejos (aunque sean jóvenes), con discursos perimidos. Y esta mujer
impone su figura y su lenguaje, logrando porcentajes de aceptación
impresionantes. Sorprende y convence y uno necesita cierto tiempo para
reconsiderar críticamente lo que dice, vencido el espacio mágico y mítico que
logra crear a su alrededor.
¿Será Elisa Carrió algo más que ese discurso nuevo y resplandeciente y esos
golpes de efecto a los que nos tiene acostumbrados? Deseo con toda el alma
que
sí, porque el tiempo apremia; pero en gran parte depende de nosotros que no
se
malogre la esperanza.
Gane o no gane, el efecto Lilita está ahí. Se podrá denigrar, menospreciar,
tratar de minimizar, pero está ahí. No se puede ignorar.
Leda Schiavo
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DE ICONOCLASTAS E ICONÓDULOS
Una guerra sin fronteras convencionales los tuvo como protagonistas: los
destructores frente a los veneradores de imágenes. Durante casi todo el siglo
octavo y la mitad del noveno el conflicto se enardeció, menguó y volvió a
recrudecerse, mientras Europa pugnaba por nacer con Carlomagno y, en el cénit
del imperio abasí, el califa de las Mil y una Noches pactaba con el emperador ya
coronado, para defender los Santos Lugares de los ataques sarracenos. Por
entonces, el continente americano no existía, ni para aquellos protoeuropeos
ni para los califas del Islam. Sin embargo, mientras los primeros detractores y
defensores de iconos de la historia chapoteaban en el caldo de cultivo que
remataría el Cisma de Oriente, los mayas atravesaban su período tardío de
esplendor clásico y más al sur diaguitas, pampas, quilmes, tehuelches, onas…
los
hombres y mujeres de las innumerables etnias americanas vivían vueltos sobre
sí
mismos, ignorantes de que 6 ó 7 siglos después serían "descubiertos".
Otro salto de siglos semejante se produjo hasta llegar al presente actual, al de
la globalización. La palabra parece implicar que las diferencias del estado de
civilización entre los dos continentes mencionados se están borrando, o son
inapreciables, o cuando existen no se pueden achacar (solamente) a la
zarandeada
Europa. De hecho, para todos, si exceptuamos los invidentes, es cercano e
inmediato el mundo superpoblado de imágenes en el que disfrutamos /
aceptamos /
sufrimos nuestro vivir. En muchos casos se maneja la sobrecarga de imágenes
como
parámetro, ¡positivo!, de desarrollo. Globalizados o no, los verbos que he
escrito encadenados nos agrupan en iconódulos, indiferentes o iconoclastas. No
necesariamente en todo y para todo, pero sí en la resultante de nuestra
conducta. Si atendemos al uso y defensa de las imágenes que hoy se hace
desde el
poder, no hay que devanarse los sesos para afirmar que éste, el poder, nos
desea
iconódulos. Pero, cuidado: sólo nos desea veneradores de "sus" imágenes, las
que
él fabrica, manipula y reparte con profusión y ruido. Los métodos que usa el
poder para que se cumplan sus deseos lo identifican. En las democracias
avanzadas tiene forzosamente que competir con las imágenes que edita la
oposición (también manipuladas casi siempre). En las democracias nominales o
corrompidas las imágenes del contrario no existen y las pocas que escapan a la
censura son adulteradas inmediatamente por la contrapropaganda. Los
iconoclastas
de antaño no son hoy destructores sino transformadores de imágenes
altamente
cualificados.
Los analistas del mercado de la comunicación saben que todos compramos el
periódico que «trae» lo que queremos leer y se aplican con eficacia para
servirnos igualmente las imágenes que queremos ver. En las democracias
avanzadas
todavía se puede cambiar de canal; en las demás queda el recurso de no
encender
el televisor. Actitudes triviales ambas, equivalentes a esconder la cabeza bajo
el ala, puesto que de poco nos servirá ignorar que detrás de las guerras
(plurales) de imágenes del presente se alinean dos mundos, bien identificados
después del 11—S, que se disputan un glorioso final apocalíptico.
Fernando Anguita B.
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OJO DE AGUA
Lo van a matar. No lo sabe, pero yo lo sé. O quizá él también lo sepa y juegue a
disimularlo cuando asegura que una sola orden suya bastará para que toda la
partida se pase a su lado y le sirva de escolta.
Un rato hará, le ha pedido a don Bustos, el maestro de posta, caballos frescos
para el amanecer. Después tomó un chocolate, se quejó de que la pierna ha
vuelto
a dolerle (el reumatismo, desde hace unos años, le atenaza los días) y regresó
a
la cama como si tal cosa. Yo entonces intenté disuadirlo de continuar nuestra
marcha, le hablé de la conveniencia de rumbear por el camino de Cuyo y
escaparle
a la emboscada, pero no bien abrí la boca me frenó en seco. «Amigo, más le
conviene cuidarse de seguir estrictamente las órdenes de este General que las
vanas amenzas de sus enemigos», me contestó, y aunque esta vez no había
fuego en
sus ojos me limité a maldecirlo para mis adentros (a veces, cuando estalla en
ira y vocifera, me da por pensar que no es más que un niño, este niño que
ahora
duerme muy orondo y convencido de que ninguna de las pestes del mundo
podrá
alcanzarlo).
En cambio yo, que no he pegado un ojo en toda la noche, intento devorar las
horas muertas jugando un ajedrez. Pero no hay caso, se me hace imposible
pensar
en otra cosa: mañana, apenas raye el alba, hombres y caballos nos estarán
esperando a unas leguas de aquí, en un recodo del camino al que llaman
Barranca
Yaco. Si hasta mi joven amigo Usandivaras se ha llegado galopeando para
advertirnos: al frente de la partida viene un pendenciero de mentas en estos
pagos por lo filoso de su cuchillo, y lo acompañan no menos de treinta. Traen
órdenes de matar. Ninguno de los nuestros, le avisaron, tendrá que salir vivo.
Ya es lunes y falta poco para que claree. Pienso en mi mujer y en mis hijos. Y
pienso, también, que nada me costaría aprovechar las sombras que aún le
quedan a
la noche y hacerme perdiz en el monte. Pero ellos jamás me lo perdonarían, y
acaso yo tampoco. Después de todo, nada hay que no le deba a este hombre, y
poca
cosa habrá de importarle al futuro que al lado de Quiroga haya entregado su
vida
también un oscuro cagatintas.
Miguel Ángel Morelli
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III CICLO IBEROAMERICANO DE LAS ARTES
La Sala Ensayo 100 (Raimundo Lulio, 20 – Madrid) que dirige el argentino Jorge
Eines, viene ofreciendo desde primeros de julio el III Ciclo Iberoamericano de
las Artes, en el que este año ha colaborado la Casa de América, y que
finalizará el 1 de septiembre.
A este Ciclo han acudido nueve compañías teatrales latinoamericanas, entre
ellas
dos argentinas; españolas y mixtas, grupos musicales y de danza-teatro; se
programaron asimismo foros de debate y exposiciones. Hasta la salida de este
número de la Agenda Cultural se han representado “Freddy el Caníbal” de
Gustaf
Van Perinostein (Uruguay), “Lo prometido es deuda”, Compañía Máscara Laroye
(Cuba); “La visita”, Compañía Efímero Teatro (España- Colombia); “La pecera”,
Compañía Sociedad Los No Perecederos (Argentina); y “Santa Cecilia,
Ceremonia
para una actriz desesperada”, Compañía Teatral Galiano 108 (Cuba).
Quedan por representar “Oraciones de ogros”, Compañía Ogrosomodo
(España-
México) del 30 de julio al 4 de agosto; “La monstrua”, Compañía Moreno &
Morena
(Uruguay) del 6 al 11 de agosto; “Son las tres”, Grupo Muvuka (varias
nacionalidades latinoamericanas) del 13 al 18 de agosto; “Equívoca fuga”,
Compañía Caída Libre (Argentina) del 20 al 25 de agosto; y “Tras las tocas”,
Compañía Marías Guerreras (España) del 27 de agosto al 1 de septiembre.
Dentro del Foro “Teatro Latinoamericano Contemporáneo en España”,
organizado por
el Celcit, Ensayo 100 y la Casa de América, el miércoles 3 de julio hubo una
Mesa sobre “Dramaturgia latinoamericana. Influencias” en la que participaron
Nel
Diago, Fermín Cabal, Guillermo Heras, Rolf Abdehalden, Ignacio Apolo Elio
Palencia, Juan Antonio Hormigón y Luis Molina. Moderará Iñigo Ramírez de
Haro
y la presentación corrió a cargo de Jorge Cassino.
Y el jueves 4 de julio hubo otra Mesa sobre “Creadores y creaciones
latinoamericanas en España” en la que participaron Jorge Eines, Hernán Gené,
José González, Juan Margallo, José Monleón, José Bable y Santiago Roldós.
Moderó
Luis Molina y presentó Jorge Cassino.
En la rueda de prensa para la presentación del ciclo, Jorge Cassino, coordinador
del mismo, manifestó: En este ámbito los nuevos textos dramáticos, las
propuestas estéticas diversas, la confrontación de visiones sobre el arte
escénico abren posibilidades de intercambio y creación conjunta entre los
artistas de aquí y de allá en el futuro. Si el Ciclo permite generar proyectos
que unan intenciones, textos y formas de producción entre creadores, que
comparten un mismo idioma y cultura, habremos aportado algo a la renovación
y
enriquecimiento de la escena iberoamericana. Como corolario, probablemente,
nuevos sectores de población hallarán en el escenario lo que no les ofrece el
adocenado teatro comercial o el musical “made in USA”, tan en boga.
Salvador Enríquez
p
PIQUETEROS
No será fácil olvidar las imágenes que gracias a los reporteros gráficos se nos
metieron a todos por los ojos, las imágenes que señalan de modo inequívoco la
responsabilidad policial en los asesinatos de los jóvenes Darío Santillán y
Maximiliano Kosteki el último 26 de junio, en la estación Avellaneda, cuando
huían de la represión desatada en el puente Pueyrredón. Los locales del
Movimiento de Trabajadores Desocupados al que pertenecían los dos, se
convirtieron en los días subsiguientes en una romería de periodistas,
asambleístas, activistas, curiosos, que eran recibidos con una mezcla de
sarcasmo y tristeza. “Ahora vienen todos”, decían los desolados compañeros de
Darío y Maximiliano. Y es cierto. Los asesinatos pusieron a los integrantes de
la Coordinadora Aníbal Verón, y por extensión a todas las organizaciones de
desocupados, en el centro del conflicto social. Los piqueteros con sus cortes de
ruta, interpelando a funcionarios indiferentes o confrontando con la policía o
la gendarmería, han puesto en evidencia la omitida verdad que fundó la
primermundización y la estabilidad aparentes del menemismo: el saqueo y la
demolición que redundan en millones de personas sin futuro posible. Pero
también
pusieron en evidencia su resolución de existir contra los proyectos de
aniquilamiento, su capacidad autogestiva y su potencialidad política. Tachados
de delincuentes, representan la voluntad de vivir racionalmente una vida
productiva contra el parasitismo de los especuladores y el abuso de los
saqueadores. Es hora de que la sociedad empiece a hacerles justicia
Marta Vasallo
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SYLVIA Y GATO
Sylvia vivía, vive y vivirá (diga Maurice lo que diga) en el mismo sitio, ese
barrio tan deliciosamente abandonado y periférico. Siempre la recuerdo
delgadísima, con sus largos cabellos enrulados, sonriente y conduciéndome al
estanque para mostrarme a Gato, su pez favorito. —Ahí está— decía con su
fuerte
acento argentino pese a su inmigrancia de más de diez años. Lo maravilloso es
que siempre señalaba un pez distinto. Entonces reíamos como si nos
hubiéramos
vuelto locos o quizá como si no nos hubiéramos vuelto locos.
Una mañana gris me llegó un telegrama. Hacía un frío terrible, y con Nicole no
podíamos despegarnos de la pequeña estufa. El telegrama decía: MURIÓ GATO
HOY
VELORIO ESTANQUE 20 H. Si mal no recuerdo cogimos la última botella de vino
tinto que quedaba en casa y nos fuimos bebiendo para atacar el frío mientras
caminábamos por esas calles sucias y melancólicas, en que todo París parecía
estar celebrando el velorio de Gato.
En el estanque Sylvia improvisaba una delicada letanía que Marcel acompañaba
al
acordeón apoyando algunas notas. Rose, Sara y dos holandesitas del
Rhinoceros,
Maurice con su pequeña Camille y el viejo Víctor, que detenía jamás su mano
derecha, que seguía dibujando croquis en un pequeño cuaderno, de todo
cuanto se
apareciese ante sus ágiles ojos (ahora era el estanque, el abandonado edificio
público que se desmoronaba lentamente detrás del estanque, los compañeros
de
Gato que estaban más quietos que de costumbre, quizá en honor a su célebre
amigo).
Luego alimentamos a los peces con pequeños trozos de crujiente baguette y
fuimos
a la casa de Sylvia a embriagarnos en memoria de Gato —Así es como a él le
gustaría que lo festejaran— dijo Sylvia mientras levantaba la copa.
No pasaron muchos días hasta que Maurice nos llamó por teléfono. El se
empecina
en decir que Sylvia también murió, pero nosotros sabemos que ella sigue
caminando por esas mismas calles, que le sigue escribiendo a la hermosa
Helene
el delicioso monólogo (cada vez más lacerante e irónico) que la bella susurra
antes de desnudar suavemente ese cuerpo de ensueño en el Rhinoceros y que
sigue
cantándole (cuando la niebla parisina permite que se vean y a veces aunque no
lo
permita) chansons a las estrellas y a las constelaciones.
De hecho, hace poco que nos encontramos a la pequeña Camille que dijo haber
visto a Sylvia y Gato y que estaban muy bien, y que mandaron cariñosos
saludos
para todos nosotros antes de irse correteando-nadando alegremente por esas
calles tristes.
Maurice corrigió que Camille se los encontró en los reinos de Morfeo, pero no le
dimos ninguna relevancia a sus palabras.
Virgilio Melzi
p
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