a PORTADA

<Nº 35

Agosto 2002 — Nº 36

N° 37>


PARÁBOLAS
Graciela Reyes

EL EFECTO LILITA
Leda Schiavo

DE ICONOCLASTAS E ICONÓDULOS
Fernando Anguita B.

OJO DE AGUA
Miguel Ángel Morelli

HACER PATRIA
Roberto Enrique Rocca

III CICLO IBEROAMERICANO DE LAS ARTES
Salvador Enríquez

PIQUETEROS
Marta Vasallo

SYLVIA Y GATO
Virgilio Melzi

OTROS
Julio Cortázar

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PARÁBOLAS

Quisiera ser el negro suntuoso, de corbata amarilla, que va el domingo a la mañana, con su mujer vestida de colores y todos sus hijos alrededor, a la Iglesia Bautista de la calle Clark, y sonríe, solemnemente sonríe.
Quisiera ser la chica inverosímilmente hermosa —una estatua móvil, en realidad— que, casi desnuda, mostrando en cada impulso la perfección de su rodilla y su cadera, patina por la rampa que hay junto al lago; la veo desde mi ventana, veo su pelo atado en la nuca, extendido por el viento como un ala que sube y baja, y deseo su volar, deseo la armonía serena de sus músculos y la ausencia de tiempo en que se mueve.
Quisiera ser la misma que soy, en otro más fuerte, más grande, más sabio. Tener el poder de vivir que tiene Mara Caffi a los ochenta años: quisiera, como ella, escribir mis memorias en tardes inmensas, tomando té y mirando las colinas de Roma y complaciéndome en lo que he vivido. Quisiera que mis manos tocaran a los enfermos con la misma ternura con que lo hacen las manos del doctor Gordon, médico de niños.
Quisiera ser Miriam como era antes de morir: inocente de la muerte, sumergida en sus sueños, invulnerable.
Quisiera ser el amante que he perdido, que era lúcido y apasionado; quisiera usurparle la ilusión, plagiarle las palabras, mirar con su mirada.

Los poetas se comunican mediante imágenes, que los demás deben dotar de sentido: quisiera saber evocar las imágenes más sugerentes, más ricas y poderosas, aunque fueran, por eso mismo, ambiguas. Quisiera ser Milton, que hasta hoy no se sabe si alabó o criticó a Dios, y quisiera ser Dante, porque tenía todas las certezas y las expresaba más bellamente que nadie. Quisiera ser esa persona, rara de encontrar, que siempre tiene palabras certeras y dulces que nos ayudan a ver, a sentir, a vivir. Quisiera ser no alta ni perfecta (pace Alfonsina Storni) sino mediocre y esforzada, pero siempre alegre como soy sólo a veces, y dar consuelo, sabiduría y fiestas de palabras a todo el que se acerque a mí. Quisiera ser yo misma como era cuando escribía mi primer libro. Quisiera ser el lector ideal que esbozo en cada página, el que me entiende y quizá me contradice.

Quisiera ser, también, una mujer que duerme, que tranquilamente duerme con un libro abierto en la falda, y las flores que la rodean entran y salen de sus sueños, y ella no sabe si está en vela, si duerme o si sueña, y ya no recuerda ni desea.

Graciela Reyes

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HACER PATRIA

Encuentro, en la página web; los trabajos de mi hijo Enrique en Barcelona. Un argentino, un quilmeño, haciendo patria. Me anuncian de Viena, que el Consejo Mundial de Psicoterapia acaba de premiar con el Premio Sigmund Freud a Héctor Fernández Álvarez un argentino que trabaja acá en Buenos Aires, que pertenece a una asociación científica que actualmente presido. Y al mismo tiempo me anuncian que nosotros, los argentinos, nuestra asociación, somos los encargados de organizar, para el 2005, el Cuarto Congreso Mundial de Psicoterapia, el primero que se realiza fuera de Viena, somos los encargados de hacerlo, porque han elegido a Buenos Aires (lleno de pobres y de peligros), como sede. Y me acuerdo que de nuestros cinco premios Nobel, dos lo ganaron haciendo cosas en el extranjero, y que hay un argentino en la academia francesa. Escribe en francés, pero hace patria. Y me gusta leer las noticias deportivas y aunque en el mundial perdimos (en el deporte se gana o se pierde y esta vez la selección estaba preparada con una seriedad ejemplar), ganamos en natación, en golf, en tenis y en otras cosas. Hacen patria. Afuera existimos.

Entretanto, la fijación de una fecha para las elecciones —sin duda necesarias— movilizó el animalaje. Parece mentira que mientras el grito ¡que se vayan todos!, absurdo pero espontáneo, se oye estallar por doquiera, volvamos a oír a los mismos bichos decir las mismas cosas, ensayar las mismas coyundas y apareamientos. Esos no hacen patria: hacen caca.

Hay tanta gente acá cerquita, al lado, aunque no la conozcamos que también hace patria haciendo lo suyo, esperando contra toda esperanza, permitiéndose soñar para hoy y para mañana. Y entonces quiero que nos miremos a los ojos, que nos escuchemos, que no nos dejemos engañar, que hagamos el vacío a los chantas, que lloremos si hace falta para descargarnos y recuperar las fuerzas, y que enseguida sigamos caminando. ¡Qué sé yo, hermano, tengo tantas cosas en la cabeza, tantas ganar de creer que vale la pena, tantos horizontes todavía, que necesito que oigas esto y necesito oírte!

Roberto Enrique Rocca

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EL EFECTO LILITA

Por su sola y contundente presencia, Elisa Carrió ha logrado crear una escena nueva en la arena política argentina. Nadie queda indiferente ante el efecto Lilita, ante esta figura de mujer que ha logrado el milagro de crear un partido nuevo con discurso propio, siendo la señora de nadie. Una figura de matrona joven que desconcierta a muchos y acapara la atención de muchos otros.
Lilita es demasiado, too much, y creo que suscita los temores y amores del arquetipo de la gran madre. ¿Nos dará lo que pedimos y necesitamos o nos devorará? Creo que es la figura de la madre devoradora la que perturba a algunos, porque no puedo dar crédito a las superficialidades que escucho acerca de su crucifijo, su peinado, su indumentaria anticonvencional. Tuvimos un presidente al que se votó porque corría con coches último modelo, era piola, jugaba al fútbol y usaba unas patillas impresionantes. Así nos fue. Los argentinos no podemos darnos el lujo de ser superficiales en este momento de la historia, hay que ir a la esencia y dejar las pavadas para mejor oportunidad.
Yo oigo con asombro a esta mujer que habla de partos y nacimientos y logra hacerse escuchar en un mundo de hombres, en un mundo de políticos gastados, de políticos viejos (aunque sean jóvenes), con discursos perimidos. Y esta mujer impone su figura y su lenguaje, logrando porcentajes de aceptación impresionantes. Sorprende y convence y uno necesita cierto tiempo para reconsiderar críticamente lo que dice, vencido el espacio mágico y mítico que logra crear a su alrededor.

¿Será Elisa Carrió algo más que ese discurso nuevo y resplandeciente y esos golpes de efecto a los que nos tiene acostumbrados? Deseo con toda el alma que sí, porque el tiempo apremia; pero en gran parte depende de nosotros que no se malogre la esperanza.
Gane o no gane, el efecto Lilita está ahí. Se podrá denigrar, menospreciar, tratar de minimizar, pero está ahí. No se puede ignorar.

Leda Schiavo

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DE ICONOCLASTAS E ICONÓDULOS

Una guerra sin fronteras convencionales los tuvo como protagonistas: los destructores frente a los veneradores de imágenes. Durante casi todo el siglo octavo y la mitad del noveno el conflicto se enardeció, menguó y volvió a recrudecerse, mientras Europa pugnaba por nacer con Carlomagno y, en el cénit del imperio abasí, el califa de las Mil y una Noches pactaba con el emperador ya coronado, para defender los Santos Lugares de los ataques sarracenos. Por entonces, el continente americano no existía, ni para aquellos protoeuropeos ni para los califas del Islam. Sin embargo, mientras los primeros detractores y defensores de iconos de la historia chapoteaban en el caldo de cultivo que remataría el Cisma de Oriente, los mayas atravesaban su período tardío de esplendor clásico y más al sur diaguitas, pampas, quilmes, tehuelches, onas… los hombres y mujeres de las innumerables etnias americanas vivían vueltos sobre sí mismos, ignorantes de que 6 ó 7 siglos después serían "descubiertos".

Otro salto de siglos semejante se produjo hasta llegar al presente actual, al de la globalización. La palabra parece implicar que las diferencias del estado de civilización entre los dos continentes mencionados se están borrando, o son inapreciables, o cuando existen no se pueden achacar (solamente) a la zarandeada Europa. De hecho, para todos, si exceptuamos los invidentes, es cercano e inmediato el mundo superpoblado de imágenes en el que disfrutamos / aceptamos / sufrimos nuestro vivir. En muchos casos se maneja la sobrecarga de imágenes como parámetro, ¡positivo!, de desarrollo. Globalizados o no, los verbos que he escrito encadenados nos agrupan en iconódulos, indiferentes o iconoclastas. No necesariamente en todo y para todo, pero sí en la resultante de nuestra conducta. Si atendemos al uso y defensa de las imágenes que hoy se hace desde el poder, no hay que devanarse los sesos para afirmar que éste, el poder, nos desea iconódulos. Pero, cuidado: sólo nos desea veneradores de "sus" imágenes, las que él fabrica, manipula y reparte con profusión y ruido. Los métodos que usa el poder para que se cumplan sus deseos lo identifican. En las democracias avanzadas tiene forzosamente que competir con las imágenes que edita la oposición (también manipuladas casi siempre). En las democracias nominales o corrompidas las imágenes del contrario no existen y las pocas que escapan a la censura son adulteradas inmediatamente por la contrapropaganda. Los iconoclastas de antaño no son hoy destructores sino transformadores de imágenes altamente cualificados.

Los analistas del mercado de la comunicación saben que todos compramos el periódico que «trae» lo que queremos leer y se aplican con eficacia para servirnos igualmente las imágenes que queremos ver. En las democracias avanzadas todavía se puede cambiar de canal; en las demás queda el recurso de no encender el televisor. Actitudes triviales ambas, equivalentes a esconder la cabeza bajo el ala, puesto que de poco nos servirá ignorar que detrás de las guerras (plurales) de imágenes del presente se alinean dos mundos, bien identificados después del 11—S, que se disputan un glorioso final apocalíptico.

Fernando Anguita B.

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OJO DE AGUA

Lo van a matar. No lo sabe, pero yo lo sé. O quizá él también lo sepa y juegue a disimularlo cuando asegura que una sola orden suya bastará para que toda la partida se pase a su lado y le sirva de escolta.
Un rato hará, le ha pedido a don Bustos, el maestro de posta, caballos frescos para el amanecer. Después tomó un chocolate, se quejó de que la pierna ha vuelto a dolerle (el reumatismo, desde hace unos años, le atenaza los días) y regresó a la cama como si tal cosa. Yo entonces intenté disuadirlo de continuar nuestra marcha, le hablé de la conveniencia de rumbear por el camino de Cuyo y escaparle a la emboscada, pero no bien abrí la boca me frenó en seco. «Amigo, más le conviene cuidarse de seguir estrictamente las órdenes de este General que las vanas amenzas de sus enemigos», me contestó, y aunque esta vez no había fuego en sus ojos me limité a maldecirlo para mis adentros (a veces, cuando estalla en ira y vocifera, me da por pensar que no es más que un niño, este niño que ahora duerme muy orondo y convencido de que ninguna de las pestes del mundo podrá alcanzarlo).
En cambio yo, que no he pegado un ojo en toda la noche, intento devorar las horas muertas jugando un ajedrez. Pero no hay caso, se me hace imposible pensar en otra cosa: mañana, apenas raye el alba, hombres y caballos nos estarán esperando a unas leguas de aquí, en un recodo del camino al que llaman Barranca Yaco. Si hasta mi joven amigo Usandivaras se ha llegado galopeando para advertirnos: al frente de la partida viene un pendenciero de mentas en estos pagos por lo filoso de su cuchillo, y lo acompañan no menos de treinta.
Traen órdenes de matar. Ninguno de los nuestros, le avisaron, tendrá que salir vivo. Ya es lunes y falta poco para que claree. Pienso en mi mujer y en mis hijos. Y pienso, también, que nada me costaría aprovechar las sombras que aún le quedan a la noche y hacerme perdiz en el monte. Pero ellos jamás me lo perdonarían, y acaso yo tampoco. Después de todo, nada hay que no le deba a este hombre, y poca cosa habrá de importarle al futuro que al lado de Quiroga haya entregado su vida también un oscuro cagatintas.

Miguel Ángel Morelli

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III CICLO IBEROAMERICANO DE LAS ARTES

La Sala Ensayo 100 (Raimundo Lulio, 20 – Madrid) que dirige el argentino Jorge Eines, viene ofreciendo desde primeros de julio el III Ciclo Iberoamericano de las Artes, en el que este año ha colaborado la Casa de América, y que finalizará el 1 de septiembre. A este Ciclo han acudido nueve compañías teatrales latinoamericanas, entre ellas dos argentinas; españolas y mixtas, grupos musicales y de danza-teatro; se programaron asimismo foros de debate y exposiciones. Hasta la salida de este número de la Agenda Cultural se han representado “Freddy el Caníbal” de Gustaf Van Perinostein (Uruguay), “Lo prometido es deuda”, Compañía Máscara Laroye (Cuba); “La visita”, Compañía Efímero Teatro (España- Colombia); “La pecera”, Compañía Sociedad Los No Perecederos (Argentina); y “Santa Cecilia, Ceremonia para una actriz desesperada”, Compañía Teatral Galiano 108 (Cuba).
Quedan por representar “Oraciones de ogros”, Compañía Ogrosomodo (España- México) del 30 de julio al 4 de agosto; “La monstrua”, Compañía Moreno & Morena (Uruguay) del 6 al 11 de agosto; “Son las tres”, Grupo Muvuka (varias nacionalidades latinoamericanas) del 13 al 18 de agosto; “Equívoca fuga”, Compañía Caída Libre (Argentina) del 20 al 25 de agosto; y “Tras las tocas”, Compañía Marías Guerreras (España) del 27 de agosto al 1 de septiembre. Dentro del Foro “Teatro Latinoamericano Contemporáneo en España”, organizado por el Celcit, Ensayo 100 y la Casa de América, el miércoles 3 de julio hubo una Mesa sobre “Dramaturgia latinoamericana. Influencias” en la que participaron Nel Diago, Fermín Cabal, Guillermo Heras, Rolf Abdehalden, Ignacio Apolo Elio Palencia, Juan Antonio Hormigón y Luis Molina. Moderará Iñigo Ramírez de Haro y la presentación corrió a cargo de Jorge Cassino.
Y el jueves 4 de julio hubo otra Mesa sobre “Creadores y creaciones latinoamericanas en España” en la que participaron Jorge Eines, Hernán Gené, José González, Juan Margallo, José Monleón, José Bable y Santiago Roldós. Moderó Luis Molina y presentó Jorge Cassino. En la rueda de prensa para la presentación del ciclo, Jorge Cassino, coordinador del mismo, manifestó: En este ámbito los nuevos textos dramáticos, las propuestas estéticas diversas, la confrontación de visiones sobre el arte escénico abren posibilidades de intercambio y creación conjunta entre los artistas de aquí y de allá en el futuro. Si el Ciclo permite generar proyectos que unan intenciones, textos y formas de producción entre creadores, que comparten un mismo idioma y cultura, habremos aportado algo a la renovación y enriquecimiento de la escena iberoamericana. Como corolario, probablemente, nuevos sectores de población hallarán en el escenario lo que no les ofrece el adocenado teatro comercial o el musical “made in USA”, tan en boga.

Salvador Enríquez

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PIQUETEROS

No será fácil olvidar las imágenes que gracias a los reporteros gráficos se nos metieron a todos por los ojos, las imágenes que señalan de modo inequívoco la responsabilidad policial en los asesinatos de los jóvenes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki el último 26 de junio, en la estación Avellaneda, cuando huían de la represión desatada en el puente Pueyrredón.
Los locales del Movimiento de Trabajadores Desocupados al que pertenecían los dos, se convirtieron en los días subsiguientes en una romería de periodistas, asambleístas, activistas, curiosos, que eran recibidos con una mezcla de sarcasmo y tristeza. “Ahora vienen todos”, decían los desolados compañeros de Darío y Maximiliano. Y es cierto. Los asesinatos pusieron a los integrantes de la Coordinadora Aníbal Verón, y por extensión a todas las organizaciones de desocupados, en el centro del conflicto social. Los piqueteros con sus cortes de ruta, interpelando a funcionarios indiferentes o confrontando con la policía o la gendarmería, han puesto en evidencia la omitida verdad que fundó la primermundización y la estabilidad aparentes del menemismo: el saqueo y la demolición que redundan en millones de personas sin futuro posible. Pero también pusieron en evidencia su resolución de existir contra los proyectos de aniquilamiento, su capacidad autogestiva y su potencialidad política.
Tachados de delincuentes, representan la voluntad de vivir racionalmente una vida productiva contra el parasitismo de los especuladores y el abuso de los saqueadores. Es hora de que la sociedad empiece a hacerles justicia

Marta Vasallo

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SYLVIA Y GATO

Sylvia vivía, vive y vivirá (diga Maurice lo que diga) en el mismo sitio, ese barrio tan deliciosamente abandonado y periférico. Siempre la recuerdo delgadísima, con sus largos cabellos enrulados, sonriente y conduciéndome al estanque para mostrarme a Gato, su pez favorito. —Ahí está— decía con su fuerte acento argentino pese a su inmigrancia de más de diez años. Lo maravilloso es que siempre señalaba un pez distinto. Entonces reíamos como si nos hubiéramos vuelto locos o quizá como si no nos hubiéramos vuelto locos.

Una mañana gris me llegó un telegrama. Hacía un frío terrible, y con Nicole no podíamos despegarnos de la pequeña estufa. El telegrama decía: MURIÓ GATO HOY VELORIO ESTANQUE 20 H. Si mal no recuerdo cogimos la última botella de vino tinto que quedaba en casa y nos fuimos bebiendo para atacar el frío mientras caminábamos por esas calles sucias y melancólicas, en que todo París parecía estar celebrando el velorio de Gato.
En el estanque Sylvia improvisaba una delicada letanía que Marcel acompañaba al acordeón apoyando algunas notas. Rose, Sara y dos holandesitas del Rhinoceros, Maurice con su pequeña Camille y el viejo Víctor, que detenía jamás su mano derecha, que seguía dibujando croquis en un pequeño cuaderno, de todo cuanto se apareciese ante sus ágiles ojos (ahora era el estanque, el abandonado edificio público que se desmoronaba lentamente detrás del estanque, los compañeros de Gato que estaban más quietos que de costumbre, quizá en honor a su célebre amigo). Luego alimentamos a los peces con pequeños trozos de crujiente baguette y fuimos a la casa de Sylvia a embriagarnos en memoria de Gato —Así es como a él le gustaría que lo festejaran— dijo Sylvia mientras levantaba la copa.

No pasaron muchos días hasta que Maurice nos llamó por teléfono. El se empecina en decir que Sylvia también murió, pero nosotros sabemos que ella sigue caminando por esas mismas calles, que le sigue escribiendo a la hermosa Helene el delicioso monólogo (cada vez más lacerante e irónico) que la bella susurra antes de desnudar suavemente ese cuerpo de ensueño en el Rhinoceros y que sigue cantándole (cuando la niebla parisina permite que se vean y a veces aunque no lo permita) chansons a las estrellas y a las constelaciones. De hecho, hace poco que nos encontramos a la pequeña Camille que dijo haber visto a Sylvia y Gato y que estaban muy bien, y que mandaron cariñosos saludos para todos nosotros antes de irse correteando-nadando alegremente por esas calles tristes.
Maurice corrigió que Camille se los encontró en los reinos de Morfeo, pero no le dimos ninguna relevancia a sus palabras.

Virgilio Melzi

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TEXTOS de OTROS


THE CANARY MURDER CASE II

Julio Cortázar

 

Es terrible, mi tía me invita a su cumpleaños, yo le compro un canario de regalo, llego y no hay nadie, mi almanaque es defectuoso, al volver el canario canta a chorros en el tranvía, los pasajeros entran en amok, le saco boleto al animal para que lo respeten, al bajarme le doy con la jaula en la cabeza a una señora que se vuelve toda dientes, llego a casa bañado en alpiste, mi mujer se ha ido con un escribano, caigo rígido en el zaguán y aplasto al canario, los vecinos claman por la ambulancia y se lo llevan en una tablita, me quedo toda la noche tirado en el zaguán comiéndome el alpiste y oyendo el teléfono en la sala, debe ser mi tía que llama y llama para que no vaya a olvidarme de su cumpleaños, ella siempre cuenta con mi regalo, pobre tía.

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del libro «Último Round»

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