LA POESÍA
Octavio Paz
QUÉ ES LA POESÍA Y PARA QUÉ SIRVE
Graciela Reyes
DE MITOLÓGICA CONFUSIÓN
Fernando Anguita B.
ARENGA POR UN ACERCAMIENTO AL ARTE
Federico Pablo Blanco
ADIÓS NANINA
Sonia Otamendi / Jimena Drake
DIEZ POEMAS
Paula Álvarez / Carlos Patiño / Roberto E. Rocca
Néstor Tellechea / Beatriz Piedras / Alicia Silva Rey
Jorge Cabrera / Liliana Guaragno / Miguel Ángel Morelli
Leda Schiavo
fab9
LA POESÍA
«La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz
de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza;
ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela
este mundo; crea otro. Pan de los elegidos, alimento maldito. Aísla, une.
Invitación al viaje, regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio
muscular. Plegaria del vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y
la desesperación la alimentan. Oración, letanía. Epifanía, presencia.
Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del
inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega la
historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre
adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia,
sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar,
fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior, lenguaje primitivo.
Obediencia de las reglas, creación de otras. Imitación de los antiguos, copia
de lo real, copia de una copia de la Idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a
la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego,
trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música,
símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del
mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía
universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo,
monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario.
Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y
personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los
rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una
careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de
toda obra humana!» ______________
de El Arco y la Lira
Octavio Paz
p
QUÉ ES LA POESÍA Y PARA QUÉ SIRVE
Poesía eres tú, dice el famoso poema de Bécquer. Pero tratemos de
contestar sin usar metáforas. ¿Qué es poesía? Es una forma especial de
comunicación con palabras. Ya veremos por qué es especial. ¿Para qué
sirve? Para expresar experiencias, sentimientos, ideas, para trabajar
estéticamente el lenguaje, y, del lado del lector, para revivir esas
experiencias o compartir esos sentimientos o recrearlos, y para disfrutar del
placer estético. No importa qué separados estén en el tiempo y el espacio
los poetas y sus lectores: se comunican, logran, por milagro del lenguaje,
una coincidencia, un punto de unión y comprensión. Ficticia, pero de efectos
reales para ambos.
La poesía es una forma especial de comunicación porque es toda artificio. El
aquí y ahora no es el aquí y ahora, yo no es yo, tú no es tú. Y también
porque es lenguaje regulado por convenciones: acentos, número de
sílabas, rimas, estrofas, imágenes. Nadie habla como en un poema: no
elegimos tanto las palabras, ni medimos, ni contamos las sílabas ni
tratamos de encontrar rimas, y además yo, tú, tiempo, lugar, intenciones de
los hablantes, son identificables, porque la conversación corriente sucede
en una situación y en unos contextos. Cada conversación es un pequeño
hecho histórico, datable y situable. La poesía no: mana como agua mágica,
es una fuente de significado perenne para cada lector que se acerca a ella.
Por supuesto la poesía, como todo lenguaje comunicado, está atada a
quien la escribió, a una vida, a una historia, y sus recursos artísticos
pertenecen a épocas y corrientes literarias reconocibles, su lenguaje es
parte de la historia de un lenguaje y sus ecos resuenan en otros poemas y
autores. No hay nada ahistórico en la cultura humana: somos tiempo.
Pero la poesía es recitable, a diferencia de otras cosas que decimos o
escribimos. Recitar: volver a decir, exactamente de la misma manera. Cada
vez, el texto renace, fuera del tiempo, como la estatua, la pintura o la
música. Es presente renovado. Su forma, atada a convenciones, lo
preserva. La ausencia de un yo auténtico le da la promesa de universalidad.
Alguien habla con alguien, y ninguno se ve ni se conoce, pero los dos se
entienden o intentan entenderse. ¿Cómo puede ser?
Aquí contestan, con perdón de los literatos, las ciencias que estudian la
mente. Los humanos tenemos la capacidad, que no tienen los animales, de
atribuir a otros intenciones y creencias, y de atribuir a otros intenciones y
creencias sobre otras personas, y así en varios niveles de
metarrepresentación. Para poder usar el lenguaje, tenemos que leer la
mente de los demás, saber no sólo qué dicen, sino qué quieren decir con
esas palabras. Este es el principio básico de mi disciplina, la pragmática,
que estudia la comunicación lingüística en todas sus formas. En el poema
sucede que no hay un ser real a quién leerle las intenciones comunicativas,
porque el poema puede ser anónimo, su autor o autora de muchos siglos
atrás, o, aunque la autora sea amiga nuestra, porque un poema es un
poema: quien lo escribe habla mediante artificios, no dice "yo" para
referirse necesariamente a sí mismo. Lo que nos da es puro lenguaje, y nos
exige interpretarlo, imaginando, ya que tenemos experiencia en usar el
lenguaje, lo que el hablante poético, que es un ser ficticio, le dice a otro
igualmente ficticio, su interlocutor, nombrado o no en el poema. Al leer,
hacemos todo el juego interpretativo imaginando, solo imaginando,
interlocutores. Ese lenguaje expuesto, sin anclaje en situaciones reales de
comunicación entre personas identificables, es más difícil de interpretar: le
falta contexto, y lo tenemos que construir. Las palabras, que en nuestra
vida diaria domesticamos continuamente, restringiéndolas y precisándolas
gracias al contexto, en el poema se desatan, solas: podemos ver muchos
de sus significados potenciales a la vez. Es una fiesta. Una fiesta de
posibilidades semánticas. Sin dejar de verlas, construimos nuestra propia
interpretación, dominando la multiplicación de sentidos, buscando uno solo,
el que nos parece mejor o el que nos han enseñado, ya que la poesía es
tan valorada culturalmente que se enseña junto con el lenguaje, o debería
enseñarse, siempre. Pero los otros sentidos del poema, los descartados o
incomprendidos, quedan ahí, medio ocultos, activos, disponibles. Gloriosa
ambigüedad, ecos de otros versos, oscuridades cuyo significado solo
podemos intuir. Es una fiesta.
Yo propongo que la poesía es una fiesta, una fiesta de lenguaje que en que
se habla de lo que más nos afecta: la soledad, la muerte, la injusticia, el
amor, la nostalgia. Es un lenguaje cuyos significados posibles u ocultos hay
que dominar como las burbujas de champán que suben locas y se
derraman. La frase más simple, puesta en un poema, tiene mil ecos que
vienen de las entrañas del lenguaje y de la memoria humana. Como está
arrancada de una situación concreta de comunicación, esa simple frase
tiene un aura de eternidad, adquiere muchas resonancias y sugiere muchos
contextos, es perdurable y a la vez inasible. Es también incitante, porque el
poema pide interpretación, compromete al lector a participar, con la
promesa de placer, el placer del juego, el de la emoción compartida, el de
sentir que quien escribió esos versos nos está expresando a nosotros, que
nosotros sentimos eso mismo, así, aunque no hubiéramos sabido decirlo.
Cuando miramos el lenguaje como obra de arte y lo vemos en su función de
expresar y comunicar sentimientos humanos ante nuestros ojos, por un
juego en que nadie habla con nadie pero el autor, por detrás de sus
palabras, se comunica con sus conocidos y desconocidos lectores e intenta
tocarlos, conmoverlos, decirles algo, compartir dolor o risa, burla, ironía,
ternura, estamos ante la poesía, aunque ese poema particular no nos
guste o no nos emocione.
Pocos somos buenos poetas, pero todos podemos ser poetas, escribiendo
o leyendo, que para las dos cosas hay que serlo. Porque el lenguaje,
señores, es de todos. Es nuestro triunfo como especie, y es nuestra fiesta.
Graciela Reyes
p
DE MITOLÓGICA CONFUSIÓN
Una más de tantas coincidencias —colisiones las vengo llamando— ha
motivado esta nota. De no haberse producido, los párrafos que siguen
dormirían en el lenguaje binario del presente y del inabarca-ble futuro. Gilbert K.
Chesterton me llevó de la mano a descifrar —no me atrevo decir a
disfrutar— «Itylus», el poema de Swinburne. A la mitad del empeño, supe
de la convención<>conmoción poética que estos días celebra Quilmes.
Quien sabe que no es poeta no se pone a escribir poemas. Todo lo más que
puede hacer es dejarse embargar por la lectura de algunos, aunque si se
enfrenta a un conjunto variopinto, probablemente no sea capaz de diferenciar
los mejores de los simplemente buenos; puede que ni siquiera de los que
ten-gan mala crítica. Sin embargo, ese lector de poemas no-poeta siempre
sabrá señalar cuáles le gustaron y, en ocasiones, hasta decir por qué.
Algo parecido me ha pasado con Itylus. Repito que de no mediar la colisión no
estaría hablando de ello. Quizás tampoco me habría dejado envolver por la
cadencia atormentada de unos versos capaces de iluminar violación, mutilación
y parricidio; los versos que en 1866 crisparon a la hipócrita sociedad victoriana.
Ignoro si hoy es posible, no ya crispar sino siquiera sorprender a nadie
valiéndose de una doble fabulación: la lírica, derramada por la maestría del
poeta, y la que el modelo toma de la quimera mitológica.
Y aún hay
más. Todos los poetas saben —imagino— no sólo que Algernon Charles era el
doble y resonante patronímico de Swinburne, sino que éste se equivocó al
poner nombre al personaje_víctima de su más celebrado poema. Aunque quizás
sólo se dejó llevar por la leyenda mítica más truculenta. Porque no fue Itilo o
Itylus sino Itis, el pequeño sacrificado por su madre y su tía para castigar al
padre. La suerte (es un decir) de ambas víctimas fue parecida, Itilo también fue
muerto por su madre, pero por error. Los lugares, tiempos y protagonistas son
también distintos. La multiplicación de versiones se produce asimismo en la
historia de Itis. De ésta, una prevalece y se consolida en «El banquete de
Tereo», el cuadro pintado por Rubens en 1638 que hoy se exhibe en «El Prado»
de Madrid.
No he podido dejar de preguntarme por qué el poeta
asumió la confusión mitológica. ¿Fue por conservar la rima en el único verso
donde aparece el nombre? Es posible. Los críticos han dicho que de los sórdidos
escombros de incesto y crimen, había logrado condensar un instante en un
canto de lírica belleza.
Por si algún poeta de hoy se siente capaz de
ajustar la rima y devolver su protagonismo a Itis, he aquí la estrofa que lo reta:
Couldst thou remember and I forget. O sweet stray
sister, O shifting swallow, The heart's division divideth us. Thy heart
is light as a leaf of a tree; But mine goes forth among sea-gulfs hollow To the place of the slaying of Itylus,
“Humana” es la única especie animal que escribe. El poeta pertenece a la clase
particular de la misma que sublima las palabras, la sustancia que alimenta su
vigilia y su sueño, para luego caer / en las metáforas inacabables / que
instauran la convicción / de que la vida es una retórica / y la retórica la ciencia
de la vida. Cuatro lustros se cumplieron ya desde que Graciela lo dejó así
de claro.
__________
Fernando Anguita B.
p
ARENGA POR UN ACERCAMIENTO AL ARTE
Ya he hablado anteriormente sobre la responsabilidad (por llamarle de
alguna manera) que tienen los artistas con respecto al público. Ahora voy a
desarrollar el aspecto que le corresponde a este último, como parte
integrante de la comunidad artística. Y destaco que incluyo al espectador
dentro la comunidad artística, ya que no es posible hablar de un artista, sin
una comunidad que lo promulgue como tal.
¿Pero cuál es el compromiso que debe tomar el espectador?
En primer lugar, debe involucrarse activamente con las actividades que se
desarrollan, ir a conciertos, al teatro, etcétera. Ya que no podemos ignorar
que cuando escuchamos un disco, estamos oyendo el registro de la música
y no la música propiamente dicha, lo mismo sucede cuando se televisa
teatro, y así con infinidad de casos similares, que sólo son el registro de la
actividad artística que se estuvo desarrollando, pero que bajo ninguna
circunstancia pueden reemplazarla.
En segundo lugar, tengamos en cuenta que el Hombre, se constituye como
tal en la comunidad a la que pertenece, siendo de esa manera partícipe de
la cultura de su pueblo. Por lo tanto, al concurrir a actividades de índole
artística, o culturales en un sentido más amplio, se genera un
enriquecimiento intelectual del individuo en particular y de la sociedad a la
que el pertenece en general, esto se debe a la incorporación de conceptos
elevados y al intercambio conceptual que se genera entre los concurrentes
y su núcleo más cercano. Se produce así, por un efecto de empatía, un
avance de la sociedad toda.
Pero cómo lograr esto, en una era en la que el paradigma parece ser "El
Hombre Solo", comunicándose con sus semejantes sólo a través de
interfaces tecnológicas (teléfono, correo electrónico, etcétera).
Pues este es el mayor desafío y nos compete a todos. Debemos vencer la
morosidad y el estatismo, desechar el simplismo que nos ofrecen la radio y
la televisión, y aceptar el desafío que nos plantea el arte. Recuperemos el
valor comunitario que tuvo el teatro en la Antigua Grecia, revaloricemos el
acto de encontrarnos en el arte. Sólo de esta manera generaremos nuevos
mitos fundantes y podremos pensar en un futuro mejor, haciendo renacer la
Utopía, y con ella la esperanza.
Federico Pablo Blanco
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ADIÓS NANINA
Puede que ni el más minucioso lector de esta agenda lo note, pero a partir
de este número dejará de publicarse un aviso. No era tapa ni contratapa,
apenas uno más entre los chiquitos que mes a mes buscan un hueco por el
cual colarse y que ni siquiera era pago. Poca cosa, dirá alguno. No esté tan
seguro, contesto yo. "Nanina Otamendi - Taller de Cerámica" parece que
fue cocina de grandes cosas.
Primero, porque realmente Nanina armó su taller en la vieja cocina de su
casa: papel, lápiz, mate y cigarrillo de por medio, se sentaba frente a su
Gustavito (yerno devenido operario principal) a planificar lo que sería su
universo de dos metros por tres. Las cacerolas pasaron a ser moldes; los
cucharones, estecas y los tarros de fideos decenas de frasquitos con
esmaltes y pigmentos.
Segundo, porque fue en ese taller donde terminó de hornear su plato más
exquisito. Una receta que fue inventando día a día, durante setenta años,
casi secretamente, para dejárnosla a punto el día en que le tocara partir.
Los enormes gestos de amistad que tuvieron los compañeros de Nanina
surgieron de los pequeños gestos que ella fue sembrando a lo largo su
vida.
Mábel Bucich, Carlos Vizcaíno, Graciela Molinari, junto con la gente del
Círculo de Arte Cerámico del Sur y los organizadores del ENACER 2004,
acompañaron su muerte como sólo pueden hacerlo los verdaderos amigos.
Mabel con sus manos tranquilizadoras, Graciela soportando el papeleo,
Carlos con el cuidado y el respeto de un hijo...qué amigos se guardaba la
vieja, carajo.
El taller-cocina de Nanina Otamendi dejó de funcionar. El aroma de lo que
allí se guisaba permanecerá para siempre.
Jimena
Era mi única hermana, siete años mayor. Guardo de mi infancia un recuerdo
agradecido. Recuerdo su infinita paciencia conmigo, que era una mocosa
malcriada e insolente. Recuerdo las horas de la siesta cuando en el verano
nos acostábamos de espaldas en el pasto y me mostraba en las nubes que
pasaban, animales fabulosos, batallas, escenas del mar con los que me iba
contando cuentos. Y cuando mirábamos pasar las babas del diablo desde la
escalera de fierro del cuarto de planchar, que se perdían hacia el lado del
río. Me enseñó a hacer collares con las flores de trébol. Me enseñó a bailar
el foxtrot y a escuchar a Frank Sinatra. Me enseñó cuáles eran los huesos
de la mano y me mostraba las ilustraciones del Testut. Me mostró cómo y
dónde dejaban las chicharras su piel vieja en el tronco de la casuarina. Me
leía el Tesoro de la Juventud. Más tarde, por ella accedí al mundo de la
poesía y después a la pintura cuando íbamos juntas al taller de Urruchúa y
después la cerámica, y todo con una generosidad infinita. Teníamos códigos
y complicidades y nos reíamos de las mismas cosas. No guardábamos
resentimientos. Por suerte, creo que supo cuánto la quería y sé que ella me
quiso. Me conforta, nos conforta, saber que sus últimos días fueron muy
felices y que contó con manos amigas para ayudarle a enfrentar la muerte.
Ahora, decirle "Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa / honda paz a tus
huesos / definitivamente / duerme un sueño tranquilo y verdadero"
Sonia
p
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