a PORTADA

<Nº 55

Agosto 2004 — Nº 56

N° 57>


LA POESÍA
Octavio Paz

QUÉ ES LA POESÍA Y PARA QUÉ SIRVE
Graciela Reyes

DE MITOLÓGICA CONFUSIÓN
Fernando Anguita B.

ARENGA POR UN ACERCAMIENTO AL ARTE
Federico Pablo Blanco

ADIÓS NANINA
Sonia Otamendi / Jimena Drake

DIEZ POEMAS

Paula Álvarez / Carlos Patiño / Roberto E. Rocca
Néstor Tellechea / Beatriz Piedras / Alicia Silva Rey
Jorge Cabrera / Liliana Guaragno / Miguel Ángel Morelli
Leda Schiavo

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LA POESÍA

«La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos, alimento maldito. Aísla, une. Invitación al viaje, regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria del vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía. Epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar, fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior, lenguaje primitivo. Obediencia de las reglas, creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la Idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!»
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de El Arco y la Lira

Octavio Paz

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QUÉ ES LA POESÍA Y PARA QUÉ SIRVE

Poesía eres tú, dice el famoso poema de Bécquer. Pero tratemos de contestar sin usar metáforas. ¿Qué es poesía? Es una forma especial de comunicación con palabras. Ya veremos por qué es especial. ¿Para qué sirve? Para expresar experiencias, sentimientos, ideas, para trabajar estéticamente el lenguaje, y, del lado del lector, para revivir esas experiencias o compartir esos sentimientos o recrearlos, y para disfrutar del placer estético. No importa qué separados estén en el tiempo y el espacio los poetas y sus lectores: se comunican, logran, por milagro del lenguaje, una coincidencia, un punto de unión y comprensión. Ficticia, pero de efectos reales para ambos.

La poesía es una forma especial de comunicación porque es toda artificio. El aquí y ahora no es el aquí y ahora, yo no es yo, tú no es tú. Y también porque es lenguaje regulado por convenciones: acentos, número de sílabas, rimas, estrofas, imágenes. Nadie habla como en un poema: no elegimos tanto las palabras, ni medimos, ni contamos las sílabas ni tratamos de encontrar rimas, y además yo, tú, tiempo, lugar, intenciones de los hablantes, son identificables, porque la conversación corriente sucede en una situación y en unos contextos. Cada conversación es un pequeño hecho histórico, datable y situable. La poesía no: mana como agua mágica, es una fuente de significado perenne para cada lector que se acerca a ella. Por supuesto la poesía, como todo lenguaje comunicado, está atada a quien la escribió, a una vida, a una historia, y sus recursos artísticos pertenecen a épocas y corrientes literarias reconocibles, su lenguaje es parte de la historia de un lenguaje y sus ecos resuenan en otros poemas y autores. No hay nada ahistórico en la cultura humana: somos tiempo.
Pero la poesía es recitable, a diferencia de otras cosas que decimos o escribimos. Recitar: volver a decir, exactamente de la misma manera. Cada vez, el texto renace, fuera del tiempo, como la estatua, la pintura o la música. Es presente renovado. Su forma, atada a convenciones, lo preserva. La ausencia de un yo auténtico le da la promesa de universalidad. Alguien habla con alguien, y ninguno se ve ni se conoce, pero los dos se entienden o intentan entenderse. ¿Cómo puede ser?
Aquí contestan, con perdón de los literatos, las ciencias que estudian la mente. Los humanos tenemos la capacidad, que no tienen los animales, de atribuir a otros intenciones y creencias, y de atribuir a otros intenciones y creencias sobre otras personas, y así en varios niveles de metarrepresentación. Para poder usar el lenguaje, tenemos que leer la mente de los demás, saber no sólo qué dicen, sino qué quieren decir con esas palabras. Este es el principio básico de mi disciplina, la pragmática, que estudia la comunicación lingüística en todas sus formas. En el poema sucede que no hay un ser real a quién leerle las intenciones comunicativas, porque el poema puede ser anónimo, su autor o autora de muchos siglos atrás, o, aunque la autora sea amiga nuestra, porque un poema es un poema: quien lo escribe habla mediante artificios, no dice "yo" para referirse necesariamente a sí mismo. Lo que nos da es puro lenguaje, y nos exige interpretarlo, imaginando, ya que tenemos experiencia en usar el lenguaje, lo que el hablante poético, que es un ser ficticio, le dice a otro igualmente ficticio, su interlocutor, nombrado o no en el poema. Al leer, hacemos todo el juego interpretativo imaginando, solo imaginando, interlocutores. Ese lenguaje expuesto, sin anclaje en situaciones reales de comunicación entre personas identificables, es más difícil de interpretar: le falta contexto, y lo tenemos que construir. Las palabras, que en nuestra vida diaria domesticamos continuamente, restringiéndolas y precisándolas gracias al contexto, en el poema se desatan, solas: podemos ver muchos de sus significados potenciales a la vez. Es una fiesta. Una fiesta de posibilidades semánticas. Sin dejar de verlas, construimos nuestra propia interpretación, dominando la multiplicación de sentidos, buscando uno solo, el que nos parece mejor o el que nos han enseñado, ya que la poesía es tan valorada culturalmente que se enseña junto con el lenguaje, o debería enseñarse, siempre. Pero los otros sentidos del poema, los descartados o incomprendidos, quedan ahí, medio ocultos, activos, disponibles. Gloriosa ambigüedad, ecos de otros versos, oscuridades cuyo significado solo podemos intuir. Es una fiesta.

Yo propongo que la poesía es una fiesta, una fiesta de lenguaje que en que se habla de lo que más nos afecta: la soledad, la muerte, la injusticia, el amor, la nostalgia. Es un lenguaje cuyos significados posibles u ocultos hay que dominar como las burbujas de champán que suben locas y se derraman. La frase más simple, puesta en un poema, tiene mil ecos que vienen de las entrañas del lenguaje y de la memoria humana. Como está arrancada de una situación concreta de comunicación, esa simple frase tiene un aura de eternidad, adquiere muchas resonancias y sugiere muchos contextos, es perdurable y a la vez inasible. Es también incitante, porque el poema pide interpretación, compromete al lector a participar, con la promesa de placer, el placer del juego, el de la emoción compartida, el de sentir que quien escribió esos versos nos está expresando a nosotros, que nosotros sentimos eso mismo, así, aunque no hubiéramos sabido decirlo. Cuando miramos el lenguaje como obra de arte y lo vemos en su función de expresar y comunicar sentimientos humanos ante nuestros ojos, por un juego en que nadie habla con nadie pero el autor, por detrás de sus palabras, se comunica con sus conocidos y desconocidos lectores e intenta tocarlos, conmoverlos, decirles algo, compartir dolor o risa, burla, ironía, ternura, estamos ante la poesía, aunque ese poema particular no nos guste o no nos emocione.

Pocos somos buenos poetas, pero todos podemos ser poetas, escribiendo o leyendo, que para las dos cosas hay que serlo. Porque el lenguaje, señores, es de todos. Es nuestro triunfo como especie, y es nuestra fiesta.

Graciela Reyes

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DE MITOLÓGICA CONFUSIÓN

Una más de tantas coincidencias —colisiones las vengo llamando— ha motivado esta nota. De no haberse producido, los párrafos que siguen dormirían en el lenguaje binario del presente y del inabarca-ble futuro. Gilbert K. Chesterton me llevó de la mano a descifrar —no me atrevo decir a disfrutar— «Itylus», el poema de Swinburne. A la mitad del empeño, supe de la convención<>conmoción poética que estos días celebra Quilmes.

Quien sabe que no es poeta no se pone a escribir poemas. Todo lo más que puede hacer es dejarse embargar por la lectura de algunos, aunque si se enfrenta a un conjunto variopinto, probablemente no sea capaz de diferenciar los mejores de los simplemente buenos; puede que ni siquiera de los que ten-gan mala crítica. Sin embargo, ese lector de poemas no-poeta siempre sabrá señalar cuáles le gustaron y, en ocasiones, hasta decir por qué.

Rubens: El banquete de TereoAlgo parecido me ha pasado con Itylus. Repito que de no mediar la colisión no estaría hablando de ello. Quizás tampoco me habría dejado envolver por la cadencia atormentada de unos versos capaces de iluminar violación, mutilación y parricidio; los versos que en 1866 crisparon a la hipócrita sociedad victoriana. Ignoro si hoy es posible, no ya crispar sino siquiera sorprender a nadie valiéndose de una doble fabulación: la lírica, derramada por la maestría del poeta, y la que el modelo toma de la quimera mitológica.

Y aún hay más. Todos los poetas saben —imagino— no sólo que Algernon Charles era el doble y resonante patronímico de Swinburne, sino que éste se equivocó al poner nombre al personaje_víctima de su más celebrado poema. Aunque quizás sólo se dejó llevar por la leyenda mítica más truculenta. Porque no fue Itilo o Itylus sino Itis, el pequeño sacrificado por su madre y su tía para castigar al padre. La suerte (es un decir) de ambas víctimas fue parecida, Itilo también fue muerto por su madre, pero por error. Los lugares, tiempos y protagonistas son también distintos. La multiplicación de versiones se produce asimismo en la historia de Itis. De ésta, una prevalece y se consolida en «El banquete de Tereo», el cuadro pintado por Rubens en 1638 que hoy se exhibe en «El Prado» de Madrid.

No he podido dejar de preguntarme por qué el poeta asumió la confusión mitológica. ¿Fue por conservar la rima en el único verso donde aparece el nombre? Es posible. Los críticos han dicho que de los sórdidos escombros de incesto y crimen, había logrado condensar un instante en un canto de lírica belleza.

Por si algún poeta de hoy se siente capaz de ajustar la rima y devolver su protagonismo a Itis, he aquí la estrofa que lo reta:

Couldst thou remember and I forget.
O sweet stray sister, O shifting swallow,
The heart's division divideth us.
Thy heart is light as a leaf of a tree;
But mine goes forth among sea-gulfs hollow
To the place of the slaying of Itylus,

“Humana” es la única especie animal que escribe. El poeta pertenece a la clase particular de la misma que sublima las palabras, la sustancia que alimenta su vigilia y su sueño, para luego caer / en las metáforas inacabables / que instauran la convicción / de que la vida es una retórica / y la retórica la ciencia de la vida. Cuatro lustros se cumplieron ya desde que Graciela lo dejó así de claro.
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Fernando Anguita B.

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ARENGA POR UN ACERCAMIENTO AL ARTE

Ya he hablado anteriormente sobre la responsabilidad (por llamarle de alguna manera) que tienen los artistas con respecto al público. Ahora voy a desarrollar el aspecto que le corresponde a este último, como parte integrante de la comunidad artística. Y destaco que incluyo al espectador dentro la comunidad artística, ya que no es posible hablar de un artista, sin una comunidad que lo promulgue como tal.
¿Pero cuál es el compromiso que debe tomar el espectador? En primer lugar, debe involucrarse activamente con las actividades que se desarrollan, ir a conciertos, al teatro, etcétera. Ya que no podemos ignorar que cuando escuchamos un disco, estamos oyendo el registro de la música y no la música propiamente dicha, lo mismo sucede cuando se televisa teatro, y así con infinidad de casos similares, que sólo son el registro de la actividad artística que se estuvo desarrollando, pero que bajo ninguna circunstancia pueden reemplazarla.
En segundo lugar, tengamos en cuenta que el Hombre, se constituye como tal en la comunidad a la que pertenece, siendo de esa manera partícipe de la cultura de su pueblo. Por lo tanto, al concurrir a actividades de índole artística, o culturales en un sentido más amplio, se genera un enriquecimiento intelectual del individuo en particular y de la sociedad a la que el pertenece en general, esto se debe a la incorporación de conceptos elevados y al intercambio conceptual que se genera entre los concurrentes y su núcleo más cercano. Se produce así, por un efecto de empatía, un avance de la sociedad toda.

Pero cómo lograr esto, en una era en la que el paradigma parece ser "El Hombre Solo", comunicándose con sus semejantes sólo a través de interfaces tecnológicas (teléfono, correo electrónico, etcétera).
Pues este es el mayor desafío y nos compete a todos. Debemos vencer la morosidad y el estatismo, desechar el simplismo que nos ofrecen la radio y la televisión, y aceptar el desafío que nos plantea el arte. Recuperemos el valor comunitario que tuvo el teatro en la Antigua Grecia, revaloricemos el acto de encontrarnos en el arte. Sólo de esta manera generaremos nuevos mitos fundantes y podremos pensar en un futuro mejor, haciendo renacer la Utopía, y con ella la esperanza.

Federico Pablo Blanco

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ADIÓS NANINA

Puede que ni el más minucioso lector de esta agenda lo note, pero a partir de este número dejará de publicarse un aviso. No era tapa ni contratapa, apenas uno más entre los chiquitos que mes a mes buscan un hueco por el cual colarse y que ni siquiera era pago. Poca cosa, dirá alguno. No esté tan seguro, contesto yo. "Nanina Otamendi - Taller de Cerámica" parece que fue cocina de grandes cosas.

Nanina Primero, porque realmente Nanina armó su taller en la vieja cocina de su casa: papel, lápiz, mate y cigarrillo de por medio, se sentaba frente a su Gustavito (yerno devenido operario principal) a planificar lo que sería su universo de dos metros por tres. Las cacerolas pasaron a ser moldes; los cucharones, estecas y los tarros de fideos decenas de frasquitos con esmaltes y pigmentos.
Segundo, porque fue en ese taller donde terminó de hornear su plato más exquisito. Una receta que fue inventando día a día, durante setenta años, casi secretamente, para dejárnosla a punto el día en que le tocara partir. Los enormes gestos de amistad que tuvieron los compañeros de Nanina surgieron de los pequeños gestos que ella fue sembrando a lo largo su vida.

Mábel Bucich, Carlos Vizcaíno, Graciela Molinari, junto con la gente del Círculo de Arte Cerámico del Sur y los organizadores del ENACER 2004, acompañaron su muerte como sólo pueden hacerlo los verdaderos amigos. Mabel con sus manos tranquilizadoras, Graciela soportando el papeleo, Carlos con el cuidado y el respeto de un hijo...qué amigos se guardaba la vieja, carajo.
El taller-cocina de Nanina Otamendi dejó de funcionar. El aroma de lo que allí se guisaba permanecerá para siempre.

Jimena

Era mi única hermana, siete años mayor. Guardo de mi infancia un recuerdo agradecido. Recuerdo su infinita paciencia conmigo, que era una mocosa malcriada e insolente. Recuerdo las horas de la siesta cuando en el verano nos acostábamos de espaldas en el pasto y me mostraba en las nubes que pasaban, animales fabulosos, batallas, escenas del mar con los que me iba contando cuentos. Y cuando mirábamos pasar las babas del diablo desde la escalera de fierro del cuarto de planchar, que se perdían hacia el lado del río. Me enseñó a hacer collares con las flores de trébol. Me enseñó a bailar el foxtrot y a escuchar a Frank Sinatra. Me enseñó cuáles eran los huesos de la mano y me mostraba las ilustraciones del Testut. Me mostró cómo y dónde dejaban las chicharras su piel vieja en el tronco de la casuarina. Me leía el Tesoro de la Juventud. Más tarde, por ella accedí al mundo de la poesía y después a la pintura cuando íbamos juntas al taller de Urruchúa y después la cerámica, y todo con una generosidad infinita. Teníamos códigos y complicidades y nos reíamos de las mismas cosas. No guardábamos resentimientos. Por suerte, creo que supo cuánto la quería y sé que ella me quiso. Me conforta, nos conforta, saber que sus últimos días fueron muy felices y que contó con manos amigas para ayudarle a enfrentar la muerte. Ahora, decirle "Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa / honda paz a tus huesos / definitivamente / duerme un sueño tranquilo y verdadero"

Sonia

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DIEZ POEMAS

El ramo de arvejillas se ha separado:
un hemisferio de florcitas
mira hacia el este gris
donde antes hubo un patio;
el otro, disidente,
vuelca su belleza
al oeste
donde crecen las temibles achiras.

Alicia Silva Rey

TORMENTA
Estas manos sedientas de tus ojos
No imaginan otro cielo que tu cara
No ambicionan otro fuego que tus piernas
Pero el otoño
Ya nos muerde los talones

Llovizna

Preparemos los abrigos,
Arrecian las hojas muertas
Como dudas.

Paula Álvarez

el traidor

sé que soñé y que en ese sueño estábamos los dos /
pero no puedo recordar qué soñé
sino estas pálidas imágenes
que ahora la vigilia se empeña en revelarme

como sólo tengo palabras /
¿qué escucharán tus oídos cuando te lo cuente?
¿los bordes de un sueño que no puedo recordar?
¿el eco de un sueño que no puedes comprender?


Miguel Ángel Morelli

ESTRELLAS

Busco aquellos humanos que tienen una estrella
en la frente
porque saben del dolor tanto o más que yo
porque saben del amor tanto o más que yo
porque saben reír, gozar, cantar, bailar, compartir
y llorar cuando hace falta aunque no sea su pena.
Por eso estoy confortable con ellos.
Dirás:
¿cómo se sabe quienes son los humanos con estrella
en la frente?
Los verás de inmediato
pero sólo si tienes a tu vez
una estrella en la frente.

Carlos Patiño

El alambrado del miedo

Tu cuerpo es como un faro que se enciende y se apaga.
A ritmo de bolero tejemos un encuentro
que se va diluyendo en los acordes finales.
Cae el telón, se apagan las luces
llego a casa y juego con mis animalitos de felpa.
En la CNN reaparecen el odio y el espanto.
Otra noche.
El dormitorio es una tumba de lujo.
La ceniza se escapa entre los dedos del sueño.

Leda Schiavo

Lejos. Cerca.
Arde el tiempo;
y si el cielo me duele,
no es por el sonido a fuego de la lluvia.

El agua que se muere escrita,
sigue crepitando
y por fin me devuelve a lo que sospechaba...

Un algo de tus últimas palabras
anduvo por acá
Osip Mandelstam...

Si el diluvio moja ausencia,
el vacío enardece

Néstor Tellechea

Miro hacia atrás y un río. El río. Mi
azul de Prusia desmantelado. Mi
nombre roto en su pecíolo.

Aquí descanso yo. Éste es mi cuerpo. Ésta
es mi orilla del Leteo. Mi oficio de mirar
a lo lejos y callar.

Jorge Cabrera

Un perro un niño la luna

Tranquila la madrugada es celeste
y lila el fondo del horizonte.
Un perro un niño la luna aún
juegan la noche en las pestañas,
juegan a ver el sol de este día
en el círculo antiguo del amanecer
Que cambia todas las formas del mundo

Liliana Guaragno

FINAL
Llanura
de espejismos

vientre al sur
tu heredad
rosas y espinas

y el toro
palpitando
la hecatombe
del íncubo
Final.

Roberto E. Rocca

Cómo decirte,
que es tan ancho el dolor,
que no alcanza la piel,
que el infierno,
ni llama ni helado territorio,
sólo silencio y golpe de silencio.
Y esta armadura,
carne que no aprende.

Beatriz Piedras

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