TAQUICARDIA
Graciela Reyes
DE MI PROPIA HISTORIA
Roberto Enrique Rocca
LA MIRADA OBLICUA
Leda Schiavo
DEL DESPERTAR DEL MIEDO, Y DE LA RUINA
Fernando Anguita B.
EL CUERPO DEL PADRE
Jorge Cabrera
PÍNDARO
Claudio L. Pérez
LOS CONFINES
Raúl Alberto Schnabel
DESDE LA BUTACA: Cine e Ideología
Josefina Sartora
OTROS
Ezequiel Martínez Estrada
fab9
TAQUICARDIA
Quiero estar en la misma habitación que vos nada más que eso quiero tenerte cerca y mirarte le dije
me gusta verte andar sonreír tomar el té cambiar los discos dar vuelta la página me gusta que estés distraído que te quites el pelo de la frente me gustan estas horas magníficamente silenciosas tus manos tu cuerpo tus ojos qué mirada la tuya que me provoca taquicardia no le dije
una larga vida buscando la sabiduría y a veces equivocándome y perdiéndome en detalles pero siempre estoy atenta yo siempre estoy atenta y siempre deseo que son dos cosas que podrían haberme llevado a la sabiduría toda una larga vida y ahora te encuentro como la medida de las cosas como la belleza donde convergen mis pasiones estás conmigo pero remoto de mí en estas tardes de verano incipiente con el olor del jardín entrando por la ventana y apenas puedo concentrarme en mi libro tengo que mirarte no le dije
si te acercás se me doblan las rodillas creo que si estuviera muerta y te acercaras me levantaría y me metería entre tus brazos no le dije
soy tan feliz por haberte encontrado soy feliz en este país cada vez más detestable en que vivimos a pesar nuestro vos extranjero y yo extranjera cada uno de distintos y hasta más de una vez enemigos países pero los dos coincidentes en nuestros desprecios aunque los dos queremos esta hermosa ciudad y estos atardeceres largos como en la pampa que no conocés esta ciudad feroz y vulgar que sin embargo tiene el esplendor de la luz del mármol y del agua en ese esplendor te amo con un amor adolescente con las rodillas que se me doblan con el corazón saliéndoseme por las orejas no le dije
te amo no te quiero sino que te amo si es que esa palabra existe fuera del libro de primer grado te amo con toda mi alma que es una prodigiosa maquinaria capaz de operaciones cognoscitivas y afectivas incansables y sutiles el alma diseñada por cientos de millones de años de evolución para llegar a esta tarde al tesoro de este momento a tu lado a percibirte sentirte saberte mi amor por vos es un amor extemporáneo que sin embargo justifica mi vida mis búsquedas mis reflexiones y me salva de entrar en la vejez sin pena ni gloria un amor que en su insensatez me redime de todas mis insensateces eso nunca se lo hubiera dicho
solamente quiero estar en la misma habitación que vos y mirarte y charlar con los chicos que entran y salen y después si acaso irnos a caminar un rato entramos los dos en el aire caliente y cruzamos al parque miramos cada cosa las ardillas las primeras luciérnagas las flores lujuriosas los árboles y bajamos a la playa donde las gaviotas chillan y los veleros rezagados van pasando como fantasmas y nos sentamos en la arena y entonces la luz final del día te hace parecer un dios refulgente y yo me dejo abrazar y el corazón no sé dónde esconderlo para que no oigas el escándalo ay no se lo dije pero él ya lo sabía
después volver a casa y preparar la cena el perro salta entre los dos los chicos hacen los deberes yo te miro condimentar el cordero con menta y vos me sonreís me escribiste por email que te gusto porque soy serena y silenciosa qué gran malentendido yo no soy silenciosa ni serena pero estamos tan bien todos cenando en el comedor a la luz de candelabros les hablo a los chicos de los verbos irregulares y vos y yo nos miramos con amor el alma es un conjunto de actividades inteligentes pensar sentir tener conciencia de nosotros mismos el alma morirá con nosotros y eso hace único precioso cada momento
solamente quiero estar en la misma habitación que vos tenerte cerca mirarte le dije y él no me dijo nada.
Graciela Reyes
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DE MI PROPIA HISTORIA
Nací y crecí en un pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Hoy vivo en el centro de una gran ciudad. Y no es que yo me haya movido mucho, porque mi casa actual está a menos de siete cuadras de la casa donde nací. Entonces, en los pueblos, se nacía en las casas. Me trajo al mundo "la Alemana", tal vez la única partera del pueblo, aunque mi padre y mi tío Cholo ya eran médicos.
No fui yo uno de esos tantos hombres de pueblo que, encandilados por las luces, van a vivir a la ciudad. Fue Buenos Aires, la metrópolis, que se hizo grande, se transformó en el Gran Buenos Aires y nos tragó. Yo fui siempre del pueblo de Quilmes, pero Quilmes dejó de ser pueblo.
Cuando yo era chico había unas pocas calles asfaltadas, hileras de casas bajas y, hacia la barranca los viejos chalets de los ingleses que vinieron con el ferrocarril. Viví mi infancia en una de esas viejas casas chorizo, edificadas en el siglo XIX, a una cuadra de Rivadavia y tres de la estación. En la calle, todos los días se jugaba al fútbol y, cada tanto pasaba algún auto. Por la mañana pasaba el lechero con su carro y sus tarros.
Estábamos rodeados por el campo. Hacia el norte, todo lo que hoy es el Barrio Parque de Bernal, estaba vacío. La vieja cancha de Quilmes, en Guido y Sarmiento, también se asomaba al campo. Para el oeste las casas llegaban hasta Andrés Baranda y después estaban las quintas. Hasta había por ahí una laguna, que la civilización devoró. Avenida La Plata era empedrada y a partir de donde hoy se yergue Carrefour empezaba un camino de tierra, al que nosotros llamábamos "el camino de los cuises", que conducía al casco de "El Dorado" que era todavía una estancia, adornada por Don Carlos, su dueño, con mil exquisiteces compradas en remates europeos. El Museo del Transporte testimonia todavía hoy la esplendidez de sus caballerizas.
Yo nací en ese pueblo, donde toda la gente se conocía, los chicos caminábamos y andábamos en bicicleta sin peligro por la calle. El portón de nuestro garage, en cuya pared había quedado todavía una gran argolla para atar los caballos; tenía una puertita por donde entrábamos a la casa la familia y los amigos. Esa puertita nunca se cerró con llave.
Yo nací en un pueblo de Buenos Aires y ese pueblo sigue vivo en mi corazón. Los que hoy ven en mí al profesional, al ciudadano representativo, no saben que sigo siendo un hombre de pueblo, que extraño todo aquello y que a veces sueño con irme a vivir a un lugar así, lo suficientemente alejado de Buenos Aires como para que, por más que crezca, la megápolis no pueda devorarlo. __________ de «Postales» (inédito)
Roberto Enrique Rocca
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DEL DESPERTAR DEL MIEDO, Y DE LA RUINA
Sobre los atentados del "7/7" en Londres se han volcado a escribir periodistas, literatos, analistas, psiquiatras, psicólogos, filósofos, políticos, policías... con tal celo y extremosa variedad que no hay palabra conocida que pueda arropar el sentido de millares de comentarios que no paran de aumentar. De los que me ha dado tiempo a leer he sacado un factor común: el despertar del miedo. No es una banalidad decirlo, porque si es cierto que lo "natural" ante una indeterminada e imprevisible agresión es sentir miedo, éste es producto de una reacción espontánea, mientras el "despertar" del que hablo (el que he percibido, hasta en los escritos de quienes lo callan o minimizan) muestra el patrón del inconsciente colectivo. Pienso por tanto que corresponde darle respuesta a quienes sean maestros en sabiduría de la mente, es decir expertos "psicósofos", especímenes que si no existen tendremos que crearlos o recomponerlos a partir de los sabios que acepten el envite.
Ya sabemos hasta qué punto la cosa es urgente. Los estrategas del terror que nos atacan ni siquiera ocultan sus intenciones. El chantaje a Occidente está servido. Es muy posible, y hasta natural, que en el continente suramericano esto suene a "chino"; así decimos en España, y quizás en Argentina también, aunque no vaya de chinos la historia. Mientras el terrorismo islámico no atente más abajo del río Grande_Bravo, el despertar "delSur" no se producirá. Sin embargo, la ruina que ha golpeado hasta ahora en "puntos" aislados de occidente, amenaza a todo el orbe porque se autoincluye. Golpea sin importarle cuantos correligionarios se lleva por delante, glorificados en su abrazo mortal. Es el mayor activo de su ventaja.
Londres aprueba la expulsión de "sospechosos"; puede que pronto los países de la UE sigamos el mismo procedimiento. Ya sea la medida acertada o no, una evidencia salta a la vista: nunca se llegará a tiempo. Los terroristas potenciales dispuestos a inmolarse parece que se cuentan por miles. Descubrirlos de uno en uno, y hasta de varios en varios, se asemeja a la busca de la aguja perdida en un pajar (tópico arriesgado que pronunció un alto cargo británico). Algunos caerán, es seguro, pero eso ¿no acelerará la puesta en marcha de otros "durmientes", ya sean activados por e_mail o actuando por su cuenta?
(Había terminado el "21/7" de escribir lo que antecede, cuando repitieron el golpe; clónico con el de dos semanas antes, pero fallido, sin víctimas: ¿sólo para mantener despierto el miedo?, ¿por inepcia?, pronto se sabrá.
El 22 la policía abate a tiros a un sospechoso. Al día siguiente se averigua que era un asustado joven brasileño, ajeno a los atentados...)
Si arriba usé la palabra "ruina" es porque tenía in mente el catastrófico balance que evaluó el FMI: los terroristas sólo gastaron medio millón de dólares para destruir las torres, mientras que el coste para EEUU se ha cifrado en cien mil millones. Es decir en doscientos mil por uno. Los cálculos hechos por los ingleses tras el 7/7, (aún sin evaluar las secuelas del 21), aventuran parecida proporción. El beneficio colateral que el fanatismo suma a "muertos" más "miedo" es el deterioro de la economía del enemigo hasta su colapso "en cadena". Un sueño mesiánico y catastrofista que acompaña a la estrategia del terror, es cierto. Pero en él cabe para sostenerlo el triunfo de David sobre Goliat.
Fernando Anguita B.
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LA MIRADA OBLICUA
Usted no se imagina la desgracia que es haber nacido con la mirada oblicua. Uno está obligado a redireccionar siempre la visión, a discurrir con un acoso que no conoce la clemencia, a sufrir la desconfianza de los demás, a padecer un agobio y una inquietud permanentes; en fin, a vivir la vida como un martirio que no le deseo a nadie. Le explico: a mí me pasa que cuando alguien dice qué calor, yo pienso bueno, no es para tanto; pero si dice no hace tanto calor, yo le digo, pero caramba, nos derretimos por culpa de los que no firman el protocolo de Kioto. Si alguien dice qué bueno, ya no roban tantos autos, ya no hay tantos secuestros, ya no nos rebajan el sueldo o la jubilación, yo digo bueno pero qué pasa con el dinero de Santa Cruz, o por qué se renovaron las concesiones de las radios y cadenas de tv, o por qué habrá tantos decretos de necesidad y urgencia. Si alguien dice con Kirchner no hay libertad de prensa, o es setentista, o quiere perpetuarse en el poder, yo contesto que el presidente es bastante más discreto de lo que se esperaba, que se preocupó por tener una Corte Suprema civilizada, que encontró un país destrozado, que el PAMI ha mejorado mucho. Si alguien opina que Perón aprobó el estatuto del peón, que hizo obra social, que ayudó a los desposeídos, yo recuerdo que teníamos que correr a comprar La Vanguardia o a poner Radio Colonia para enterarnos de alguna noticia, que nos obligaban a afiliarnos al partido para aspirar a algún cargo público y que Perón fue amigo de Stroessner, de Somoza, de Trujillo, de Franco y de otros compinches semejantes. Si alguien recuerda a los muertos del 16 de junio en Plaza de Mayo yo digo que nadie nombra a los muertos de Ezeiza ni a los muertos de la triple A. Cuando se habla de extraditar a España a los militares yo pienso por qué a Garzón no se le ocurrió citar a declarar a Isabelita, que vivió entre condesas y marquesas madrileñas todos estos años sin que nadie la molestara. Cuando me dicen que Chávez es un demagogo yo me pongo a defenderlo, si lo defienden, yo me pongo a criticarlo. Si leo algo sobre el fundamentalismo musulmán yo pienso en el fundamentalismo sionista. Si oigo a los británicos hablar de terrorismo pienso en todo lo terroristas que han sido ellos a lo largo de los siglos tratando de escapar de su isla para dominar el universo mundo. Si leo sobre las horribles bombas con las que se inmolan los suicidas pienso en las toneladas de bombas que han caído sobre Bagdad desde mucho antes de la invasión de marzo del 2003.
¿Se da cuenta ahora por qué le digo que mi vida es un erial, que flor que toco se deshoja y que en mi camino fatal alguien va sembrando las alternativas para que yo las recoja?
Leda Schiavo
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PÍNDARO a N.T.
En la vereda del Correo Central, el viejo Palacio de Correos, gris y duro, construido entre los años 1889 y 1928 según los planos del arquitecto Norbert Maillart, que no tuvo la deferencia de visitar la ciudad en la cual se emplazaría la obra que diseñaba para nosotros desde París, él continúa hablándome de esa entrevista que escuchó en la radio. Había comenzado a hablar antes, al salir de un bar sobre la avenida Corrientes, que volverá a ser angosta cuando terminen las obras que dificultaban nuestro paso.
En ese bar tradicional, del que sólo perdura el nombre, y en el que uno, que lo ha frecuentado antes, siente ahora una sensación extraña y, en cierto modo, desagradable, como si estuviese lleno de fantasmas que vuelven a buscar sus voces encendidas llenas de libertad y esperanza, habíamos estado hablando de la traducción, de las distintas aproximaciones y modos con los que los traductores abordan los textos en lenguas distintas a la propia, y los traicionan, de la mejor manera. Todo texto es una política y si existiera la forma de traducir la política, las sociedades humanas habrían avanzado hacia algún tipo de homogeneidad que no es comprobable.
Alguien, en una provincia del norte, me dice, quiere saber por qué a una zona de una ciudad, pequeña, clerical, se la llama "el bajo".
Esta es la parte de la entrevista que me está contando. Dígame qué es "el bajo", me dice que ha escuchado le preguntan a un peluquero de aquella provincia lejana cuyo nombre aludía, en una lengua nativa, al hecho de que allí no se acababan las tierras del Inca que extendía su dominio hasta la actual provincia de Mendoza, mucho más al sur.
El artesano refiere en la entrevista, me dice, que está por abandonar ese lugar de monocultivo que se está despoblando vertiginosamente desde que el mundo comenzó a volverse amargo.
—El bajo —me dice que atónito escuchó responder —es el lugar donde sueñan las sombras.
—Y Píndaro —me dice —ha escrito que "un hombre es el sueño de su sombra". ¿Entendés? El hombre es uno solo. Un peluquero; Píndaro. —concluye.
La noche nos separa. Viajo en un ómnibus atestado y una joven lleva colgando del hombro una bolsa de tela donde un gallo está parado sobre un gato erguido sobre el lomo de un perro apoyado en la espada de un asno. Todos viajamos hacia el sur y hacia lo oscuro de la noche y es mejor que sus palabras, que expongo deficientemente y omitiendo tal vez partes sustanciales de un relato cortado por otras voces, bocinazos, sirenas y alaridos, permanezcan escritas, aún de esta forma, para ayudarme, mañana, a recordar la música con las que él las pronunciaba mientras iba elaborando el poema que algún día escribirá.
Claudio L. Pérez
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EL CUERPO DEL PADRE: notas sobre la representación del cuerpo del padre en la literatura
Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre
sobre los hombros.
Débiles aún, su peso nos impide la marcha,
pero luego se vuelve cada vez más liviano,
hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto.
entonces lo abandonamos para siempre
en un recodo del camino
y trepamos a los hombros de nuestro hijo.
Horacio Castillo
El cuerpo del padre es el cuerpo privado de la escritura. Una vez muerto, no antes, el cuerpo del padre será evocado por la palabra del hijo Cuando terminan de contar lo buscan./ lo buscan pero el padre no aparece./ Se ha escondido debajo de la tierra. (*) Libro del padre: poemas que celebran su ausencia (su presencia), versos donde brilla oscuramente lo que fue. Libro que escribe, a su manera, lo inefable de la relación; dice lo que no pudo decirse, lo que no se dirá más.
Edipo se queda con lo que es del padre y le devuelve lo que ha recibido de él. Ésa es la atrocidad. Disputa por la posesión. El hijo, el de los pies flagelados, penetra el cuerpo del padre y el de la madre. No hay palabra en Layo (no hay deseo), no hay palabra en Edipo. Por eso se ciega, porque no puede hablar. Todo queda en el cuerpo.
Fantasma de Hamlet: llevo el nombre de mi padre. No puedo escaparme de él, que se (me) aparece en las noches y (me) habla. Para huir de la sombra, el joven Hamlet entra en el lenguaje, se abisma en los signos: lee, escribe, actúa (de loco), dirige su propia obra, denuncia: "éstas son mis palabras." [...] "¡Lo demás es silencio!." Drama de Ofelia: en el colmo del romanticismo, canta (al padre) vestida de flores de muerte, canta inútilmente y es llevada por el cuerpo al fondo del agua; no es palabra, es naturaleza (eso dice la reina) y en ella se sumerge.
Escapo del cuerpo. Escribir para huir del cuerpo del padre, de su voz, de ese tronar. Kafka: En dicha actividad, había conquistado de hecho cierta independencia respecto a ti,[...] En cierto modo me sentía a salvo escribiendo, podía respirar. (**)
Vuelvo al cuerpo, a lo inevitable.
"Siento que su voz me toca, que ya está dentro de mí, siento que mi lenguaje le pertenece. Ahora que está muerto su sombra ha querido instalarse entre nosotros. Por eso escribo..."
El cuerpo del padre es una enorme tela blanca, movediza y sonora; sobre ella garabateo el poema:
cómo puede uno
hacer de lo que yace
de aquello que se fuga sin remedio
esta presencia (***)
_____________
(*) Antonio Requeni, Piedra libre, en Libro del padre
(**) Franz Kafka, Carta al padre
(***) Claudio Pérez, Limonero Real, inédito
Jorge Cabrera
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LOS CONFINES
A Raúl Verdú por su privilegiada inteligencia
Por su espléndida sabiduría.
"...un hombre de ojos grises y barba gris, tendido entre
el olor de los animales, humildemente busca la muerte
como quien busca el sueño...
El hombre duerme y sueña, olvidado..."
de «El Testigo» de Jorge Luis Borges
El toc-toc regular del convoy y la tundra adormecen al hombre a pesar de su inmensa curiosidad. (De los relatos de su padre provino su pasión por los confines). Poco después el tren se detiene y, al instante, un oficial con la estrella roja en el birrete pide papeles en un idioma abrumado de consonantes. El desvarío se traslada al paraninfo de la Universidad de Pontevedra, donde promedia su disertación ante unos seiscientos treinta y tres asistentes. Pero no alcanza a rememorar los prolongados aplausos. Lo interrumpe la imagen de su ataúd trasladado a pulso por cuatro hombres que lo apoyan en una oscura mesada. Se oye una orden y su cuerpo encajonado se desliza por los rodillos hacia el interior del recinto. El hombre de barba gris y ojos grises sueña mientras arden los humos definitivos. Presiente ahora que morirá y con él, el peso de ciertos sucesos y la liviandad de otros. La lejana pasión del amor lo asiste, pues el olvido se llevó hace tiempo la costumbre de su mujer.
De las seis personas que esperan en la antesala, una se adelantará y recibirá la urna del hombre de barba y ojos grises que aún sueña.
Raúl Alberto Schnabel
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DESDE LA BUTACA: Cine e Ideología
No es habitual la presencia de la ideología en el cine argentino de ficción. El documental ha sido considerado como el medio privilegiado para la realización de películas con fuerte contenido ideológico, político y cultural o para referirse a nuestra realidad política. En cambio en el último cine argentino de ficción pocos son los casos en que un film contenga una carga ideológica, o haga referencia a ella explícitamente, como sucede en dos recientes estrenos: La vida por Perón, de Sergio Bellotti y Un Buda, de Diego Rafecas.
Discriminemos: la primera está anclada en las turbulencias políticas de los ´70, mientras la segunda es fruto de la new age. Ambas hablan de las ideologías que se asentaron en Argentina en distintos momentos, en distintas clases sociales y culturales.
Quienes vivimos los conflictivos ´70 reconocemos fácilmente el contexto de La vida por Perón, célebre consigna setentista. El día en que muere el General, un grupo armado copa el velorio de un sindicalista de segunda categoría, que ha muerto en la misma fecha. El operativo llevado a cabo por una rama socialista del movimiento tiene por objeto sustituir el cadáver de Perón por el del sindicalista, a fin de conseguir una cuota de poder en el sistema que atravesaba una crisis coyuntural, y este hecho es disparador de situaciones del alto nivel de tensión que se vivía en esos momentos cruciales. Son varios los temas de entonces —ideológicos y no tanto— que plantea el film: el antagonismo entre las dos corrientes justicialistas de la época —patria peronista vs patria socialista—, el fetichismo que atraviesa las figuras de Perón y Evita, la necrofilia y nuestra macabra tradición de cadáveres profanados, el fervor de la lucha armada, la organización de los cuadros. El film tiene un buen comienzo, pero se va desarticulando a medida que la situación se les va de las manos a esos fanáticos combatientes, a pesar del buen desempeño de Cristina Banegas, Belén Blanco y Luis Ziembrowsky y de ciertos diálogos propios de los códigos de la época —el "subordínese, compañero", que ordena un joven a otro es memorable—.
Veinte años después, el país ha cambiado. La revolución de los jóvenes fue abortada brutalmente a costa de muchos otros cadáveres profanados y escamoteados. Palabras como socialismo, lucha, pueblo y hasta patria, resultan extrañas, descolocadas. Tal vez sea cierto que las ideologías han muerto. O vuelven remozadas, como en Un buda, sublimadas en la búsqueda del camino espiritual. No es fruto del azar que los padres de los hermanos protagonistas hayan sido secuestrados por la dictadura y estén desaparecidos. Ser budista en los ´70 podía resultar subversivo a quienes mataban en nombre de la patria y de la iglesia católica. Hoy sus hijos se han polarizado entre el racionalismo acérrimo y un heredado misticismo. El protagonista se entrega a la meditación y al ascetismo con el mismo fervor con que otros tomaron las armas, y su fanatismo bordea la misma psicosis de aquellos. Su búsqueda de la realización espiritual arrastrará a otros consigo, como los líderes hicieron con los jóvenes combatientes. La ideología pesada ha devenido light, y en lugar de los ambientes claustrofóbicos, cerrados por los primeros planos de La vida por Perón, Un Buda luce una fotografía límpida, abierta, con planos generales en el paraíso de las sierras cordobesas, donde el milagro es posible. Lástima que película cae en un didactismo obvio y banaliza esa proclamada espiritualidad.
Creo que ambas películas fueron realizadas por sus directores con seriedad y convicción por lo que tenían entre manos. Rafecas es incluso monje zen. Pero las criaturas de ambas devienen caricaturas y su resultado final es trágicamente cómico.
Josefina Sartora
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