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1. 1679. SETIEMBRE
Carlos A. M. Eusebi
TIEMPO RECUPERADO Y PERDIDO DE REPENTE
Leda Schiavo
TRANSPARENCIA
Juan L. Alonso
CARTA A GRACIELA
Sonia Otamendi
DE LAS CARTAS MANUSCRITAS COMO UNA DE LA BELLAS ARTES
Viviana Fernández
INVOCACIÓN
Pablo Montagna
DE LA POESÍA Y LOS POETAS
Mara Besalú / Carlos Costantini / Aníbal Gordillo / Liliana Guaragno
Miguel Ángel Morelli / Beatriz Piedras / Sonia Otamendi y Roberto Rocca
fab8
1. 1679. SETIEMBRE
Yo, José Acansay, quizás no escriba que hoy, el día de mi boda,
esperé después
de misa y sin impaciencia alguna que Juan de la Cerda, el verdugo
cojo del señor
Corregidor, atara mis manos a la rama del árbol que yo mismo
había plantado al
lado de la capilla, para flagelarme.
Quizás no escriba que sufrí la fuerza de sus músculos y el feroz
placer que
sudaba en su cara de jabalí salvaje, al descargar sobre mis
espaldas desnudas
los ocho latigazos que había merecido por faltar a misa el domingo
pasado y los
otros seis que me correspondían por haberme emborrachado. Tal
vez no escriba que
sé que el Padre Izarra había pedido por mí al señor Corregidor, el
cual, por
tratarse del día de mi boda, me dispensó de los seis latigazos
suplementarios,
orden que debía ser de alcalde y no de corregidor.
Tal vez no escriba que soporté los golpes con valor y que los
quejidos que todos
oyeron eran simulados, para dar gusto a mi torturador y paz a las
conciencias
mientras todos miraban con desdén o compasión, la sangre que
habían sentido
alguna vez en sus espaldas y que ahora veían en la mía.
Quizás no anote que luego del castigo, besé la mano de mi
verdugo y pedí con
María la bendición del Padre Izarra, mi delator, arrodillados ambos
a sus pies,
delante de la capilla que ayudé años antes a construir.
Acaso no escriba que todo empezó cuando el Padre Izarra salió a
rondar el pueblo
de noche y me sorprendió en la choza del bañado, “borracho y
amancebado” (como
denunció luego al señor Corregidor), entre los brazos de María
Viti, con la cual
me obligaron a casarme, si bien escribiré que en verdad acepté
gustoso, porque
su piel color canela es suave, su cuerpo huele a nardo y su
sonrisa alegra mi
corazón.
Lo que sí escribiré es que, luego de los azotes y la boda, el Alcalde
me
aconsejó abandonar la tierra del bajo y levantar una nueva
morada en la planicie
por encima de la barranca, al lado de la choza de mi madre, a no
más de veinte
varas de la capilla, para mejor servir a Dios, al Rey nuestro señor y
a la
Reducción. A tales consejos que escondían deseo de cura,
palabras de cacique y
orden de corregido, fui invitado a atenerme y me atuve. _______________
del libro «Balada para una Encomienda Real»
Carlos A. M. Eusebi
p
TIEMPO RECUPERADO Y PERDIDO DE REPENTE
Como había empezado el frío, decidió ponerse el traje azul para ir
a cenar.
Cuando iba a salir metió la mano en el bolsillo y encontró unas
monedas de su
país y una entrada para el teatro Colón con fecha de 15 de junio.
Estas sorpresas
la estremecían con cierta frecuencia, porque la ropa que usaba en
el hemisferio
sur pasaba de la valija al ropero hasta que volvía el invierno otra
vez a
Chicago, la ciudad donde trabajaba pero no vivía, según le
gustaba puntualizar.
—En busca del tiempo perdido— pensó, mientras un millón de
imágenes la invadían,
como al personaje de la novela de Proust.
Inmediatamente recordó que había visto a Juana de Arco en la
Hoguera en el
teatro Colón, y que luego había cenado con cuatro o cinco
personas en el
Edelweiss. También recordó que había establecido una extraña
afinidad con
alguien que apenas conocía, una amiga de una amiga, y que
habían conversado
animadamente buena parte de la noche. Aunque cambiaron
números de teléfono,
decidió no llamarla, porque para qué profundizar una amistad
cuando se está a
punto de partir.
Se distrajo tratando de dibujar en la memoria el
color de sus
ojos, su peinado, la manera como usaba los cubiertos, la ropa que
tenía puesta,
el sonido de su voz. Volvió a mirar las monedas y pensó cómo un
mínimo incidente
o un insignificante objeto es capaz de devolvernos a la persona
con la que
quisiéramos seguir hablando, aunque esté bajo otro cielo y por
completo
indiferente a lo que pasa, aunque no se dé cuenta para nada que
ha sido traída
de repente a esta ciudad, a esta noche de invierno en la que el
viento se
arremolina y se hace insoportable caminar por la calle.
Entraron a una triste cafetería donde la invitada, sin voluntad, va
a compartir
con casi una extraña un tiempo que no existe. Comenzaron a
hablar. Tantas cosas
que decirle y explicarle mientras tenga ganas de escuchar. Es
necesario hacer un
gran esfuerzo, desplegar una gran energía, para retener una
imagen. Las imágenes
son tan frágiles, tan etéreas, tan volubles, y siempre esperan
malignamente un
momento de debilidad para desvanecerse...
—viniste porque te traje y ahora vamos a conversar, no quiero
quedarme sola...
Las palabras resonaron como un cañonazo y se dio cuenta de que
el hombre que
estaba detrás del mostrador la observaba con miedo. Se volvió
hacia la invitada
y le vio esa mirada blanca y perdida que suelen tener los recién
llegados y fue
entonces cuando se decidió a dejarla ir, porque qué hace uno con
un visitante
desganado y frágil, con alguien que nunca entenderá del todo por
qué razón está
en una oscura cafetería de un país extranjero en una noche de
perros.
Leda Schiavo
p
TRANSPARENCIA
La algarabía llenaba el aire de aquel día de comicio. El rotundo
triunfo en las
elecciones locales, daban fuerza y entusiasmo a los consagrados
para los cargos
en el nuevo gobierno. Ruidosos bombos ensordecían a los
presentes hasta el
comienzo de los discursos.
—¿Nuevas promesas? —pensé... —¿Cómo?, ¿no estaba ya redactado
el plan de
gobierno?
En realidad no se trataba de plan de gobierno, sino de promesas
de entrega,
transparencia y ética.
—¡Qué bueno! —pensé—, la democracia está creciendo, mejoran los
métodos y los
funcionarios.
“Si cambio de mujer y de auto, duden. Contrólennos”, fue el último
pedido.
Salimos todos felices, seguros de nuestro futuro.
Pasó el tiempo.
¡Uy! ¡Qué mina se echó ese! No llega a los 20 años. ¡Un vagón!
—Bueno, —me dije para consolarme— quizá parezca, adentro de ese
cochazo
cualquiera es linda.
Llegué a casa cabizbajo. La patrona me esperaba con el
acostumbrado guiso de
fideos. Esa noche no cené. Mi grado de estupidez me había
cerrado el estómago.
Juan L. Alonso
p
CARTA A GRACIELA
Tampoco este año vas a sentir el perfume de los tilos, que sesga
la tarde
inacabable de tu ciudad, en esta primavera.
No verás los suburbios, ni las plazas, ni tu río marrón, ni los
jazmines, ni vas
a recordar que una vez más, las aves migratorias cruzaron Buenos
Aires en
septiembre, que los chorlos volaron hacia la Patagonia.
Y no sabrás que trajeron tu mensaje.
En otras latitudes, encontrarás este primer otoño del milenio y el
otoño te
encontrará en Castilla la Vieja. En la cuenca del Duero, a orillas del
Pisuerga
y el Esgueva. Próxima a Juan de Valdés (el hereje, el amigo de
Erasmo), y sus
amigos, sentados a una mesa, dialogando en la lengua que es tu
lengua, haciendo
el castellano en castellano.
Y quizás, a la sombra de Santa María la Antigua, te acordarás de
Buenos Aires,
de la pampa, la llanura infinita prolongada en el río marrón, su olor
inconfundible, y el olor de los tilos sesgando la tarde inacabable
en esta
primavera.
Y estarás con nosotros.
Sonia Otamendi
Juan de Valdés, es un humanista del Siglo XVI nacido en Cuenca,
España, en 1490,
dos años antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo. Autor
de obras sobre
religión (que Roma incluyó en el Índice de libros prohibidos), y del
Diálogo de
la Lengua, del que en Madrid existe un manuscrito en la Biblioteca
Nacional,
donde de alguna manera, sienta las bases del castellano, que en
ese tiempo no
estaba todavía normalizado. Es un excelente tratado de retórica,
de estilo
natural y correcto. Una de las máximas de Juan de Valdés es “yo
escribo como
hablo”, es decir de una forma llana, sin rebuscamientos.
Graciela Reyes, escritora, poeta —por lo que ha ganado premios en
España y
Estados Unidos—, lingüista, profesora invitada por numerosa
Universidades
americanas y europeas, —y que generosamente colabora en del
Sur—, fue nombrada
Catedrática Honorífica de la Universidad de Valladolid, Cátedra
Juan de Valdés.
En esta Universidad española dictará un curso de doctorado y una
serie de
conferencias. Nuestras felicitaciones.
p
DE LAS CARTAS MANUSCRITAS COMO UNA DE LA BELLAS ARTES
Así como la pluma y el tintero fueron sentenciados a muerte por la
aparición de
la pluma fuente, y ésta agonizan lentamente en las escribanías
desplazadas
primero por las biromes y ahora por toda una gran variedad de
“trazadores”, una
de las más antiguas formas escritas de comunicación, la carta
manuscrita, ha
muerto o está en trance de muerte con la invención del “imeil”,
uno de los
tantos “progresos” de la electrónica.
Y digo “progresos” porque me pregunto si realmente lo son.
Es indudable que los “imeils” viajan a una velocidad que las cartas
tradicionales no pueden igualar, y pueden ser de gran utilidad en
algunos casos
específicos, pero recibir una carta personal por medio de la
computadora, con
una tipografía estándar, con cada letra trazada en forma idéntica
al modelo, a
veces hasta con el margen derecho perfectamente alineado, casi
siempre sin
firma, en fin, creo que de carta personal no tiene nada.
Porque ¿cuál es la marca personal del escribiente? ¿Cómo saber
qué tipo de papel
hubiera elegido, qué olor hubiera tenido ese papel, qué tipo de
lápiz o lapicera
hubiera usado, de qué color, cómo hubiera escrito el sobre?
¿Cómo intuir, observando la escritura, si el escritor esta contento
o triste, si
estaba nervioso, si estaba apurado? ¿Cómo llevarse la carta tan
esperada para
releerla de camino al trabajo o al colegio? ¿Dónde está el encanto
de una carta
manuscrita que viaja hasta nosotros por mil caminos para
develarnos sus
secretos?
A mi entender, es discutible que un “imeil” sea un verdadero
progreso. Si vamos
a enviar o a recibir un mensaje personal, más que un progreso es
una
despersonalización. Y no me gusta, claro.
Y tampoco me gusta que para leer estos mensajes sea
imprescindible que funcionen
la electricidad, el teléfono y la computadora, ¡ah! y el servidor.
Por lo menos con esto de la computación, algo tradicional ha
resucitado: una
vieja fórmula de cortesía vuelve a tener vigencia y lo que es mejor,
ha dejado
de ser una fórmula cristalizada y hueca para convertirse en un
servidor real —o
virtual—, que si funciona correctamente, bien puede decirse que es
S.S.S.
Viviana Fernández
p
INVOCACIÓN
Cuatro espiritistas y una famosa médium, se reunieron una
madrugada para invocar
un espíritu con el que deseaban comunicarse, y obtener el
importante mensaje que
éste podría darles. La médium —luego de entrar en trance—
comenzó a llamar al
alma del muerto, pidiéndole alguna clase de señal. Pero el
convocado no parecía
tener interés en sumarse a la reunión. La tensión y el nerviosismo
iban ganando
poco a poco al grupo.
De pronto, las velas parpadearon y la
tenebrosa habitación
se pobló de sombras inquietantes. Estaba claro que el fantasma
se encontraba
allí, entre ellos. Cuatro preguntas se sucedieron sin obtener
respuesta. El
silencio y la penumbra tomaban el color de la decepción. Los
cuatros hombres se
miraron, acaso con un mismo pensamiento: el finado no deseaba
hablar con ellos.
Tras veinte minutos de incómoda inercia, decidieron aplazar la
invocación para
otra noche más propicia.
Antes de retirarse iban a pagar a la médium por el tiempo tan
valioso que le
habían hecho perder. Pero con enorme sorpresa comprobaron que
sus billeteras ya
no estaban es sus respectivos bolsillos. Incluso les faltaban sus
relojes,
anillos y pulseras. Y hasta las delicadas joyas que la médium lucía
habitualmente, también habían desaparecido.
El mensaje era más que claro: invocar a los espíritus es algo muy
peligroso.
Pablo Montagna
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DE LA POESÍA Y LOS POETAS
EL CIRUELO
Florece mi ciruelo
distinto entre todos los ciruelos
todos ellos distintos
como este instante en que hablo
te digo estás aquí
(estamos)
este instante
este estar aquí
también es único
como mi ciruelo
Mara Besalú
La noche precipita los colores
y retiene otros tiempos.
Concluyeron las nupcias.
Un aire promiscuo bordea el atardecer.
No habremos sido más
que otra boca abierta en el olvido.
Carlos Costantini
EL ACTO
Crujen los maderos
y en los huecos del aire
se guarecen confusas
las voces
las imágenes
Luego tu silencio
luego mi silencio
Qué loca algarabía
de aves en la fuga.
Aníbal Gordillo
Tranquila la madrugada es celeste
y lila el fondo del horizonte
Un perro un niño la luna aún
juegan la noche en las pestañas,
juegan a ver si el sol de este día
en el círculo antiguo del amanecer
que cambia todas las formas del mundo.
Liliana Guaragno
EL SILENCIO PRIMORDIAL
soy inasible en la inmanencia
Paul Klee, teoría del arte moderno
uno es apenas
esa voz que le dicta/ el signo inabordable
uno es tan sólo el espejo del espejo
que en el vacío multiplica la máscara y sus gestos
y después el silencio/ dulce pájaro de olvido
que deshabita la carne mientras el ojo agoniza
Miguel Ángel
Morelli
UNA MUJER DE BEIJING
Una mujer de Beijing
escucha
alguien lee un poema
en una lengua que no comprende
Tibia es la tarde en Beijing
ella mira los árboles del otoño
en su rostro de cinco líneas
se refugia el silencio
música escucha
ignora
lo que dicen los versos
que hablan en otra lengua
“de una triste mujer de Beijing”
Beatriz Piedras
MÁSCARAS
Lentamente
levanta una mano
y se la saca
y después
otra y otra
y van cayendo.
El suelo está sembrado de máscaras.
Sonia Otamendi
Donde hubo fuego
quedan
milagro
las palabras
Roberto Rocca ____________________
La Editorial Tiempo Sur, tiene en preparación una antología que
aparecerá
próximamente, en la que participarán algunos de estos poetas,
miembros de la SADE Quilmes.
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