a PORTADA

<Nº 19

Diciembre 2000 — Nº 20

N° 21>


1. 1679. SETIEMBRE
Carlos A. M. Eusebi

TIEMPO RECUPERADO Y PERDIDO DE REPENTE
Leda Schiavo

TRANSPARENCIA
Juan L. Alonso

CARTA A GRACIELA
Sonia Otamendi

DE LAS CARTAS MANUSCRITAS COMO UNA DE LA BELLAS ARTES
Viviana Fernández

INVOCACIÓN
Pablo Montagna

DE LA POESÍA Y LOS POETAS
Mara Besalú / Carlos Costantini / Aníbal Gordillo / Liliana Guaragno
Miguel Ángel Morelli / Beatriz Piedras / Sonia Otamendi y Roberto Rocca

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1. 1679. SETIEMBRE

Yo, José Acansay, quizás no escriba que hoy, el día de mi boda, esperé después de misa y sin impaciencia alguna que Juan de la Cerda, el verdugo cojo del señor Corregidor, atara mis manos a la rama del árbol que yo mismo había plantado al lado de la capilla, para flagelarme.

Quizás no escriba que sufrí la fuerza de sus músculos y el feroz placer que sudaba en su cara de jabalí salvaje, al descargar sobre mis espaldas desnudas los ocho latigazos que había merecido por faltar a misa el domingo pasado y los otros seis que me correspondían por haberme emborrachado. Tal vez no escriba que sé que el Padre Izarra había pedido por mí al señor Corregidor, el cual, por tratarse del día de mi boda, me dispensó de los seis latigazos suplementarios, orden que debía ser de alcalde y no de corregidor. Tal vez no escriba que soporté los golpes con valor y que los quejidos que todos oyeron eran simulados, para dar gusto a mi torturador y paz a las conciencias mientras todos miraban con desdén o compasión, la sangre que habían sentido alguna vez en sus espaldas y que ahora veían en la mía. Quizás no anote que luego del castigo, besé la mano de mi verdugo y pedí con María la bendición del Padre Izarra, mi delator, arrodillados ambos a sus pies, delante de la capilla que ayudé años antes a construir. Acaso no escriba que todo empezó cuando el Padre Izarra salió a rondar el pueblo de noche y me sorprendió en la choza del bañado, “borracho y amancebado” (como denunció luego al señor Corregidor), entre los brazos de María Viti, con la cual me obligaron a casarme, si bien escribiré que en verdad acepté gustoso, porque su piel color canela es suave, su cuerpo huele a nardo y su sonrisa alegra mi corazón.

Lo que sí escribiré es que, luego de los azotes y la boda, el Alcalde me aconsejó abandonar la tierra del bajo y levantar una nueva morada en la planicie por encima de la barranca, al lado de la choza de mi madre, a no más de veinte varas de la capilla, para mejor servir a Dios, al Rey nuestro señor y a la Reducción. A tales consejos que escondían deseo de cura, palabras de cacique y orden de corregido, fui invitado a atenerme y me atuve.
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del libro «Balada para una Encomienda Real»

Carlos A. M. Eusebi

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TIEMPO RECUPERADO Y PERDIDO DE REPENTE

Como había empezado el frío, decidió ponerse el traje azul para ir a cenar. Cuando iba a salir metió la mano en el bolsillo y encontró unas monedas de su país y una entrada para el teatro Colón con fecha de 15 de junio. Estas sorpresas la estremecían con cierta frecuencia, porque la ropa que usaba en el hemisferio sur pasaba de la valija al ropero hasta que volvía el invierno otra vez a Chicago, la ciudad donde trabajaba pero no vivía, según le gustaba puntualizar.

—En busca del tiempo perdido— pensó, mientras un millón de imágenes la invadían, como al personaje de la novela de Proust. Inmediatamente recordó que había visto a Juana de Arco en la Hoguera en el teatro Colón, y que luego había cenado con cuatro o cinco personas en el Edelweiss. También recordó que había establecido una extraña afinidad con alguien que apenas conocía, una amiga de una amiga, y que habían conversado animadamente buena parte de la noche. Aunque cambiaron números de teléfono, decidió no llamarla, porque para qué profundizar una amistad cuando se está a punto de partir.

Se distrajo tratando de dibujar en la memoria el color de sus ojos, su peinado, la manera como usaba los cubiertos, la ropa que tenía puesta, el sonido de su voz. Volvió a mirar las monedas y pensó cómo un mínimo incidente o un insignificante objeto es capaz de devolvernos a la persona con la que quisiéramos seguir hablando, aunque esté bajo otro cielo y por completo indiferente a lo que pasa, aunque no se dé cuenta para nada que ha sido traída de repente a esta ciudad, a esta noche de invierno en la que el viento se arremolina y se hace insoportable caminar por la calle.

Entraron a una triste cafetería donde la invitada, sin voluntad, va a compartir con casi una extraña un tiempo que no existe. Comenzaron a hablar. Tantas cosas que decirle y explicarle mientras tenga ganas de escuchar. Es necesario hacer un gran esfuerzo, desplegar una gran energía, para retener una imagen. Las imágenes son tan frágiles, tan etéreas, tan volubles, y siempre esperan malignamente un momento de debilidad para desvanecerse...

    —viniste porque te traje y ahora vamos a conversar, no quiero quedarme sola...

Las palabras resonaron como un cañonazo y se dio cuenta de que el hombre que estaba detrás del mostrador la observaba con miedo. Se volvió hacia la invitada y le vio esa mirada blanca y perdida que suelen tener los recién llegados y fue entonces cuando se decidió a dejarla ir, porque qué hace uno con un visitante desganado y frágil, con alguien que nunca entenderá del todo por qué razón está en una oscura cafetería de un país extranjero en una noche de perros.

Leda Schiavo

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TRANSPARENCIA

La algarabía llenaba el aire de aquel día de comicio. El rotundo triunfo en las elecciones locales, daban fuerza y entusiasmo a los consagrados para los cargos en el nuevo gobierno. Ruidosos bombos ensordecían a los presentes hasta el comienzo de los discursos.

—¿Nuevas promesas? —pensé...
—¿Cómo?, ¿no estaba ya redactado el plan de gobierno?

En realidad no se trataba de plan de gobierno, sino de promesas de entrega, transparencia y ética.

—¡Qué bueno! —pensé—, la democracia está creciendo, mejoran los métodos y los funcionarios.

“Si cambio de mujer y de auto, duden. Contrólennos”, fue el último pedido.

Salimos todos felices, seguros de nuestro futuro.

Pasó el tiempo. ¡Uy! ¡Qué mina se echó ese! No llega a los 20 años. ¡Un vagón!
—Bueno, —me dije para consolarme— quizá parezca, adentro de ese cochazo cualquiera es linda.

Llegué a casa cabizbajo. La patrona me esperaba con el acostumbrado guiso de fideos. Esa noche no cené. Mi grado de estupidez me había cerrado el estómago.

Juan L. Alonso

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CARTA A GRACIELA


Tampoco este año vas a sentir el perfume de los tilos, que sesga la tarde inacabable de tu ciudad, en esta primavera. No verás los suburbios, ni las plazas, ni tu río marrón, ni los jazmines, ni vas a recordar que una vez más, las aves migratorias cruzaron Buenos Aires en septiembre, que los chorlos volaron hacia la Patagonia. Y no sabrás que trajeron tu mensaje.
En otras latitudes, encontrarás este primer otoño del milenio y el otoño te encontrará en Castilla la Vieja. En la cuenca del Duero, a orillas del Pisuerga y el Esgueva. Próxima a Juan de Valdés (el hereje, el amigo de Erasmo), y sus amigos, sentados a una mesa, dialogando en la lengua que es tu lengua, haciendo el castellano en castellano. Y quizás, a la sombra de Santa María la Antigua, te acordarás de Buenos Aires, de la pampa, la llanura infinita prolongada en el río marrón, su olor inconfundible, y el olor de los tilos sesgando la tarde inacabable en esta primavera. Y estarás con nosotros.

Sonia Otamendi

Juan de Valdés, es un humanista del Siglo XVI nacido en Cuenca, España, en 1490, dos años antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo. Autor de obras sobre religión (que Roma incluyó en el Índice de libros prohibidos), y del Diálogo de la Lengua, del que en Madrid existe un manuscrito en la Biblioteca Nacional, donde de alguna manera, sienta las bases del castellano, que en ese tiempo no estaba todavía normalizado. Es un excelente tratado de retórica, de estilo natural y correcto. Una de las máximas de Juan de Valdés es “yo escribo como hablo”, es decir de una forma llana, sin rebuscamientos.

Graciela Reyes, escritora, poeta —por lo que ha ganado premios en España y Estados Unidos—, lingüista, profesora invitada por numerosa Universidades americanas y europeas, —y que generosamente colabora en del Sur—, fue nombrada Catedrática Honorífica de la Universidad de Valladolid, Cátedra Juan de Valdés. En esta Universidad española dictará un curso de doctorado y una serie de conferencias.
Nuestras felicitaciones.

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DE LAS CARTAS MANUSCRITAS COMO UNA DE LA BELLAS ARTES

Así como la pluma y el tintero fueron sentenciados a muerte por la aparición de la pluma fuente, y ésta agonizan lentamente en las escribanías desplazadas primero por las biromes y ahora por toda una gran variedad de “trazadores”, una de las más antiguas formas escritas de comunicación, la carta manuscrita, ha muerto o está en trance de muerte con la invención del “imeil”, uno de los tantos “progresos” de la electrónica.
Y digo “progresos” porque me pregunto si realmente lo son.

Es indudable que los “imeils” viajan a una velocidad que las cartas tradicionales no pueden igualar, y pueden ser de gran utilidad en algunos casos específicos, pero recibir una carta personal por medio de la computadora, con una tipografía estándar, con cada letra trazada en forma idéntica al modelo, a veces hasta con el margen derecho perfectamente alineado, casi siempre sin firma, en fin, creo que de carta personal no tiene nada. Porque ¿cuál es la marca personal del escribiente? ¿Cómo saber qué tipo de papel hubiera elegido, qué olor hubiera tenido ese papel, qué tipo de lápiz o lapicera hubiera usado, de qué color, cómo hubiera escrito el sobre? ¿Cómo intuir, observando la escritura, si el escritor esta contento o triste, si estaba nervioso, si estaba apurado? ¿Cómo llevarse la carta tan esperada para releerla de camino al trabajo o al colegio? ¿Dónde está el encanto de una carta manuscrita que viaja hasta nosotros por mil caminos para develarnos sus secretos?

A mi entender, es discutible que un “imeil” sea un verdadero progreso. Si vamos a enviar o a recibir un mensaje personal, más que un progreso es una despersonalización. Y no me gusta, claro. Y tampoco me gusta que para leer estos mensajes sea imprescindible que funcionen la electricidad, el teléfono y la computadora, ¡ah! y el servidor.
Por lo menos con esto de la computación, algo tradicional ha resucitado: una vieja fórmula de cortesía vuelve a tener vigencia y lo que es mejor, ha dejado de ser una fórmula cristalizada y hueca para convertirse en un servidor real —o virtual—, que si funciona correctamente, bien puede decirse que es S.S.S.

Viviana Fernández

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INVOCACIÓN

Cuatro espiritistas y una famosa médium, se reunieron una madrugada para invocar un espíritu con el que deseaban comunicarse, y obtener el importante mensaje que éste podría darles. La médium —luego de entrar en trance— comenzó a llamar al alma del muerto, pidiéndole alguna clase de señal. Pero el convocado no parecía tener interés en sumarse a la reunión. La tensión y el nerviosismo iban ganando poco a poco al grupo.

De pronto, las velas parpadearon y la tenebrosa habitación se pobló de sombras inquietantes. Estaba claro que el fantasma se encontraba allí, entre ellos. Cuatro preguntas se sucedieron sin obtener respuesta. El silencio y la penumbra tomaban el color de la decepción. Los cuatros hombres se miraron, acaso con un mismo pensamiento: el finado no deseaba hablar con ellos. Tras veinte minutos de incómoda inercia, decidieron aplazar la invocación para otra noche más propicia.

Antes de retirarse iban a pagar a la médium por el tiempo tan valioso que le habían hecho perder. Pero con enorme sorpresa comprobaron que sus billeteras ya no estaban es sus respectivos bolsillos. Incluso les faltaban sus relojes, anillos y pulseras. Y hasta las delicadas joyas que la médium lucía habitualmente, también habían desaparecido. El mensaje era más que claro: invocar a los espíritus es algo muy peligroso.

Pablo Montagna

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DE LA POESÍA Y LOS POETAS

          EL CIRUELO
Florece mi ciruelo
distinto entre todos los ciruelos
todos ellos distintos
como este instante en que hablo
te digo estás aquí
(estamos)
este instante
este estar aquí
también es único
como mi ciruelo
          Mara Besalú


La noche precipita los colores
y retiene otros tiempos.
Concluyeron las nupcias.
Un aire promiscuo bordea el atardecer.
No habremos sido más
que otra boca abierta en el olvido.
          Carlos Costantini


          EL ACTO
Crujen los maderos
y en los huecos del aire
se guarecen confusas
          las voces
          las imágenes
Luego tu silencio
luego mi silencio
Qué loca algarabía
          de aves en la fuga.
          Aníbal Gordillo


Tranquila la madrugada es celeste
y lila el fondo del horizonte
Un perro un niño la luna aún
juegan la noche en las pestañas,
juegan a ver si el sol de este día
en el círculo antiguo del amanecer
que cambia todas las formas del mundo.
          Liliana Guaragno


EL SILENCIO PRIMORDIAL
          soy inasible en la inmanencia
                    Paul Klee, teoría del arte moderno
uno es apenas
esa voz que le dicta/ el signo inabordable

uno es tan sólo el espejo del espejo
que en el vacío multiplica la máscara y sus gestos

y después el silencio/ dulce pájaro de olvido
que deshabita la carne mientras el ojo agoniza
          Miguel Ángel Morelli


          UNA MUJER DE BEIJING
Una mujer de Beijing
          escucha
alguien lee un poema
en una lengua que no comprende
Tibia es la tarde en Beijing
ella mira los árboles del otoño
en su rostro de cinco líneas
se refugia el silencio
música escucha
          ignora
lo que dicen los versos
que hablan en otra lengua
“de una triste mujer de Beijing”
           Beatriz Piedras


          MÁSCARAS
Lentamente
levanta una mano
y se la saca
y después
otra y otra
y van cayendo.
El suelo está sembrado de máscaras.
          Sonia Otamendi


Donde hubo fuego
quedan
milagro
las palabras
          Roberto Rocca
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La Editorial Tiempo Sur, tiene en preparación una antología que aparecerá próximamente,
en la que participarán algunos de estos poetas, miembros de la SADE Quilmes.

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Todo delSUR

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