a PORTADA

<Nº 44

Julio 2003 — Nº 45

N° 46>


STRADIVARIUS
Miguel Angel Morelli

EL FUEGO DE LA FE
Roberto Enrique Rocca

INTERMEDIO CON AVES
Leda Schiavo

DE TÍTULOS Y PORCENTAJES
Fernando Anguita B.

La voz de VOX
Jorge Cabrera

ACERCA DE LA NATURALEZA DEL ARTE,
SU LUGAR EN EL MUNDO Y NUESTRA RELACIÓN CON ÉL
Federico Pablo Blanco

« EL CENTROFORWARD MURIÓ AL AMANECER» del argentino Agustín Cuzzani
Salvador Enríquez

OTROS
Jorge Luis Borges

fab9

STRADIVARIUS

Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que lo había visto. Si no me equivoco, esto sucedió unos veinte años atrás como mínimo. Tampoco recuerdo con exactitud el lugar: la imagen de la gente rodeándolo en medio de una calle peatonal me resulta demasiado familiar, de modo que bien pudo haber sido en Laprida o Rivadavia. En fin, para el caso es lo mismo, porque lo interesante -lo realmente interesante de aquel viejo músico solitario- no resultaba su capacidad de ejecución, que era exigua, sino lo insólito de su instrumento y el éxtasis que alcanzaba tocándolo (para los que a la vuelta de los años sospechamos que ciertos milagros existen, ése era uno, sin dudas).
Con toda seguridad muchos lo recordarán todavía. El fulano tenía por aquel entonces unos sesenta, setenta años (a los artistas callejeros siempre es difícil acertarles la edad). De lejos parecía más vale retacón, pero no lo era. Llevaba pelo abundante y siempre revuelto, la barba blanca y algo escasa. El instrumento (y ahora sí lo recordarán ustedes) era un violín, pero no uno cualquiera, sino un violín hecho con una lata de aceite y una sola cuerda.
"Es como si abrazase a Dios" -pensé la primera vez que lo vi acariciar el instrumento. Sonaba Mozart y la cara de aquel hombre, efectivamente, parecía la de alguien transportado como por arte de magia vaya a saber uno a qué rincones del universo. Hoy puedo confesarlo: sentí envidia, mucha envidia. Yo, por aquel entonces, estudiaba en Bellas Artes y viajaba todos los días desde Lomas con mi propio violín bajo el brazo (una joyita hecha por Maglia siguiendo la tradición de Cremona, que mi padre había comprado en vaya a saber cuántas cuotas). Desde luego, soñaba sin ningún pudor con llegar algún día al Colón, o al mismísimo Carnegie Hall, por qué no, que para eso -sentía yo- Dios me había dado el suficiente talento.
Ayer, apenas bajé en la estación, volví a sentir el sonido de ese violín misterioso. Algo inexplicable flotaba en el aire, como un perfume que no era de este mundo. Y, efectivamente, allí estaba él. Con los mismos sesenta o setenta años de por entonces, con el pelo revuelto, la barba blanca y ese gesto sublime (ahora lo sé, ahora me doy cuenta) que sólo los genios o los imbéciles podemos permitirnos. Como debía alcanzarle la póliza de su seguro a uno de mis clientes, apenas si me detuve un minuto frente al pobre diablo. Sonaba Mozart. Parecía rozar a Dios con la punta de los dedos. Entonces pensé que algún día también yo tendré sesenta o setenta años, y que la calle no es una mal teatro después de todo.

Miguel Angel Morelli

p


EL FUEGO DE LA FE

Tenía Fra Focu el alma ardiente y el cuerpo enjuto, fogueado en mil batallas con el demonio.
Los hombres y las mujeres escuchaban su prédica ferviente y todos vivían en paz, atentos a sus enseñanzas.
Un día apareció la vagabunda. Aunque desgreñada y harapienta, tenía la belleza de un animal salvaje, y como no molestaba a nadie, halló alimento en todas las puertas y reparo en todos los establos.
Pero la inquietud hizo presa de las mujeres cuando de noche los hombres empezaron a preocuparse por la salud de sus animales, y todos reaccionaron indignados cuando un campesino, particularmente solícito con las bestias, murió repentinamente en el establo, en brazos de la muchacha.
La condujeron entonces ante el santo, que estaba orando. Éste escuchó las querellas y clavó en la vagabunda su mirada llameante.
-Es sin duda una bruja -murmuró persignánndose. Y agregó:.-Sólo el fuego expulsará el demonio de su carne.
Prepararon una hoguera en medio de la plaza; y estaba ya todo dispuesto con la bruja encadenada en lo alto de la pira, cuando Fra Focu advirtió que en sus forcejeos por liberarse, la túnica andrajosa se le deslizaba de los hombros.
"Por pecadora que sea -pensó- no es digno presentarla al Señor con ese aspecto". Y trepó, saltando entre los leños para acomodar sus harapos.

Cuando en un descuido del monje, los dedos sarmentosos rozaron la piel tersa; el pueblo atónito vio cómo el cuerpo del asceta echaba chispas. Encendiéronse algunas ramas secas y el fuego se propagó rápidamente.
Los santos carboncillos son venerados hoy como reliquias. Pudieron separarlos de los restos de la bruja cuando se descubrió que milagrosamente, si se los rociaba con agua bendita, ardían todavía.

Roberto Enrique Rocca

p


DE TÍTULOS Y PORCENTAJES

Hace un año bien cumplido, el número 33 publica "de insectos y hombres"; no era ése, sino "evolución", el título que se me había ocurrido para aquélla, mi primera nota en la Agenda. Suele suceder: los títulos que definen con más fuerza un texto breve nacen al final, cuando el artículo está terminado. El fenómeno inverso no es infrecuente tampoco: el brote previo de un título -como la bombilla que destella en las viñetas- impone la necesidad de darle contenido.

Un caso combinado, por llamarlo así, es sujetarse a un formato. El formato o plantilla "de... y ...", facilita el contraste -tanto por oposición como por analogía- de las situaciones, los seres, los objetos o las abstracciones que sirven de argumento. Nada original hay en el susodicho formato. Ignoro quién lo empleó primero, aunque lo más probable es que fueran los romanos. En latín se comenzaba con un "de" para informar de lo que se trataba o iba a tratar después. "De Bello Gallico", fue el título que Julio César puso a la narración de su gesta. Pido perdón si a los jóvenes no les suena, pero pregunten a los mayores, quienes seguro recuerdan todavía que Gallia est omnis divisa in partes tres...

La cópula reiterando el "de" está, por ejemplo, en "Dei delitti e delle pene", el libro del marqués de Beccaria que cimentó el derecho penal. Más recientemente el poeta escocés Robert Burns disertó sobre el colapso, sobre la inseguridad que amenaza a los proyectos mejor calculados. La guarida de un ratoncillo de campo arrasada por el surco de un arado fue metáfora en sus versos del impredecible devenir de la existencia. La frase mínima de uno de esos versos -o' mice an' men- sirvió después de título a John Steinbeck para recrear en prosa la metáfora del colapso. Bajo ese título, "de ratones y hombres", quedó sellado uno de los mejores retratos de gentes condenadas al cuarto mundo. Allí volvieron a encontrarse el hombre y el ratón, ignorantes todavía de lo mucho que tenían en común.
Ahora, los pobladores del siglo XXI, sabemos que un 99% de nuestro ADN es idéntico al del ratón, y que a nivel genético somos prácticamente hermanos gemelos, —del chimpancé más aún: somos como una réplica cabreada. Pero eso se sospechaba desde Darwin—.

Lo que escapa al conocimiento profano es saber qué contiene el 1% restante del ADN del mus musculus, ese porcentaje mínimo que lo ha "rematado" tan diferente al homo sapiens sapiens. Yo puedo imaginar, en cambio, lo que contiene "nuestro" 1%: los billones de neuronas, interconexiones microscópicas (sinapsis) y circuitos neuronales, que nos hacen superiores al ratón y al resto de las especies. Y subrayo superiores, porque me resisto a dejar de leer la prensa, y al ir conociendo día a día el derroche de recursos, la explotación de la ignorancia y la credulidad, la perversión de algunos dirigentes y políticos del mundo, más dedicados a perpetuar la superstición que a remediar la ignorancia...; al tener conciencia de todo eso y más, digo, no puedo dejar de preguntarme: ¿dónde coño reside nuestra superioridad?

Mi duda persiste hasta que recuerdo algo que leí hace mucho:

«Aunque la Tierra sea devastada por un cataclismo nuclear, la vida no desaparecerá. Los insectos y los roedores sobrevivirán y seguirán multiplicándose.»

La respuesta que los sabios callan avergonzados es elemental: el 1% inteligente del ADN le correspondió al ratón.

Fernando Anguita B.

p


INTERMEDIO CON AVES

Vino a mi casa desde Buenos Aires porque su hermano se está muriendo, aquí en Chicago, y no tenía dónde quedarse. No conozco al hermano, un famosísimo médico argentino, director de un hospital universitario, que cosechó gloria y dinero en estas latitudes. Ahora está ciego, con un tumor en el cerebro y sin dinero, debido en parte a las mujeres, en parte a las malas inversiones.
Para escaparme de tanta miseria, fui al cine a ver una película sobre aves migratorias que dirigió Jacques Perrin (el mismo que en 1996 hizo Microcosmos sobre insectos).
Al principio, estaba maravillada, viendo cómo el director se las había arreglado para filmar el vuelo de las aves desde todas las perspectivas. Cigüeñas que viajan por toda Europa para volver a hacer su nido en las viejas torres de los pueblos de España; otras que se desplazan desde el norte de África hasta París o los valles del Loire. Patos que migran desde América Central al Ártico. Garzas exóticas del más diverso plumaje volando sin descanso hasta encontrar el río donde la comida abunda. Pinguinos de nuestro sur nadando kilómetros hasta encontrar una playa donde apoyar esos ridículos pies. Cisnes y gansos batiendo incansablemente las alas sobre los cinco continentes. El vaivén de las estaciones los hace viajar kilómetros y kilómetros buscando la supervivencia y el fotógrafo supo elegir los paisajes más sugestivos para ofrecerlos como contraste a la bandada multicolor. Los espectadores aplauden cuando un maravilloso loro azul abre con su pico la jaula donde lo llevan prisionero junto a otros animales exóticos, en una barcaza que se desliza por un río de la selva brasileña.

La belleza que entra por los ojos es innegable. Quizás el mensaje contrapuesto me fue entrando primero por los oídos, con la música repetitiva y lóbrega. Después, cuando uno está, gracias a una cámara que filma desde un globo, en la misma perspectiva de los pájaros, y ve el esfuerzo terrible que hacen al volar de un continente a otro, empieza a pensar en lo gratuito de ese tránsito compulsivo. Para qué tanto desplazarse, si la muerte llega tan temprano. ¿Cuántas veces el mismo pájaro puede hacer ese viaje que la especie va a repetir mientras se den las mismas condiciones? ¿Somos los seres humanos tan compulsivos como las aves, pese a que conocemos el final? Eso no lo plantea la película, pero la vida y la muerte están presentes en la pantalla, como lo están la tremenda belleza y el sinsentido de la existencia.
El film, aparentemente sin argumento, duplica de alguna manera la historia de la que quería escapar, la del tremendo esfuerzo coronado por el éxito y la caída estrepitosa del emigrante que creyó encontrar lo que buscaba desplazándose a otra tierra.
Hombres y pájaros huimos hacia adelante, hasta la meta o trampa que el destino nos tiene preparadas.

Leda Schiavo

p


La voz de VOX

De vez en cuando, en alguna librería del centro, uno suele encontrar un material (literario, artístico) precioso; me refiero a la revista-objeto Vox. Como todo material precioso, Vox atrae por la forma (un sobre-caja de cartón duro, que contiene papeles sueltos de diversos tamaños y texturas) y por su valor, su densidad semántica. Como toda joya, además, escasea, no está al alcance de todos.

Vox, voz en latín, juega homofónicamente con box, caja, en inglés. Y ahí está la clave de la publicación: una caja de la que salen, no todos los males ocultos del mundo, sino algunos de los bienes (¿podríamos decir "culturales"?) de la literatura y de la plástica actuales. La primera tentación, cuando uno se enfrenta con Vox, es la de tocar, abrir y manipular, "manosear" los papeles sueltos; el primer encuentro es de piel, corporal: lo que se ve, lo que se toca. Luego viene lo que se lee, esto es: crítica literaria, entrevistas, comentarios, libritos (por el tamaño) de nuevos autores, antologías de poesía, reproducciones de pinturas, alguna calcomanía, etcétera.
Encontré a Vox por casualidad. Es decir: no seguí ningún mapa para hallar el tesoro. Simplemente, algún día estaba ahí, ya no recuerdo dónde (puede ser alguna librería de Puán, cerca de Letras), poco importa.
Lo que importa es que Vox se presentó en ARTENPIE el sábado 31 de mayo, en el marco del lanzamiento de las II Jornadas de Literatura Argentina que se llevarán a cabo en septiembre-octubre, y que este año llevarán el nombre de "Literatura Argentina: Tradición y Delito".
Vox, más que una revista es un proyecto cultural (un "espacio", lo llaman sus directores), que desde 1996 viene desarrollando en Bahía Blanca encuentros literarios, recitales de poesía, clínicas, talleres y seminarios sobre arte contemporáneo. Además, Vox se presenta en versión electrónica, que ya va por el número 13.

El encuentro en ARTENPIE comenzó con una entrevista a Gustavo López, en la que el director del proyecto habló de los comienzos de la publicación, de la creación del centro cultural donde realizan las actividades, del presente y de las dificultades de moverse en un medio poco propicio para la promoción de las nuevas corrientes estéticas.
Como invitados, leyeron poemas de sus últimos libros, el poeta local Miguel A. Morelli y Diana Bellessi. La música estuvo a cargo de dos de sus autores: Edgardo Ybáñez y Federico Blanco, integrantes del Ensamble Artístico Contemporáneo.

Jorge Cabrera

p


ACERCA DE LA NATURALEZA DEL ARTE,
SU LUGAR EN EL MUNDO Y NUESTRA RELACIÓN CON ÉL

Desde hace mucho tiempo se ha intentado definir, de maneras más o menos claras, qué es el arte. Con esto no sólo se pretendió tener mayor conciencia sobre lo que es, sino que muchos también pretendieron con esto proclamar su muerte.
Voy a partir de la base de que Arte es un término primitivo, es decir que no puede definirse sin autoreferenciarse, y en eso radica su eternidad y su fuerza. Por este motivo cuando hablemos sobre qué es el arte, vamos a referirnos a su esencia y no a lo que algunos, fríamente, pretenden que es.
Antes de hacer una alegoría sobre el espíritu del arte, vamos a ubicar su lugar en el mundo. El sitio al que pertenece es el Límite. Pero no el Límite como fin/principio sino como punto de transición. En este caso, entre concepto/ materia o espíritu/ materia. Es decir, como dimensión metafísica donde el concepto y la materia se fusionan invadiendo nuestra subjetividad y objetivando nuestro cuerpo. Ese espacio indefinido en que el arte transcurre como verdad absoluta. Ese es el lugar propio del arte. Es la dimensión de las tautologías, el puente espiritual entre los hombres. El lugar donde nos despojamos de las meras palabras y construimos nuestro propio mundo, nuestro universo sensorial y conceptual, donde quedamos envueltos en lo sublime y tomamos conciencia de nosotros como parte de la obra que estamos vivenciando.
De esta manera, queda establecido el espacio al cual haremos referencia de aquí en adelante.
Para definir la naturaleza del arte, podemos pensarlo como un juego complejo, compuesto de otros juegos. Lo que implica, tomar conciencia de que constantemente nos propone una serie de reglas, que debemos acatar, para ir desarrollando una interacción entre la obra, el autor y el espectador. El tipo de interacción dependerá de cada obra en particular, ya que cada una es un juego en sí misma y tiene sentido en tanto alguien decida jugarla. Es decir, que la vivencie como tal.
El artista es quien pone las reglas en cada caso y se somete a ellas, pasando a ser él también parte integrante del juego que propone. Pero ni el autor, ni el espectador deben ser jugadores, sino juguetes. Lo que implica un grado póstumo de compromiso con lo que se está vivenciando. Es como volver a ser niños, ya que estos son juguetes de sí mismos, le ponen el cuerpo a la historia que crearon y son actores de su propia fantasía. Su cuerpo tiene un valor estructural en la acción que realizan, ya que no tendría sentido para ellos que sus juguetes se movieran solos. Porque necesitan sentirse dentro de ese mundo en el mundo que ellos crearon. ¿Y qué es el arte sino el desarrollo de un mundo en el mundo?.
Debemos plantarnos ante el arte como si fuésemos niños, para poder vincularnos completamente con la obra y ser juguetes del juego que nos propone. Pero no sólo por eso, sino también para poder despojarnos de los prejuicios culturales (llámese tradición) y podamos disfrutar de cada obra como si fuese la primera vez que nos relacionamos con el arte.

Federico Pablo Blanco

p


« EL CENTROFORWARD MURIÓ AL AMANECER» del argentino Agustín Cuzzani

"El centroforward murió al amanecer" es una obra del argentino Agustín Cuzzani que fue llevada al cine por el director, también argentino, René Múgica, y que Diego Bergier ha adaptado libremente, bajo el título "A orillas del trullo".
En la Sala TIS (Teatro Independiente del Sur) situado en la calle Primavera número 11, en Madrid, se ha representando recientemente con interpretación de Carlos Herranz, Iván González, Ivonne Brenes, Concha de Diego, Paloma Arimón, Lucía del Río y Elena Alonso, con dirección de Diego Bergier.
El protagonista de una función es un futbolista y el origen del conflicto teatral está en su venta en pública subasta por problemas económicos del club que lo fichó. Es curioso que un personaje, prototipo de los que a diario ocupan titulares de la prensa deportiva (y no deportiva) pueda, por la aparente vía del humor, hacernos reflexionar sobre la libertad, el poder, la riqueza y la conversión del ser humano en mercancía. Agustín Cuzzani fue el creador de las llamadas "farsátiras", género híbrido en el que la crítica social se entrelaza con lo absurdo de las acciones cotidianas a través del humor.
La función, en realidad, comienza antes de entrar el público a la sala: mientras esperaba, junto a otros espectadotes, nos vimos "asediados" por un tipo mal encarado que entregaba una invitación para presenciar "la ejecución de un peligroso delincuente", al tiempo que en el vestíbulo campeaba airosa una horca. La duda surge: ¿es para reír o para llorar? ¿el tipo que, entre borracho y agresivo, nos indica que pasemos a la sala, es real o forma parte del espectáculo? El público se deja llevar, no sin cierta reticencia, pero el efecto se consigue: inconscientemente uno se ha metido en la función.
El resto son dos horas de función muy bien interpretada por el conjunto de actores y actrices que hacen doblete para completar casi la treintena de personajes que figuran en la obra. Sabido es que el teatro es un arte tan colectivo que desde el protagonista hasta el más simple figurante o comparsa son importantes para el buen resultado, pero es preciso destacar, por su papel, la excelente interpretación de Carlos Herranz en "Lupus"el loco y excéntrico millonario que compra al futbolista para incluirlo en su, más que extraña, colección de seres humanos vivos. También Iván González, en su papel "Cacho Garibaldi", el futbolista-objeto, tiene un final realmente conmovedor cuando, camino de la horca, dice: "...no importa que haya lobos que quieran comprar la sangre y se apoderen de la alegría y la felicidad del hombre. Yo he luchado. He probado mis fuerzas y estoy seguro. Eso... no muere".

Salvador Enríquez

p


TEXTOS de OTROS


POEMA CONJETURAL

Jorge Luis Borges

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre

de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

de «El Otro, el Mismo»

p


Todo delSUR

Valid HTML 4.01 Transitional

1