LIBROS Y OTROS OBJETOS OBSOLETOS
Graciela Reyes
TRES CUENTOS
Roberto Enrique Rocca
LOS MUERTOS Y OTRAS FANTASMAGORÍAS
Leda Schiavo
DE INCOMPETENCIAS AL UNÍSONO
Fernando Anguita B.
LA ARQUITECTURA DE LOS ESPACIOS CONCRETOS EN LA CULTURA
Federico Pablo Blanco
DESDE LA BUTACA
Josefina Sartora
OTROS
Julio Cortázar
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LIBROS Y OTROS OBJETOS OBSOLETOS
En la penumbra del comedor grande, el que nunca usábamos, los lomos de los libros irradiaban una luz suave, amiga. Yo no sabía aún por qué el papel es prodigioso, pero me gustaban más las cubiertas de papel que las de cuero, me gustaba el papel, me gustaba tocarlo, olerlo, oír y sentir el leve crujido de las hojas, me gustaban las mayúsculas adornadas con que comenzaban algunos capítulos, los espacios en blanco, los márgenes, me gustaban las letras nítidas que a veces se entrelazaban delicadamente una con otra. Cada palabra, en un libro, significaba más que fuera de un libro, y era también más bonita, porque era visible y perenne. Qué paz me daba que las palabras siguieran allí, siempre disponibles y siempre idénticas, aunque yo me fuera por otros mundos, los del juego y las pesadillas de la infancia, los del olvido y el miedo.
Las fibras que componen una hoja de papel son traslúcidas. La luz se quiebra mil veces, en todas direcciones, al atravesar tantas fibras entremezcladas, y se derrama, reverbera, de modo que ofrece iluminación perfecta para las letras que componen las páginas. Podemos leer con una lámpara potente o casi en la oscuridad: el papel recoge hasta la última gota de luz del ambiente. Es mucho mejor que la pantalla de la computadora, que solamente se puede ver a cierta luz y de frente, y no es nunca tan definida y limpia como una página impresa. Es evidente que la pantalla de la computadora será mejor cuando se parezca más al papel. Y los libros electrónicos serán mejores cuando se parezcan más a los libros de papel. Por ahora, poca gente prefiere un CD-ROM a un libro. Es verdad que el CD-ROM nos permite ver, oír y conectar informaciones dentro del texto, pero carece de las ventajas de un libro: la claridad luminosa de la página, visible desde cualquier ángulo y casi con cualquier luz, la posibilidad de escribir en los márgenes, el placer de hojearlo, de leerlo caminando por un parque o agarrándonos de una barra en el subterráneo, o entre las sábanas.
Una de las más antiguas tecnologías, la escritura, sigue siendo insuperable. Y no conozco ningún nuevo artefacto para escribir que pueda competir con la vieja lapicera fuente. No todo lo nuevo es mejor, aunque puede llegar a serlo, como propone Neil Gershenfeld, fisico e inventor, que creó una computadora que replica el violonchelo de Yo Yo Ma. Describiendo su violonchelo electrónico, Gershenfeld observa: "Aún cuando la madera y las cuerdas están especificadas como software, deben repetir las propiedades de la madera y las cuerdas reales" (When Things start to Think [Cuando las cosas empiezan a pensar], Nueva York, 1999, pág. 41). La materialidad de la madera es lo que debe pasar al violonchelo electrónico: no podemos prescindir de la madera. Aunque usemos sensores y computadoras en lugar de un violonchelo y Yo Yo Ma toque un instrumento fantasmal, en un escenario atestado de aparatos electrónicos, lo que oímos con mayor nitidez y riqueza, cada sonido realzado, cada vibración perceptible es el violonchelo, no otra cosa. En este caso, un violonchelo mejor. Otras veces, la versión electrónica no es mejor que el objeto análogo, y por eso todavía el libro tradicional supera al electrónico, hasta que se ponga en circulación un libro electrónico que retenga y realce las propiedades del libro de papel. Veremos qué pasa cuando se difunda la tinta electrónica y los libros sigan siendo libros, pero sus palabras se puedan renovar constantemente.
Por ahora, tenemos los libros, los mismos, más o menos, que circulan desde el siglo XV, cuando se inventaron los tipos móviles. Los libros, cuya desaparición se ha vaticinado tantas veces. Los libros, perseguidos, prohibidos, execrados, convertidos en cenizas, que siguen vivos en su bella materialidad de papel. Son los más hermosos, los más eficientes, los más necesarios, entre todos los objetos obsoletos.
Graciela Reyes
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TRES CUENTOS
PSICOANÁLISIS
Combatía sus temores imaginándose un hombre poderoso, invulnerable. Lo hacía tan bien que terminó por identificarse con sus fantasías..
Un día se sintió vacío, se preguntó quién era en realidad y consultó un psicoanalista. Con su ayuda emprendió la tarea de encontrarse. Por años y más años, dolorosamente, fue desnudando su alma, hasta que terminaron de disolverse todos sus espejismos.
Y en la mitad de una sesión, cuando flotaban todavía las últimas palabras, su cuerpo se disolvió en el aire.
El analista no pudo cobrar los honorarios del último mes pero escribió un paper acerca del caso.
EL TRENCITO DEL MIEDO
Bajaban riendo las parejas y, muy juntas, se disolvían en la noche.
Era la tercera salida y hasta ahora, ni tocarle un dedo pudo. Tal vez con este trencito del miedo lograra convencerla.
En la antesala, la computadora registró las medidas y las facciones. Después eligieron el paseo
—Me gustaría la Revolución Francesa— dijo ella. Y allá fueron.
Los personajes eran tridimensionales y la ilusión de realidad casi perfecta. De pronto le pareció que se había quedado dormido. Pero ella estaba al lado. Se miraron y rieron.
El cochecito desembocó en la Plaza de la Concordia. Al lado de ellos surgió una carreta, marchando derecho hacia la guillotina. Y arriba, la muchacha, lagrimeando, con las manos atadas a la espalda.
Lo sorprendió lo rápido que fue todo y el chorro de sangre que parecía tan real. Ella, sentada a su lado, reía un poco histérica, y él decidió que había llegado el momento del abrazo protector.
Lo intentó, pero no pudo, porque la chica era virtual.
REENCARNACIONES
Indagando acerca de su vida anteriores, descubrió que había sido un anacoreta del desierto que, decidido a privarse de todo placer, contuvo la respiración hasta morir.
Descubrió también que, aunque el anacoreta lo ignoraba, su apasionado ascetismo se debía a que en su vida anterior había sido una cortesana ambiciosa que, decidida a poseerlo todo, conspiró contra el emperador. Este descubrió la conspiración y la mandó estrangular.
Antes de eso fue Phlebas, aquel fenicio memorado por T.S. Eliot.
Había otras vidas, pero le faltó el aliento para seguir investigando. __________ de «Cuentos mínimos»
Roberto Enrique Rocca
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DE INCOMPETENCIAS AL UNÍSONO
Imagino que la distancia que separa Quilmes de Bruselas es más que suficiente para que la convulsión política que ha sufrido Europa durante el mes de Junio haya tenido poco eco. No hace falta estudiar periodismo para saber que la importancia de una noticia disminuye según aumenta la distancia del lector al lugar donde aquella se produce; sin embargo, en esta ocasión hay que matizar un poco más. Para empezar, aunque las distancias geográficas permanezcan, la transmisión de la información es hoy instantánea. De modo que los argentinos se desayunaban con la noticia de la mala digestión que acidificaba los estómagos políticos después de la cena europea del 18 de junio:
"Europa entra en coma" ,"Europa afronta una incierta travesía" ...
Naturalmente a estos titulares seguía información más que suficiente para que sea ocioso insistir en ello aquí. Así que me permitiré una digresión.
El "principio de Peter" que, aguantándome las carcajadas a duras penas, descubría en un vuelo doméstico de Washington D.C. a Urbana en Illinois, allá por 1970, fue por un lado el anticipo literario de la definición de la enfermedad que cuestiona nuestras aspiraciones de vida inteligente en la vejez. Si la economía metonímica del lenguaje, ayudada por el Dr. Kraepelin, hizo que la enfermedad tomase por nombre el apellido del doctor Alzheimer, ahora el principio apunta a la política y señala las aspiraciones fallidas de la "Vieja Europa". En este caso lo hace para acuñar una rotunda, concreta y sintética redefinición:
"25 jerarcas de la UE alcanzan al unísono su nivel de incompetencia"
Millones de ciudadanos de veinticinco naciones han podido solazarse estallando en una gigantesca carcajada al comprobar que esos tipos de la Cumbre tampoco escaparon al destino incompetencial que pronosticó Laurence J. Peter para todo bicho viviente. Contemplar la humillación de los jerarcas habría podido ser motivo de reconfortante risa, si no fuéramos los mismos millones de siempre quienes de verdad vamos a pagar su incapacidad. El lector tendrá que hacer un esfuerzo de memoria para identificar a alguno de los incompetentes políticos que haya conocido que no disfrute de un retiro honorable o una jubilación de oro. Si lo encuentra, que busque su foto y la ponga en la galaxia virtual; eso al menos serviría de consuelo al espíritu de Diógenes.
Me contó hace años un compañero de carrera la respuesta que había escuchado a un ingeniero cuando lo felicitó por su nombramiento de ministro: "No me tienes que felicitar ahora por serlo, sino más adelante por haberlo sido". Todo un aforismo que consagra y justifica la vocación política.
Pero las cosas son así. Desafortunadamente el gobierno platoniano de sabios no se da: empezando porque no hay bastantes sabios y terminando porque alrededor de cada uno pulularía siempre el mismo ejército de mediocres y trepadores que zumban como abejas en los panales ministeriales de Europa; en los panales donde el zumbido es hoy una plegaria para que el "principio" no se lleve por delante al euro y lo deje a merced del dólar.
Ignoro lo que "rezan" las otras monedas del continente americano, pero supongo que pronto tendremos noticia a este lado del charco.
Fernando Anguita B.
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LOS MUERTOS Y OTRAS FANTASMAGORÍAS
Hay gente que vive de los muertos, y con los muertos negocia más gente de la que uno se imagina. Están, claro, los casi imprescindibles, como los de las pompas fúnebres y los sepultureros. Están los embalsamadores, y me acuerdo de Sinhué el egipcio, que se acostaba con las futuras momias. Están los que hacen películas con muertos que siguen vivos, y agostan su imaginación para impresionarnos. Sobre buena literatura con el tema de muertos que no acaban de morirse les recomiendo a Edgar Allan Poe, o a Ramón María del Valle-Inclán. Sobre mala literatura acerca de muertos que no acaban de morirse les recomiendo, por ejemplo, la nueva revista El revés de la TRAMA, de la que ya salieron dos números. Claro que no son sólo ellos los que quieren seguir sacando ventajas de los muertos que no acaban de morirse; muchos, desde el gobierno para abajo, nos quieren seguir vendiendo lo que muchos compraron en 1973, entre otras cosas, la imagen de un Perón intachable, víctima, progresista. Perón fue muchas cosas, malas y buenas, pero uno tiene la desgracia de haber vivido demasiado, y entonces se hace difícil comprar esta imagen, sobre todo la imagen del Perón izquierdista. Los de TRAMA lo saben pero eligen vivir de cadáveres. Los del gobierno no lo ignoran, pero quieren distraer al ciudadano con enfrentamientos que ya queremos olvidar, porque ya no queremos más cadáveres, ya está bien de seguir alimentándonos de esos muertos; queremos vida, vida para los pobres niños que mueren antes de tiempo, vida para los que viven a medias por no poder comprar lo imprescindible, vida para todos, más plena, más gratificante; para todos, digo, y no sólo para los que se siguen beneficiando de fondos reservados y dádivas siempre insuficientes. Hemos logrado un país del que solamente disfrutan a pleno los depredadores y los turistas, los que compran todo barato y fácil.
Construyamos un país para todos los argentinos, libre de aves carroñeras y de otras aves de confuso plumaje, libre de los que usan más el espejo retrovisor o la marcha atrás que la marcha hacia adelante.
Leda Schiavo
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LA ARQUITECTURA DE LOS ESPACIOS CONCRETOS EN LA CULTURA
Sucede continuamente que cuando hablamos de generar espacios concretos para el Arte y la Cultura, muchos tienden a confundir ese espacio, con un edificio devenido en institución. Cuando en realidad, lo concreto, debe ser el desarrollo de un espacio conceptual en la Comunidad.
No sirve de nada tener edificios destinados a la Cultura si luego no se los llena de ideas y de personas que aporten y discutan esas ideas. Se debate constantemente la manera de conseguir fondos para realizar actividades culturales, divisas que se emplean en gran parte en publicitar dichos eventos, obteniendo como resultado salones semivacíos. Esto sucede, porque los espacios, primero se generan en la conciencia, y la forma de hacerlo es mediante la incitación, el desafío y la provocación, de manera que nos permita construir una Utopía, que nos dé la posibilidad de vislumbrar un mundo más justo.
Posiblemente, antes de reclamar ladrillos, tengamos que proclamar, con la masa y el pico, la demolición de las ideas caducas y recién después de esto, podamos hacer una construcción en serio. No sólo desde lo material sino, fundamentalmente, desde lo espiritual.
Esto no es un planteo metafísico, es un planteo materialista, que parte de lo simbólico como potencial para realizar los cambios profundos que necesita la Sociedad.
Federico Pablo Blanco
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DESDE LA BUTACA
UN OTRO AMOR
Cuando hablamos de "nuevo cine argentino" sabemos que implica un riesgo utilizar una categoría generalizadora. Usamos este título abarcativo por comodidad, con plena conciencia de que bajo el mismo incluimos cinematografías diversas. Incluso algunos de sus autores han realizado películas que difieren mucho entre sí, en búsqueda de una identidad propia. Últimamente se han estrenado tres películas argentinas que, más allá de sus diferencias argumentales y de poseer genealogías muy distintas, comparten una mirada desprejuiciada hacia las diversas vivencias de la sexualidad, que no se ajustan a los parámetros convencionales. Hace tiempo ya que la televisión vive el destape —cada día más exhibicionista— de la experiencia sexual, pero estas películas tienen en común un abordaje al tema que resulta muy distante de los tratamientos televisivos, ávidos de atraer un público que vive una larga represión sexual. Las tres películas comparten una mirada respetuosa hacia las elecciones sexuales no tradicionales, y una expresión sobria de las mismas.
Un año sin amor, de Anahí Berneri, se centra en la problemática de un portador de VIH antes de la aparición de los tratamientos para frenar el sida. El protagonista homosexual escribe un diario con el fin de conjurar una vida de soledad y marginalidad, y ese diario conforma también una suerte de escudo contra una muerte tan temida como cercana. Su descenso a un mundo de grupos sadomasoquistas está mostrado desde una óptica que comprende que tal vez allí pueda encontrar el amor necesario para seguir vivo.
Pese a pertenecer a otra generación, Edgardo Cozarinsky se siente identificado con y cercano a los nuevos realizadores argentinos. En Ronda nocturna elige una mirada casi documental para mostrar el mundo de los taxi boys que circulan en la noche porteña haciendo su trabajo en breves y comerciales encuentros homosexuales, o en el pequeño comercio de droga, con "protección policial" a cambio de servicios personales. El protagonista realiza su ronda nómade atravesando toda clase de ambientes sociales: desde los hoteles de cinco estrellas con grupos de clientes diplomáticos hasta terminar uniéndose a los grupos de cartoneros. Cozarinsky dirige su mirada de experto documentalista hacia una sociedad urbana fragmentada y fisurada.
Por último Géminis, de Albertina Carri, aborda sin prejuicios el tabú del incesto en una historia de amor entre dos hermanos de una familia burguesa, pasión que está mostrada con cierto distanciamiento y objetividad que, sin emitir juicio, tampoco intenta explicar o compartir esa pasión amorosa. En el fondo del retrato de esa transgresión subyace una fuerte crítica a una clase social pretenciosa, pacata e hipócrita.
Las tres películas ponen sobre la mesa temáticas que, en mayor o menor grado, permanecían bajo la alfombra, ahogadas bajo el típico de eso no se habla argentino, y que esperaban su discusión. No quiere esto decir que los personajes sean tratados como héroes o valientes transgresores. Hay que agradecer que si las películas caen en algún común, no es éste. Sus personajes son seres imperfectos, hasta antipáticos o mezquinos. Es tan importante en todas ellas el cuidado por evitar el discurso moralista como la ácida crítica a una sociedad en permanente mutación.
Josefina Sartora
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