DESPIDEN A LOS DIRECTORES DE CIUDAD ABIERTA
Alejandro Montalbán, Gabriel Reches, Damián Tabarovsky
EL CEREBRO DE EINSTEIN
Miguel Angel Morelli
MIS ALUMNOS
Graciela Reyes
DE HACE VEINTE AÑOS Y MÁS ATRÁS
Fernando Anguita B.
EMOCIONES Y CONFLICTOS ALREDEDOR DE UNA ESFERA
Néstor Tellechea
CINE - recomendados
Cintia Alviti
DESDE LA BUTACA: Alta en el cielo
Josefina Sartora
OTROS
Benedetti / Domecq / Martí / Soriano
fab9
DESPIDEN A LOS DIRECTORES DE CIUDAD ABIERTA
Estimados Amigos:
El generoso y oportuno apoyo brindado a la experiencia de televisión pública que tuvimos la suerte de integrar, impidió en el mes de marzo de 2006 la liquidación del proyecto que llevaba adelante Ciudad Abierta.
Durante estos dos años condujimos el canal con espíritu independiente, no gubernamental, lo que permitió producir una televisión pública abierta a nuevas miradas, otras estéticas, y a discursos sobre la Ciudad de poca o nula circulación en los grandes medios. Tuvimos la vocación de representar
un amplio arco cultural, artístico y sociopolítico, conscientes de que una ciudad compleja como Buenos Aires, solo puede ser representada de modo complejo.
Con cierta ingenuidad, llegamos a imaginar que el actual gobierno de la Ciudad, podría valorar semejante respaldo a la experiencia Ciudad Abierta, como una forma de abrir, al fin, una discusión social sobre las políticas de comunicación pública en Buenos Aires.
Ocurrió todo lo contrario. Pasaron cuatro meses en los que no fuimos atendidos siquiera una vez por alguna autoridad del área de comunicación, en los que ni siquiera recibimos la más mínima opinión sobre el perfil de la programación o sobre la política de comunicación del nuevo gobierno, si éste la tuviera.
Durante esos meses fuimos objeto del maltrato oficial, de toda clase de recortes de recursos, de banales conspiraciones cotidianas, de falta de financiamiento, hasta el punto de tener que detener la producción de los programas.
El gobierno pareció visiblemente más interesado en hacer fracasar esta experiencia apoyada por todos ustedes, que en mejorarla. Sobre el canal parece haberse abatido una ley de la vieja política: en cuanto una gestión funciona bien, se le hace la vida imposible.
Finalmente, la semana pasada nos solicitaron la renuncia sin apelar a otro argumento que "la voluntad del Jefe de Gobierno". No podemos, entonces, conocer las razones que sustentan actitudes y decisiones tomadas. Quizás los responsables puedan explicarlas oportunamente.
En Argentina no existe una tradición sostenida de televisión pública de calidad, inteligente e independiente. Ciudad Abierta quiso hacer su aporte en esa dirección.¿Resulta esto una imperdonable osadía?
Desde marzo (fecha en que comenzó la hostilidad del gobierno), y gracias a la continuidad que obtuvimos debido al apoyo de ustedes, hemos podido llevar a cabo una serie de proyectos, que profundizaron lo realizado durante el 2005.
- La puesta en pantalla de nuestro sistema de columnistas: David Viñas, Liliana Herrero, Tomás Abraham, Eugenio Zaffaroni, Cristian Alarcón, Julián Gorodischer, Pablo Marchetti, Rafael Cippolini.
- La producción de cuatro telefilms de ficción, dirigidos por Julia Solomonoff, Gustavo Postiglione, Lucía Cedrón y Rocío Fernández, a los que hubieran continuado Octavio Gettino, Sergio Bellotti, Ricardo Bartis y Fito Páez.
- El documental ya finalizado y listo para su estreno de Martín Rejtman, sobre la comunidad boliviana en el Bajo Flores. Lo mismo en cuanto a los trabajos en curso de Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, Luis Ortega, Sergio Bizzio.
- El ciclo especial sobre los 30 años del golpe, que incluyó documentales y entrevistas, con un nivel de repercusión extraño para un pequeño canal de cable.
- la emisión de la señal latinoamericana Telesur, que se incluye en el espacio que el canal brinda a las televisoras públicas latinoamericanas.
Al interrumpirse la gestión de manera intempestiva, nos vamos sin poder estrenar nuevos programas y experiencias. Fabio Alberti y su programa sobre cultura popular, el Dr. Elías Neumann y su mirada progresista sobre el delito, Albertina Carri y sus deseos de producir televisión con chicos de barrios populares, Alejandro Kaufman y su particular visión sobre la seguridad. Lamentablemente no pudimos garantizar la realización
de estos proyectos.
Todo lo hecho fue conseguido con el apoyo de ustedes y de muchos otros como ustedes. Es decir: con el apoyo de artistas, escritores, militantes, trabajadores sociales, intelectuales, videastas, realizadores, urbanistas, músicos, profesores universitarios, periodistas, diseñadores gráficos,
actores. Y sobre todo, con el apoyo de los vecinos de la ciudad.
Lo hemos conseguido con un equipo de trabajo joven, dinámico, creativo.
Con una audiencia cada día más numerosa, que superaba con creces a la de otros canales de perfil cultural.
Una ciudad como Buenos Aires pierde mucho cuando un gobierno decide arbitrariamente abortar de un modo tan violento una experiencia original.
Lo ocurrido deja una enseñanza: la necesidad de una urgente discusión social sobre qué significa una política pública en temas culturales y de comunicación.
Esperemos que más allá de nuestro obligado alejamiento, el gobierno entienda que Ciudad Abierta es un canal de todos. Que tiene un lugar ganado entre los espectadores a base de trabajo, honestidad, creatividad,
pluralismo, y una mirada que intentó ser crítica y aguda, sobre nuestro tiempo.
Para nosotros, más allá del final, Ciudad Abierta fue una experiencia estimulante y exitosa. Muchas gracias por el apoyo recibido a lo largo de estos años. ______________
Alejandro Montalbán, Gabriel Reches, Damián Tabarovsky
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EL CEREBRO DE EINSTEIN
El trabajo apareció publicado en la Brain Research Reviews y su autor es un argentino, Jorge Colombo, director de la Unidad de Neurología Aplicada del CEMIC e investigador del CONICET. Para el lego muy lego que es uno, el artículo no tendría el menor interés si no estuviese referido al extraordinario Albert Einstein y su no menos extraordinario cerebro (suponiendo, claro está, que una cosa sea el hombre y otra su materia gris). Pero mejor hagamos un poco de historia.
Cuando el bueno de don Albert advirtió que este asunto de la muerte física no era tan relativo, allá por 1955, sus colegas científicos no se resignaron a creer que ese hombrecito que había sido capaz de pensarlo todo tuviese una cabeza exactamente igual a la del resto de los mortales. Entonces resolvieron estudiarla de derecha a izquierda y de sur a norte. Thomas Harvey fue el encargado de realizarle la autopsia y quien primero observó que por cada neurona tenía mayor cantidad de glía, un tipo de célula cerebral. "¡Santa paradoja de Poincaré, ya me parecía!" —clamó Harvey alborozado, y empezó a conjeturar: que el cerebro del padre de la teoría de la relatividad era más pesado, que era más liviano, que el grosor de su corteza resultaba muy delgado, que las circunvalaciones no sé qué cosa... Claro que algunos dudaron: ¿Será tan obvia la cosa? —se preguntaban. Por las dudas, Jorge Colombo le pidió a Harvey un pedacito de la materia gris einsteniana... Desde entonces nuestro científico se dedicó pacientemente a su análisis, y sin ningún tipo de preconceptos por lo visto. "Si hay que reconocer que la genialidad de don Albert no tiene que ver con la anatomía de sus sesera, pues aceptémoslo de una vez por todas" —habrá pensando Colombo. Y eso es lo que acaba de hacer en su artículo, aceptarlo.
Ahora que ya sabemos que el cerebro de Einstein fue idéntico al de cualquiera de los pobres diablos que pasamos por este valle de lágrimas (a mi propio cerebro o al suyo, sin ir más lejos, y disculpe usted el cumplido), la cosa se nos complica. Porque ya no podemos seguir argumentando que la culpa la tienen mamá y papá y su maldita herencia, o a lo sumo aquel otro antepasado deficitario que nos signó para siempre. Ya no nos separa ninguna diferencia anatómica con el genio de Ulm (ni con Mozart, Shakespeare, Newton, Darwin o Beckett, por citar algunos ejemplos). Claro que tampoco —y acaso esto sea lo patético, vea— con los cerebros de Hitler, el "Loco del martillo", Stalin o el nunca bien ponderado general Videla. Por las dudas, y antes de pensar en el suicidio, demos vuelta la página.
Parafraseando aquel antiguo refrán venido del ultramar castellano, hasta ayer nomás podíamos argumentar que después de todo "lo que natura no da, la Unqui no empresta". Pero ya ve, la ciencia ha venido a poner las cosas en su lugar: no dependemos de cuánto usemos el cerebro, sino de qué tan bien lo hagamos. "Yo no soy más inteligente que ustedes —nos diría Einstein—, soy más curioso..." Y Beethoven: "Yo tampoco soy más inteligente, sucede que me gusta oír otras voces..." Y Picasso: "A mí imaginar otros colores..." Y Borges: "Y a mí otros mundos..."
¡¡En fin, ahora que sabemos que adentro de la cabeza tenemos una cosa llamada cerebro, pongámonos a pensar por lo menos en qué diablos podemos utilizarlo como Dios manda!!
Miguel Angel Morelli
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MIS ALUMNOS
La gran obsesión de mi vida ha sido siempre el lenguaje: su estructura y, sobre todo, el modo en que sus usuarios lo hacen funcionar. Durante años, esta obsesión fue secreta. De chica, inventaba teorías estrafalarias que escribía con tiza en una mesa vieja que estaba en el altillo, porque a mis maestras mis preguntas les parecían impertinentes (lo eran) y luego, en la secundaria, a mis profesores solamente les importaba machacarnos las reglas de corrección. En la facultad, cuando por fin me enseñaron las disciplinas básicas de la lingüística, me ratifiqué en mi idea de que, más acá de los algoritmos de la gramática mental que estudiábamos, hay hablantes, hablantes que intentan expresarse y entender a los demás mediante el lenguaje. Yo quería estudiar eso, cómo usamos el lenguaje para comunicarnos. Nadie me hacía mucho caso. Hasta mis mejores amigos ponían los ojos en blanco cuando los interrumpía para preguntarles cosas como "¿por qué dijiste 'por poco NO me mato', por qué usaste NO?" "¿Está mal dicho?" preguntaban, y yo decía que no, que no, que yo sólo quería analizar ese uso peculiar. Cuando intentaban recordar las reglas del colegio, yo les explicaba mis teorías, y ellos huían.
Tuve grandes maestros en Buenos Aires y después en Madrid, y a ellos les debo lo esencial, pero el uso del lenguaje lo estudié yo sola y a escondidas, leyendo sobre todo a los filósofos, porque la lingüística de entonces no explicaba lo que los hablantes quieren decir cuando usan el lenguaje, solamente estudiaba lo que dice el lenguaje. Durante mis años de mayor pobreza, cuando escribía la tesis sobre otros temas y me ganaba el pan haciendo traducciones, tuve una vida doble, feliz pero incompleta, porque una verdadera obsesión se satisface cuando se puede hablar de ella con alguien, si es posible todo el día, y más aún cuando se puede contagiar a otros, cuando, oh maravilla, el otro tiene la misma obsesión y la misma mirada enloquecida y las mismas manos temblorosas que apuntan el mismo ejemplo en un papel y le dan cien vueltas para saber por qué eso significa eso en tal contexto.
Cuando gané mi primer puesto en Chicago, enseñé gramática a mi modo, dedicando medio curso, por ejemplo, a analizar la gramática en conversaciones auténticas que yo había grabado. De mi grabador salían las voces de hablantes reales, y estudiábamos los significados de esos hablantes, no ejemplos sueltos. Después, un día fausto, pude enseñar el significado lingüístico, así a secas, llamándolo significado, llamándolo semántica y pragmática, y, para mayor felicidad, los alumnos que hacían el doctorado conmigo se entusiasmaron por las mismas cosas que yo, que todavía eran grandes novedades. Desde entonces, durante más de dos décadas, he disfrutado de la complicidad de jóvenes que estudian lo mismo que yo, conmigo.
Ahora mi materia, la pragmática, ya no es nueva ni desconocida. Hay revistas, congresos, y más artículos y libros de los que puedo leer, y tengo muchos colegas y amigos que trabajan con los hablantes reales. No estoy sola, podría no necesitar ya a los alumnos. Pero los necesito. Por ellos, tanto los entusiastas como los más indiferentes, aprendí a poner todo en limpio, a explicar, a clarificar. Por ellos intenté ser una profesora y no una incoherente narcisista. Cualquiera haya sido mi éxito en ese esfuerzo, a ellos les debo el refinamiento de mis obsesiones y el placer de compartirlas diariamente. Hubo una época en que todos anotábamos lo que oíamos por allí, y nos reuníamos los viernes para hablar de lo que habíamos anotado. Teníamos un taller, que se llamaba socarronamente el Círculo Pragmático, donde hablábamos por horas, tomando una copa de vino o dos, y riéndonos mucho. Podíamos definir qué era la ironía y qué diferencia una implicación lógica de una voluntaria, entre otras cosas fascinantes. Yo les aconsejaba que no hablaran de esos temas con sus novios y novias. Aquella obsesión mía, por la que me quemé las pestañas en tantas bibliotecas, se la regalé a mis alumnos, y ellos me la regalaron otra vez a mí, embellecida. Sin ellos, mis obsesiones serían meramente obsesiones.
Graciela Reyes
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DE HACE VEINTE AÑOS Y MÁS ATRÁS
Sucedió en 1986. En abril, unos dicen el 15 y otros el 18, fallecía Jean Genet en París, donde había nacido. Dos meses después, el 14 de junio, era Jorge Luis Borges quien se despedía de este mundo en Ginebra, la ciudad donde había cursado el bachillerato mientras la vieja Europa guerreaba. El oficio común y la contigüidad de su muerte yuxtapone (no une) a estos dos hombres, al tiempo que su dispar peripecia vital los separa. La efemérides parece hecha a propósito para susurrar los méritos literarios del primero, cuya difusión y reconocimiento no se aproximan a los del genio de la lengua española. En la WEB, grosso modo, aparecen en la relación de 1 a 4; relación que particularizada a la lengua francesa se invierte casi a la de 2 a 1.
En España la Revista de Occidente nace en 1923, el mismo año en que Borges edita su primer libro. De ese debut literario, la revista da noticia al año siguiente en su décimo número, donde "Ramón" (Gómez de la Serna) hace una elogiosa reseña de "Fervor de Buenos Aires". El alumbramiento compartido preludia el estatus de hombre "de la casa" que acompañará a Borges para siempre, aunque su firma sólo aparezca en el artículo "Menoscabo y grandeza de Quevedo", del número que cerró 1924, y en dos de los trece poemas odiseicos que García Gual reunió en julio de 1994. Ese tácito pertenecer a la casa se expresa pujante en la atención de los demás, de la pléyade de colaboradores que construyen la prestigiosa revista. El número del pasado junio (el 301), caliente todavía, lleva por título de cabecera «Borges: veinte años no es nada». En 60 páginas cuatro autores escriben sobre las novias, la filosofía, Kafka y el Quijote borgeanos. Ninguna glosa de esos artículos puede hacerle mejor justicia que recomendar su lectura. Naturalmente, lo novedoso de lo que cuentan lo será menos (si es algo) a ese lado del charco que a éste. Aún así...

Pero vuelvo al leitmotiv de esta "nota", el que apuntaba en un susurro al comenzar. Lo propondré en forma de pregunta: ¿Fue Genet la cruz de la moneda, el contrapunto de la cara en la que Borges brilla y deslumbra? La verdad es que importa poco si lo fue, ni siquiera si se "le" puede pensar así. Para estremecernos, incluso antes de leer "Pompas fúnebres", o su escalofriante relato "Cuatro horas en Chatila", basta seguir su periplo carcelario hasta anonadarse frente al porqué del "Gran Premio de las Artes y de las Letras" que mandó a recoger a un anónimo muchacho negro, decisión de su "extravagario" que lo conecta con Thomas Bernhard, otra lacra para pensadores y lectores políticamente correctos. Por eso, para no perder el sosiego, es cierto que más conviene retroceder al centenario del nacimiento de Borges y leer el número monográfico de junio de 1999 que la RdeO le dedicó.
Es una recomendación pareja a lo que Leda contaba por entonces en este recién nacido del SUR: Me ha ocurrido muchas veces estar en un país extranjero y sentirme sola. Busco entonces un libro de Borges y al leerlo, me siento en casa.* Una sensación parecida leyendo a Genet es impensable; quizás podrían experimentarla los desheredados del mundo, los habitantes de los campos de refugiados, la carne contemporánea de la famélica legión. Pero sus pautas de supervivencia, que yo sepa, no incluyen pausas de reposo para la lectura. ____________
* en «Borges y yo»
Fernando Anguita B.
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EMOCIONES Y CONFLICTOS ALREDEDOR DE UNA ESFERA
Todavía no aprendiste a caminar por tus propios medios entonces, alguien te toma de las manos, abre tus brazos hasta que se parezcan a dos alas semi-desplegadas, y te ayuda a que intentes pegarle con el pie a una cosa redonda que, por lo general, te llega a la altura de las rodillas...
A partir de esta simple anécdota, se hace imposible no tratar de cumplir con un íntimo objetivo...Que esa redondez, comience a visitar suavemente el vacío, y se meta en el rincón de las arañas...
Es decir, en los ángulos de una caja rectangular, con uno de los lados laterales de mayor longitud, abierto y conformado por tres palos -ahora caños - y cuyo perímetro inferior, es la propia tierra...
Se vaya caminando con casi cualquier preocupación o reflexión más y menos importante, no importa; igual resulta impostergable la disimuladísima intención de patear con decoro cualquier cosita circular que aparezca en nuestro camino...
¿Pero cómo puede ser? ¿Cómo es posible que te atraiga indefinidamente este juego? ¿Veintidós personas repartidas en dos grupos de once, que se enfrentan para disputarse una redondez; cuyo objetivo principal es que la redondez entre más veces en el arco que defienden los once a los que te enfrentás?
No lo sé... ¿Se conoce la irrefutable razón por la cual una persona se transforma en un melómano aguerrido? ¿Por qué a un niño, sin ninguna explicación que esté más o menos al alcance de la mano, lo atrae el movimiento de los astros?
Sé bueno ¿Y el negocio que crece constantemente alrededor de este juego? ¿Y la explotación de los que protagonizan este ahora definitivamente espectáculo? ¿Y el uso de este acontecimiento para fines políticos? ¡Y el día, que por lo menos yo, no pude gritar el gol más bello de la historia porque la belleza suscitada por una genial improvisación maravillosa, superó toda reacción emocional inmediata? ¿Y el mínimo de azar que hay en este juego como creo: no existe en ningún otro? ¿Cómo se olvida un futuro escritor la primera vez que lo impactó la lectura en voz alta de un poema o fragmento sublime de una prosa de todos los tiempos? ¿Cómo explicarle al que, con muchas y pocas razones (todas más que atendibles) detesta el fútbol, que cuando este juego gusta, es para siempre; como cualquier otra punzante vocación? ¿Cómo explicar que dos personas que ensayan (profesionalmente o no) este juego, pueden entenderse "de oído"? ¿Y cómo que en once personas que integran un equipo, se pueden apreciar los arquetipos humanos más raigales? Consultar un texto de Albert Camus al respecto...
Todo lo que provoca o suscita este juego, está discutido y/o utilizado con mayor y menor profundidad, pero...Por ahora... La pelota, pese a todo, y mientras al rodar sobre la gramilla fresca, emite - en forma disminuida- casi el mismo ruido que el comienzo de una película de cine, continúa eludiendo al Monstruo Negociador...
Néstor Tellechea
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CINE - recomendados
Este film es la remake de la película ganadora de 8 Oscars en el año1972, "La Aventura del Poseidón", segunda película después de Aeropuerto, que tiene como tema absoluto la catástrofe.
Un transatlántico de lujo, con miles de personas a bordo, es golpeado por una monstruosa ola, quedando boca abajo, a pocos minutos de comenzar el film. Un grupo de personas decide no quedarse esperando en forma pasiva el rescate, sino que se propone escapar del barco a cualquier precio.
Petersen toma prestada la idea del desastre, pero se aparta del guión original para crear uno nuevo, con personajes contemporáneos, pero sin perder el suspenso, la ansiedad y esa sensación de que el espectador también está atrapado dentro del Poseidón.
Firme candidata para los Oscars, por lo menos en cuanto a efectos especiales, es excelente por donde se la mire.
Los aficionados a este tipo de cine no saldrán defraudados, pero cuidado con los se involucran demasiado con la trama, ya que pueden padecerla más que disfrutarla. __________ Poseidón (Poseidon, Usa/2006). Dirección: Wolfgang Petersen. Elenco: Kurt Russell, Richard Dreyfuss. —Duración: 91 minutos.
Cintia Alviti
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DESDE LA BUTACA: Alta en el cielo
La comunidad cinematográfica ha despertado ante una señal de alerta. Una senadora por Chubut, Silvia Giusti, ha presentado un proyecto de ley por lo menos sorprendente: toda película, para aspirar a la condición de "nacional", debería incluir en su metraje la exhibición de la bandera argentina, durante 8 segundos. Esto sería una condición para acceder a un crédito del INCAA (Instituto de Cinematografía).
Este disparate nos mueve a la reflexión sobre qué se entiende por patria, nación o nacionalismo. La senadora se ve más preocupada por los símbolos que por los hechos. Amante de la simbología como lo soy, sé que todo símbolo puede ser equívoco cuando está vacío de contenido. Nunca se oyó la voz de esa senadora cuando hace muy pocos años un gobierno de su propio partido político vendió a empresas extranjeras nuestras comunicaciones, nuestros recursos naturales, nuestro gas, nuestras aguas, nuestro petróleo, nuestro suelo y nuestro subsuelo, todos argentinos. Tampoco la vemos proponer ninguna acción en defensa de una ley ya dictada, la de cuota de pantalla, que garantiza una exhibición mínima de películas argentinas, defendiéndolas así de la fuerte competencia que ejercen las mega producciones que llegan de Estados Unidos. Las exhibidoras no cumplen esta ley, castigando así a las películas nacionales. El custodio bajó de cartel antes de lo previsto y Arizona Sur y El color de los sentidos debieron levantar su estreno, para que El bodrio código Da Vinci pudiera estrenarse en 208 salas.
Paradójicamente, uno de los argumentos de la senadora sugiere que nuestro cine debe parecerse al yanqui, en cuyas películas vemos frecuentemente la bandera de las barras y estrellas. La senadora no tiene en cuenta que en las ciudades o pueblos de los Estados Unidos siempre está presente la bandera en edificios y jardines, por lo cual no es fácil que las cámaras la ignoren, mientras que en nuestras calles excepto en la época del campeonato mundial de fútbol, la más patria de todas las fiestas- la bandera brilla por su ausencia, incluso de los edificios públicos.
Ante el rechazo de los directores de cine, de los críticos a través de la FIPRESCI, y del escándalo en los medios, el INCAA demostró tener buenos reflejos: decidió cambiar su logo incluyendo los colores patrios, con lo cual la bandera ya aparecerá al principio y al final de toda película patrocinada por el Instituto. No obstante ello, el proyecto sigue en pie y está pendiente del debate en el Senado.
Es éste un proyecto peligroso, por decirlo suavemente. Propio de los totalitarismos más aberrantes. Imagino los malabarismos que deberían pergeñar los guionistas, tratando de ubicar la imagen de la bandera en sus películas durante ocho segundos. Se empieza por la bandera, un símbolo que toca la sensibilidad de todos, y ante el cual nadie podría oponerse, ¿por dónde se sigue? No nos extrañemos cuando para acceder a un crédito del Fondo de las Artes toda novela deba mencionar por lo menos tres próceres del Panteón Nacional, o para grabar un tango éste deba utilizar por lo menos siete palabras del Himno...
Josefina Sartora
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