a PORTADA

<Nº 84

Julio 2007 — Nº 85

N° 86>



7 de Julio de 2007
Cultura UNQ

LA CULPA ES DE MI SUEGRA
Sonia Otamendi

EL TAXISTA Y LAS MUJERES
Graciela Reyes

LOS LOCOS DE BUENOS AIRES
Gabriela Simpson

DE PARATEXTOS Y SUS ECOS
Fernando Anguita B.

NOTA AL PIE
Alicia Silva Rey

LA GOBERNADORA
Leda Schiavo

EL SONIDO COMO VIAJE DE LA BELLEZA
Néstor Tellechea

LA FICCIÓN CONTINUA
Miguel Angel Morelli

DESDE LA BUTACA :: Las mujeres dirigen
Josefina Sartora

OTROS
Roland Barthes

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7 de Julio de 2007

La Universidad Nacional de Quilmes, a través de la Dirección General de Cultura de la Secretaria de Extensión Universitaria convoca en forma gratuita y amplia a participar el día sábado 7 de julio de 2007 del IV encuentro “La Cultura la hacemos entre todos” en el Día Internacional del Arte Solidario. Este encuentro se realizará en el marco del Proyecto Red de Cultura Solidaria. Convocamos a Organizaciones Sociales, instituciones, artistas y a aquellos que trabajen por la cultura.
 -Eje: Pensar la Cultura como herramienta de inclusión y formación social.
 -Objetivo: revalorizar el accionar de trabajadores sociales que actúan en nuestro medio, acercando la cultura al pueblo a través de diferentes manifestaciones artísticas
 -Participación: gratuita y abierta de: CARTEL

  • Charlas – Intercambio de experiencias de organizaciones sociales.
  • Talleres dictados por diversos grupos de trabajos sociales (que están participando en la organización de marcha), a saber:

Programa básico de actividades:

10:00
Convocatoria y armado de exhibidores de cada organización social. Se inicia la inscripción a los talleres que se realizarán por la tarde
10:30
Acto de Apertura
11:00 a 13:00
Intercambio de experiencias colectivas entre Organizaciones Sociales. (En el Salón Auditorio)
13:00 a 14:00
Locro
14:30 a 16:00
Tomando como referencia un eje temático determinado, se realizarán talleres que abordarán transversalmente el eje definido, con el fin de exponer luego la experiencia realizada entre el conjunto de los talleres.

Los talleres hasta ahora definidos son:
  • Murga
  • Teatro
  • Narración Oral
  • Narración Oral con música
  • Plástica
  • Coro
  • Radio
16:30
Exposición en el Salón Auditorio de las actividades realizadas en cada taller.
18:00
Cierre de la jornada con la presentación de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto.
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Cultura UNQ

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LA CULPA ES DE MI SUEGRA

Yo soy la señora del Rúben. La verdad, no veo la hora que mi marido deje el taxi. Si sigue en ese trabajo se va venir loco de la cabeza. La culpa la tiene mi suegra que es una bruja y siempre lo manejó. Hasta después de casado conmigo, hasta ahora todavía se mete y le llena la cabeza. Nunca me tragó la vieja. Un día la oí hablando por teléfono con la vecina y le decía: yo lo crié para otra cosa y ahora miralo, enredado con esa chiruza. La chiruza era yo (como si ella fuera tan fina). Le hice la cruz. Y él que es tan cocorito conmigo, con los demás, a todo le dice sí mami y le hace caso. Cuando nos casamos nos fuimos a vivir a Burzaco y pusimos un kiosco. Nos iba bien. Le fuimos agregando cosas y terminamos con un almacén. Después vinieron los tiempos difíciles pero aguantamos. Pero la vieja no, que esa no era vida para él, que ella lo había criado para que estudiara de contador y para que trabajara en algo libre, como el padre, que tenía un taxi y no todo el día detrás de un mostrador. Vez que iba a comprar al centro pasaba por la casa de los viejos y volvía revirado y me enloquecía a mí. Mi suegro no, mi suegro era buen tipo.
También, para no aguantar a la vieja se iba a trabajar todo el día. Llegaba, comía y se iba a dormir para no oírla. Pero se murió y entonces él va más seguido a verla. Pobre mamá, todo el día diciendo pobre mamá. Qué pobre. Pobre el viejo que la aguantó todos esos años y cuando no pudo más se murió. Y la vieja que trabajara el taxi del viejo, que era mejor negocio. Pero no se lo regaló, se lo vendió y caro además, yo lo averigüé por el Cacho que es mecánico. Un clavo remachado ese coche - me dijo. Desde entonces está todo el día en Capital. A almorzar no viene, va de la vieja que aunque no lo crean, le cobra (él dice que le da unos mangos para los gastos de la comida). Acá viene a dormir y lo veo de día sólo cuando el auto se rompe y lo lleva de Cacho que se lo arregle. Viene tarde a la noche. Yo lo espero levantada con la comida. La verdad que vive amargado. De todo se queja y tengo que pasarme horas oyendo los cuentos de los pasajeros y escuchándolo sacar cuentas. Eso sí, para las matemáticas es una luz. Suma y resta con la cabeza, sin papel, y cifras grandes (y la verdad que habla propio como un dotor, todo el tiempo me está corrigiendo). Él así, en el aire, siempre va a hacer grandes negocios, pero a la hora de la verdad, si no fuera por el kiosco nos comerían los piojos. No es que sea una mina de oro, pero nos da para vivir. Y él llega y yo ya sé con qué pasajeros estuvo, porque me habla de juicios o me da clases de medicina o me explica cómo se hace un puente.
¿A mí qué me importa? Pero no se lo digo, lo escucho y le digo mirá vos con cara de interesada. Últimamente todo le cae mal. Parece que estuviera con eso de la persecución, como si los pasajeros le dijeran cosas para joderlo nada más. Yo para salvarme le pongo el rostro pero no escucho lo que me dice, nomás palabras sueltas. Hoy la tenía con una turista que le habló del clima y todo el tiempo me decía ¿Sabés si va a parar esta lluvia alguna vez? Y se reía como loco y repetía la pregunta. Se habrá calentado con ella y no le dio bola. Que se curta. En cualquier momento le pongo las cosas en la calle y que se vaya con la mamá.

Sonia Otamendi

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EL TAXISTA Y LAS MUJERES

Bueno, sí, yo tengo una relación fácil con las minas. Tipo fino, buena pinta, pelo, y les doy poca pelota, que es lo más importante, no les des mucha pelota porque entonces te morfan. Imaginate las que cargo por día en el coche, sin contar a mi señora que no te creas, hace espamento por todo ella también, pero es una santa, sí ya sé. Y mi vieja, bueno, mi vieja, qué querés que te diga. Ahora que la veo más, porque se quedó sola, entiendo por qué mi viejo decía "tu madre es imposible", así decía. Pero es mi vieja y yo soy su único hijo. El vínculo que nos une no es superfluo, entendés, quiero decir, es algo que no puede cortarse de ninguna manera, y a la final, mirá, la vieja es la única mina que de verdad te va a querer, porque las otras, nunca se sabe.

A las pasajeras yo las observo de lejos, viste. Por el modo de caminar de una mina, por la ropa y el gestito de la mano para llamarte, ya podés sacar muchas conclusiones. Hace poco, no sé, hará ya dos meses de esto, porque fue cuando llovió mucho, un día tras otro, te acordás, ahí bajo la lluvia, por Palermo, veo una minita de esas bien vestidas, impermeable rojo, paraguas rojo, llena de paquetes. Turista. De estas que se fueron y vuelven de tanto en tanto a gastar los dólares. Yo estaba de mal humor porque no me funcionaba bien el limpiaparabrisas, en este coche nunca funciona todo a la vez, no sé cómo hacía el viejo para trabajar con esta catramina. Bueno, sube la mina, me da la dirección, acomoda los paquetes, se sacude el pelito, suspira, y me pregunta si sé cuándo va a parar de llover. Le contesté que no había llamado al Servicio Meteorológico, así nomás, y me la quedé mirando por el espejo. Ella podía haberse reído, pero no, se enojó, che. Vieras la carita: apretó los labios, así, y puso los ojos fijos, así. No abrió la boca en todo el tiempo, y yo imaginate, provocándola, gozándola, y ella nada. Le hice un cálculo de cuánta leche da una vaca por año. ¡Vos imaginate! Estaba lívida de furia, pero no hablaba, me fulminaba con los ojos, debía pensar que yo era un chanta y un maleducado, no como en el primer mundo donde la gente es tan amable. "Ay, ya me había olvidado de lo brutos que son los porteños, qué choque, Pepita María". Me la imagino hablando de mí con sus amistades.

Cuando se lo cuento a la Tatiana me dice "che Rúben, ¿no será que no te dio calce y por eso estás tan furioso?". No sé si lo dijo o lo pensó, yo le leo los pensamientos a la Tati, como cuando dice "Ah, vas a ver a tu mamá", y piensa "otra vez el pelotudo va a ver a su mamita", cosas así, me lo tengo todo junado porque, tantos años de matrimonio, vos sabés. La flaca no es que esté contenta, ella quiere que el taxi genere más ingresos, por decirlo así. Pero es buena mina. No, la turista no me gustaba, no es eso, es que me ofendió con la preguntita, es difícil de explicar, será que estoy un poco delicado, sensible, entendés, estoy entrando en esta edad que vos decís y bueno, qué hago en la vida, yirar todo el día por la calle y hablar del tiempo... Esas cosas, che. Pero sí, como te digo, yo con las mujeres la tengo fácil, en general.

Graciela Reyes

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LOS LOCOS DE BUENOS AIRES

Hacía tiempo que no padecía esas historias, los cortes, las manifestaciones, el paro del subte y las lluvias que parecían infinitas. Pero citas obligadas me llevaron al corazón porteño y luego a Belgrano. La noche y la indefectible inmovilidad por los túneles subterráneos de la ciudad, me llevaron a la única solución posible, inevitable, lógica y natural: un taxi. Como por arte de magia la ciudad se tiñe de negro y amarillo cuando lo necesitás pero no de rojo. Ni uno libre. Refugiada de a ratos, empapándome en otros, rogaba a no sé qué santo porteño, rezando un tango, mi Buenos Aires querido, Corrientes 348... Así repasé casi toda la discografía de Gardel. Hasta que apareció y todos los ademanes marcaban la vacante próxima. Frenó de golpe: en el interior una mujer con la cara tensa extendió la mano hacia el conductor y casi sin que éste frenara del todo, bajó rauda, furibunda. Pasó delante de mí pisando con tanta fuerza que no sólo me empujó con un infinito número de bolsas que llevaba, sino que una enorme baldosa floja terminó de colorear mis zapatos y mi pantalón. Luego, se quedó tiesa, parada, empapándose con el paraguas en la mano entretejido con las bolsas. Le grité al taxista, pegada al auto y a su puerta, pero él con una atención desconcertante, seguía mirando no sé qué por el espejo, hasta que la velocidad que tomó me invitó a abandonarlo. ¡Están todos locos!... dije en voz alta, casi gritando. El fantasma de Astor apareció en mi boca con su "Balada para un loco", pero no me animé a cantarlo fuerte: ... Loca ella y loco yo... musité. Al unísono una viejita con un caniche blanco, refugiado en un paraguas rojo, me preguntó: - ¿Sabe cuándo va a parar esta lluvia? - . - No, esto no para más... - dije.

Gabriela Simpson

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DE PARATEXTOS Y SUS ECOS

Terminó Alicia Silva Rey su excelente columna del mes pasado diciendo:

La historia secreta de la escritura, la propia, nos transforma en paratextos vivientes: de lo que hemos escrito, estamos escribiendo, habremos de escribir.

Es una conclusión que debe ser meditada y que me devolvió a reflexiones paralelas lejanas, mediatas y próximas. Las lejanas (sobre la psicopatología de «Alice in Wonderland») las aparco por hoy, y las mediatas las despacharé con una breve cita para, enseguida, ocuparme de las próximas: los ecos de las voces de dos autores austriacos que leía mientras se "coló" entre ellos el agudo discurso de Alicia.

Unas vibraciones discretas desde el ataúd virtual de Vladimir Nabokov me advirtieron de que al autor de «Lolita» no le hacía feliz la conclusión antecedente. Juzgue el lector si no, a tenor de las palabras que entresaco de la "Introducción" que dejó escrita el afamado ruso para su traducción del «Eugene Oneguin» de Pushkin:

Borradores, falsos enfoques, caminos a medio explorar, callejones de inspiración sin salida, todos son de escasa importancia en sí. El artista [...] debe destruir sus manuscritos sin contemplaciones, no vaya a ser que éstos confundan a mediocridades académicas [sic] haciéndoles pensar que es posible desvelar los misterios del genio estudiando escritos desechados. En el Arte las intenciones y los planes no son nada; sólo los resultados cuentan.

Podría abundar hasta donde coincido o discrepo en la comparación Alicia vs. Vladimir; pero, libre de mi mediación, es al lector a quien corresponde disfrutar de ese juego. Además no queda espacio: los dos autores austriacos exigen su cuota.

Elfriede Jelinek la primera. Y no por sus "escandalosas" obras –de las que «Deseo» mereció el Nobel– sino por su revelador artículo «El perezoso camino del pensamiento»*, que me atrevo a calificar de auténtico "paratexto" explícito o, mejor aún, de "metaparatexto" si semejante palabra cupiera en el barroco universo de los lingüistas. Valgan como ejemplo estas afirmaciones entrecortadas:

El pensamiento es de otros [...] Me lo han dado otros y ahora intento generar beneficios en mi provecho [...] Yo no he fundado el pensamiento [...] lo utilizo como una linterna [...] como un generador, como un creador que se mete prisa a sí mismo para que la linterna brille ... ...

Parece claro que Elfriede iría a comulgar de la mano de Alicia.

Thomas Bernhard es el otro escritor austriaco. No lo cito en estas páginas por primera vez. Si ya lo hice por su insobornable honestidad intelectual, hoy lo hago por una "virtud" menor: su construcción sintáctica en reiteraciones obsesivas que, sin remedio, atrapa al lector... o lo expulsa definitivamente de su lado. La demoledora opinión que le merecen los críticos (literarios o de cualquier materia) está presente en cada página; su autobiografía, en cinco pequeños volúmenes, es ya un paratexto per se, parejo a la pasmosa afirmación que hizo después de haber sido reconocido como el mejor prosista en lengua alemana del pasado siglo:

El pensamiento alemán, como el habla alemana, se paraliza muy rápidamente bajo el peso humanamente indigno de ese idioma, que reprime todo lo pensado antes de que se exprese siquiera; bajo el idioma alemán, el pensamiento alemán sólo ha podido desarrollarse difícilmente y nunca por completo...

Sic transit!
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* la filóloga Brigitte Jirku lo prologó en el nº 310 de la Revista de Occidente, donde dijo: Leer los textos de Jelinek es subirse a un tren cuyo destino se desconoce; es ser capaz de dejarse llevar; es seguir el camino y preguntarse: ¿quién habla?

Fernando Anguita B.

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NOTA AL PIE

El colectivo pasa por la puerta principal del cementerio de Ezpeleta temprano en la mañana de lluvia. La ventanilla, lavada por el clima de junio (nunca por la mano de algún empleado de la línea de micros que hubiera sido contratado para ocuparse de la higiene pública en ese vehículo privado), captura dos siluetas bajo la arcada del pórtico (Dante que se restringe ante Virgilio, ambos cubiertos por gorras con visera y oscilando en pantalones de tela de jean). Qué salto cognitivo sería preciso dar cuando se piensa un objeto cualquiera -pórtico, muerte, lluvia - pero separado, pero (casi) eliminado del contexto "real" en el cual ha sido visto o percibido. Qué de notas al pie la memoria conforma (alrededor por encima debajo) de un grumo de verdad oscura, mágica o racional, demasiado sintética en la lluvia que los ojos vislumbran desde la ventanita hacia el portal donde las siluetas de dos varones dialogan. Cuántas generaciones hicieron-harán falta (de personas en condiciones de pensar no importa si desde una ciencia, desde una técnica o desde una magia) para alcanzar la distancia necesaria que permite a los humanos "construir los medios de una experiencia común y transmisible" (*), es decir, un "espacio para el pensamiento" que el arte está llamado a escrutar, a favorecer, a consignar... Lo visto en la mañana invernal como una nota, menor, al pie de esto otro: "-La obra de arte como símbolo social -La naturaleza dialógica de toda creaciónn de la cultura -El combate de la ciencia y de la razón hhumana contra el miedo de la existencia"(**) El colectivo pasa por la puerta principal del cementerio de Ezpeleta temprano en la mañana de lluvia. La ventanilla, lavada por el clima de junio (nunca por la mano de algún empleado de la línea de micros que hubiera sido contratado para ocuparse de la higiene pública en ese vehículo privado), captura dos siluetas bajo la arcada del pórtico (Dante que se restringe ante Virgilio, ambos cubiertos por gorras con visera y oscilando en pantalones de tela de jean). Qué salto cognitivo sería preciso dar cuando se piensa un objeto cualquiera -pórtico, muerte, lluvia - pero separado, pero (casi) eliminado del contexto "real" en el cual ha sido visto o percibido. Qué de notas al pie la memoria conforma (alrededor por encima debajo) de un grumo de verdad oscura, mágica o racional, demasiado sintética en la lluvia que los ojos vislumbran desde la ventanita hacia el portal donde las siluetas de dos varones dialogan. Cuántas generaciones hicieron-harán falta (de personas en condiciones de pensar no importa si desde una ciencia, desde una técnica o desde una magia) para alcanzar la distancia necesaria que permite a los humanos "construir los medios de una experiencia común y transmisible" (*), es decir, un "espacio para el pensamiento" que el arte está llamado a escrutar, a favorecer, a consignar...

    Lo visto en la mañana invernal como una nota, menor, al pie de esto otro: (**)

  • «La obra de arte como símbolo social
  •   La naturaleza dialógica de toda creación de la cultura
  •   El combate de la ciencia y de la razón humana contra el miedo de la existencia»

Alicia Silva Rey

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(*) J. E. Burucúa, Los íconos revelados: algunos conceptos acuñados por Warburg...
Buenos Aires, Cultura y Nación, Clarín, 20/09/03.
(**) J. E. Burucúa y otros, Historia de las imágenes e historia de las ideas. La Escuela de Aby Warburg.
Buenos Aires, C.E.A.L., 1992.

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LA GOBERNADORA

Hace unos días, el diario traía la foto de una muchacha con pullover rayado, mirada dulce y sencilla, ojos buenos y algo miopes, de pie sobre la nieve de Tierra del Fuego. Era la candidata de un partido nuevo, un partido que surgió como gran promesa y conquistó a muchos para luego irse desgajando, y quién podía creer que esa chica del pullover a rayas iba a ganar las elecciones, quién podía pensar que los fueguinos iban a decantarse por ella. Acá, en la muy orgullosa Ciudad Autónoma de Buenos Aires es difícil enterarse de lo que piensan allá, tan lejos, tan en el frío, tan al sur del sur. Hay que pensar que allá abajo son más lúcidos que nosotros, y hay que creer en los milagros. Milagro será también que pueda hacer lo que sin duda desea hacer. Surgirán problemas a cada paso, desde todos los ángulos de la oposición y desde los políticos profesionales que no querrán perder sus privilegios ni que se descubra que se puede gobernar siendo decente. El milagro se llama Fabiana Ríos, y está casada con el concejal Gustavo Longhi, del que se dice que tiene embargado el veinte por ciento del sueldo por haber denunciado la privatización de los ríos de Tierra del Fuego (qué coincidencia, el marido de Ríos defendiendo los ríos.)

La primera mujer que llega a gobernadora tras ser preferida en las elecciones, es a la vez, la hasta ahora más joven y fue elegida por la sigla de un partido que de tan joven sufre los vaivenes de su progenitora... que a veces castiga a sus hijos y a veces los abandona.
La ilustre Ciudad Autónoma no tuvo la suerte de poder elegir entre caras nuevas ni entre caras inocentes, sólo una silla de ruedas parece aportar alguna novedad, una silla en la que se sienta otra mujer joven que concita simpatías y perplejidades, la Gabriela que pondrá bueno a Buenos Aires, según rezan los carteles.
El kirchnerismo pateó desviado y se hizo goles en contra. A lo mejor esto les sirve para meditar, corregir el rumbo, dejar el doble discurso y la soberbia y ganarse de veras a la población y no sólo a los clientes. La gente es veleidosa, pero suele saber lo que no quiere, aunque a veces se equivoque y entre en el juego del péndulo. Es difícil que la gente pueda discernir cuando la izquierda le hace el juego a la derecha y la derecha usa palabras de izquierda. Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Leda Schiavo

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EL SONIDO COMO VIAJE DE LA BELLEZA

"...E cadi come corpo morto cade."
Dante Alighieri

¡Qué hermoso es el fútbol por Dios!

Román levantó la cabeza adentro del área grande, corrió su cuerpo, lo inclinó mejor dicho, en forma ligeramente sesgada hacia su costado izquierdo, y sacó un tiro seco, silbante que se clavó en el arco, después de haber superado el salto que el arquero había dado en el mismo lugar donde estaba ubicado con la infructuosa intención de detener o sacar la sorpresa de la decisión... Acto seguido, la pelota acarició la red, y entre las dos conjugaron una situación de movimiento bastante similar al de un desvanecimiento o la implosión de un edificio...
Ahí, en ese instante, un futbolero bien nacido, se olvida de toda rivalidad o parcialidad en sus deseos del éxito o fracaso del equipo al que pertenece el jugador que ejercitó esta acción, y se conmueve agradecido...
Todo lo descrito, provoca el nacimiento efímero de una especie de lava de emoción que se va derramando a lo largo de toda la garganta. Reflejo rápido del cuerpo sensible a lo que le suscita el indefinible e implacable buen gusto instantáneo del talento...
Punto medio de la superficie empinada del empeine que impacta en el punto medio del hemisferio sur de la esfera que empieza a elevarse hacia delante, hasta una altura determinada, después de la cual, empieza a descender en forma muy similar a un pájaro que viniera volando con mucha velocidad y, en medio de su viaje, lo sorprendiera la muerte...
Imposible que caiga verticalmente como lo haría un fruto maduro. No, disminuye en altitud mientras toma aún más velocidad de la que traía hasta caer elípticamente sobre su insospechable destino final...
¡Qué hermoso es el niño que deja soltar en sí mismo, desde sí mismo Riquelme, después de sus proezas de simple provocador de pequeños pero universales milagros para los ojos de los que vivimos a este juego como a uno de lo más maravillosos que haya creado la historia humana...

¡Nada que hacer...! Al menos, dentro de la realidad en la que a la esencia del fútbol le toca sobrevivir hoy día, el campito, todavía no perdona...

Néstor Tellechea

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LA FICCIÓN CONTINUA

Ayúdeme el lector a imaginar la escena que sigue: antes de irse a dormir el hombre verifica, como todas las noches, que la puerta de calle esté bien cerrada, las luces apagadas y la llave del gas como Dios manda. Después, entre bostezos, se asegura que los chicos se hayan acostado, y finalmente se zambulle también él entre las sábanas. "¡Por fin!" -suspira aliviado. Sin embargo, antes de dejarse atrapar definitivamente por el sueño se demora observando a través de una ventana. Ve cómo en la habitación contigua, media docena de jóvenes charlan, discuten, lloran y hasta simulan hacer el amor... Algo parece haber dislocado la escena: ¿se trata de la invasión de un grupo de vecinos usurpadores?, ¿acaso al hombre le ha crecido la familia súbitamente? Sin embargo no parece preocupado, y es que tiene una muy buena razón: la "ventana" por la que mira no es tal, es un televisor, y los "intrusos" no son ni sus vecinos ni sus familiares, sino los habitantes de cierta casa muy popular por estas horas. Y aquí nos preguntamos nosotros, ¿es que el televisor no es ya una ventana en sí mismo?, ¿es que lo que nos muestra la pantalla no es algo que está sucediendo aquí y ahora, en nuestra propia casa?, ¿es que el control remoto no es ya una prolongación de nuestra mano?
Para decirlo de una buena vez: sí, la televisión funciona en cada uno de nuestros hogares como esa ventana desde la cual puede verse (¿vigilarse?) a cualquiera del resto de los habitantes. Una habitación más a la que echamos una mirada toda vez que pasamos cerca... En otras palabras: la televisión logró por fin su cometido, que fue el de sustituir definitivamente algunos conceptos otrora esenciales de cualquier familia que se preciara.

Cada medio de comunicación lleva consigo una marca que le es propia y lo distingue desde su origen mismo. El periódico, por ejemplo, usufructúa el prestigio que en nuestra cultura tiene todavía la palabra escrita. "Es verdad porque lo dice La Nación" -aseguraban nuestros padres, y cuando les planteábamos algunas dudas al respecto ellos esgrimían, a modo de prueba contundente, ¡las propias páginas del diario! La radio, en cambio, siempre ha debido hacer equilibrio entre su magia (la imaginación de sus oyentes) y su levedad (ese discurso cuyo registro, en última instancia, queda invariablemente suspendido en el aire). "A las palabras se las lleva el viento" -asegura la voz popular, y buena razón que tiene. En cuanto a la televisión, mal que nos pese, nació para entretenernos y nada más. En tal sentido, es injusta -y denota una cierta candidez intelectual- esa imputación que suelen hacerle sus detractores: que no informa ni educa. ¡Es que esa no es su marca de nacimiento, la televisión no sabría como hacerlo! Ella sólo tiende a "ficcionalizar" sus contenidos, a convertir en ficción cuanto toca, ya sea el espectáculo de dos torres cayéndose o un grupo de vedettes contoneándose contra un caño, los llamados informes de actualidad, una violación en un country, el casamiento de una estrellita, las tomas de rehenes, los desatinos de un montón de gente condenada a soportarse entre cuatro paredes.... Insisto, para la tevé todo es ficción, y ni qué hablar desde la invención del control remoto (la herramienta más importante de la casa), diabólico engendro que nos induce a permanecer atentos a un canal durante no más de treinta segundos...

Alguna vez nos hemos arriesgado a decir que la televisión funciona como el idiotizante de los pueblos. Error (error y soberbia de nuestra parte, admitámoslo). La televisión, en realidad, es el espejo en el cual podemos vernos en todo momento, pero siempre en clave de fábula: imaginar que la vida es un teleteatro es la única manera de poder soportarla.

Miguel Angel Morelli

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DESDE LA BUTACA

LAS MUJERES DIRIGEN

Este año las mujeres ocupan un lugar destacado en el panorama del nuevo cine argentino. Films recién estrenados o por venir demuestran que el género femenino también posee variedad de propuestas. Vimos tres films que abordan temáticas y tratamientos muy diversos.

La novia errante, segundo largo de Ana Katz, la muestra más afirmada en su oficio de directora, que había iniciado con El juego de la silla presentando un personalísimo y desconcertante sentido del humor. El tema de la errancia, el vagabundeo, propuesto por el cine por la nouvelle vague en los años ´60, ha sido retomado por los directores de la última generación argentina. Son varias las películas que plantean la situación de un mientras tanto, los tiempos muertos de la errancia en los que aparentemente poco sucede, y que tanto irritan a cierto público y críticos más afectos a la imagen-acción. En este film, lo que se había programado como un fin de semana en la playa para festejar el aniversario de una pareja, se transforma sin aviso en unos días en soledad, cuando el novio decide escapar de una relación que termina. Gran actuación de Katz para expresar el desconcierto, la frustración, la desesperación de la mujer por recuperar el amor perdido, en vanas conversaciones en el teléfono. Una comedia inquietante, saludablemente desprolija, con el plus de la siempre encomiable actuación de Carlos Portaluppi.

También en la playa está ambientada XXY, debut de Lucía Puenzo. Algo se ha hablado sobre la recurrencia en las nuevas películas de la situación de desarraigo, la partida de los personajes hacia tierras lejanas como la Patagonia o playas fuera de temporada en su búsqueda de identidades más auténticas, o nuevas formas de vida. En este caso, una familia oculta en un pueblo pesquero un fenómeno: el hemafroditismo del hijo/a, quien por no haber sido operado en su niñez, llegada su adolescencia atraviesa una crisis y confusión sexual. A pesar de su título, no es esa particularidad genital el tema principal de este drama perturbador, sino que a través de aquella afloran otras cuestiones más preocupantes: la ambigüedad sexual, el cuestionamiento de la definición, y sobre todo, la apología del patriarcado. Es muy significativo que una película que se revela muy cuidadosa de la corrección política, con unos diálogos imposibles de tan pulidos -para ser inofensivos-, presente la mayor empatía con el padre, quien en un permanente doble mensaje pretende que su hijo/a tome su propia decisión, cuando él ya ha decidido todo previamente: su exclusión social, su ocultamiento, incluso su sexo (habla de mi hijo, mientras la madre desearía una hija). Y este asunto resulta por lo menos llamativo en un film dirigido por una mujer.

En Los próximos pasados Lorena Muñoz nuevamente filma la ausencia, sale a la búsqueda del arte perdido, de lo que ya no está. Si en Yo no sé qué me han hecho tus ojos el cuerpo ausente era el de la cantante Ada Falcón, aquí se trata del mural de Siqueiros arrancado de su origen, mutilado y encerrado, pero también sale al encuentro de un pasado que no ha dejado casi huellas, de un país que no cuida su memoria ni su patrimonio. Otro documental melancólico, armado por pedazos a la manera de un rompecabezas muy bello, como ese mural tan rajado, filmado con una fotografía y una música extraordinarios.

Josefina Sartora

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TEXTOS de OTROS



Roland Barthes

 

En el nivel único de las virtudes -es decir de las apariencias- no es posible ninguna estructura, puesto que precisamente la estructura proviene de una relación de verdad entre lo manifiesto y lo oculto. Debe concluirse que las virtudes, tomadas separadamente, no pueden constituir el objeto de ninguna descripción; no se puede coordinar el heroísmo, la bondad, la honestidad y el reconocimiento, por ejemplo, para hacer un haz de méritos aunque el propósito fuese desmitificar inmediatamente el bien en general; cada virtud no existe sino a partir del momento en que se alcanza lo que oculta; el hombre de La Rochefoucauld sólo puede describirse en zigzags, según una sinusoide que incesantemente va del bien aparente a la realidad oculta.
Indudablemente hay virtudes más importantes, es decir para La Rochefoucauld más obsesivas, pero son aquellas donde la ilusión, que no es más que la distancia entre la superficie y el fondo, es más grande: por ejemplo, el reconocimiento, donde podría verse una obsesión neurótica del pensamiento jansenista continuamente oprimido por la intimidación de la fidelidad (esto se ve bien en Racine donde la fidelidad amorosa es siempre un valor fúnebre), y de una manera general todas las actitudes de buena conciencia generalizadas bajo el nombre de mérito: proposición moderna, pues el mérito para La Rochefoucauld no es otra cosa que la mala fe.
De esta manera no es posible ningún sistema de virtudes si no se desciende a las realidades, es decir a la otra cara. El resultado paradójico de esta dialéctica es éste: finalmente el desorden real del hombre (desorden de las pasiones, de los acontecimientos, de los humores) es el que da a este hombre su unidad.

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«El grado cero de la escritura» Siglo XXI editores -1972- ISBN 968-23-0110-6

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Todo delSUR

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