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<Nº 04

Julio de 1999 - Nº 05

N° 06>


AUTOS VERSUS MAESTROS
Carlos Costantini

PONER EL CABALLO DELANTE DEL CARRO
Miguel Ángel Morelli

CIGLIANO Y LA ARQUEOLOGÍA DEL NOROESTE ARGENTINO
Eleonor C. Drake

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AUTOS VERSUS MAESTROS

Me encuentro con mi prolífico vecino muy preocupado porque tiene cinco hijos en edad escolar, y teme por el impuesto docente.

  –Pero eso lo deben pagar los dueños de los autos, y que yo sepa vos no tenés ninguno –le digo yo.
  –Lo que pasa es que si ahora les hacen pagar a los autos, después los autos se van a vengar de nosotros, que solos los que tenemos hijos, que son los que usan a los maestros.

Esto, que es una broma de Rudy, puede ser real. Tal vez el impuesto próximo no alcance a la concepción de escolares, pero será, probablemente por subir ascensores, pasear al perro o utilizar baños públicos, quién sabe. Téngase en cuenta que hay conciudadanos que se quedaron sin trabajo, compraron un auto usado con la indemnización y se pusieron a remiseros o taxistas, a falta de otras opciones, para sacar con suerte setenta u ochenta pesos por día, después de doce o catorce horas de manejo, sin amortización del auto, sin feriados pagos ni vacaciones ni aguinaldo ni beneficio social alguno, lo que en resumidas cuentas, significa ganar menos que cualquier vecino empleado por seiscientos pesos, y ésos tienen que sumar a sus espaldas a los amigos maestros, lo que provoca una confrontación de pobres contra pobres por un pedazo cada vez más chico de la gran torta nacional.

Pero nada de esto parece importar demasiado a los jerarcas políticos, que disponen de jubilaciones privilegiadas, asesorías suculentas y gastos tales como cinco mil pesos diarios para comidas en residencia presidencial, dos millones anuales para el jefe del Senado y gran candidato de la Provincia, reservados, de los que no se tiene que dar cuenta a nadie, sin contar las millonarias remesas por viáticos y gastos de representación (que nadie sabe muy bien para qué son ni a quién representan).

Todo lo cual es una insignificante migaja si se lo compara con los gastos ocultos, insólitamente autorizados por presupuesto, de la Presidencia de la Nación, SIDE y Ministro del Interior, que sumados superan los cuatrocientos o quinientos millones de pesos, y por consiguiente hubiera bastado con suprimirlos de raíz para compensar con creces el impuesto al auto.

Carlos Costantini

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PONER EL CABALLO DELANTE DEL CARRO

Cuando este artículo llegue a manos del lector, el problema ya se habrá paleado. O por lo menos eso es lo que le gustaría pensar a uno aunque tratándose de este bendito país, nunca se sabe... De cualquier manera, palear no es solucionar, desde luego.

Proso estas líneas durante una mañana de los últimos días de junio. Una mañana raramente tibia y soleada. Desde la ventana de mi escritorio veo la calle, el paso vertiginoso de los automóviles, la cara taciturna de algunos de mis vecinos. De pronto, una maraña de cánticos y palmas viene avanzando en contramano. El tránsito se interrumpe, los transeúntes giran buscando el origen de semejante bulla: son los alumnos de la ex –Escuela Normal, hoy (provincialización mediante), Escuela de Enseñanza Media N° 14, el viejo y bien querido Normal.

¿Se tratará de una revolución? ¿Los chicos habrán abandonado las aulas disconformes con un régimen disciplinario feroz? ¿Están protestando porque es demasiado lo que se les exige? Nada de eso. Los alumnos han decidido que quieren estudiar, pero no pueden. Y no pueden porque el Normal, ejemplo ayer de una educación gratuita y democrática, se ha ido convirtiendo en un lugar desolado, inhóspito, a veces hasta peligroso.

El edificio es nuevo, claro. Pero los servicios sanitarios, que fueron mal hechos de movida nomás, no funcionan. Ni los de ellos ni los de los profesores ni los de nadie... Y las reformas prometidas nunca llegaron... Y alguna vez alguien creyó vengarse del mundo prendiéndole fuego a parte de las instalaciones: un año después todo sigue igual... Y de noche, sin sistema de seguridad, las instalaciones son tierra de nadie... Y las promesas siguen, pero...

Uno no quiere cargar las tintas sobre un sistema que ha hecho de la educación poco menos que una entelequia. Uno no quiere volver a hablar del Estado ausente. Tampoco de la falta de cuadros dirigentes, la desidia de ciertos padres, la perversidad de algunos adolescentes, la indiferencia de una sociedad demasiado preocupada en otros menesteres. Pero ha llegado el momento, creo yo, de poner el caballo delante del carro. A los argentinos se nos está planteando una cuestión de fondo: o el futuro o nada. ¿Hay alguien que quiera hipotecar a sus propios hijos?

Miguel Ángel Morelli

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El rescate de la memoria

Nos enseñaron que la patria se hacía con batallas. Después supimos que la patria se hacía también con el trabajo y la inteligencia. Que se hacía todos los días con el aporte silencioso de tantos que trabajaron infatigablemente en lo suyo, en todas las disciplinas, desde cualquier rincón de nuestro país. También desde nuestra ciudad, desde Quilmes, donde nació y vivió Eduardo Mario Cigliano, de cuya obra me dijeron...

CIGLIANO Y LA ARQUEOLOGÍA DEL NOROESTE ARGENTINO

Contribuyó de manera destacada al conocimiento de la arqueología argentina. Sus aportes más conocidos fueron el fruto de su trabajo en la región del Noroeste, especialmente en Tastil. Se trata de un sitio arqueológico ubicado a 3.000 m. de altura en la Quebrada del Toro, aproximadamente a 100 km. de la ciudad de Salta. Los salteños, orgullosos de su patrimonio, suelen llamarla “la Macchu Pichu argentina”. Fue un centro urbano cuyos restos se extienden sobre alrededor de 12 hectáreas y en su momento albergó a más de 2.500 habitantes. Tastil floreció entre 1350 y 1420, durante el llamado período Tardío o de los Desarrollos Regionales, tratándose de una verdadera ciudad preincaica con sus viviendas, recintos de uso colectivo (molienda y corrales), tumbas, calles principales y secundarias, plazas y basurales. Cigliano dirigió los trabajos de investigación y reconstrucción del sitio, proyecto notables por haberse tratado del primer esfuerzo interdisciplinario en la materia. La contribución de arqueólogos, antropólogos físicos, etnobotánicos, zoólogos, dio como resultado la acabada descripción de la forma de vida de este pueblo, aún en sus detalles cotidianos. Los resultados de esta investigación fueron publicados por Cigliano en 1973 en su libro “Tastil: una ciudad preincaica argentina”.

En los años siguientes, siguió dedicándose a la arqueología del Noroeste, haciendo interesantes aportes en torno a la vinculación entre los aspectos culturales y ecológicos de la época prehispánica.

Eleonor C. Drake

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