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AUTOS
VERSUS MAESTROS
Carlos
Costantini
PONER EL CABALLO DELANTE DEL CARRO
Miguel Ángel Morelli
CIGLIANO Y LA ARQUEOLOGÍA DEL NOROESTE ARGENTINO
Eleonor C. Drake
fab4
AUTOS
VERSUS MAESTROS
Me
encuentro con mi prolífico vecino muy preocupado porque tiene cinco hijos en
edad escolar, y teme por el impuesto docente.
–Pero eso lo deben pagar los dueños de los autos, y que yo sepa vos no tenés ninguno –le digo yo. –Lo que pasa
es que si ahora les hacen pagar a los autos, después los autos se van a vengar
de nosotros, que solos los que tenemos hijos, que son los que usan a los
maestros.
Esto,
que es una broma de Rudy, puede ser real. Tal vez el impuesto próximo no
alcance a la concepción de escolares, pero será, probablemente por subir
ascensores, pasear al perro o utilizar baños públicos, quién sabe. Téngase
en cuenta que hay conciudadanos que se quedaron sin trabajo, compraron un auto
usado con la indemnización y se pusieron a remiseros o taxistas, a falta de
otras opciones, para sacar con suerte setenta u ochenta pesos por día, después
de doce o catorce horas de manejo, sin amortización del auto, sin feriados
pagos ni vacaciones ni aguinaldo ni beneficio social alguno, lo que en resumidas
cuentas, significa ganar menos que cualquier vecino empleado por seiscientos
pesos, y ésos tienen que sumar a sus espaldas a los amigos maestros, lo que
provoca una confrontación de pobres contra pobres por un pedazo cada vez más
chico de la gran torta nacional.
Pero
nada de esto parece importar demasiado a los jerarcas políticos, que disponen
de jubilaciones privilegiadas, asesorías suculentas y gastos tales como cinco
mil pesos diarios para comidas en residencia presidencial, dos millones anuales
para el jefe del Senado y gran candidato de la Provincia, reservados, de los que
no se tiene que dar cuenta a nadie, sin contar las millonarias remesas por viáticos
y gastos de representación (que nadie sabe muy bien para qué son ni a quién
representan).
Todo
lo cual es una insignificante migaja si se lo compara con los gastos ocultos,
insólitamente autorizados por presupuesto, de la Presidencia de la Nación,
SIDE y Ministro del Interior, que sumados superan los cuatrocientos o quinientos
millones de pesos, y por consiguiente hubiera bastado con suprimirlos de raíz
para compensar con creces el impuesto al auto.
Carlos
Costantini
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PONER EL CABALLO DELANTE DEL CARRO
Cuando
este artículo llegue a manos del lector, el problema ya se habrá paleado. O
por lo menos eso es lo que le gustaría pensar a uno aunque tratándose de este
bendito país, nunca se sabe... De cualquier manera, palear no es solucionar,
desde luego.
Proso
estas líneas durante una mañana de los últimos días de junio. Una mañana
raramente tibia y soleada. Desde la ventana de mi escritorio veo la calle, el
paso vertiginoso de los automóviles, la cara taciturna de algunos de mis
vecinos. De pronto, una maraña de cánticos y palmas viene avanzando en
contramano. El tránsito se interrumpe, los transeúntes giran buscando el
origen de semejante bulla: son los alumnos de la ex –Escuela Normal, hoy
(provincialización mediante), Escuela de Enseñanza Media N° 14, el viejo y
bien querido Normal.
¿Se
tratará de una revolución? ¿Los chicos habrán abandonado las aulas
disconformes con un régimen disciplinario feroz? ¿Están protestando porque es
demasiado lo que se les exige? Nada de eso. Los alumnos han decidido que quieren
estudiar, pero no pueden. Y no pueden porque el Normal, ejemplo ayer de una
educación gratuita y democrática, se ha ido convirtiendo en un lugar desolado,
inhóspito, a veces hasta peligroso.
El
edificio es nuevo, claro. Pero los servicios sanitarios, que fueron mal hechos
de movida nomás, no funcionan. Ni los de ellos ni los de los profesores ni los
de nadie... Y las reformas prometidas nunca llegaron... Y alguna vez alguien
creyó vengarse del mundo prendiéndole fuego a parte de las instalaciones: un año después todo sigue igual... Y de noche, sin sistema de
seguridad, las instalaciones son tierra de nadie... Y las promesas siguen,
pero...
Uno
no quiere cargar las tintas sobre un sistema que ha hecho de la educación poco
menos que una entelequia. Uno no quiere volver a hablar del Estado ausente.
Tampoco de la falta de cuadros dirigentes, la desidia de ciertos padres, la
perversidad de algunos adolescentes, la indiferencia de una sociedad demasiado
preocupada en otros menesteres. Pero ha llegado el momento, creo yo, de poner el
caballo delante del carro. A los argentinos se nos está planteando una cuestión
de fondo: o el futuro o nada. ¿Hay alguien que quiera hipotecar a sus propios
hijos?
Miguel Ángel Morelli
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El rescate de la memoria Nos
enseñaron que la patria se hacía con batallas. Después supimos que la patria
se hacía también con el trabajo y la inteligencia. Que se hacía todos los días
con el aporte silencioso de tantos que trabajaron infatigablemente en lo suyo,
en todas las disciplinas, desde cualquier rincón de nuestro país. También
desde nuestra ciudad, desde Quilmes, donde nació y vivió Eduardo Mario
Cigliano, de cuya obra me dijeron...
CIGLIANO Y LA ARQUEOLOGÍA DEL NOROESTE ARGENTINO
Contribuyó
de manera destacada al conocimiento de la arqueología argentina. Sus aportes más
conocidos fueron el fruto de su trabajo en la región del Noroeste,
especialmente en Tastil. Se trata de un sitio arqueológico ubicado a 3.000 m.
de altura en la Quebrada del Toro, aproximadamente a 100 km. de la ciudad de
Salta. Los salteños, orgullosos de su patrimonio, suelen llamarla “la Macchu
Pichu argentina”. Fue un centro urbano cuyos restos se extienden sobre
alrededor de 12 hectáreas y en su momento albergó a más de 2.500 habitantes.
Tastil floreció entre 1350 y 1420, durante el llamado período Tardío o de los
Desarrollos Regionales, tratándose de una verdadera ciudad preincaica con sus
viviendas, recintos de uso colectivo (molienda y corrales), tumbas, calles
principales y secundarias, plazas y basurales. Cigliano dirigió los trabajos de
investigación y reconstrucción del sitio, proyecto notables por haberse
tratado del primer esfuerzo interdisciplinario en la materia. La contribución
de arqueólogos, antropólogos físicos, etnobotánicos, zoólogos, dio como
resultado la acabada descripción de la forma de vida de este pueblo, aún en
sus detalles cotidianos. Los resultados de esta investigación fueron publicados
por Cigliano en 1973 en su libro “Tastil: una ciudad preincaica argentina”.
En
los años siguientes, siguió dedicándose a la arqueología del Noroeste,
haciendo interesantes aportes en torno a la vinculación entre los aspectos
culturales y ecológicos de la época prehispánica.
Eleonor C. Drake
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