HABLEMOS DE LOS SUEÑOS
Roberto Enrique Rocca
DECIR, QUERER DECIR Y DECIR SIN QUERER
Graciela Reyes
DE MALDADES Y MUJERES
Fernando Anguita B.
LOS OJOS DE LA PATRIA
Miguel Ángel Morelli
SOBRE DRAMAS Y FRIVOLIDADES
Leda Schiavo
FESTIVAL DE TÍTERES EN SEGOVIA (ESPAÑA)
Salvador Enríquez
DOS POEMAS
León Leiva Gallardo
OTROS
Manuel Belgrano
fab9
LOS OJOS DE LA PATRIA
Apenas un segundo antes de la agonía (el acero realista rayaba la mañana, los
cascos eran taladros en la quietud de la llanura) un oscuro soldado de línea, un
criollo sin otro mérito que su amor por la tierra y el heredado coraje, sable en
mano y dando vivas a la Patria, descubrió en el cielo e interpretó para nosotros
el signo de los tiempos que en el tiempo aguardaba.
Descifró, así, que con su arrojo sellaba el destino del combate, la suerte
ejemplar de otros hombres y batallas, el sino de una América que con furia
despertaba. Comprendió la fama que ahora el bronce perpetúa, la victoria
ulterior, los días que vinieron y que fueron de gloria y esperanza.
Pero acaso Juan Bautista Cabral, en ese instante terrible, haya descubierto
también la náusea y el exilio, los vanos desencuentros que sumaron miserias, la
traición, el espanto, la sangre inocente absurdamente derramada. Tal vez haya
entrevisto una Nación que, teniéndolo todo, hoy no tiene nada. El abatimiento de
nuestros mayores y su oprobio, la desesperanza de nuestros hijos, la resignada
fatiga de las multitudes. Acaso entrevió esta náusea que nos perfora el alma, el
desamparo, la avaricia. Habrá visto la mezquindad y el desasosiego, el hastío
que preanuncia ocasos, la inescrupulosa mala fe de los que ya no mandan.
¿Qué otras cosas, me pregunto, habrá visto? ¿Fuego sobre fuego? ¿Dolor sobre más
dolor? ¿Sangre sobre sangre? ¿Qué nuevas extrañas ceremonias, qué páginas
secretas para nuestra resurrección o desdicha y de cuyas horas aún nada sabemos,
habrán descubierto aquellos ojos mientras la muerte llegaba?
Miguel Ángel Morelli
p
DECIR, QUERER DECIR Y DECIR SIN QUERER
El lenguaje es la más fascinante de nuestras aventuras cotidianas: la más
creativa, la más arriesgada, a veces la más gratificante. Somos expertos
conversadores. Los animales pueden comunicarse, pero no pueden conversar,
solamente los humanos conversamos, algunos mejor que otros o más que otros, pero
todos, hasta los taciturnos y los hostiles, dominamos la lógica de la
conversación.
Esa lógica descansa en un hecho fundamental: prestamos atención simultánea a lo
que nos dicen y a lo que no nos dicen, sabiendo que nuestro interlocutor quiere
comunicarnos tanto cosas que dice explícitamente como otras que calla. Si
alguien entra en mi oficina y me dice “hace frío aquí, ¿no?” lo más probable es
que yo interprete que esa persona quiere comunicarme implícitamente que le
molesta el frío, y yo haga algo por complacerla (cerrar la ventana, etc.). Lo no
dicho se transmite por implicación, es un auténtico significado comunicado
intencionalmente, aunque puede cancelarse sin contradicción, a diferencia del
explícito (por ejemplo añadiendo, en el caso anterior, algo como “me encanta el
frío”). La lógica propia de la conversación nos lleva a tener una serie de
expectativas sobre el comportamiento de nuestros interlocutores (por ejemplo,
que nos darán toda la información necesaria, que se comportarán racionalmente,
etc.). Las expectativas sobre el comportamiento de los demás, que conocemos
porque somos seres sociales, y todos los datos relevantes del contexto —el papel
del contexto es clave—, permiten interpretar acertadamente lo dicho y lo
implicado, y entender así lo que el hablante quiso decir, que es el conjunto de
ambos significados.
Continuamente, al hablar y al escuchar, o al escribir y leer, manipulamos lo
explícito y lo implícito: esa manipulación es la estrategia más importante en el
uso del lenguaje. Los hablantes tenemos, casi siempre, cierto grado de
conciencia de lo que decimos y de lo que implicamos, a veces plena conciencia.
Pero hay cosas que transmitimos sin querer, y eso no sucede solamente en los
lapsus linguae, o en los estallidos de pasión o locura. Todas las comunidades
tienen creencias aceptadas más o menos irreflexivamente, que son parte implícita
de lo que dicen los hablantes, no porque tengan la intención de decirlo, sino
porque lo dicen sin querer. El otro día alguien comentó, refiriéndose a un
escrito aparecido en un diario argentino, “El estilo es muy argentino, pero el
artículo no está mal”. Me quedé pensando qué quiso decir esta persona y qué dijo
sin querer. Otro ejemplo, más grave. Un político europeo dijo lo siguiente:
“Vamos a solucionar el problema de la diversidad racial y cultural, y tratar de
lograr la asimilación de los inmigrantes”. ¿Es un problema la diversidad? ¿Por
qué la “solución” es asimilarse? Lo que se quiere decir aquí suena
bienintencionado, pero lo que se dice sin querer revela los prejuicios con que
se mira al inmigrante. En los discursos políticos, desgraciadamente, lo que se
quiere decir suele ser menos importante que lo que se dice sin querer, y esto
menos importante, todavía, que lo que se calla del todo.
Graciela Reyes
p
HABLEMOS DE LOS SUEÑOS
Como todo el mundo sabe, la vida es sueño. No es tan sabido que también y por el
contrario, porque hechos estamos de paradojas, el sueño es vida.
Hay dos tipos de sueños: los grandes y los pequeños. Los grandes son eso: los
grandes sueños de los hombres grandes. No es que haya en realidad hombres
grandes, porque todos tenemos nuestras miserias; pero son justamente los sueños
los que hacen grandes a los hombres. Colón soñó con las Indias, nuestros
antepasados soñaron con la Argentina, con un país libre, democrático,
progresista. Los sueños grandes son los que nos arrancan de nosotros mismos, de
la comodidad, de la protección y nos animan a adentrarnos, como Colón, en el mar
desconocido. Nos permiten también dejar de mirarnos a nosotros mismos y empezar
a ver a los que tenemos alrededor.
Los sueños chicos, en cambio, son los sueñitos de los hombres pequeños, carentes
de ideales, de estatura moral. En realidad no hay hombre pequeño, porque todo
ser humano tiene, aunque sea en potencia, su dignidad y su grandeza. Pero los
sueños pusilánimes achican el ánimo, distraen, evaden. Se cierran al mundo
exterior, sólo pretenden conservar lo poco o mucho que uno tiene, disfrutar de
la molicie, quedarse en la protección de la «cucha». Como siempre apuntan a lo
mismo, se vuelven repetitivos, masturbatorios.
Todo país es un gran sueño, que no es otra cosa que la suma de los sueños
grandes de sus hombres y sus mujeres. No de los sueños chicos, porque esos
quedan cautivos en el corralito del individualismo. Los argentinos tenemos el
país que hemos sabido soñar. Porque más allá de nuestras compadradas, hemos
tendido a quedarnos en lo fácil, en el encierro individual, en la inconstancia.
Podemos tener otro país si nos atrevemos a soñar esa Argentina que deberíamos
ser y a compartir nuestros sueños. Si lo hiciéramos podríamos recuperar la
confianza y los problemas técnicos y las diferentes concepciones políticas
podrían discutirse libremente y supeditarse al bien común.
Soñemos, amigos, pero en grande.
Roberto Enrique Rocca
p
SOBRE DRAMAS Y FRIVOLIDADES
De vez en cuando abro El País en Internet para poder leer otras atrocidades, y
las encuentro, créanme que las encuentro. Mientras en Buenos Aires la gente vive
entre la frivolidad y la pesadumbre de todo lo perdido, ahicito nomás, ahí
enfrente, en Sud África, leo que hay 25 millones de infectados por el sida. Eso
no es lo peor, lo peor es que cada año nacen 70000, si, setenta mil niños que
heredan el sida de sus madres. Dice el diario español que el sida destruyó la
estructura social, porque o mata al padre o mata a la madre, y luego quedan los
niños enfermos. Para estudiar el problema de cerca, nuestro amigo O’Neill, el
secretario del tesoro que seguramente les sonará y el rockero irlandés Bono,
recorrieron las maternidades de Soweto y lloraron. Dice el diario que O’Neill se
emociona con facilidad. Y dice que Bono se indignó por el doble mensaje de los
Estados Unidos, que les da algún dinero a estos pobres enfermos pero subvenciona
con 80 mil millones a su producción agraria, con lo que los países que podrían
vender alimentos como Sud África (y nosotros, aunque a nosotros no nos nombra)
no pueden hacerlo.
En Argentina hay hambre y desnutrición, aunque decirlo da casi vergüenza, un
país donde se tira una semilla y crece una vaca, señores. En Argentina todos los
dramas son reversibles, sin duda hay gente que sufre, sin embargo los que más
protestan son los que no se pueden comprar cosas importadas, ropas de marca,
frivolidades mil, o será que estos frívolos son los que tengo más cerca.
Menos mal que algunos ponen la imaginación a trabajar y hacen cosas dignas, como
esa maravilla del trueque, o los que hicieron una huertita en la plaza, o se
pusieron a administrar el hospital.
Pensemos entre todos, trabajemos para salir de esta penosa situación de duelos y
quebrantos, inventemos coches eléctricos para que las petroleras sufran,
hagamos cualquier cosa imaginativa que la imaginación nos sobra. Y pensemos en
cuanta gente está peor y llora menos. Colombianos y sudafricanos, sin ir más
lejos.
Leda Schiavo
p
DE MALDADES Y MUJERES
Una amiga argentina me escribe y cuenta que otra amiga suya, muy querida, no ha
podido contenerse y ha perpetrado una maldad con ella. Su carta, entre alarmada
y divertida, ya me hacía suponer que la cosa no era grave y, en efecto, al
terminar de leerla me ha sido difícil aguantar la risa; lo «perpetrado» no
pasaba de ser una broma infantil. La anécdota, sin embargo, propicia el examen
de lo que entendemos por «maldad». Si le preguntamos a un niño, nos contestará
que maldad es lo que hacen los malos, lo mismo que dice el diccionario. De niños
tardamos un tiempo en emparejar maldades y bromas, y más tiempo todavía en saber
lo que significa «perpetrar», verbo que ya de mayores advertimos cargado de
posibilidades siniestras. Por ejemplo, de quien socorre a un desvalido no se nos
ocurre decir que ha perpetrado una buena acción.
Mi amiga hizo uso de su dominio de los recursos del lenguaje para llamar mi
atención sobre un hecho trivial recurriendo a la exageración por contraste. El
diccionario sólo dice de perpetrar que es: «cometer, consumar un delito o culpa
grave», lo que ya sabíamos. La sorpresa aparece al escarbar en el origen latino
de la palabra: patrare significaba algo tan positivo como «ejercer su función
los patres o ciudadanos romanos». ¿Qué debemos pensar entonces de aquellos
ilustres varones, para que el ejercicio de su función terminase por significar
únicamente «ejercer la maldad»? La respuesta no parece simple, pero un hecho
está claro: las mujeres habían quedado fuera de todo patrare, y así siguieron,
siglo tras siglo, inhabilitadas etimológica y semánticamente para perpetrar
maldades.
La última afirmación no es sólo un artificio retórico. El sufragio femenino es
una conquista reciente. Más reciente aún es la aplicación de cuotas para fijar
la presencia de la mujer en los puestos directivos de los partidos políticos.
Pero algunos colectivos feministas no cayeron en la trampa del porcentaje; lo
consideraron una participación limitada para que todo siguiera igual, una
argucia a lo Lampedusa. Y tenían razón. Por eso pasó la moda de los porcentajes.
Porque habrán de ser todas las mujeres capacitadas, sin limitaciones numéricas
absurdas, quienes tomen las riendas de las más altas actividades de gobierno. Si
no lo hacen, la incompetencia de los «patres» en solitario, histórica e
inapelablemente demostrada, se cargará el futuro del planeta.
Razonando desde una maldad trivial, había terminado de argumentar mi apoyo a la
fuerza emergente de las mujeres. Entonces abrí el periódico de la mañana y me
encontré esta perla: en la "shura", el comité que gobierna el movimiento islámico
fundamentalista de Marruecos, hay una mujer por cada cinco hombres. La noticia
era de por sí sorprendente, pero más aún la afirmación de Nadia Yassin, portavoz
del movimiento, avalando la presencia de sus compañeras: "No creemos en las
cuotas, ni creemos en la paridad. Están ahí porque valen".
Fernando Anguita B.
p
FESTIVAL DE TÍTERES EN SEGOVIA (ESPAÑA)
Los títeres, como expresión cultural, tienen un antiguo origen; Jenofonte, en el
siglo V a.C. los cita en su Symposium, existen viejas tradiciones en China, Java
y la India, y se considera que son anteriores al teatro escrito. Pese a no ser
un espectáculo para grandes masas de público ya que por sus características
requiere cierta proximidad entre éste y el títere, se mantiene vivo gracias a
singulares profesionales y a los festivales que promocionan este género teatral.
Es el caso de “Titirimundi”, un festival que en su XVI edición ha ocupado la
ciudad de Segovia, a escasos kilómetros de Madrid, desde el día 9 al 15 de mayo
y en el que han participado cuarenta compañías de diecisiete países tan
distantes en lo geográfico como son China, Eslovaquia, o Mali y entre ellas se
encontraban tres de Argentina: El Chon-chon que presentó “El retablo de la
Celestina”, y más tarde, en la Casa de América en Madrid, “Los bufos de la
matiné”; El Vagón de los Títeres ofreció su espectáculo “Juan Panadero” con el
que Daniel Jesús Di Lorenzo hace un homenaje al patriarca de los titiriteros
argentinos, el mítico Don Javier Villafañe, inspirándose en sus clásicos
personajes: el panadero y el diablo; y Atacados... (Por el Arte), grupo
procedente de la Escuela de Títeres de Neuquén, participó con la obra “¿Podés
silbar?” del autor sueco Ulf Stark con dirección de Jorge Onofri y a
intervención de Dardo Sánchez.
Las representaciones, se han celebrado en las calles de plazas de Segovia,
teniendo ocasionalmente como testigo un monumento tan singular como el Acueducto
Romano que data, aproximadamente, de la segunda mitad del siglo primero d.C.
También se ofrecieron representaciones en algunos pueblos de la provincia
segoviana como Turégano, San Rafael, Riaza y Palazuelos, a donde acudió “El
Vagón de los Títeres”; y El Espinar, Tabanera, Cantalejo y San Boal, en los que
presentó sus espectáculos “El Chon-Chon”.
En la rueda de prensa previa que tuvo lugar en Madrid, en la sede de la Casa de
América, el director del Festival, Julio Michel, hizo hincapié en un aspecto
importante respecto a los títeres, ya sean de guante o manopla, de varas o
palos, y es que no se han de entender exclusivamente como espectáculos para
niños sino que, al igual que el teatro de texto interpretado por actores, los
hay para niños y para adultos. «Es una manifestación dramática no eminentemente
infantil —dijo— Hay que dejarlo claro»
Salvador Enríquez
p
DOS POEMAS
La Esfinge Abisinia
hay un gato
también hay una coartada
hay una mirada felina
el asomo del silencio que se enmisma
hay un cómo de esfinge que se otorga
el misterio de la arquitectura
mirando siempre hacia el naciente
silente la sacra sacra casi—vida
y en la arena, pendiente,
pasa sano y rampante el alacrán del tiempo:
¡ah, pirámides,
qué mendigar de uñas,
el hombre y sus enigmas!
Night Mare
(idea de Borges)
hay espigas de luz
—¡claro! —el fondo: oscuro
hay inadvertidos bultos desiertos
los conversos los cóncavos del miedo:
yegua —estalla el firmamento— de la media noche
como el hipocampo en un fondo negativo
como una llama que se extingue ante los ojos de un caído
en las ramas del olivo
aparecen brazos y costillas pendientes
se desprenden los relámpagos de la impostada voz de alarma
hay hedor a pólvora y a fémur y a tallo y a hollín:
los remanentes del odio y del amor
—¡claro! —el fondo: oscuro
hay espigas de luz: hendiduras del infierno...
León Leiva Gallardo
p
|