a PORTADA

<Nº 83

Junio 2007 - Nº 84

N° 85>


LA TURISTA INSUFRIBLE
Miguel Angel Morelli

COSAS DE MONOS
Graciela Reyes

DOS POSTALES QUILMEÑAS para F.
Roberto Enrique Rocca

ATLAS ARQUEOLÓGICO ARGENTINO
Leda Schiavo

DE LA EMIGRACIÓN
Fernando Anguita B.

DESCUBRIMIENTO
Néstor Tellechea

CUANDO ESCUCHO LA PALABRA CULTURA
Claudio L. Pérez

LA HISTORIA SECRETA DE LA ESCRITURA
Alicia Silva Rey

FRAGMENTO de «LA SUERTE DE FLORO»
Florencio García Robledo

OTROS
Francisco Umbral / Mariano Moreno / Augusto Monterroso

fab9

LA TURISTA INSUFRIBLE

— ¿Sabe si va a parar esta lluvia alguna vez?
Así me preguntó, haciéndose la canchera. Fue hace como un mes, cuando llovió siete días seguidos y Buenos Aires parecía un caldo, ¿te acordás? La tipa subió como a las diez de la noche en Talcahuano y Corrientes, llena de bolsas. Se ve que era turista y venía de comprar libros; digo, por los paquetes.... Yo la campanié por el espejito y puse mi mejor cara de nada.
— No, no llamé al Servicio Meteorológico —le contesté.
Já, la hubieras visto! Se chivó de una, quién entiende a las mujeres. Entonces yo aproveché y puse segunda:
— Para decirle la verdad, no me gusta hablar pavadas con los pasajeros —anuncié—. Me gusta hablar de cosas interesantes. Por eso charlo únicamente con médicos, ingenieros...
¿Sabés qué pensé? Si esta nami viene cargada con tantos libros debe ser por lo menos profesora de literatura. O como mínimo una gran lectora, eh,. ¿por qué me va a preguntar por la lluvia, como si yo fuera el punto ése que te bate el pronóstico en la tele? Que hable de Borges o Cortázar, yo qué sé, de algo piola. Pero la tipa no, la tipa me habla de la lluvia... Aunque ahora iba muda, rabiosa.
Mi viejo decía que es jodido tener que yugarla toda el santo día arriba del taxi. Porque tenés que ser un poco psicólogo, otro poco cura y encima, cuando te toca una de éstas, también meteorólogo. ¡Sube cada uno! Esa vuelta acababa de llevar al centro a la dueña de un tambo, una gorda insufrible que se puso a contarme que una vaca da 35 litros de leche por día, unos 250 a la semana, como 1000 al mes... Estuve a punto de contestarle que a mí me importa un catzo cuántos litros da una vaca, que tomo vino solamente, pero como soy un tipo educado me la mastiqué y no dije ni mú, jé. Entonces justo sube la lectorcita y me pregunta si sé cuándo va a parar de llover.
— ¿Sabe cuántos litros de leche diarios produce una vaca, término medio? —le apunté como si ese fuera un tema interesante.
La pobre, que ya venía chinchuda, ahora se puso colorada de bronca, pero arrugó, no dijo nada. Por el espejito yo la junaba: ¡tenía unas ganas de darme con las bolsas por la cabeza!
Cuando llegamos a Belgrano me dijo “¡me bajo acá!” y apenas frené sacó dos billetes de diez. Fijáte cómo estaría de loca que ni esperó el vuelto. Se bajó así nomás, sin ni siquiera abrir el paraguas. Pobre, se le deben haber mojado todos los libros... Entonces yo arranqué despacito y mientras me alejaba iba mirándola por el retrovisor. ¡Se estaba empapando y seguía sin abrir el paraguas, de puro furiosa! Llegué al bar matándome de risa y se lo conté a los muchachos, qué le va a hacer, cosas que hace uno después de diez horas de yirar por estas calles de miércoles cuando llueve y la ciudad se parece tanto a una olla inmensa de caldo...

Miguel Angel Morelli

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COSAS DE MONOS

Los ingleses dicen que para hacer callar a un italiano hay que atarle las manos. Pero todos los hablantes, no solamente los italianos, hacen gestos. He visto un libro, dirigido a turistas, donde se explican los gestos de los franceses. No sé si existe algún estudio de los gestos porteños, que son exuberantes. Recuerdo a un hombre que vi una noche en Buenos Aires, desde un taxi. Estaba parado en una esquina, comunicándose con alguien que no estaba a la vista. Decía: “ah, ahí estás” (cabeza un poco echada hacia atrás, boca abierta, brazos abiertos y extendidos, manos hacia afuera), “se puede saber por qué tardaste tanto, eh?” (repetido movimiento de las manos hacia arriba, con las puntas de los dedos juntas), “apurate que ya está listo el asado” (manos barriendo para adentro), etc., todo con cara de falsa recriminación y risotadas esporádicas de gusto al ver al amigo o al pariente, que yo imaginaba ascendiendo por la calle a su encuentro y respondiendo con otros gestos.

Pero en general, los gestos subrayan o meramente acompañan las palabras, a veces innecesariamente, salvo que no sea lo mismo decir “No” firmente con la boca y decir “No” y a la vez mover la cabeza, el dedo índice, y todo el cuerpo. Sean o no necesarios, los hacemos siempre; hasta los ingleses los hacen, pocos y tiesos, pero los hacen. Todavía me sobresalto al cruzarme por la calle, aquí en Chicago, con personas que van hablando con un pequeño micrófono colgado del cuello y gesticulando a pleno pulmón.

El gesto es anterior a la palabra. Cuando nuestros antepasados no tenían lenguaje todavía, usaban gestos para comunicarse. El lenguaje vino después, se desarrolló a partir de la capacidad de los hombres primitivos de hacer inferencias para comprenderse unos a otros. Podían entender los gestos, que eran signos, porque eran capaces de imaginar las intenciones ajenas, los sentimientos y los pensamientos. A partir de allí fueron desarrollando signos mucho más complejos y más eficaces, los del lenguaje.

Para comprobar esto experimentalmente, nos basta observar a los grandes simios. Aunque tienen el ADN casi idéntico al nuestro, no pueden hablar, ni tienen una laringe adecuada para hacerlo, porque no han evolucionado tanto como para llegar al lenguaje. Pero a varios chimpancés y orangutanes se les han enseñado a reconocer palabras y a usarlas en la comunicación. Esto quiere decir que tienen en su cerebro la capacidad de distinguir signos. Y así es. Esos signos son gestos. En un estudio aparecido en Proceedings of the National Academy of Sciences, dos biólogos analizan cuatro grandes grupos de orangutanes. Graban centenares de horas, y llegan a distinguir exactamente 31 gestos diferentes, o sea 31 signos. Estos gestos varían de grupo a grupo de simios, como las lenguas, y, como en las lenguas, cada signo puede tener varios significados, según el contexto. Extender la mano hacia un costado, en medio de una pelea, significa que el orangután pide ayuda. Pero si se trata de otra situación, por ejemplo si ve a otro orangután comiendo, el gesto significa que le pide comida.

Los humanos tenemos un cerebro más complejo y somos capaces de hablar y hasta de escribir una lengua o varias. Pero seguimos haciendo gestos, como los simios. He visto una fotografía de un gorila que tiene la mano derecha bajo el codo izquierdo, el brazo izquierdo doblado hacia arriba y el puño cerrado. Tiene también los labios separados, mostrando los dientes agresivamente. Si el gesto es intencional, si no es que el animal se está rascando el codo, entonces, más claro imposible, hermano mono.

Graciela Reyes

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DOS POSTALES QUILMEÑAS para F.

REGRESANDO DEL BALNEARIO

Solíamos pararnos, al caer la tarde de los domingos de verano, en la esquina de Alem y Pringles, a media cuadra de la casa de los abuelos, para verlos pasar.
En esa época la gente se bañaba en el río. No se planteaba el problema de la contaminación y con excepción de las dificultades que encontraban los padres de entonces para explicar a los chicos qué eran los preservativos usados que solían pasar flotando a la deriva, el río era para disfrutar. El balneario de Quilmes era algo así como el Saint Tropez de los pobres, y todos los domingos por la mañana, bajaban por Alsina, procedentes de la Capital, los camiones cargados de bañistas, para regresar al atardecer por Alem. Eran las dos calles quilmeñas de mano única y se contaban entre las pocas totalmente pavimentadas.
Apretujados en la caja, con la piel colorada por el sol, luciendo sus camisetas musculosas y revoleando las camisas, pasaban cantando y saludando a gritos a los que los mirábamos.
Era un camión detrás del otro, en una fila interminable que por momentos se atascaba y se detenía. Para nosotros era un espectáculo que podía entretenernos mucho tiempo y que se hacía más atractivo por los misteriosos temores que suscitaba en alguna tía el hecho de que nos acercáramos a "esa gente".
En esa época, las reglas de la moral pública eran muy estrictas. Tanto que las ordenanzas exigían que los hombres llevaran puesta la parte de arriba del traje de baño, una especie de musculosa de lana tejida. Cuando, en los días de semana, mi padre nos llevaba al río, salía del Club Náutico con dicha prenda puesta y secién se la sacaba cuando estábamos lejos de la costa.
Y decían las malas lenguas que un comisario se hizo de una fortuna deteniendo los camiones cuando pasaban por la seccional y cobrando un peso de multa a los que no tenían la camisa puesta.


EL CONTINUADO

De los cinco cines de Quilmes, el Cervantes era el predilecto de los chicos. El continuado de los miércoles, que uno podía ver todas las veces que quisiera con una sóla entrada, era una cita de honor. Pasaban dibujos animados, cortos de Chaplin, los tres chiflados o el Gordo y el Flaco, el ingenuo y entusiasta noticiero semanal "Sucesos Argentinos", recientemente rescatado por cinéfilos nostálgicos, y lo más importante: los episodios.
Eran series de alrededor de quince episodios y se proyectaba uno cada semana. Siempre la aventura se complicaba y, cuando el muchacho o la chica parecían encontrarse en una situación sin salida, aparecía el cartelito: "continuará". Después nos pasábamos la semana discutiendo cómo se salvaban, cosa que casi siempre parecía imposible. El miércoles siguiente, el nuevo episodio retomaba el final y, maravillosamente, lo resolvía. A veces con el sencillo expediente de algún detalle clave que había sido omitido en la primera versión y que proporcionaba una fácil salida del atolladero. Ésto, por supuesto, nos desilusionaba un poco, pero no era demasiado grave, porque enseguida se planteaba un nuevo peligro y ya estábamos enganchados otra vez.
Así por dos o tres meses estábamos pendientes de Dick Tracy, después era Tarzán, Brick Badford o el Zorro; o aquél misterioso "jinete escarlata" que aparecía en el momento oportuno, convenientemente enmascarado, para restablecer el orden y que era capaz de darse vuelta, a todo galope, para arrancar a tiros los revólveres de las manos de los bandidos que lo perseguían. Creo que hasta en el colegio, los miércoles nos daban menos deberes.
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de «Postales quilmeñas» (inédito)

Roberto Enrique Rocca

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DE LA EMIGRACIÓN

Marcharse una persona de su pueblo,
región o país para establecerse en otro.
Emigrar: DUE [1ª acepción]

Francisco Umbral tituló uno de sus mejores libros: «Un ser de lejanías». Los indios Hopi ocupaban sus asentamientos hasta que se sentían demasiado cómodos en ellos; entonces los abandonaban y partían en busca de un lugar nuevo. Eso recuerdo haber leído en «Book of the Hopi» de Frank Waters. El filósofo griego Kostas Axelos escribió: ¿Por qué, errantes como somos, tenemos, hagamos lo que hagamos, este modo de proceder del que se va? El canta-autor español Juanito Valderrama glosó en «El emigrante» la partida, y después endulzó la nostalgia, de los miles de compatriotas que escaparon de las miserias de la guerra civil y terminaron siendo coautores del "milagro alemán".

Con la intención de resumir mis reflexiones sobre la emigración, dejé correr mi memoria hasta disponer de las cuatro "patas" antecedentes donde apoyar el tablero de mis argumentos. La primera, el libro de Umbral, se estrenaba con el siglo XXI, las otras tres se esparcieron todas alrededor del sexto decenio del siglo pasado.

Aseverar que la emigración es consustancial a la especie humana es desde luego una obviedad. Más aún: todo ser vivo "migrará", se pondrá en marcha o lo intentará, en cuanto sienta o presienta que el espacio físico que habita ya no da para alimentarle, ni a él ni a su progenie. La reacción lógica y común es orientar la partida hacia el horizonte más prometedor y, naturalmente, hoy en día esa orientación se basa en el mínimo de información que se supone fiable y contrastable. Por supuesto, estas cualidades de la información no se pueden dar si la fuente no las tiene. Sólo la extrema desesperanza puede dar crédito, por ejemplo, a las "mafias" que manejan el mercado migratorio del África subsahariana.

Sin embargo, el caso opuesto, es decir la existencia de información fiable y contrastable, se da en el flujo migratorio de ciudadanos argentinos hacia España, un "rompecabezas" en el que algunas piezas no termino de saber encajar.
La superficie continental de la República Argentina es cinco veces y media la de España. Basta con sumar la extensión de la provincia de Buenos Aires a la de una de las otras provincias mayores (Santa Cruz, Chubut o Río Negro) para superar la superficie española. A la inversa, como forzando la paradoja, Argentina tiene (según diferentes estadísticas) entre 5 y 8 millones de habitantes menos que España. No voy a descubrirles a mis amigos argentinos que, además de las ventajas implícitas en esos datos, sus recursos naturales son avasalladoramente superiores a los nuestros.

La pregunta que se impone es: ¿por qué, entonces, emigran hacia acá? Si, como parece, el faro es "la renta per cápita" (superior hoy en España en más del 60 %), me viene a la cabeza la vieja expresión del "pan para hoy, hambre para mañana". ¿Una "boutade"? Posiblemente sí, pero justificada por la propia evaluación de índices per cápita, cuyo ejemplo extremo lo expresa el medio pollo (estadístico) que se han comido un indigente y un satisfecho: el primero quedó en ayunas mientras el segundo se empipaba el pollo entero.

Al último argentino que he conocido le hice la pregunta. Su respuesta no mejoró el encaje de mi rompecabezas, pero disfruté con "su historia", una historia larga y singular, cuyo autor y protagonista se ha propuesto contarla en un libro, en «La suerte de Floro».
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Nota: Hace un lustro, en estas páginas, se ocupó Leda Schiavo de la emigración argentina hacia España. El lector puede encontrar los artículos en la edición WEB -Nº 24 y Nº 32. Recomiendo su lectura.

Fernando Anguita B.

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ATLAS ARQUEOLÓGICO ARGENTINO

Delia Etchegoimberry acaba de publicar este Atlas, fruto de su consubstanciación con la obra del antropólogo Dick Ibarra Grasso, fallecido en el año 2000 tras una vida dedicada al estudio y a la investigación en el campo de la arqueología americana. Según afirma la autora, este Atlas tiene como base un Mapa Arqueológico Argentino publicado por Ibarra Grasso en 1997. Toda comparación entre ambos tiene como consecuencia la verificación de que el Atlas es una obra casi totalmente nueva, ya que amplía y actualiza el Mapa anterior, destacando los nuevos hallazgos arqueológicos y la nueva bibliografía. Delia Etchegoimberry divide el contenido en cuatro sectores, siguiendo un orden cronológico, así la primera parte está dedicada a las Culturas paleolíticas y mesolíticas precerámicas, llegando al año 3200 a.C; la segunda parte se dedica a los Primeros agricultores con cerámica (3200 a.C. al año 0); la tercera parte, a las Altas culturas con cerámica pintada y bronce (0 a 900 d.C.) y, finalmente, la cuarta a las Altas culturas hasta la Conquista (900 a 1500 d.C.)
Cada uno de estos sectores tiene un introducción en la que se exponen las diferentes culturas, su ubicación y los últimos descubrimientos y estudios sobre cada una de ellas, así como la descripción de los artefactos encontrados, artefactos que luego vamos a ver distribuidos en el mapa que acompaña a cada sector, con una concisa explicación que acompaña un diseño verdaderamente didáctico y visualmente muy atractivo.

El Atlas se propone como una obra didáctica y realmente lo es, a la par que da una clara y actualizada información de lo que se ha hecho en el campo de la arqueología argentina en los últimos años.
Hay que destacar también las fotos de las piezas arqueológicas que acompañan el texto, fotos realizadas por Mario Sánchez Proaño. Con verdadero placer he seguido las explicaciones del texto y he sentido la pasión con la que fue escrito para arribar a un resultado fascinante. La aventura del hombre en América desde las últimas glaciaciones, el posible paso del hombre por el estrecho de Bering y el desarrollo de las culturas americanas, interrelacionadas o no, es un tema que ha suscitado diversas teorías y polémicas que son, a la vez, una aventura espiritual para el que quiera descifrarlas. Este Atlas es la mejor introducción a esta aventura y les recomiendo explorarla.

Leda Schiavo

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CUANDO ESCUCHO LA PALABRA CULTURA

Una nota en La Nación, del 15/05/07, da cuenta de la declaración de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires que otorga al MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) el status de “Sitio de Interés Municipal”, reconociendo el efecto positivo que el MALBA tiene para la cultura de la ciudad.
El artículo remarca que una de las actividades artístico culturales más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, arteBA, una feria que reúne a galeristas e instituciones exponiendo miles de obras, ha sido alentada por la propia existencia del MALBA y por el hecho de que más de 2.000.000 de personas hayan visitado el museo desde que abrió sus puertas a fines del fatídico 2001, unos meses antes de la explosión popular que se llevó puesto al gobierno de radicales y aliancistas.

Pensando que las actividades de promoción y difusión cultural deben estar sustentadas en políticas activas implementadas desde dinámicas instituciones oficiales con los presupuestos acordes, me interesó comprender que la nota de La Nación, aunque se refiriese a emprendimientos privados, estaba asociando y remarcando una influencia de uno en la otra, una relación sinérgica en el caso que exponía. En nuestra Ciudad de Quilmes, lejos de alentarse la actividad artística y cultural, el año pasado las autoridades del municipio declararon la guerra a la Escuela Municipal de Bellas Artes “Carlos Morel”, en un conflicto de larga duración, aún no totalmente resuelto, durante el que operaron para cerrar la escuela, llegando incluso, a través de sus pretores, a golpear a alumnos de la misma, amenazar profesores y partirle la cabeza a un periodista que difundía en su medio el conflicto y sus vaivenes.

Aún sabiendo que los emprendimientos privados responden a un afán de lucro que, siempre, en última instancia, determina su existencia, su accionar y también su desaparición, me pregunto si parte del efecto que generó la tropelía municipal no tiene que ver con el cierre de la Galería Miglió, la desaparición de Bar y Artes y el alejamiento de Zona de Arte del centro de nuestra ciudad. Me pregunto si el atropello y la falta de respeto hacia profesores y alumnos de La Morel, hacia nuestros artistas, no fue un indicador del nulo interés que las autoridades municipales demuestran por la cultura y un elemento que precipitó o influyó en la toma de decisiones de los responsables de esos tres lugares vinculados de distinta forma y en distintas áreas a la actividad artístico-cultural de Quilmes.

De la misma manera es sencillo percibir un decaimiento generalizado de la actividad cultural. Más allá del esfuerzo sostenido de instituciones como Artenpie (que integro), Polaridades, Casa de Arte Doña Rosa, el C.C. Mariano Moreno, que sostienen, con distintos enfoques y formas pero con igual énfasis, la necesariedad de sus propias existencias como parte del sistema cultural de Quilmes, y a pesar de que el presupuesto municipal indica que deberían destinarse $ 2.000.000 para la acción cultural oficial, según informa un material recientemente difundido por el NEP (Nuevo Encuentro Popular), la cultura en Quilmes está sufriendo tanto el coletazo de aquella cruzada en su contra que fue el ataque a la EMBA como la inmovilidad de algunas de las dependencias oficiales que deberían movilizarla. Salvo el Museo Fotográfico, que se mueve por la capacidad y voluntad de trabajo de su director, el resto es tierra arrasada. La actividad del Museo de Artes Visuales o no existe o es secreta; La Casa de la Cultura, donde debería funcionar la EMBA, es un espacio vacío, cercado, inútil; ¿crece el fondo bibliográfico de nuestra Biblioteca Municipal? ¿Cuál es su tarea de extensión cultural? ¿Alguien lo sabe?; el Teatro Municipal ha desaparecido, como los dos millones de pesos, hasta tanto quienes deben demuestren lo contrario.

Claudio L. Pérez

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DESCUBRIMIENTO

a Carlos de la Púa

Hubo un parlero fino de la rima,
que enalteció el chamuyo como nadie…
Calaba con ilustre precisión a los detalles,
que quedan desmentidos sin remedio…
Así que, si aprendí bien, cómo junaba el quía,
no debe haber habido un alma que fugase de su genio…
Por lo que yo, un Gil desavivado, y encima Postmoderno,
le hubiera sido más que simple a su Maestría…
Apenas me animé a descubrir cómo es que fue
siempre la mano de mirarse la verdad, sin menticiones al espejo,
no tuve otro problema que decirme: ¡… A ver!
¡Vos! ¡Che...!
Urgencia de sapito…
¡A vos te digo…!
Desagotado charqueador de verso poligriyo…
¡Quién te inspiró para creer que una laguna es zanja:
Cornalito…!
¡Cómo pudiste verte preparado alguna vez,
para ser rana…!

Néstor Tellechea

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LA HISTORIA SECRETA DE LA ESCRITURA

Es ese lado de la escritura que tiene, principalmente, que ver con cada escritor (o productor de un texto en cualquiera de sus modalidades discursivas) y cuya experiencia o práctica combina:

  • en primer lugar la relación, el vínculo personal, subjetivo, secreto, de cada uno de nosotros con su aprendizaje de la lectoescritura;
  • la manera en que fue incrementándose esa relación en cada caso y a lo largo de la vida hasta llegar al momento presente en que vamos a replantearnos qué es (pero antes qué fue o qué ha sido) escribir;
  • el contexto sociocultural que posibilitó o impidió el desarrollo de esa competencia que, en cualquiera de sus usos, da poder;
  • qué representaciones tiene ( alguien que se pone a escribir) de la tarea de escritura: si su preocupación pasa solamente por escribir correctamente las palabras o las oraciones (o los versos) sumado esto a que la mayor parte de sus esfuerzos y de su atención estén o no centrados en recuperar los conocimientos con los que cuente acerca del tema, o si, por el contrario, la práctica sostenida de la escritura le permite pensar, establecer relaciones entre conocimientos, experimentar con distintas alternativas de resolución y volver sobre sus textos para reformularlos con objetivos diversos.

La historia “secreta” de la escritura se ocupará, entonces, de develar y revelar el envés de su trama, la de cada uno de nosotros en trance de escritura, y la experiencia de escribir nos indicará que no hay una sola manera de abordar un escrito sino tantas maneras como escritores y situaciones de escritura existan.
Si desde el punto de vista del emisor o alocutor de un texto, forman parte del paratexto los borradores, esbozos y planes de escritura (los pre-textos), repetiré aquí que la historia secreta de la escritura, la propia, nos transforma en paratextos vivientes: de lo que hemos escrito, estamos escribiendo, habremos de escribir.

Alicia Silva Rey

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FRAGMENTO de «LA SUERTE DE FLORO»

Mi nombre es Florencio García, pero todo el mundo me conoce por “Floro”. Soy un tipo con suerte. He ganado diez veces el PRODE, en una rifa me tocó un potente auto “km cero” y dos años después el “gordo” de fin de año, ¡250.000 dólares!, una pequeña fortuna entonces. Gané también un viaje a Brasil y, en sociedad con los alumnos de mi escuela de natación, acerté la “Yapa” del Loto. No termina ahí el listado de mi buena estrella, pero debo abreviar. Mi mundo, mi entusiasmo, mi apasionamiento se consuma en la natación. Para mí, nadar es mucho más que un deporte, es una forma de vida. He enseñado a nadar a chicos y grandes. Mi mayor recompensa como profesor me la dieron dos alumnos discapacitados: Gustavo Galíndez que en 1976 fue campeón olímpico en Toronto, y Mónica López que dos años después ganó el campeonato mundial en Holanda.

Pero si a mi buena suerte, al azar, le debo tantas venturas, hay una que de puro improbable desafía a cualquier ley estadística. La resumo en una veintena de líneas aunque la anécdota completa dé para varios folios: En 1975 trabajaba como guardavidas y profesor en la piscina del Club Peretz de Villa Lynch, en Buenos Aires. Casi treinta años antes mis viejos se habían separado; mi padre emigró a Perú, a buscar oro en la selva y a torear... —una fotografía de él, vestido de torero, fue todo lo que recibimos mi madre y yo, tiempo después—.
Por el nadador Oscar Carminatti, con quien entrenaba y competía, supe que el equipo de natación del club iba al campeonato mundial que se celebraba en Perú. Me había quedado fuera, pero Oscar y la FAAS me facilitaron las cosas para ir como nadador libre, reduciéndose mis gastos a los del traslado, que pagué a crédito. Durante el vuelo todos los componentes del equipo se enteraron de mi historia... de que mi padre encontró oro... de que se lo robaron cuando un terremoto destruyó su casa y lo sepultó durante un tiempo... de que luego se casó con la hija del médico que le salvó la vida...
Desde el aeropuerto del Galeao, la delegación en bloque, —y yo con ellos—, se trasladó a Paracas, donde se disputaban las pruebas. Al atardecer salí a vagabundear por el pueblo. En la vidriera de un negocio vi un gran afiche que anunciaba las corridas de ese fin de semana. Ingresé en el negocio y pregunté como podía relacionarme con la gente del ambiente taurino. Interrogado a mi vez, expliqué mis razones y a la plaza de toros de Acho me acompañaron para indagar allí. Uno me preguntó el nombre de mi padre... “Florencio García”, respondí... pero nadie supo dar razón hasta que añadí “le dicen Floro”...

¿Floro?, ¿Florito?... cómo no vamos a conocer a Florito, si recién estuvo por aquí...” "¡Mire ahi viene! Floro, Floro, ven que un muchacho de Argentina a venido a verte...

Llevo en mi mente cada pequeño detalle de aquel extraordinario encuentro: habían pasado 28 años en que no sabia nada de mi padre. No me queda espacio para las emociones que siguieron. Mis compañeros y camaradas argentinos, que son muchos, tuvieron ocasión de leerlas en «La Razón» de Mar del Plata, en la Revista «Gente» y también el suceso fue noticia en varios programas de radio. La coincidencia en España con un amigo de mi patria y de su gente ha generado esta recuperación del “pasado”. Eso me dice que mi buena suerte no me abandonó. Pienso también que, en este país de acogida, a cualquiera que conmigo se encuentre le puede suceder lo mismo que a otros que me tocaron por “cábala”: ¡ganaron premios millonarios!. Es rigurosamente cierto.

Florencio García Robledo

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TEXTOS de OTROS


 

Francisco Umbral

 

Esta mujer que viene a casa, oriental y silenciosa, lleva unos días guardando luto por el gran jefe que se le murió en su país, país del que tuvo que huir, como siempre se huye del hambre y la muerte. Todavía joven, se ha envuelto la cabeza en un trapo negro y el cuerpo en una chaqueta negra. Sólo una falda de un azul sombrío altera o completa su conjunto. Ya de niña hizo un trabajo de esclava que le ha deformado el cuerpo para siempre, se integró o la integraron en la economía de la esclavitud, que es la que regía y rige en aquel país. España fue para ella una liberación melancólica, pero aquí ha encontrado amor y trabajo. Sin embargo, está viviendo entre nosotros su luto interior, su dolor fino y callado.
Imposible un diálogo con esta mujer sin otro carácter que el fanatismo, sin otra moral que la sumisión. Llora al tirano que la arrojó de su patria, pero nos separan siglos de cultura o incultura y yo no puedo explicarle que la religión y la esclavitud son una misma cosa, que ella no nació esclava ni pobre ni rica ni destinada a nada ni a nadie, que ella nació libre y lo que llama destino es su tirano. Él ha sido el destino de millones de seres que se creen predestinados. La mayor parte del planeta está cubierta por la tiña de la superstición. Los países democráticos y civilizados no hacemos nada por arreglar eso, pues hay pactos con los oscuros déspotas que ofrecen multitudes, mano de obra barata, esclavismo sin culpa, a los occidentales.
Más el oro negro y simplemente el oro. Pero ella, esta extranjera de volumen silencioso, tiene situado a su jefe, muerto o vivo, en el ámbito de lo religioso, en la región menos frecuentada de su persona, y no acierta a vincularle con ningún mal terreno (aunque sí con el bien: profundo irracionalismo religioso). Su rey era un agente del cielo, era el cielo mismo, un dios condescendiente. Así les educan legendariamente para luego servirse de sus cuerpos y sus almas. El catolicismo no está tan lejos de eso. Hoy, la dialéctica marxista y la capitalista están fracasando en el Tercer y Cuarto Mundo porque esos dialécticos no contaban, como no contó Marx, con un agente que no era económico sino sobrenatural. El fanatismo es la plaga tardía del siglo XXI. Esos pueblos dormidos tantos siglos, despiertan no a la vida sino a más muerte. Mi criada oriental, paseando su luto azul y negro por la casa, es una primera imagen del futuro. Irreal como una vidriera.
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De «Un ser de lejanías» premio CERVANTES año 2000 :: ed.: Planeta 2001 — ISBN 84-08-03843-5

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SOBRE LA LIBERTAD DE ESCRIBIR

Mariano Moreno

 

En todo tiempo ha sido el hombre el juguete y el ludibrio de los que han tenido interés en burlarse de su sencilla simplicidad. Horroroso cuadro, que ha hecho dudar a los filósofos, si había nacido sólo para ser la presa del error y la mentira, o si por una inversión de sus preciosas facultades se hallaba inevitablemente sujeto a la degradación en que el embrutecimiento entra a ocupar el lugar del raciocinio.
¿Será posible que se haya de desterrar del universo, un bien que haría sus mayores delicias si se alentase y se supiese proteger? ¿Por qué no le ha de ser permitido al hombre el combatir las preocupaciones populares que tanto influyen, no sólo en la tranquilidad, sino también en la felicidad de su existencia miserable? ¿Por qué se le ha de poner una mordaza al héroe que intenta combatirlas, y se ha de poner un entredicho formidable al pensamiento, encadenándole de un modo que se equivoque con la desdichada suerte que arrastra el esclavo entre sus cadenas opresoras? Desengañémonos al fin, que los pueblos yacerán en el embrutecimiento más vergonzoso, si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión, y a las determinaciones del gobierno, siempre dignas de nuestro mayor respeto. Los pueblos correrán de error en error, y de preocupación en preocupación, y harán la desdicha de su existencia presente y sucesiva. No se adelantarán las artes, ni los conocimientos útiles, porque no teniendo libertad el pensamiento, se seguirán respetando los absurdos que han consagrado nuestros padres, y han autorizado el tiempo y la costumbre.
Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos de los que, indignamente, osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.

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EL APÓSTATA ARREPENTIDO

Augusto Monterroso

 

"Se dice que había una vez un católico, según unos, o un protestante, según otros, que en tiempos muy lejanos y asaltado por las dudas comenzó a pensar seriamente en volverse cristiano; pero el temor de que sus vecinos imaginaran que lo hacía para pasar por gracioso, o por llamar la atención, lo hizo renunciar a su extravagante debilidad y propósito.”

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Todo delSUR

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