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Marzo 2004 — Nº 51

N° 52>


TRIBUTO
Miguel Angel Morelli

TRES CUENTOS
Liliana Guaragno

DEL SUEÑO Y SUS SUBPRODUCTOS
Roberto Enrique Rocca

LO PLAUSIBLE DE LO IMPLAUSIBLE
Leda Schiavo

DE LA INMEDIATA FRONTERA
Fernando Anguita B.

DOBLAJE O SUBTITULADO:
un problema ético
Grupo Crítico de Cine

EL ARTE COMO AFÁN DE DESTRUIR
Federico Pablo Blanco

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TRIBUTO

¿Puede un hombre ser mucho más alto que sí mismo, mucho más flaco —o gordo, según el caso—, mucho más fuerte, mucho más rápido? ¿Puede un hombre volar, o simplemente caminar por el aire? ¿Puede alguien esconderse a la vista de todo el mundo, estar cara a cara con el espectador y sin embargo no ser visto por nadie? Rodolfo Sardu podía hacerlo. Y podía hacer incluso algo mucho más difícil todavía: transmitir ese conocimiento, sus dones en el arte de la actuación, a decenas de discípulos.
Actor estupendo, docente por mandato y vocación (fundó la Escuela de Mimo Teatro de Bernal), Sardu fue por sobre todas las cosas un director riguroso que supo muy bien que el teatro, como el resto del arte, no se divide en "profesional o vocacional", y sí en "bueno o malo", y que precisamente por ello no importa cuánto se gane o haya que poner del bolsillo propio a la hora de subir a escena: lo que vale sobre el escenario es la entrega a fondo, la pasión, y la única recompensa incorruptible el aplauso del público.
Alguna vez me tocó acompañarlo de cerca en la producción de uno de sus trabajos más reconocidos ("Crónica de una muerte anunciada", sobre el texto homónimo de Gabriel García Márquez), y el haber estado allí, en el entresijo mismo de la obra, me permitió ver con qué rigor cuidada todos y cada uno de los detalles, cómo era muy capaz de quedarse toda la noche en vela sólo para mejorar un detalle que luego, ya en escena, hasta podía llegar a pasar inadvertido para el grueso de la gente. Y recuerdo también que en una tarde de aquellas teníamos que grabar en vídeo una suerte de prólogo a la obra que luego le iba a ser enviada a García Márquez para su aprobación o no. Comenzamos razonablemente bien, pero a los cinco minutos, y luego de explicar el motivo de aquella puesta tan particular, Rodolfo se detuvo en seco. Carraspeó un poco. "¿Se dieron cuenta que a esta cinta la va a estar viendo nada menos que García Márquez?" —nos preguntó azorado, mirando a cámara. Y de la emoción, de imaginar nomás que el gran Gabo iba a ser de alguna manera un espectador de lujo de su obra, no pudo hablar más... (me consta que al escritor colombiano le encantó la puesta, que le dio su aprobación y hasta se negó como buen caballero a hablar de los derechos de autor que, como es natural, bien podía exigir.
Y ahora Sardu, el bueno de Rodolfo Sardu, se nos ha ido. A la edad en que los creadores amalgaman el dinamismo de su juventud y la experiencia que le dan los años. Ahora que su arte comenzaba a trascender nuestras fronteras. Justamente él, que en el país adonde todo el mundo habla y habla sin decir nada, podía decirlo todo sin pronunciar palabra alguna...

Miguel Angel Morelli

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TRES CUENTOS

CUENTOS
He entregado mi cuerpo a Bestia durante años con la esperanza cierta de su transformación. El tiempo corre no del todo en vano, mis familiares me consideran bondadosa aunque un poco tonta, pero han salvado sus bienes con mi sacrificio. El resto, lo que ellos no creyeron nunca, y yo tenía en miras desde la más tierna edad, no se me ha otorgado. Durante años sospeché que me había equivocado de cuento, ahora sé que me he equivocado de entrega.

EL ABUELO
No había notado yo hasta que llegó el abuelo y dijo esas palabras, que mi madre estuviera sentada a la falda de mi padre mientras tomaban mate y conversaban sonrientes.
Ni bien su figura se destacó en el comedor, mi madre pareció dar un salto, y mi padre rehacer su propia imagen. El abuelo entonces dijo como si hablara a las paredes "Dale toda la carne al perro" y repitió la frase mientras tomaba asiento y recibía un amargo.
Entonces yo entendí aquella vez porqué mi madre se había puesto colorada.

LA RATA
Cuando me contabas lo de tu mujer sobre la silla, yo imaginé esa figura morena grácil, pequeña curva erguida sobre la paja aplanada de un banco de cocina; y vos eras el hombre que espantabas a la rata y la situación se convertía en la repetición de la sintaxis masculino-femenino.
Cuando me lo contabas yo me confundí porque sabía, que en un instante ignorado por la historia, la rata me había cruzado, se había trepado por mis piernas y ahora estaba dentro de mí, burlándose con sus afilados bigotes.
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de «Final del día», Buenos Aires, Ultimo Reino, 1993

Liliana Guaragno

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DEL SUEÑO Y SUS SUBPRODUCTOS

La capacidad de mi ex-marido para materializar sus sueños era tan prodigiosa como su incapacidad para extraer de ella algún beneficio. Amanecíamos rodeados de objetos inútiles, por lo general grandes y pesados, que terminaron por malquistarnos con los recolectores de residuos.
Un día cansada se lo reproché de mala manera y esa noche, mientras él dormía sonriente, apareció desnuda en medio de nosotros, una muchacha rubia. Sin perder un momento la estrangulé y la enterré en el fondo de casa. Y decidí terminar con los problemas.
Durante varios días me vestí con mis mejores ropas, me peiné y me perfumé y salí a la calle ostentosamente, cuidando de no pasar inadvertida. Promediando la cuarta noche, apareció el hombre que, en su sueño, me acompañaba. Fue una grata sorpresa, porque lo soñó más buen mozo que lo que yo hubiera podido imaginar. Ni bien terminó de materializarse, lo estreché en mis brazos y susurré en su oído:
—¡Huyamos,...ahora o nunca!
No me arrepiento.

Roberto Enrique Rocca

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DE LA INMEDIATA FRONTERA

El hombre no es plenamente consciente de sus limitaciones, ni del modo de salvarlas, hasta que no disfruta de suficiente capacidad de elección. Imagino que a la mujer de hoy le pasa lo mismo. Por lo menos a todas las que dejaron de depender de un compañero para mantenerse. Asumiendo entonces que esa toma de conciencia es válida para ambos sexos, el propósito de superación también debe de ser el mismo. Ante la evidencia incontestable de que la evolución sigue en marcha, el papel de la mujer cobra más relevancia si cabe que el acaparado por el hombre hasta ahora. La razón es palmaria: la continuidad de la especie humana depende de las hembras. Llevando la situación al límite, en un futuro no muy lejano la mujer podrá prescindir del hombre. Por tanto, los argumentos que ahora siguen tienen que importarles a ellas tanto o más que a nosotros.

Los hallazgos más celebrados y conocidos del proceso evolutivo han sido siempre evidencias físicas, restos de animales fosilizados que han permitido establecer comparaciones y añadir eslabones a la "cadena". Es lógico que haya sido así aunque paralelamente, y sin intención demostrativa, se haya ido hablando también de la evolución del pensamiento. Darwin ya postuló que los miedos infantiles ante lo desconocido tenían (tienen) su origen en los peligros padecidos por nuestros antepasados pre y protohistóricos. Pero no sólo en aquellos peligros bien reales, sino en las supersticiones "abyectas" que los acompañaron durante siglos.

La pregunta es: ¿se han borrado de todas las mentes adultas los residuos de aquellas supersticiones? Porque, al parecer, a decir de los más eminentes científicos contemporáneos, los dos retos que a la ciencia le quedan por resolver son el origen del universo y la naturaleza de la conciencia. El primero, a mi entender, se muestra correoso y peliagudo; calculo que no viviré para verlo resuelto. En cambio, a la resolución del segundo me parece que nos acercamos a pasos agigantados. La neurociencia registra avances tan espectaculares que incluso ha podido abandonar la hipótesis de que un ordenador sea capaz de reproducir el funcionamiento del cerebro en su totalidad. Y es precisamente en ese cambio de paradigma, de salto a hipótesis más avanzadas, donde se vislumbra la explicación de cómo apareció lo que llamamos conciencia.

Con el evolucionismo consolidado, pulidas sus imprecisiones y descartadas las iniciales apoyaturas lamarckianas, no es aventurado pronosticar el avance hacia la frontera inmediata: del homo sapiens sapiens actual, al homo sapientísimus. El que será capaz de resolver la dualidad cerebro_mente y reducirla a la unidad, dejando al discutido par como simple artificio semántico.

Si el lector se pregunta a qué vino emplazar a la mujer para desarrollar la particular conclusión que antecede, no tiene más que pararse a pensar un momento cuál de los dos sexos sostiene o soporta (depende del credo) la religión. Las hembras rectoras de nuestra especie habrán de moderar sus creencias —en los lugares donde las conservan—, y desenmascarar a quienes las sofocan —en los lugares donde son humilladas—. Si no lo hacen, la esperanza del paso a un estadio de conciencia superior puede que no se logre jamás. Nos destruiremos por completo antes de alcanzar la frontera que hoy se entrevé abierta más que nunca lo estuvo.

Fernando Anguita B.

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LO PLAUSIBLE DE LO IMPLAUSIBLE

Releyendo a Julio Cortázar por razones profesionales, o sea, por maestra de literatura, me doy cuenta otra vez de lo que todos sabemos, de que es un genial escritor. La reflexión sale de la relectura del cuento "Las armas secretas", la historia de una chica violada en Francia por un soldado alemán durante la guerra, cosa posible. El soldado es justicieramente asesinado por amigos de la chica, cosa probable. Luego el soldado alemán se reencarna diabólicamente en un novio de la chica, protagonista del cuento, y todo se repite. Historia imposible, el argumento es un folletín de mal gusto, supóngalo escrito por un escritor menor, o que uno lo viera en esas películas con efectos especiales donde las caras se transforman, sería inaguantable. Pero la maestría de Julio lo hace no sólo plausible sino que nos deja temblando como las hojas secas que aparecen en el texto y logra el éxtasis estético.

Esto me trae a la memoria otro folletín imposible de lo que a lo mejor es la vida real, la triste historia de Corcho Rodríguez contada por Susana Viau en Página 12 (6 de Febrero del 2004). Es una orgía de marcas suntuarias de motos, coches, mujeres, curas, guerrilleros y hasta ministros de gobierno. Una historia imposible en la que la vida trata sin resultado de imitar al arte. En lugar de éxtasis estético nos da el vómito, la repugnancia de estar en la misma clasificación zoológica de estos sujetos y de tantos que quisieran ser como ellos, participando de la gloria efímera de poseer un Porsche, una Harley Davidson, una pistola Glock, una estrella platinada que promociona carne por televisión, o un país victimizado. Qué mal folletín y qué mal contado (mal contado no por la periodista, que me parece quiere producir en los lectores ese vómito del que hablaba, sino por el exceso, por los actores, por la inexorable secuencia causa-efecto). Qué cambalache de vidas miserables rodeadas de fastuosidad, víctimas y victimarios de una opulencia que nunca alcanza, de algo que siempre va a estar más allá de ellos mismos e incapaces de imaginar su propia decadencia y su final ante la gran igualadora.

Leda Schiavo

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DOBLAJE O SUBTITULADO:
un problema ético

Hace unos días la filial local de Fipresci nos hizo llegar un comunicado en el cual se manifestaba en contra del doblaje a nuestra lengua de películas extranjeras. Esta pública posición de desaprobación de los críticos firmantes merece nuestra total adhesión.

Como críticos de cine y también como profesionales dedicados a la reflexión no podemos desestimar el alcance de las películas en un marco cultural más amplio. Tampoco podemos dejar de alertar sobre ciertas tomas de decisiones que a nuestro entender no se circunscriben únicamente al estrecho debate mercantil — "Jóvenes que no leen obligan a estrenar más films doblados" — o estético —acceder a las voces originales.

La primera frase del citado comunicado ("Un fantasma recorre la cartelera cinematográfica: el fantasma del doblaje") alude claramente a la primera del Manifiesto Comunista: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo". Aquí se invierten, ingeniosamente, los términos. Es ahora el doblaje, en tanto rasgo mercantil propio de la industria capitalista, quien acecha y a quien le toca encarnar lo homogeneizante como norma cultural. La diversidad, la heterogeneidad que parece sentarle tan bien al subtitulado y que, no está de más decirlo, es propio del cruce entre dos culturas, se encuentra de momento amenazado gracias a las iniciativas —inexcusables— de algunas distribuidoras. Entendemos que a pesar de los intereses monetarios de las distribuidoras, las mismas no pueden desentenderse del contexto en el cual se desenvuelven y no pueden —o no deben— dejar de asumir compromisos personales con los espectadores, de quienes por otro lado se nutren financieramente. Preocupa además el fantasma de la traición al texto, tantas veces comprobada en el subtitulado pero imposible de adivinar en el doblaje. Se trata en definitiva de un problema de actitud, un problema ético.

El Grupo Crítico de Cine alienta la iniciativa de Fipresci y convoca a todos los colegas a acompañarla. Abogamos por la convivencia de lo divergente, del encuentro de lo disímil y deploramos toda maniobra tendiente a la homogeneización cultural, es decir, a adaptar lo diverso, lo otro, a lo conocido.

Grupo Crítico de Cine

[Demián Aiello, Jorge Bernárdez, Daniel Castelo, Luis Kramer
Diego Papic, Silvina Rival, Josefina Sartora, Federico Verde]

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EL ARTE COMO AFÁN DE DESTRUIR

El arte es una manifestación violenta del intelecto, tanto consciente como inconsciente. En caso de carecer de violencia dejaría de ser arte, teniendo en cuenta que en algún momento lo hubiera sido, para convertirse en un mero adorno o pasatiempo.

El arte verdadero tiene que destruir convenciones y abofetear a quienes lo contemplan. La obra debe destruir el mundo, construir un mundo y gritar contra la decadencia que lo rodea. No lo estoy planteando en términos políticos, sino fundamentalmente en términos estéticos. Un arte que no se ría de las academias no tiene razón de ser. Los estilos que nos anteceden tienen valor y sentido, sólo en las circunstancias en que se desarrollaron. Si hoy existiera un Miguel Ángel, nos sorprendería la capacidad de este individuo para imitar el estilo renacentista florentino, pero no podríamos darle más valor que el de un imitador (talentoso por cierto). El genio de Miguel Ángel, como creador, sólo tiene sentido observándolo desde su tiempo. Luego se contempla como genialidad analizando la época en que desarrolló su técnica y teniendo en cuenta, que en su momento fue un innovador, que se arriesgó a ir más allá de las fronteras del arte de su tiempo. Es ese empuje revolucionario, sumado a la perfección de la técnica, lo que se admira de los grandes artistas.

Las obras del pasado son plataformas que nos permiten lanzarnos al futuro; no cómodos sillones en los que podemos descansar seguros, confiados en el éxito que obtuvieron otros, como parásitos que viven de otros individuos, absorbiendo técnicas e imitando hasta lo irritante.
Se trata de perseguir el vértigo y arriesgarse al rechazo, con el fin de evitar caer en ese estado de letargo en el que se encuentra el noventa y nueve por ciento del arte actual, y destaco que dije actual porque no estoy seguro de poder hablar de arte contemporáneo (de nuestro tiempo), más bien, se puede hablar de estilos y convenciones recicladas y amaneradas, un arte atemporal, en lo híbrido de su formación. Alguien puede decirme que el eclecticismo es un estilo, lo que es verdad, pero es el estilo de la decadencia, es lo que se produce después de períodos de mucha riqueza intelectual y hay que diferenciar, entre producir un elemento nuevo por la suma de estilos mezclados y pasados por la subjetividad del artista, de esos rompecabezas horrorosos que se suelen realizar.

Según los postmodernistas "ya todo está dicho e inventado", pero yo les opongo esta frase "ya todo está dicho e inventado, hasta que viene alguien más inteligente y más audaz que nosotros y demuestra lo contrario". Cuando sucede esto, es el primer bofetazo contra el rostro avaro y somnoliento de la sociedad y su dirigencia decadente. A partir del momento en que esto ocurre, comienza la resistencia del sistema (con su escudo y lanza llamados tradición y buen gusto), pero también comienza todo un movimiento de subversión estética, violento e incontenible en su afán de destruir, para como ya lo dije antes, construir un mundo nuevo. Una vez desatado esto, la Luna ya tiene su gatillo y sólo resta construir la escalera para ponérselo.

Federico Pablo Blanco

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Todo delSUR

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