| <Ene-Feb 06 | Marzo 2006 — Nº 71 |
OTROS fab9UNA CALLE PARA BORGES
Hace exactamente cuatro años, y abusando de las buena predisposición de la señora concejal Liliana Lutteral, un grupo de escritores quilmeños propuso al H.C.D. local la tarea de imponer el nombre de "Jorge Luis Borges" a alguna calle del distrito. Naturalmente, la moción no pretendía rebautizar ni a la peatonal Rivadavia ni a la coqueta Paz, la popular y siempre descuidada Hipólito Yrigoyen o la brevísima Carlos Morel. En concordancia acaso con la modestia que caracterizó al autor de Ficciones, se pretendió que le fuera impuesto su nombre a alguna de esas arterias de Quilmes Oeste o Don Bosco que todavía llevan número.
En fin, el lector recordará el desenlace: luego de acaloradas discusiones, y en una resolución que evidencia por lo menos su incultura, algunos concejales quilmeños decidieron que Borges era indigno de semejante homenaje. Luego, los medios nacionales se hicieron eco del brulote y al cabo de unos días hasta la prensa extranjera se bufó del despropósito (nobleza obliga: es fuera del país adonde la figura de Borges ha recibido siempre los mejores y más sentidos reconocimientos). Pero no todo fue tragicómico, ya que hubo al menos un concejal al que se lo vio muy contento, a pesar aún de haber sido uno de los responsables del papelón. Sí, digno de Ripley: el incorregible edil saltaba en una pata porque por primera vez su nombre aparecía en otros medios de comunicación que no fueran los del pago chico... aunque usted no lo crea.
El 14 de junio se habrán de cumplir veinte años de la muerte de nuestro gran escritor. Y en todo el mundo lo ha de recordar como se merece: en Ginebra, París, Londres y Nueva Cork se preparan simposios universitarios, la edición de nuevos libros, clases magistrales, conferencias y hasta la construcción de uno de sus "laberintos" (en la isla San Giorgio, frente a Venecia, idéntico al que existe en San Rafael y que fuera realizado por el artista británico Randoll Coate). Además, y como para redondear, en Lisboa el escultor Federico Brook inaugurará una obra inspirada en su figura. En fin, como debe ser. ¿Como debe ser? Buenos sería, entonces, que nuestros concejales, si efectivamente son nuestros, retomen el tema y esta vez, sí, rindan tributo a Borges en nombre de una comunidad que hace ya muchos años ha dejado de lado aquellas dicotomías (popular-antipopular, peronista-antiperonista) que alguna vez hicieron posible, entre otras cosas, la llegada a los asuntos públicos de algunos funcionarios tan oscuros como incapaces. N. de R.: Hago esta modesta propuesta en nombre de Agenda del Sur, de la recientemente creada Agrupación Vientos del Sur y, —estoy seguro—, de un montón de instituciones y ciudadanos que se sentirían muy orgullosos con este acto reivindicatorio. Miguel Angel Morelli
En cada idioma hay otros idiomas, visibles o invisibles: hablamos varios a la vez, sin saberlo a veces. Ningún idioma hace su vida con independencia de los otros, si hay algún contacto entre los pueblos, aunque sea indirecto. Donde más se nota esto es en la adopción de palabras extranjeras, llamadas "préstamos" (aunque nadie tiene la intención de devolverlas). A todos, y en especial a los jóvenes, les encantan los préstamos, esas palabras que traemos de otras partes y domesticamos, haciéndoles adoptar nuestra pronunciación y a veces nuestra ortografía, e incluso cambiándoles las terminaciones. En Buenos Aires dicen software, web, bypass, sushi, y dicen setear, chatear y otras miles, en gran parte procedentes del inglés, porque el inglés es la lengua más extendida y más influyente, y del mundo anglosajón proceden las novedades tecnológicas y también las preferencias culturales. A veces es un poco afectado o un poco ridículo usar palabras ajenas. En Madrid he oído paniquear, por ejemplo, que viene del inglés to panic, y me ha dejado medio descolocada, pero en fin, por qué no. No es malo usar palabras de otra lengua, ni existe nada parecido a una lengua pura, y además así tiene que ser, porque las lenguas se difunden, viajan, se encuentran, se conectan, se enriquecen precisamente al juntarse. Los préstamos suelen designar objetos nuevos, para los que no tenemos nombres en nuestra lengua. Junto con los objetos, importamos las palabras, y después de un tiempo ya no las sentimos extranjeras, son nuestras por derecho de uso. Cuando los españoles llegaron a América, se encontraron con muchas cosas nuevas; a algunas les pusieron el nombre de algo ya conocido: al jaguar, por ejemplo, lo llamaron tigre, y al puma león. Pero en la mayor parte de los casos adoptaron la palabra indígena, y así entraron en el castellano, ya desde el mismo Diario de Colón, palabras como maíz, batata, tabaco, tiburón, todas ellas procedentes del taíno que se hablaba en las Antillas, primera etapa del descubrimiento. Después ingresaron de la misma manera en nuestra lengua palabras nahuas como aguacate, cacahuete, tiza, y las indispensables chocolate y tomate. Del quechua proceden cóndor, mate y papa, entre otras muchas. Mucama, matungo, conga, provienen de lenguas africanas. Son todos préstamos, productos de la conquista y la trasculturación. A veces podemos reconstruir historias más largas de préstamos. En casi todas las lenguas europeas, el vino y el aceite se nombran con palabras que proceden del latín vinum y oleum, términos hermanos de los griegos woînos y élaion. Pero el griego zákkaron, 'azúcar', solamente ha pasado al ruso y al esquimal. En el castellano y en las demás lenguas de Europa el nombre de esta sustancia proviene (igual que la palabra griega) del sánscrito çarkara, que significa 'guijarro, grano'. De Persia la sustancia y la palabra pasaron a la India, y de la India la recibieron los árabes, que la adoptaron como súkka. Los árabes plantaron cañas de azúcar en Andalucía, y de ahí la palabra castellana azúcar, que incluye el artículo árabe al. También pedimos préstamos a esas lenguas que llamamos muertas, que sin embargo nos siguen dando palabras vivas. La ciencia y la tecnología nombran lo novísimo con palabras viejísimas. Los significados se reciclan. Ignoramos cuál es la ventaja de que nuestra especie haya desarrollado tantas lenguas distintas, que nos impiden comunicarnos fácilmente (se hablan unas cinco mil lenguas en la actualidad). Pero al menos tenemos el derecho a usar palabras prestadas cada vez que las necesitamos, o por juego, capricho o moda: las lenguas son de todos. Graciela Reyes SOBRE LA FE ¿Vos tenés fe? Se me ocurrió escribir sobre este tema y cuando lo comenté me miraron raro. ¿Cómo va uno, hoy en día, a hablar de Dios y esas cosas? Hablar de lo sobrenatural, del alma, de la otra vida entre gente pensante, parece poco elegante. Cosas de antes... ¿a quién preocupa hoy eso? Pensaba que sólo habría Roberto Enrique Rocca DE HUMO Y CHISTES He comprobado que la "fogosa" campaña que padecen desde antiguo los fumadores de España ha encontrado eco en Argentina y, nada más saberlo, como respondiendo a un conjuro, los periódicos informaron de que el Parlamento Británico aprobaba la más estricta de las prohibiciones de fumar que había barajado: la que afectará a todo tipo de locales públicos, incluidos los "pubs", las legendarias tabernas inglesas que, sin humo, jamás volverán a ser lo que eran, lo que por unos pocos meses todavía son. Fernando Anguita B. ELOGIO DEL CUCHILLERO ¿Dónde estará (repito) el malevaje Resulta que el malevaje va a ser mejor gente que los señoritos de provincia que asesinaron a un joven de la manera más cobarde que se pueda imaginar. Uno trompeó a Ariel Malvino en la cara, mientras que otro de la jauría lo golpeaba por detrás y le hacía perder el equilibrio. Ariel cayó y al parecer se fracturó el cráneo; mientras estaba en el suelo con convulsiones, el tercero de la manada, posiblemente el lobo alpha, agarró una piedra de 16 kilos y se la tiró sobre el pecho. Lo escuchamos por radio y lo leímos en los periódicos, pero casi nunca oímos la palabra cobardía. Resulta que los padres de estas bestias humanas, personajes perfectos de una novela naturalista, los mandaron a buenos colegios, los hicieron deportistas musculosos para acabar en criminales que quizás queden impunes y encima alguno dice que su hijo no empezó la pelea. Leda Schiavo UNA ESTÉTICA DEL INTERCAMBIO IMPOSIBLE
1— Citas, simulacros, apropiaciones.
agarráte fuerte
6— Simulacro de simulacro. Alicia Silva Rey LA ANTESALA Primero vi cuatro mujeres vestidas de blanco,
Dos de las tres son las últimas en morir de parto en distintas regiones del mundo. (La tercera mujer no interesará a la historia). Esperan al funcionario que les precisará los trámites para ingresar al limbo. Anne Ivette Touche, alsaciana de origen, dio a luz una niña de tres kilos doscientos en una clínica de Normandía, pero su corazón (agobiado de cocaína) no admitió los esfuerzos del parto. La mujer de la derecha, Luz María Ascasubi, de Alicante, asesinada de catorce puñaladas por Hans Jürgen a la semana del parto, se pregunta si será posible ver a su hijo. Raúl A. Schnabel |
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TEXTOS de OTROS |
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YO, RODOLFO |
Rodolfo Walsh |
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Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados *, y eso me gustó.
Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antigüedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causé es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos. La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie.
Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces. En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez. * Unidad métrica compuesta por una sílaba breve (sin acento) y una larga (acentuada). *** |
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