BELLAS ARTES
Miguel Angel Morelli
ABRIL, EL MES MÁS CRUEL
Graciela Reyes
SOBRE LA AUTORIDAD
Roberto Enrique Rocca
DE LA ESENCIA
Fernando Anguita B.
¿IRÁN?
Claudio L. Pérez
CINE — recomendados
Cintia Alviti
LA ÚNICA
Sofía Montes Aulaga
OTROS
John Berger
fab9
BELLAS ARTES
Hace seis años los profesores Lidia
Castellini y Daniel Salvanescki tuvieron la magnífica idea de escribir un
libro dedicado a recoger en sus páginas el quehacer de una de las
instituciones más prestigiosas de nuestro partido. Su título: "Apuntes
para una historia de la Morel" (como todos sabemos, "la Morel" es el
nombre familiar con el que los quilmeños se refieren a su Escuela
Municipal de Bellas Artes Carlos Morel, EMBA). Tuve el inmenso
honor de ser el editor de ese libro. Y al no haber nacido en Quilmes, y
por ende desconocer buena parte de su historia, de la lectura aprendí que
la Morel ha ocupado desde su fundación misma un lugar preponderante en el
desarrollo de las artes del país. Por sus aulas desfilaron, a lo largo de
sus casi 65 años de vida, notables profesores que con su empeño y
dedicación ayudaron a formar tanto a otros profesores no menos notables
como a muchos de nuestros más admirados artistas.
Pero la que por
su prestigio académico tendría que ser, junto con la Universidad Nacional
de Quilmes, la nave insignia del desarrollo cultural del distrito, vive en
un permanente estado de conflicto. Situación que no es nueva, desde luego,
pero que con la actual gestión municipal se ha agudizado a tal punto que
hoy por hoy está en juego lisa y llanamente su futuro. Ya los
distintos medios incluidos los nacionales se hicieron eco del panorama:
aumentos que no son reconocidos, estatutos que se modifican entre gallos y
medianoche, movilización de la comunidad educativa hacia Plaza de Mayo,
etc. Pero por encima de estas cuestiones coyunturales, resulta a todas
luces evidente que lo que vuelve endémica la crisis es una mera cuestión
de estrategias culturales. O, para mejor decir, la falta de ellas, porque
los funcionarios de turno, limitados a administrar pero no a gestionar
políticas a largo plazo, no alcanzan a advertir para qué sirve la Escuela.
Para ellos se trata de un gasto inútil, una erogación sin ton ni son (en
este sentido se expresaba, días atrás, el editorial de un diario local que
hoy opera casi como vocero oficial). Para decirlo de otro modo:
atrapados por las urgencias electorales, por carreras que requieren
resultados inmediatos, a ningún político le interesan los resultados que
requieran del paso del tiempo, que es precisamente cómo devuelve la
educación cuanto se haya "invertido" en ella. Por lo demás, dos centenares
de profesores y algo más de tres mil estudiantes cuestionadores e
indisciplinados a la hora de votar, resultan mucho menos atractivos por
ejemplo que una hinchada de fútbol (pensamos: mientras se reiteran los
políticos metidos a dirigir instituciones deportivas, ¡¡no se sabe de
ninguno que aspire a conducir un colegio!!). Y, para colmo de males, da la
sensación de que los funciones jamás entenderán que no son los dueños del
municipio, sino apenas nuestros circunstanciales empleados.
Miguel Angel Morelli
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ABRIL, EL MES MÁS CRUEL
Hasta la gente más desgraciada sonríe
cuando un día de abril, después de seis meses de invierno, atravesando el
umbral misterioso de unos días envueltos en un vaho azulado, llega la
primavera, llega tardía y triunfal, con sol, cielo azul y aire suave, y
florecen concertadamente los ciruelos y los almendros, y se abren de golpe
los tulipanes y los ojitos dorados de los junquillos. En este día feliz,
en este primer día de primavera, tomamos el ómnibus a media mañana. El
ómnibus va por el bulevar La Salle desde Eugenie, donde vivimos, hasta el
centro. Sentados del lado derecho, hubiéramos visto casas hermosas y
jardines, y por las ventanas lámparas y bibliotecas. Pero preferimos
sentarnos a la izquierda, para ir junto a los canteros que hay en el medio
de la calle, llenos de tulipanes, y para ver mejor los rascacielos que se
amontonan en la orilla del lago. También podremos ver el lago Michigan, en
el fondo de las bocacalles, el lago inmenso que nos rodea, agua estriada
de turquesa y de malva en el día brillante. La que maneja el ómnibus es
una mujer pequeñita que hoy sonríe también. Parece muy pequeña para este
ómnibus enorme, con dos partes articuladas. Sentada en los primeros
asientos, en diagonal a nosotros, hay una señora antigua y dulce, vestida
con un abrigo muy claro, que lleva un sombrero de paja de ala ancha, y en
el sombrero, un ramito de flores de seda, blancas y verdes. En Burton sube
un chico con ojos reidores, y en Chestnut una anciana conectada a un
tanque de oxígeno muy grande, que parece transportar sin esfuerzo, y que
charla y se ríe con la conductora antes de elegir un asiento frente a la
señora del sombrero de paja. A nosotros nadie nos mira.
Cada cuadra
tiene un arreglo diferente de tulipanes en el cantero central. Son
amarillos y anaranjados, con un fondo de flores azules, bajas, o bien son
rosados y blancos, o bien son todos blancos rodeados de verde espeso, o
bien son color lila y color celeste, o bien veteados de rojo y veteados de
amarillo, o veteados de azul y blancos lisos. La gente sonríe por la
calle, es algo lindo de mirar. Las chicas muestran la cintura desnuda, son
chicas hermosas, esbeltas y firmes. En Erie, cruzan la calle dos jóvenes
gauchos con bombachas, botas y pañuelo anudado al cuello: son empleados de
los restaurantes brasileños donde se ofrece asado a la leña. Nada es
incongruente en el bulevar La Salle, paralelo a la costa pero tranquilo y
ajeno al movimiento de las calles comerciales. En Ontario sube una mujer
que tiene el pelo recién lavado y se pone a trabajar con unos papeles. Del
otro lado del pasillo, un joven está metido en su ipod, los ojos
entrecerrados. Antes de llegar al río, un señor mayor que me recuerda a mi
padre, alto y ágil, de traje y corbata, se baja por la puerta delantera.
Lleva un portafolio. Detrás de él baja una chica con un bebé de ojos
grandes, azulísimos, como dos flores abiertas.
Nosotros no nos
agitamos. El río transcurre como un espejo móvil bajo el puente de hierro.
Ya estamos en el centro de Chicago. Se ven los techos luminosos de los
pabellones de música de Millennium Park. En una esquina hay un puesto de
ajedrez rápido: cinco juegos comenzados, uno al lado del otro, y un cartel
que dice "Elija a su contrincante. Juegue y siga". Un hombre juega,
de pie, no hay asientos. Nos bajamos en Madison. En las esquinas tocan
jazz estrepitosamente. Lo hacen también en pleno invierno, cuando hay diez
o quince grados bajo cero. Pero qué dicha es la música hoy, bajo este sol
que llena de colores los edificios de cristal, reflejados uno en el
otro. La puerta de entrada tiene dos leones de piedra a los costados,
el ascensor es antiguo, de hierro. Aquí adentro todavía hace frío, tenemos
frío. Va a ser rápido: quince, veinte minutos. En el rellano del ascensor,
en el piso 14, hay una gran ventana. Antes de tocar el timbre, miramos el
cielo. Es liso y profundo, sin una sola nube.
Graciela Reyes
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SOBRE LA AUTORIDAD
Un hermano de mi abuela, que era juez
en los tribunales de La Plata, tenía un huerto de frutales en su casa de
fin de semana. Le robaban la fruta y lo comentó una vez con el Jefe de
Policía.
—No se preocupe, doctor — dijo el funcionario —
le pondré un agente de guardia y asunto concluido. Y fue que una
mañana nuestro hombre estaba paseando por el huerto, cuando desde la copa
de un árbol le llega un ruido de ramas agitándose.
—¿Quién anda
ahí? — grita severo. —¡Lautoridá! — responde desde arriba el
vigilante.
El protagonista de la anécdota estaba en falta,
ciertamente venial, pero era, más allá del papelón, un hombre consciente
de su investidura. Hoy hay muchos ejemplos de autoritarismo, pero muy
pocos de ejercicio consciente y justo de la autoridad. Casi nadie confía
ni en los dirigentes ni en los jueces y hay una peligrosa tendencia a
violar las leyes, a reclamar por la fuerza y a hacer justicia por mano
propia. Aunque ya soy bastante viejo no tengo aquello de creer que todo
tiempo pasado fue mejor y pienso que en muchas cosas estamos mejor que
antes, pero no me cabe duda de que el principio de autoridad está en
crisis.
"¿Qué sapa, Señor?" se preguntaba Discepolín ante el
desmadre, pidiendo al cielo una respuesta. Creo que no le faltaba razón,
porque si perdemos la noción de algo superior, de algún tipo de jerarquía,
todo pierde el sostén. En otros tiempos, la autoridad del rey procedía de
Dios y nadie la discutía.
Con el tiempo, los pueblos fueron
tomando conciencia de la dignidad de cada uno y la autoridad divina estaba
en todo el pueblo y la ejercían los representantes elegidos por ese
pueblo. Con la Revolución Francesa los hombres se hicieron cargo de la
responsabilidad de mandar, y eso era posible porque, junto a la Libertad,
estaban los imperativos de la Igualdad y la Fraternidad. Los principios
democráticos, la vigencia implícita del Contrato Social, tenían su lugar
indiscutido en el mundo de los ideales. No es que los hombres fueran mucho
mejores que los de hoy, pero el que se portaba mal sabía que se estaba
portando mal y aunque eludieran el castigo, sabía que lo merecían. ¡Cómo
se vino abajo todo esto! ¿Cómo se vino abajo todo esto? Supongo que hay
muchas razones. Desde mi perspectiva profesional aparece en primer plano
la crisis de la autoridad de los padres. Hoy todos dudan: ¿cómo prohibir a
mi hijo lo que otros padres permiten?, ¿cómo decirle que cuando sea más
grande comprenderá lo que ahora todavía no comprende?
Pero esta
crisis abarca todos los campos: los maestros no enseñan, los gobernantes,
en lugar de liderar el proyecto de todos, ejercen la demagogia con el
apoyo científico de las encuestas; los medios, dependientes del "rating",
renuncian a su papel informativo y educativo; la justicia no funciona; la
policía no ordena, etcétera, etcétera... Parece que las modas, la
presión del consumismo, la idealización de la fuerza juvenil en detrimento
de la experiencia de la edad madura, la aceleración de los tiempos, todo
nos empuja para adelante y nos impide mirar atrás, desautoriza las
tradiciones y la historia, igualándonos a todos para abajo.
Bien
entendió el poeta del tango que la vigencia de una auténtica
jerarquización social, era la única morada protectora que podía salvar al
hombre de la ley de la selva: "...y es que el hombre anda sin cueva, /
volteó la casa vieja / antes de construir la nueva.../ creyó que era
cuestión / de alzarse y nada más, / romper lo consagrao, / matar lo que
adoró, / no vio que a su pesar / no estaba preparao / y él solo se enredó
/ al saltar." __________
Roberto Enrique Rocca
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DE LA ESENCIA
Un filósofo español al disertar sobre lo inagotable y externa que la sustancia es en su verdad decía que, cantando sus múltiples nombres, el poeta soporta y celebra un poder divino. Santayana era ese filósofo; sus palabras no vanagloriaban el "oficio" de poeta, que también ejercía, sólo apuraban hasta el límite la aproximación a la esencia, hasta el inexpresable entender de la sustancia. En ese mismo apurar pienso que se extasían, o dicho de modo gráfico, "flotan" todos los poetas. En la otra orilla, asentados en la modesta prosa, quienes leyendo los versos de alguno de ellos, famoso o desconocido, sentimos por un instante un sobresalto, como una punzada de luz, habremos de felicitarnos por nuestra suerte. Porque alguien, ¿un dios menor, una sinapsis descolocada, una torsión impropia en la espiral de nuestro ADN?, nos regaló un chispazo de la esencia a la que otro humano, tensado en sobrehumano esfuerzo, logró acercarse hasta tocarla.
Me sucedió hace mucho, enfrascado en la interminable tarea de aprender alemán. Imagino que si hubiera dedicado más tiempo a leer poesía me habría sucedido más veces. Lo cuento aquí porque la densidad de tránsito de poetas en estas increíbles páginas es muy superior a lo normal y, por tanto, la empatía que pueda suscitar es más probable o abundante que el rechazo.
Me sucedió, digo, leyendo a Rilke: «Das Stunden Buch», [El Libro de Horas], el regalo que un hijo me trajo del mismo Berlín. Haré la historia corta.
El "chispazo" lo provocó, casi nada más comenzar, la cuarta estrofa del primer libro. Así fue como entendí sus cuatro versos:
Mi vida fluye en anillos concéntricos / que ondulan sobre las cosas. / Consumar el último quizás no lo consiga / pero voy a intentarlo.
Tiempo después tropecé con una traducción literal, pero los círculos crecientes no me "decían" lo mismo. En su versión original, los versos se habían depositado en mi memoria como el agua que fluye, otro eco literario-poético, y su sustancia me acompañaba desde entonces, había trascendido toda presunta literalidad. Rainer María, ese poeta que leyenda y realidad murió al clavarse la espina de una rosa, había saltado la barrera idiomática, la dificultad sobreañadida: el ganador olímpico de los cien metros libres duplicaba su triunfo en los cien metros vallas. Al pisar la línea de meta él había tocado la esencia. Entre los espectadores un yo, inexistente en la fecha del evento, tuvo la fortuna de compartirlo varias décadas después... así dio significado a sucesos hasta entonces ininteligibles y encontró el sentido de lo indecible, de otras latencias inexpresables. ____________ Jorge Ruiz de Santayana y
Borrás (1863-1952), filósofo y poeta nacido en Madrid. Estudió en
Harvard y Berlín. Enseñó en Harvard y en Oxford. Toda su obra está en
inglés; firmada como George Santayana y fundamentada en la distinción
platónica entre existencia y esencia.
La estrofa de Rilke
es: Ich lebe mein Leben in wachsenden Ringen, die sie sich über
die Dinge ziehn. Ich werde den letzten vielleicht nicht
vollbringen aber versuchen will ich ihn.
El poeta era
leucémico; cualquier pinchazo pudo infectársele causándole la muerte.
Fernando Anguita B.
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¿IRÁN?
"En los próximos 20 años "América"
sufrirá una importante crisis energética", dijo Spencer Abraham,
Secretario de Energía de Estados Unidos, en marzo de 2001. "Si no
pudiéramos sobreponernos a este desafío, quedaría amenazada la prosperidad
económica de la nación, se comprometería nuestra seguridad nacional y
literalmente se alteraría la forma en que llevamos nuestra vida".
Algunos meses antes de la llegada de George W. Bush a la presidencia de
EE. UU. su país experimentó la más grave crisis energética de las últimas
décadas, con insuficiencia de abastecimiento de petróleo en distintas
zonas y apagones programados en California. Más del 50% del petróleo que
consume EE. UU. es importado, sus reservas son de 22.000 Millones de
barriles de petróleo.
La respuesta de Bush ante la crisis es
contundente, primitiva. Primero fue Irak (reservas comprobadas de 115.000
M. de barriles) y ahora amenaza abalanzarse sobre Irán (reservas de 96.400
M. de barriles). Dados los hechos me parece lícito suponer que cuando
Arabia Saudita (265.000 M. de barriles de reservas) deje de seguir sus
dictados, las limusinas de algunos jeques árabes volarán por los aires
impactadas por misiles arrojados desde la seguridad que imponen kilómetros
de distancia, por supuesto con víctimas civiles colaterales no deseadas
(miles de seres humanos). La excusa para masacrar iraquíes fueron las
armas químicas que las tropas de ocupación nunca encontraron. En el caso
de Irán el tema pasa por la presunta posibilidad de que el programa
nuclear iraní pueda ocultar fines bélicos. Como la mente criminal del
George W. Bush, privada ahora del alcohol, no aloja la posibilidad de
creación de una sola metáfora, en el caso de Irán planea estrenar en el
ataque armas nucleares de baja intensidad (Ojo por ojo y...).
Me
aterran el primitivismo y la violencia atávica con los que EE.UU. resuelve
sus problemas energéticos. Y por lejanos y distintos que sean los pueblos
arrasados, o por arrasar, y sus culturas, no puedo dejar de pensar en la
enorme injusticia que subyace en que un recurso natural se convierta
paradójicamente en una condena a muerte.Tal vez algún día, cuando los
niveles de contaminación en EE.UU. sean insoportables para la vida (EE.
UU. no ha firmado los protocolos de Kyoto que limitan las emisiones de
gases contaminantes o destructores de la capa de ozono), algún presidente
tan pragmático como Bush decida que es hora de adueñarse del acuífero
guaraní, o de las grandes extensiones de aire limpio y tierra virgen de
nuestro país y pasemos a ser tan terroristas como los pueblos que ahora
diezma. Pero aún cuando no tuviéramos recurso alguno que pueda
resultarles de interés, estas guerras de rapiña y los muertos sin razón
deberían provocarnos una reacción que excediera las palabras. En esto
también la dictadura militar nos educó para el olvido, para hacer de
tripas corazón y seguir mirando para otro lado mientras a nuestro
alrededor, cerca o lejos, la suerte de los más débiles se juega a cara
cruz en la bolsa de Nueva York.
Claudio L. Pérez
p
CINE - recomendados
Esta
cuarta película de Caetano trata sobre una historia real escrita por su
propio protagonista, Claudio Tamburrini, un arquero de Almagro, que en
1977 es trasladado por equivocación al centro clandestino de detención de
la mansión Seré, en Morón. Crónica de una fuga presenta una
mirada diferente sobre este período tan penoso de la Argentina, ya que no
cuenta una historia de tortura ni muestra escenas de ese tipo, sino que al
contrario, su esencia es narrar una historia de esperanza y libertad donde
cuatro detenidos logran fugarse tras cuatro meses de cautiverio. El
elenco es inmejorable: Rodrigo de la Serna (Claudio) en una labor prolija,
trasmite la desesperación de su personaje por tratar de comprender su
situación y poder hacer algo para cambiarla. Pablo Echarri (Huguito)
consigue con esta actuación, el punto más alto hasta hoy en su carrera
fílmica. Casi irreconocible desde lo interno y externo, hace que el
espectador vea en él solo a Huguito y se olvide por completo del actor.
Casero, Delgado y Marmorato brindan actuaciones sin altibajos y a la
altura de las circunstancias. Una excelente película, que realiza un
quiebre en todas las historias contadas de la época de la dictadura
militar. Una inversión bien hecha en la boletería del cine. ____________ Crónica de una
fuga Argentina- Dirección: Adrián Caetano- Elenco: Rodrigo de
la Serna, Pablo Echarri, Nazareno Casero, Lautaro Delgado, Matías
Marmorato.
Cintia Alviti
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LA ÚNICA
Mirame bien. Quizá recuerdes algún
rasgo. O me reconozcas por la voz. Vos siempre tuviste mucho oído. Después
de todo no ha pasado tanto tiempo. ¿Qué son cuarenta años? Quizá si te
digo que soy la única persona que te defendió siempre, la única que no te
guardó rencor, la que siempre te quiso. Y te sigo queriendo. Por eso vine.
Lo sé todo de vos, de entonces a ahora, y sé, sobre todas las cosas, que
nunca quisiste sufrir. Sí, soy yo, y no vas a sufrir, te lo
aseguro.
Lo encontraron con un balazo certero en el corazón y una
expresión de asombro en los ojos abiertos. No había signos de sufrimiento.
La boca esbozaba una sonrisa.
Sofía Montes Aulaga
p
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