a PORTADA

<Nº 48

Noviembre 2003 — Nº 49

N° 50>


UN CIUDADANO DEL MUNDO
Miguel Angel Morelli

EL POSESO
Graciela Reyes

LABERINTO MORTAL / UN VAGABUNDO
Roberto Enrique Rocca

LA VIDA EN EL MISSISSIPPI
Leda Schiavo

DE GATOS QUE LLUEVEN
Fernando Anguita B.

EL ARTE COMO GENERADOR DE IDENTIDAD
Federico Pablo Blanco

ALGUNOS FUIMOS RUBIOS
Marta Vassallo

EMPRESAS Y PUEBLOS ¿ANTÓNIMOS?
Salvador Enríquez

fab9

UN CIUDADANO DEL MUNDO

Ana y María Elena, sus hermanas, me alcanzaron esta tarde la noticia: allá en la vieja Europa, tan cerca de sus amados Liszt y Mozart como lejos de esta torrencial y siempre en carne viva patria suya, se nos ha ido —de pura muerte nomás— el maestro Caramuta. Don Américo Caramuta, "un rosarino por nacimiento y ciudadano del mundo por adopción", como él mismo decía sin mella de broma.
Dos o tres días antes, en pleno corazón de Quilmes, nos habíamos juntado para comer y seguir dándole cuerda a una amistad que ya llevaba varios años y no sabía ni de distancias ni de dobleces. Y, cosa rara entre nosotros, esa noche no hablamos ni de su música ni de mi poesía. Hablamos, sí —¡y hasta por los codos!— de su casa en Milán, sus hijos norteamericanos, sus discípulos de China o Taiwán.... Hablamos de Dios, de la muerte, de las revanchas con que suele convidarnos la vida. Recordamos al bueno Patricio, evocamos a Castro y Sciamarella, criticamos a Bush, brindamos por los nietos... Y demoramos el café para darle tiempo a las anécdotas: "Cuando venía para acá, en el aeropuerto de Barajas sufrí un desmayo, y la médica que me atendió me decía No se preocupe, hombre, no se preocupe... ¡Mirá si me iba a preocupar yo, que estaba a un paso de poder saber, finalmente, si es cierto o no que nos espera algo más del otro lado!" -me contó, entre divertido y asombrado.

Américo, que era un intérprete excepcional y un maestro como pocos (y así se lo reconocía desde México a Japón, donde dicho sea de paso ofrecía clases magistrales una vez por año), también me contó que esa tarde había pasado por la puerta de nuestra Escuela de Bellas Artes, y que, fascinado por el sonido de una zamba, había pedido permiso para poder entrar a observar al alumno ejecutante. "¡Para qué se me habrá ocurrido, me sacaron zumbando!" -se quejó con amargura. Y después, sin ocultar cierta tristeza: "Y pensar que ahora también los chinos me contrataron para que vaya a enseñarle a sus jóvenes..." (por pura delicadeza nomás creo omitió referirse a aquello de que nadie es profeta en su tierra).
Como quedó dicho, nos demoramos hablando durante buena parte de la madrugada; después caminamos hasta la casa de su hermana, donde se hospedaba. Ya en la puerta nos dimos un gran abrazo, y cuando estaba a punto de meterse en el ascensor, se dio vuelta como preocupado. "Después me lo contestás por mail -me dijo—, pero andá pensando en qué puede hacer alguien como yo por este país al que le debe tanto".
Era una buena pregunta. Natural en un artista que estaba más allá de cualquier vanidad, un hombre de bien, un ciudadano del mundo.

Miguel Angel Morelli

p



EL POSESO

Los americanos (no hay otro modo más específico de llamarlos) tienen el país más fuerte y rico y la cultura más influyente de la historia. Su civilización se asienta en la idea de respeto a la ley, y se entiende que en la ley están los principios del orden y la decencia.
Después de los atentados de septiembre del 2001, se tomaron medidas de esas que requieren explicaciones enredosas para justificarlas legalmente. Los prisioneros de Guantánamo están detenidos sin derecho a abogado y sin fecha de juicio, simplemente detenidos hasta que se acabe "la guerra contra el terrorismo". Los extranjeros provenientes de países árabes, e incluso nacionales, están sujetos a detención e interrogatorios. Muchos protestan contra estas situaciones, no solamente por humanidad, sino porque temen que el sólido sistema legal quede dañado, que este país deje de ser lo que era. Y así habrán ganado los terroristas, dicen.
Los terroristas ganaron ya, en gran medida, aunque solo fuera porque un señor que malpronunciaba las palabras y tenía cierta gracia de bufón se convirtió, gracias a ellos, en un líder, y los seres oscuros que antes conspiraban sobre cómo imponer la hegemonía americana salieron de sus cuevas y ahora gobiernan con la palabra terrorismo entre los dientes. Los atentados sirvieron de justificación para operar oficialmente al margen de la ley, y también para imponer la doctrina de la preemptive war, que postula que hay que atacar antes de que ataque el otro, para que no nos dañe "otra vez". Como los terroristas están por todas partes, las guerras "por prioridad" son teóricamente infinitas. La justificación de tal derecho a atacar primero puede basarse en una moral de guerra, y eludir la noción de legitimidad y la opinión de otros países.

Si algo caracteriza a los americanos,es su convicción de que su país es el mejor posible sobre la tierra. El actual presidente es un ejemplo típico de este beneplácito de sí mismos tan americano, pero además es un poseso. Está poseído de ideas más grandes que los demás, aunque en absoluto discordantes con las de sus conciudadanos, que por eso lo entienden y lo han apoyado ciegamente, por lo menos hasta hace poco. Creo yo que la idea central del presidente desde que asumió su cargo (y lo hizo tan fresco, como si lo hubiera ganado por mayoría aplastante, ya que lo ganó por ley, que es lo que importa), facilitada luego por los ataques de septiembre, no es tanto dominar el mundo, ni vengarse de los árabes, ni enriquecer a la Halliburton Corporation, ni proteger a Israel, sino pasar a la historia como el hombre que cambió al mundo. Los que lo rodean y asesoran tienen intereses menores pero muy compatibles, y el equipo funciona casi siempre bien. El presidente es un "cristiano vuelto a nacer", como una tercera parte de los americanos, y estoy convencida de que se ha propuesto ser la mano de Dios y ejecutar Su voluntad, ganando así la gloria, no meramente dinero o poder. La arrogancia que le achacamos le viene de su certidumbre de que la democracia americana es la mejor, y hay que llevarla a los países minusválidos y tener enclaves en ellos para regenerar el mundo a la americana, manteniendo así la "benévola hegemonía" americana. Es un misionero con misiles, el hombre que va a salvar tu alma a bomba limpia, mientras los procónsules se llenan los bolsillos, los que podrían oponerse no saben cómo hacerlo sin caerse de la historia, y los lameculos de siempre mandan soldaditos simbólicos para colarse en la historia.El poseso raramente habla de Dios. Habla de patriotismo y libertad, retórica que explota el miedo y el orgullo herido de sus compatriotas. Esa retórica es la que mueve al ejército más poderoso de todos los tiempos, o de otro modo el Congreso no hubiera aprobado la invasión de Irak, con tan pocas voces discordantes, ni la prensa americana hubiera caído en el papanatismo en que estuvo por meses.

"No tengo ni una duda, ni una, de que lo que estoy haciendo es lo que hay que hacer", dice el poseso. Lo peor es que esas palabras son sinceras. Si gana la reelección del 2004, lo que todavía es posible, que Dios, otro, no el de él, nos ayude.

Graciela Reyes

p


LABERINTO MORTAL

Inmovilizada en la silla, la rubia lo miraba con los ojos muy abiertos. Oía claramente, desde el corredor de bloques grises, su respiración entrecortada. Era un laberinto infinito. Con una pistola en cada mano, tenía que avanzar con mucho cuidado, porque los monstruos podían surgir de cualquier lado. Apareció, deslizándose rápidamente una bola negra enorme, llena de dientes. La desintegró de un pistoletazo y siguió adelante. Ahora eran dos, uno de cada lado, que se precipitaban sobre él. Girando hasta casi arrancarse la cintura, consiguió, en una fracción de segundo, destruirlos. La rubia dejó escapar un suspiro de alivio. De repente se abrió un foso ante sus pies. La chica se mordía los labios. Saltó con un esfuerzo enorme y llegó justo al otro borde, casi rozando los tentáculos que intentaban atraparlo. Estaba quedándose sin aire. Ella, cada vez más ansiosa, sacudía la cabeza, sin quitarle los ojos de encima. Llegó a la encrucijada. Venían monstruos de todos lados. Empezó a girar, enloquecido disparando.
—¡No! ¡Socorro! ¡Ayyy..! —gritó la rubia, arqueando el torso y volteando la cabeza para atrás.

Lo golpearon por la espalda y cayó al suelo. Sintió los dientes agudos clavándose en el costado y vio que su sangre salpicaba la pared. Comprendió que se moría, porque las formas y el dolor mismo, se borroneaban.
La chica dejó caer la cabeza.
—No te preocupes, yo también hubiera perdido— dijo el novio, poniéndole la mano sobre el hombro.
Abrazados, salieron riéndose del salón de videojuegos.


UN VAGABUNDO

Pasó muchos años entre la plaza y el cielo.
Cuando el sol pegaba fuerte, le gustaba tenderse en un banco y dejarse evaporar. Ascendía y se transformaba en nube.
Luego volvía como lluvia, limpio y renovado, reunía sus moléculas y caminaba hasta la plaza.
Una tarde se levantó el pampero y lo arrastró sobre el río. Se dejó caer de a poco, contento de mezclarse con las olas, porque estaba cansado de esa vida.
__________

de «Cuentos mínimos»

Roberto Enrique Rocca

p


DE GATOS QUE LLUEVEN

No tengo muy claro por qué me dicen Café, pero ese no es mi problema. La verdad es que, mirándolo bien, lo que se llama un problema no lo he tenido hasta que vendimos la casa de la capital y nos mudamos al campo. Fue una decisión de los abuelos para escapar del calor del asfalto. Sin embargo, yo no he notado mucha diferencia. La casa de la capital tenía un cuarto trastero, al fondo del pasillo, donde yo me refugiaba al mediodía y allí no me molestaba nadie. Bueno, ahora que lo pienso, de pequeño tuve un desagradable despertar por culpa de dos gatos que se peleaban en el descansillo del alféizar, al otro lado de la ventana. Aquello no se volvió a repetir. Quizás por eso no tomé nota.

Esta casa es un chalé de los que llaman pareados. Nuestra vivienda y la del vecino no están separadas físicamente, sino que tienen una pared común. En el salón, por ejemplo, de un lado estamos nosotros y del otro ellos. La abuela está preocupada por su sordera. Tiene que poner la televisión muy alta, y a lo mejor se quejan ellos. Pero a mí no me gusta la tele, ni alta ni baja me suena natural. Espero que pronto me dejen ir solo a pasear alrededor del contorno de la casa. No hay comparación entre los olores de la ciudad y del campo.

Regina, la niña mimada, dice que en Inglaterra -un país que no conozco- hablan al revés. Por ejemplo, llueven gatos y perros, dicen allí cuando el mal tiempo arrecia y caen chuzos de punta, mientras que aquí se dice llueven perros y gatos. Si no fuera por la terrible experiencia que acabo de pasar, ambas expresiones me seguirían sonando idiotas.

El chaparrón que ha podido costarme la vida, se explica en cuatro líneas. El tejado de la casa vierte a dos aguas. Ambas son dos superficies continuas. Visto desde arriba, desde un aeroplano o un globo, es fácil imaginar qué parte del tejado pertenece a una vivienda y cuál a la otra. Una mediana imaginaria divide a las dos. A los ocho gatos de la casa del vecino les importa una raspa esa línea que no se ve. Pueden usar, y usan a su placer y conveniencia, toda la superficie del tejado. Supongo que antes de venir nosotros no tomarían precaución alguna. Ahora, desde el bastonazo que le tiró el abuelo al primero que apareció por casa, se acurrucan pacientes a esperar en la lima tesa, inmóviles, cada uno al costado del otro. Y para empezar no tuvieron que esperar mucho, porque nada más me abrió Regina la puerta, ignorante de mí, salí disparado afuera dando un gran salto.

Todavía con los colmillos clavados en el cuello de uno de los ocho que me llovieron, y antes de perder el sentido, pude escuchar a la abuela decir a la niña: "abre la puerta a Café, no se vaya a mear dentro de casa".

Fernando Anguita B.

p


LA VIDA EN EL MISSISSIPPI

Un viaje reciente en barco de vapor por el alto Misisipi me trajo de nuevo al maravilloso Mark Twain, con cuyos libros he pasado tantas horas felices allá lejos y hace tiempo. Mientras el Julia Belle Swain se deslizaba por la plácida corriente del río, me puse a leer el único libro que no conocía de este gran autor, titulado Life on the Mississippi. Aprendí muchas cosas, además de ver el maravilloso paisaje de peñascos cubiertos por colores del otoño que bordea el río. Para que el río fuera navegable se contruyeron una serie de diques y compuertas que van regulando la profundidad. El barco tiene que detenerse en cada dique hasta que las compuertas nivelan el agua de más allá, porque entre dique y dique hay como escalones de agua. Antes de que se construyeran los diques, o sea, en la época en que Samuel Clemens era piloto de barcos y antes de que fuera un célebre escritor, había que medir el nivel del agua tirando una sonda. La medida de la sonda era de 6 pies, y para que el barco pudiera pasar, tenía que haber dos medidas o doce pies. Entonces el que tiraba la sonda gritaba "mark twain", o sea, "marca dos", para indicar que se podía seguir adelante. De ese grito sacó Samuel Clemens el seudónimo que lo haría célebre.

El gran río, que atraviesa todo Estados Unidos ya que nace cerca de Canadá y desemboca en el Golfo de México, fue descubierto por un español. Luego lo exploraron los franceses creyendo que desembocaría en el Pacífico y les daría así un paso al otro lado. Gracias a su política de expansión territorial ahora todo el río está dentro de lo que son los Estados Unidos.
La vida en el alto Misisipi es dura, porque casi todo el año se vive bajo el hielo y la nieve, y la gente se hace dura también. En una de las orillas, cerca de Winona, los fines de semana se reúnen extraños sujetos que juegan a vivir fuera de la civilización y hacen campamento disfrazados de gente del pasado, ya sea de militares de la guerra civil, o de hombre de frontera, o de secta religiosa, etc. Cada cual cumple con su fantasía y comparte unos días con una comunidad que quiere escaparse de las reglas estrictas de una civilización tan codificada como la norteamericana. Venden artesanías, chucherías sin valor y pieles de animales, por lo que necesitaron explicarme que ellos estaban a favor de matar y de la violencia en que se asienta toda civilización. Escuchar eso en una sociedad tan hipócrita, que insulta al que lleva pieles auténticas en invierno, produce cierto shock y hace pensar en cómo el ser humano pasa de un extremo al otro. Pero por lo menos dicen la verdad, y no intentan disimular su agresividad bajo las falsedades que escuchamos todos los días en este país tan agresivo.
Casi todas los pueblos que atraviesa el tren y hasta el río mismo tienen nombres indígenas o extraños al inglés: Winona, La Crosse, Prairie du Chien, Waukesha, Portage, Fond du Lac, Milwaukee, Chicago... mostrando un conservatismo en los topónimos que no deja de ser asombroso. Me parece más pintoresco que haber rebautizado a los pueblos con nombres de militares o de políticos, como hacemos nosotros, y —rarezas de la vida— muestra un respeto por la historia y por los vencidos que francamente el norteamericano no tiene.

Leda Schiavo

p


ALGUNOS FUIMOS RUBIOS

Busqué en el film de Albertina Carri a Ana María Caruso, la militante a quien conocí, y por supuesto no estaba. Apenas pude reconocerla en alguna foto de infancia.
Tras leer exaltaciones varias de ese film casi salí defraudada. Los comentarios habían anticipado ya demasiadas cosas, y el film no terminaba de decirme nada contundente.
Pero conforme pasan los días veo que siguen grabados en mí los testimonios de las dos vecinas de Morón. Dos deplorables testimonios de esa canallería que se confunde con la estupidez.
Y de golpe me di cuenta de cómo poniendo un micrófono adelante de la boca de alguien se puede hacer aparecer un personaje que creo que ni Celine ha concebido. Encantada de aparecer hablando en alguna parte, aunque ella no sabe dónde sin el más mínimo pudor por la cabronada que dice.
Y también me di cuenta de que allí Albertina es como su madre. Desafiante, dura e irónica como podía ser su madre. Cómo escracha a esas vecinas. Se adivina el placer con que las escracha, un placer que viene, claro, mezclado con un dolor espantoso.
Y me di cuenta de que Albertina, aparentemente indiferente a la reconstrucción de las ideas y posicionamientos de sus padres, se identifica por completo con ellos en esa reivindicación final de "los rubios", de los diferentes, de los que "se la buscaron".
Se me viene al recuerdo a cada momento la escena de todos los miembros del equipo de filmación que se alejan por el campo con sus pelucas rubias puestas, como diciendo: "Nosotros también somos rubios" (rubios en el sentido ese de los diferentes, de los que se la buscaron, de los renegados que buscaban algo que no se puede nombrar).
Hay una captación profunda del error vanguardista de pretender mimetizarse en ese barrio, que es un símbolo de toda una concepción naufragada.
Pero sobre todo hay esa reivindicación a pesar de todo, con ridículo y todo.
Vivir esa reivindicación es ser más fiel a este film que un desarrollado razonamiento sobre el salto al abismo de las vanguardias.
En esa reivindicación, en esa furia, en ese vértigo, Ana se ríe de nuevo y yo vuelvo a ser la que fui. Vuelvo a vislumbrar una verdad en el corazón del trágico error.

Marta Vassallo

p


EL ARTE COMO GENERADOR DE IDENTIDAD

Cuando analizamos la historia, siempre nos encontramos con que todas las civilizaciones, tanto las grandes como las pequeñas, nos han legado algo que las distinguía como comunidad. En algunos casos, se trata de su organización política o social, pero hay un tipo específico de herencia que es el que más fuertemente marca la identidad de un pueblo. Esa herencia es el arte. Poco sabemos sobre la vida de los pueblos nórdicos primitivos, de los celtas, etcétera; pero sí conocemos sus relatos, sus cerámicas y sus creencias, porque han llegado hasta nosotros sus manifestaciones artísticas, con características propias que los distinguen del resto. El arte siempre fue un factor de identidad, nadie confunde una cerámica china con una americana. A lo largo de la historia han surgido y se han extinguido pueblos y todos tuvieron un arte propio.
En la actualidad, sobre todo en nuestro país, nos encontramos con que no tenemos una identidad definida, que todo parece ser lo mismo. Muchas veces un compositor argentino suena europeo, o al ver una pintura, no reconocemos el origen del autor.
A partir de esto, es bueno comenzar a pensar de qué manera podemos generar un arte que nos identifique como comunidad, sin que esto implique caer en nacionalismos o populismos demagógicos. Mi propuesta, es comenzar por tomar conciencia del lugar donde vivimos, de nuestra realidad y de los elementos que conforman nuestra sociedad. De esta manera la obra que se realice será un referente de nuestro lugar en el mundo. Pero tengamos en cuenta que el hecho de generar referentes no implica que caigamos en naturalismos excesivos, el referente puede ser noético y seguramente lograremos identificaciones más profundas. No se trata de pintar la aldea sino de tomar conciencia de su estructura y del papel que desempeñamos en ella.
El arte debe ser el ariete que tire los portones de la ignorancia para constituirse en semilla de una nueva cultura.

Federico Pablo Blanco

p


EMPRESAS Y PUEBLOS ¿ANTÓNIMOS?

Si un antónimo es la palabra cuyo significado resulta opuesto a otra (por ejemplo, el de "vida" es "muerte") en ocasiones las empresas y los pueblos de un mismo país rozan esa figura lingüística.
Reflexioné sobre ello al leer recientemente, en una revista digital argentina, un artículo editorial en el que, entre otras consideraciones, el editorialista escribía a propósito de la festividad del día 12 de octubre: "Mi visión de todo este tema es neutra, celebro la llegada de los españoles a nuestro continente con el fin de unir los pueblos y de mejorar la calidad de vida y también recuerdo a nuestros antepasados, que forjaron el país y que dieron su sangre en pos del progreso y la llegada de la "llamada civilización".

"La verdad —sigue escribiendo— hoy me siento colonizado otra vez, ya que otra vez los españoles llegan a nuestro continente a quedarse con un montón de empresas sumamente necesarias, como lo son los teléfonos, el agua, el gas o el petróleo, como en su momento se quedaron con los frutos de nuestra tierra, el oro, la plata y todo lo que tenía valor para ellos".
Creo que la visión del articulista no es neura, sino parcial, una parcialidad que comprendo ante la situación económica de Argentina y frente a las grandes empresas que le hacen sentirse colonizado. Pero si llamamos ciudadanos españoles (pueblo español), como creo que es lo correcto, a los nacidos o nacionalizados en España, no son exactamente los españoles quienes van a "quedarse con un montón de empresas" sino empresas españolas en las que, posiblemente, haya capital internacional y en cuyos consejos de administración se sientan representantes del Gobierno. Empresas que también en España explotan a sus trabajadores. El capital, el dinero, "la plata", no tiene nacionalidad. Confundir a las gentes de un país con las empresas o sus gobiernos no es neutralidad, es simple parcialidad, un error que lleva, seguro que sin desearlo, a generar odios y xenofobia.
No se me escapa la gran ayuda que Argentina (también México) prestó a los españoles cuando tuvieron que huir de la represión del dictador Franco; pero tampoco dejemos en el baúl del olvido los muchos argentinos que hoy viven en mi país, en España. Los encontramos, y destacan, en diversas actividades como actores, directores teatrales, dentistas, sicólogos, entrenadores de fútbol, futbolistas... y algunos de ellos nacionalizados españoles.

Finalmente, si bien eran españoles quienes llegaron con Colón, no debemos olvidar que eran hombres de la mar, sin apenas cultura, muchos de ellos sacados de las cárceles para realizar la aventura, y los beneficios que se llevaran ("los frutos de nuestra tierra, el oro, la plata y todo lo que tenia valor para ellos") iban a las arcas del Estado en manos entonces de los Reyes Fernando e Isabel, cuando las monarquías eran absolutistas. Por eso tampoco es comparable el sistema monárquico de 1492 con el de 2003.
En fin, que una cosa son las empresas y otra los pueblos. No son sinónimos, a veces son antónimos.

Salvador Enríquez

p


Todo delSUR

Valid HTML 4.01 Transitional

1