a PORTADA

<Nº 88

Noviembre 2007 — Nº 89

N° 90>


PRESIDENTE/A/O
Roberto Enrique Rocca

VIAJERO INFRECUENTE
Claudio L. Pérez

DE LA IMPERIOSA NECESIDAD DE CUIDAR NUESTRAS SINAPSIS
Fernando Anguita B.

NOTICIAS INTERNACIONALES
Graciela Reyes

RÉQUIEM
Miguel Angel Morelli

VIDEOCLIPS
Leda Schiavo

DOS CUENTOS
Liliana Guaragno

EL PLACER DE LA LECTURA
Jéssica Priano

DESDE LA BUTACA:
LAS DIRECTORAS ENCARNAN
Josefina Sartora

OTROS
Anónimo / Wall-Romana

fab9

PRESIDENTE/A/O

"Presidenta, presidenta con A, vayan acostumbrándose todos"
(Cristina Kirchner en el Luna Park. Fue una respuesta a los cantos de "Cristina Presidente")

En aquellos viejos tiempos en que reinaba el machismo, la presidenta era la mujer del presidente, la gobernadora la del gobernador y la alcaldesa la del alcalde. Cada mandamás tenía su mandamasa que era la que mandaba en su casa y a veces la que realmente gobernaba desde las sombras.

Ahora las cosas han cambiado, la igualdad de los sexos hace que tanto el hombre como la mujer puedan presidir las democracias. Y las mujeres que actúan como presidentes insisten en llamarse presidentas, porque les parece que de lo contrario se desconsidera su género. ¿Porqué no aceptar este parecer? ¿No sería todo más claro si nos acostumbráramos a llamar presidenta a la presidente mujer y presidento al varón?

Podría surgir de aquí un principio lingüístico nuevo que contribuiría a enriquecer la lengua. Por ejemplo: una pareja de amantes estaría formada por una amanta y un amanto, podríamos diferenciar fácilmente las estudiantas de los estudiantos, las cantantas de los cantantos, las litigantas de los litigantos, las ignorantas de los ignorantos, las postulantas de los postulantos, las intrigantas de los intrigantos, las comediantas de los comediantos... serían imposibles de esta manera las confusiones de sexo y género y quedarían claramente delimitadas las diferencias entre las hembras y los hombros.

Podría ser beneficioso extender el criterio a otros campos, como el de la química: en el campo de los edulcorantes quedaría claro para siempre que la sacarina es una edulcoranta y el ciclamato un edulcoranto y en el de los solventes que la bencina es una solventa y el alcohol un solvento. No menos útil sería terminar de desterrar esa anticuada distinción entre los poetas y las poetisas y hablar de "una poeta" (ya se hace) y de "un poeto".
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Roberto Enrique Rocca

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RÉQUIEM

No está muerta. Lo sé yo, lo sabe mi vecina de la derecha y el joven que está a su lado y pareciera ser el novio. Lo saben la pareja que tengo enfrente y los niños que observan la escena en silencio, la mujer de la fila de atrás, el solitario de allá adelante.... En la penumbra, todos los sabemos. Todos menos Romeo. El pobre llega y descubre, tendido sobre el mármol del panteón, inerte como las estrellas, el cuerpo de Julieta, su gesto resignado, las manos en cruz sobre el pecho... Con la razón quebrada por el destino, a partir de ahora ninguna de las cosas de este mundo habrán de interesarle al infeliz Montesco. Ninguna excepto el brebaje que le ha vendido un boticario en Mantua y que será como un bálsamo definitivo para tanto desconsuelo.

Pero Julieta no está muerta. Todos los sabemos. Fray Lorenzo le hizo beber cierto licor destilado que al punto le ha hecho correr por las venas un humor frío y soñoliento. ¡Ah, cadáver vivo en tumba de muertos! El plan resultó tan singular como desafortunado: quiso representar ante los demás lo que en verdad no era para eludir, de tal modo, la boda de la muchacha con el Conde Paris, pariente de Mercurio a quien los Capuletos prometieron en matrimonio. Pero el ardid falló: la noticia se extravió en camino de cornisa y Romeo, anticipándose al correo, ha llegado primero. Inclinado sobre el cuerpo de Julieta, ahora le besa los labios lo mismo que a un fantasma. Tan ciegos, tan obnubilados andan sus sentidos que no advierte que esos labios conservan todavía la dulzura del aliento. Entonces el buen Romeo maldice al cielo. Nuestro héroe es un ángel que ha descendido al Averno para siempre. El resto es trabajo del veneno.

¡Claro que no está muerta Julieta! Julieta duerme y cuando el sueño pese por fin lo mismo que un latido, vendrá lo inevitable. Lo que ya imaginamos, lo que todos sabemos: su dolor al encontrar el cadáver de Romeo, la resignación y la blasfemia, la terrible suavidad del puñal, el temblor en las manos, el hachazo homicida...

Entonces tanto Romeo como Julieta estarán muertos, definitivamente muertos, pero qué pueden importarnos a nosotros esos vanidosos empeños del destino. Qué tienen de substanciales los signos con los que nuestros dioses cotidianos pretenden sumergirnos en confusión o locura. A lo mejor frente al albur de este otro escenario, la vida, desde algún lugar en penumbras alguien nos mire sabiendo que lo que conocemos como muerte es tan sólo una simple representación, la forma más íntima del sueño.
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Miguel Angel Morelli

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NOTICIAS INTERNACIONALES


Tango confuso. El 27 de septiembre actuó en Orchestra Hall, sede de la Sinfónica de Chicago, el conjunto Tango Buenos Aires, con gran éxito. Pero al principio de la representación el público pareció desconcertado por la aparición en el escenario de hombres solos, ataviados con el típico traje entallado y sombrero de ala, que bailaron varios tangos entre ellos. Funcionaron los binoculares, y los que no lo tenían estiraron el cuello hasta más no poder, para determinar si uno de los bailarines era una mujer disfrazada de hombre. Pero no, las parejas estaban compuestas por hombres, y ni siquiera parecía que hubiera un bailarín más afeminado que el otro. En Estados Unidos el tango, como el matrimonio, tiene que ser entre hombre y mujer, o no se entiende. Varias señoras de platea pusieron cara de "ya no se puede creer en nada".

Conversación entre líderes de occidente. En una entrevista privada entre el presidente Bush y el ex primer ministro español Aznar, sostenida en marzo del 2003, pocos días antes de la invasión de Irak, cuya transcripción en español ha sido publicada por el diario madrileño El País, ambos discuten cuándo invadir Irak. Bush ya tiene todo resuelto y está impaciente. Sabe que Dios lo guía y está totalmente en paz consigo mismo: dice que la libertad de los pueblos es lo más importante, lo dice varias veces. Aznar está de acuerdo pero dice que sería bueno conseguir una resolución de las Naciones Unidas para que la guerra parezca legítima. Está preocupado por la opinión pública española, con razón, porque según las estadísticas nueve españoles y medio de cada diez se oponen a que España participe en esa guerra. La frase ya célebre de Aznar, en ese diálogo, es "Lo único que me preocupa es tu optimismo, George". Preclara frase. Los comentaristas norteamericanos de esa entrevista (por ejemplo Mark Danner, en The New York Review of Books del 1—8 de noviembre) llaman a Aznar "el sofisticado europeo". Al lado de Bush, todos somos sofisticados, hasta Aznar.

Muerte de Alex, el loro hablante. Ha muerto el gran loro Alex, el único pájaro, hasta el momento, que podía hablar como un ser humano, o sea, que usaba las palabras para comunicarse, no las repetía meramente como un loro cualquiera. Le había enseñado a hablar la doctora Irene Pepperberg, de la Universidad de Arizona. De hecho, el loro hablaba mucho mejor que la doctora, y corren rumores de que, cuando Alex ya se moría, le dijo a la doctora: "Nunca te lo dije, Irene, pero me daba vergüenza oírte. Siento no haber tenido tiempo de enseñarte a hablar un poco mejor".

Premio Nobel. La escritora inglesa Doris Lessing, de 88 años, Premio Nobel de Literatura 2007, volvía a su casa con dos bolsas del supermercado por donde asomaban verduras, y vio que había mucha gente y cámaras en su calle. Pensó que estaban filmando una película, pero no, era que le habían dado el Premio Nobel. Los periodistas se precipitaron a saludarla, le quitaron las bolsas del mercado, le dijeron "Ha ganado el premio Nobel, señora Lessing". "¿El Nobel? Y a mí qué", les contestó ella. Los que ya la admirábamos la admiramos todavía más.

Irresistible óvulo. Según los especialistas en psicología evolutiva, el cerebro humano ha ido creciendo y volviéndose más y más complejo con el propósito principal de atraer al otro sexo y asegurar la supervivencia de la especie. En algún momento de la evolución, las mujeres dejaron de mostrar si estaban fértiles o no, quizá para tener machos alrededor todo el tiempo. Sin embargo, se acaba de descubrir que un humano macho detecta si la hembra es fértil, aunque no haya signos exteriores en la hembra. ¿Cómo lo sabemos? Unos investigadores fueron a un club de hombres y observaron cuánto dinero daban los clientes a las bailarinas. Las mismas bailarinas, en el tiempo de su ovulación, sacaban más dinero que en otros días del mes. Ergo, cuanto más ovulante una mujer, más subyugante.

Elecciones presidenciales. El domingo 28 de octubre los argentinos elegirán presidente. Que gane la más mejor, que sea la más mejor presidenta de todos los tiempos, y que la Argentina llegue a ser un país tan admirable como su fútbol.
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Graciela Reyes

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DE LA IMPERIOSA NECESIDAD DE CUIDAR NUESTRAS SINAPSIS

La gran mayoría de los síntomas propios de las últimas etapas
de la enfermedad [de Alzheimer] se atribuyen a la pérdida
de conexiones sinápticas y a la muerte de células nerviosas.
Eric R. Kandel
[NOBEL de Medicina y Fisiología de 2000]


La versión del DRAE que tengo a mano define las sinapsis como la relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas, —y la enciclopedia «Micronet»® añade—, que a la vez separa y une. Esta adición facilita bastante la comprensión del fenómeno.
sinapsis_química
El proceso arranca con la activación del potencial eléctrico (-70 mV) que polariza los espacios, interior y exterior, de cada membrana celular en reposo: pasa por cero voltios en menos de un milisegundo y alcanza el potencial positivo denominado "potencial de acción" (+40 mV), que se disipa inmediatamente después. Termina ahí la "sinapsis eléctrica", pero en ese tiempo infinitesimal se ha producido en la pared celular la apertura de los canales que posibilitan el volcado a la hendidura sináptica de los iones de sodio que captará la célula receptora o "postsináptica" y, de inmediato, en la emisora o "presináptica" la admisión de iones de potasio para que el potencial vuelva a su estado de reposo. Este flujo de iones es propiamente hablando la "sinapsis química". *
Por lo que atañe a las células nerviosas que se alojan en el córtex cerebral, —el medio millón de neuronas de que disponemos al alcanzar la edad adulta—, no me parece equivocado decir que la vida toda, como tal, no es sino el resultado de miles y miles de sinapsis reaccionando en cadena. El Dr. Kandel precisa:

De esta manera [como resultado de la reacción en cadena] se transmite de un extremo a otro de la neurona una señal que corresponde a una experiencia visual, a un movimiento, un pensamiento o un recuerdo. **

Si asumimos que el proceso de aprendizaje de los seres vivos y, por tanto, los avances en la formación de cada individuo en particular y de la sociedad en general se han ido produciendo porque la multiplicación de contactos sinápticos ha sido positiva, hay razón más que suficiente para afrontar con abrumadora urgencia su regresión, la amenaza del mal real —no metafísico— invasivo en este siglo XXI: la enfermedad de Alzheimer.

Por aquí, en Europa, la progresión del mal es evidente. Hace 25 años conocí a la primera persona que me dio noticia "directa" de la enfermedad. Ella, una profesional brillante, tuvo que abandonar su carrera en la Unión Europea para regresar a España a cuidar a su madre. Pasaron unos cinco años hasta que supe del segundo caso, el de una persona del círculo de mis amistades. Luego todo se aceleró. Raro fue el año sin (malas) noticias; y del pasado a éste dos personas de mi familia avanzan lenta pero inexorablemente hacia la desconexión final de todos sus contactos sinápticos. Ayer mismo, imagino que para aliviar su desesperación, me telefoneó un viejo amigo y me describió el cuadro surrealista de su esposa asomada al balcón, desnuda y gritando que él no era su marido...

Pienso que conviene mirarse atentamente al espejo cada mañana y preguntarse si empeñamos nuestro saber en las prácticas de higiene mental que intuimos pueden mantener nuestras sinapsis en funcionamiento. Porque, aunque los más afamados neurofisiólogos y especialistas del cerebro estén en ello, hoy por hoy la paradoja capital reside en que sólo disponemos de nuestras sinapsis para cuidar de sí mismas.
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Termino esta nota el día que dan por televisión la noticia de que se ha detectado —en las proteínas que ocupan los terminales sinápticos— una especial característica cuya presencia apunta a la mayor o menor propensión a padecer la enfermedad. Supongo que el "Portal del Alzheimer" www.alzheimer-online.org dará pronto información extensa sobre ello.

* Por su claridad, reproduzco la imagen de un texto del 2º curso de bachillerato actual.
Los adolescentes de hoy están sin duda más preparados para entender la importancia
de lo que está en juego.

** "En busca de la memoria" —Katz Editores, 2007—
ISBN :: Argentina 987-1283-40-8 :: España 84-935432-8-0

Fernando Anguita B.

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VIDEOCLIPS


1. Locus amoenus
El campo, los árboles, el gris del cielo y el verde atenuado de la tierra, las vaquitas pastando, de vez en cuando la línea gris del río que se asoma, no hay un arroyito pero lo podemos agregar con nuestra imaginación, el coche que se desliza suave, placenteramente, de vez en cuando una colina para no incurrir en el letargo, el camino que sube y baja, la tarde que se amodorra en el crepúsculo, vos que decís que manejo bien y que fueron tus días más tranquilos desde hace mucho... El lugar ameno sos vos, quiero decirte, pero las palabras, remisas, se niegan a salir.

2. Room service
Pedimos el desayuno en la habitación. El café caliente, las medialunas con dulce de leche, las tostadas. El río y las palabras acariciaban los oídos. El reloj avanzaba lentamente para no molestarnos. Tocar la plenitud entre migas y servilletas usadas y toallas y ropa íntima abandonada por el suelo. Tocar la plenitud y caerse, como Ícaro, si hubiera que hacer comparaciones. El cielo gris reflejó el río todavía más gris, y ambos, hostiles avanzaron hacia la habitación. La mucama sonrió creyendo que no la veía.
—No hay que salir con personas decentes —dijiste— siempre saben lo que quieren.

3. Primavera
Nos sentamos a mirar el pasado frente a la plaza del pueblo. Pedimos un chivito entre dos porque era San José de Uruguay y eran ya las cuatro de la tarde. El pasado estaba ahí, presente todavía. Le saqué una foto porque quería que su pasado apareciera en colores. En la plaza se apilaba la gente, los coches, las palomas. Compremos ropa nueva con los colores de la primavera, me dijo. Y le compré una camisa celeste aunque la quería blanca. La primavera, me dijo. Y vi o soñé una primavera nueva, una primavera de colores claros que estaba escondida en la plaza, todavía inocente. Qué te gusta de todo esto, preguntaste. Me gustás vos, aquí, para verte aquí vine. Vos aquí y ahora, ayer, quizás mañana. El buquebús volvió borrando los surcos del río.
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Leda Schiavo

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VIAJERO INFRECUENTE

Sí, soy viajero infrecuente en los listados de todos los vuelos internacionales. Por esa perversa clasificación las azafatas no me dan el diario al subir a los aviones.
Como el azar se ensaña con los desafortunados, así y todo, muy de tanto en tanto, y siempre por razones laborales, me toca en suerte viajar.
Esta vez el destino fue la muy bella ciudad de Lima, en Perú, donde permanecí apenas cuatro días. Uno necesita bastante más para conocer esta ciudad llena de museos, zonas arqueológicas insertas en la propia ciudad, playas hermosas y personas gentiles y memoriosas que no han olvidado la injerencia del gobierno de Carlos Menem, enviando armas a Ecuador, durante la guerra que mantuvieron en 1995. Ese traidor, dicen, olvidó la posición de Perú durante la guerra de Malvinas. Y tienen toda la razón de su parte.
Llegué a Lima y de inmediato averigüé donde quedaba el Jirón Quilca. En el 235 de ese paseo de artesanos y artistas callejeros vivió César Vallejo durante su estadía en Lima. Estaba en el centro, lejos del hotel y me reservé el viernes por la tarde, antes de regresar, para llegar hasta allí. Como el Vaticano me estima menos aún que las aerolíneas organizó para ese mismo viernes el cierre de la procesión del Señor de los Milagros, de la que participaron unos 20.000 fieles que ocuparon todo el centro de Lima haciendo imposible el ingreso al mismo con ningún medio de transporte. Adiós poeta, volveré algún día a poner mi pie sobre tu huella.

Lo anterior me abre la posibilidad de comenzar la lista de aspectos que más me llamaron la atención en estos cuatro días limeños:

1) El control: Lima es una ciudad controlada firmemente. La iglesia ca tólica es un factor de intervención omnipresente con templos a cada paso, permanentemente llenos. El otro factor de disciplinamiento social son las fuerzas de seguridad: policía, cuerpo de serenos, personal de agencias privadas de seguridad pululan por doquier. Conté quince policías uniformados en una rotonda en la que confluían cinco calles, además de los elegantes señores de traje, lentes oscuros y audífono sobre la oreja.
2) Los sabores: en Lima no llueve, nunca. No llueve. Lo que crece en sus alrededores recibe el agua exacta que necesita para que su sabor se concentre, se resuma. La palta, la piña, el alcaucil, la sandía y el melón, el higo de tuna, y algo que no conocemos aquí, la lúcuma, todo con un sabor abreviado y contundente. Algo como de un caribe sobrio y estridente sin embargo.
3) El pasado colonial: a cada paso, en cada calle, los balcones de madera labrada, cerrados, moriscos, desde los que mujeres que no debían ser vistas lo observaban todo. Pasiones contenidas, secretas, guardadas celosamente tras puertas rotundas, gruesas, infranqueables, esperando siempre lo que algún día ha de llegar definitivamente: la insurrección.
4) El oro: pensemos el aluminio, el hierro actual, eso era el oro antes de la conquista, un metal sin valor al que los artistas, que siempre los hubo, embellecían con su trabajo, una chapa, como si fuera de zinc, que labraban sin mayor cuidado y que pintaban o esmaltaban a veces para volverlo atractivo. Pectorales, colgantes, narigueras, máscaras que ocultaban los labios de los sacerdotes para que se escuchara su voz como si fuera otro el que hablara. La voz de los dioses bajo máscaras de oro.
5) El pasado americano: emergiendo entre las casas bajas y los edificios de pocos pisos de un barrio residencial como San Isidro. Cruzando una calle cualquiera, se alza la Huaca Pucllana, un sitio ceremonial y administrativo de la cultura Lima, preincaica, adoradora del océano. Recorrer de noche, iluminadas con focos eléctricos pero también con antorchas, las estancias que rodean la pirámide trunca construida con ladrillos de arcilla apilados como los libros en el estante de una biblioteca, la plaza de reunión, los cuartos donde residían las elegidas para el sacrificio (mujeres de cualquier edad que habían concebido al menos una vez), sofocarse entre esos muros, fue una experiencia de la emoción, algo que no puede transmitirse en una crónica brevísima. Ellos, nuestros antecesores, no conocían la palabra escrita. Me remito a sus modos: hago aquí un nudo, una marca en la cuerda con la que intento expresar la unión, la atadura de la luz de los astros a la oscura materia que hemos sido, que somos y seremos.
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Claudio L. Pérez

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DOS CUENTOS



MUJER PEINANDO A LA NIÑA

—Ella es rubia, pero tiene el pelo finito y demasiado lacio. No la puedo peinar—, dice la madre mientras pasa el peine por el cabello de Leonor.
— Yo no soy rubia—, dice Lucía.
—Vos tenés el pelo castaño, dócil, pero sin rulos. Además tu tez no es rosada como la de Leonor. No son perfectas...
—Mi maestra es perfecta— interrumpió la menor, pero Ema siguió como si no la hubiera escuchado.
—Ella tiene nariz grande—, le dijo a Lucía, — y vos ojos pequeños.
Leonor bajó la cabeza enojadísima. Ya se defendería.
—Sin embargo mi maestra es perfecta—, susurró Luci.
—Yo tengo ojos claros— intervino Leonor con voz firme aunque muy aguda.
— Tus ojos son como los de papá, claritos, casi amarillos. Bueno, en realidad son más verdosos— y hablaba sin dejar de mirarla, ni de colocarle mientras tanto un elástico en cada trenza enclenque para continuar con los moños de cintas rosadas. — Pero el problema es tu nariz, saliste a él, a tu abuelo paterno.
El abuelo tenía una nariz enorme, colorada como el resto de la cara, colores del vino, se murmuraba.
Cuando aparecía en la casa de Ema y Nicolás, las niñas lo miraban por el enrejado que dividía el patio del fondo de la casa de madera que habían corrido hacia atrás y que alquilaba la familia Nielsen. Las niñas lo miraban y él les gritaba ¡Rajen! Entonces se iban corriendo, se ocultaban y seguían espiando, por la puerta entreabierta del lavadero, esa cara larga, roja, con algunos pelos blancos que dejaban libres las entradas de una cabeza casi rectangular. El abuelo conversaba con Nicolás sobre construcciones. Era albañil, y juntos había hecho la casa de adelante con el préstamo del Banco Hipotecario.
—Yo no soy roja como el abuelo— gritó Leonor enojada y se levantó y se fue con sus trencitas hacia su habitación.
La madre se quedó en pausa con el peine en mano y la boca fruncida.
Luci la sacó del silencio:
—Mi maestra es perfecta. Es mucho más linda que la de segundo grado.
—No puede ser, nadie es perfecto— contestó desganada la madre—, y se retiró al cuarto de costura. Eran las cinco y ya habían merendado. Cosería un rato más.
Al día siguiente Lucía miró a la señorita Ethel con ojos de Ema. No era perfecta: sus espaldas eran muy anchas, las piernas finitas, su nariz tenía una curva prominente. La chica se detuvo en sus ojos brillantes, la piel oscura y suave, los cabellos negros, ondeados. Lucía no le diría nada a su madre, porque seguía pensando que era hermosa, aunque claro, no era perfecta.


UN SÓLO DIOS VERDADERO

El padre Castro ahí, adelante, explicando lo inexplicable. El padre Castro afirmando que Dios era uno pero que lo conformaban tres personas.
Yo les voy a mostrar, dijo, y metió su mano en el bolsillo de la sotana, luego la elevó sosteniendo tres fósforos entre los dedos.
—¿Cuántos fósforos hay?, preguntó.
A coro respondimos: —Tres.
Luego metió la otra mano en el bolsillo, sacó un encendedor, apretó y acercó la llama a la cabeza de los fósforos.
—¿Pero cuántas llamas hay?, preguntó.
—Una—, respondimos todos los niños.
—Este es el misterio de Dios, dijo — Tres personas y un solo Dios verdadero.
Y todos los ojos entendieron.
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Liliana Guaragno

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EL PLACER DE LA LECTURA


A mis alumnos

La lectura es uno de los placeres más maravillosos que existen. Requiere un esfuerzo delicioso que nos brinda infinitas posibilidades que abren puertas a diversos mundos.
Lamentablemente, las nuevas generaciones se están perdiendo de tan liberador placer. El hábito de la lectura fue reemplazado por la escucha indiscriminada de sonidos y la percepción ecléctica de imágenes.
Como los alumnos no leen, en la escuela surte mejor efecto que el docente lea para los alumnos. Sí, es una situación conmovedora y remueve experiencias infantiles. Es a causa de esto que a muchachos de 15 o 16 años se les suaviza el rostro cuando escuchan leer "tan bien" al profesor.
Creo que es lindo leer a los alumnos, de hecho, lo disfruto mucho, pero es imperioso pensar en cómo hacer para que adquieran el hábito de la lectura. Porque una actividad no debería reemplazar a la otra. Simplemente debería tratarse de una cuestión de elección. "Hoy les voy a leer un cuento, pero para mañana elijan otro ustedes". "Hoy les voy a leer una poesía, pero para mañana quiero que traigan otra que les guste a ustedes."
En estimular la libertad de elegir estaría la clave para poder ayudarlos a apropiarse de herramientas que les permitan enfrentar la lectura de cualquier tipo de texto y así poder elegir qué leer, cómo reaccionar ante los mensajes y cómo reflexionar sobre éstos.
Posiblemente este sea un objetivo pretencioso. En realidad, resulta un objetivo fundamental de la escuela. Considero que, a pesar de que las nuevas generaciones disfrutan hoy de toda una variedad inimaginable de adelantos tecnológicos y de instrumentos para entretenerse, comunicarse y divertirse, se están perdiendo uno de los placeres humanos más necesarios y liberadores como es el de la lectura.
De todos modos, mientras "La gallina degollada" o "El almohadón de plumas", cuentos ambos de Horacio Quiroga incluidos en el libro "Cuentos de amor, de locura y de muerte", sigan despertando asombro entre los más jóvenes y las "Rimas" de Bécquer o los poemas desesperados de Neruda sigan enamorando a los adolescentes, hay esperanza.
Eso sí, deberíamos llevar al aula aquella literatura que más nos gusta, la que más placer nos causa, porque la mejor manera de enseñar a disfrutar de la lectura, es dejar que los chicos nos espíen y descubran el secreto placer que nos causa leer.
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Jéssica Priano

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DESDE LA BUTACA


LAS DIRECTORAS ENCARNAN

Este es un año excelente para el cine argentino realizado por mujeres. Ya nos hemos referido en «Desde la butaca» de junio al lugar de relevancia que ellas han sabido construir en el cine nacional, en un año en que las mejores películas argentinas tienen firma femenina, desde el estreno de Vísperas, de Daniela Goggi.

La película argentina del mes es Encarnación, de Anahí Berneri, quien ya en Un año sin amor se había interesado por los diferentes, por los seres que de una u otra manera no calzan en el sistema, en una película que fue valiente y comprometida.
La protagonista de su segundo opus, Erni Levier, es una ex vedette, una actriz veterana que ha conocido días mejores, de glamour y atractivo, que aún se reconocen en su cuerpo. Erni ha actuado en películas clase B, es una figura que algunos recuerdan en Buenos Aires, y ella fatiga los lugares habituales en busca de ser vista, detrás de algún nuevo papel, un cambio de imagen, una página propia en la Internet, para no quedar del todo fuera del mercado. Como cualquier otra mujer, cuida su departamento y sus plantas, tiene un amante con quien se entienden en un pacto de respeto mutuo, admiradores jóvenes y también su familia. Pero cuando ésta reaparece, en la invitación de su sobrina para el festejo de sus quince años, Erni decide regresar al pueblo natal, y allí se produce su choque con esa otra realidad. En su pueblo, ella es Encarnación. La mentalidad pueblerina, una sorda competencia con su hermana y la admiración de su sobrina (Martina Juncadella, una actriz a tener muy en cuenta) habla a los gritos de la otredad de Erni en ese ambiente pacato. Se la banca bien, sin embargo: Encarnación sabe salir adelante es ese momento de crisis. El film expone una sabiduría de la psicología femenina sin alardes ni subrayados, incluso en la confrontación, en ese duelo corporal con su sobrina, que testimonia el paso del tiempo. (Y en esa formidable escena de sus cuerpos frente a la piscina están a la vista las huellas de la pionera, Lucrecia Martel). Berneri vuelve a mostrar un cuidadoso respeto por sus personajes, que si bien pueden resultar incómodos, siempre saben vivir con dignidad su circunstancia.
Silvia Pérez realiza una tarea estupenda en un papel hecho a su medida. Si bien debe haberle sido muy fácil la identificación con su personaje (Pérez es ex chica Olmedo, y hasta ahora, actriz secundaria), su interpretación tiene los matices adecuados y está siempre acertada, nunca excedida, manteniendo el tono ajustado del film. Es tal vez esta mesura la que nos deja un deseo de algo más, de una vuelta de tuerca, de un juego más al límite con esa situación de incomodidad, con el choque personal y cultural. A pesar de lo cual, Berneri se afirma como una de los/las mejores autores/as del nuevo cine argentino.
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Josefina Sartora

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TEXTOS de OTROS


LAS TRES REJAS

Anónimo

 


El joven discípulo de un filósofo sabio llega a su casa y le dice:
—Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
—¡Espera! —lo interrumpe el filósofo—. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
—¿Las tres rejas? —preguntó su discípulo.
—Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
—No. Lo oí comentar a unos vecinos.
—Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
—No, en realidad no. Al contrario...
—¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
—A decir verdad, no.
—Entonces... —dijo el sabio sonriendo—, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

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Christophe Wall-Romana
(París 1962 — )

 

[...] Uno no se pregunta tampoco por qué una política así, invocando la libertad de dispendio y el Estado de un modo instintivo, rechaza cualquier nexo de endeudamiento ético, como la «triste institución» de la esclavitud que se debatía a voces mientras se redactaba la Constitución norteamericana (1787), triste, pero en definitiva constitucional, y muy lucrativa. ¿Cuántos dólares de los de 1999 les deben los «padres» de la Constitución, en concepto de pagos atrasados (con horas extraordinarias, y encima primas por riesgo y por expatriación) a los más de mil esclavos que, colectiva y polimórficamente, poseían mientras la redactaban? ¿Qué retrato de Dorian Gray no yace en el corazón del documento jurídico modelo de la posmodernidad? ¿Qué ética del olvido —de la relativización histórica, su sinónimo—, inyecta en las instituciones internacionales controladas por Estados Unidos? * [...]

* Carta de la ONU, firmada en San Francisco en 1945, un siglo después de que los Estados Unidos de Norteamérica se adueñaran del oeste americano (en posesión de México por euroderecho) a causa de la Avalancha de buscadores del evaluador universal (símbolo químico Au), que produce el esplendor de San Francisco levantado sobre las espaldas de los chinos culíes y las tumbas improvisadas de los amerindios de la Sierra exterminados.
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Fragmento del artículo «Año 1999 de la metadeuda imprescriptible», tercero de los 10 ensayos premiados en el concurso convocado en 1999 por la revista «Lettre International» — publicado en español por Galaxia Guttemberg/Círculo de Lectores.- ISBN: 84-8109-326-2/84-226-7832-2 —

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Todo delSUR

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