a PORTADA

<Nº 78

Noviembre 2006 — Nº 79

N° 80>


LA PASAJERA
Graciela Reyes

DEL DIFÍCIL "OFICIO" DE ESCRIBIR
Fernando Anguita B.

ONCE AÑOS SIN PATRICIO
Miguel Ángel Morelli

SUDAMERICANOS
Leda Schiavo

ANOCHE FUE PARÍS
Néstor Tellechea

EL CUENTO ULTRACORTO:
Hacia un nuevo canon literario
Lauro Zavala

OTROS
Julio Cortázar

fab8

LA PASAJERA

Yo soy pasajera eso es lo que soy pasajera como esa mujer del cuadro de Hopper que está sentada en la cama de una habitación de hotel medio desvestida los zapatos que se acaba de quitar caídos en el suelo maletas por todas partes y ella lee algo que tiene apoyado en la rodilla y que podría ser un horario de trenes o una carta quizá sea una carta pero sin duda va a tomar otro tren mañana o pasado y va a seguir viaje esa mujer absorta calma hermosamente grande no se parece mucho a mí que no soy tan grande ni uso ropa interior anaranjada pero se parece a lo que soy alguien de viaje a la vez presente y pronto ausente y en potencia volviente y además yo también me he sentado más de una vez a medio desvestir en una cama de hotel y me he puesto a leer algo que solía ser la novela que no había terminado en el avión y no me podía desprender de ella y retrasaba el momento de instalarme en esa pieza fea y quería seguir aferrada al viaje mismo al tiempo sin espacio en que leía la novela
Hopper's La pasajera
lo primero que hago en la ciudad desconocida es comprar fruta y si puedo flores que pongo en el vaso del baño una vez en Barcelona compré un cuchillito excelente que luego perdí y otra vez en Nápoles un plato y una taza hace mucho rotos y otra vez en Londres una tetera que le regalé después a la mucama persa del hotel y en los puertos de la Patagonia compré tablitas de cortar con forma de ballena estas cosas sirven para tomar el desayuno más alegremente

a veces las estancias son largas en un hotel de Chicago escribí un libro entero tenía una máquinita portátil y una ventana que daba a una torre pero en estancias cortas pueden suceder grandes cosas en una sola noche de hotel se me escapó el alma por la boca cuando estaba distraída eso fue en Filadelfia y nevaba mucho sobre el río Delaware el alma volaba torpemente sin saber para dónde ir y yo desde mi cama de hotel la miraba con sorna qué alma despistada y pasajera la mía pensaba yo

el libro que leo en el viaje lo llevo siempre en un bolsillo es un libro que suele empezar con una frase como Hay en Lisboa unos pocos restaurantes o con un verso como De estas calles que ahondan el poniente

quizá seamos muchos quizá esté lleno el mundo de mujeres sentadas en una cama de hotel leyendo y de hombres sin sosiego que comen en restaurantes baratos situados en entresuelos de ciudades ignotas yo sé desde siempre que soy pasajera y no lo deploro ni lo celebro yo leo mis libros escribo algunas cosas no buscando la permanencia sino el entendimiento y en las mañanas oscuras de los hoteles rememoro mis sueños de la noche y me pregunto por dónde andará mi alma mi animula vagula blandula que desertó de mí en vista de que yo no creía en ella ni un poquito ni me ocupaba de su futuro si se metió en otro cuerpo lo habrá llenado de urticarias ja ja era muy irritante mi alma

la vida qué es sino un progresivo desánimo de las neuronas combatido por el cerebro que busca la persistencia como dijo Spinoza antes de Darwin pero no hay no puede haber persistencia hay fugaces equilibrios nada más y hay el deseo que nos hace seguir hay unos brazos queridos unas palabras renuentes la lluvia de la infancia el dolor reiterado del adiós el olvido y el recuerdo y acaso otra habitación de hotel.

Graciela Reyes

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DEL DIFÍCIL "OFICIO" DE ESCRIBIR

entimema a propósito de FMF

El mes de enero pasado dejé constancia en estas páginas de mi admiración por los libros de Paul Auster y de la urgencia que me llevó a no esperar la traducción de "Booklyn Follies". Miles de lectores, lo sé, me precedieron en el entusiasmo. Por eso, y porque las altas esferas de la Cultura no están sordas, el multiplicado eco de tantos sentimientos compartidos lo coronó con el XXV Premio "Príncipe de Asturias" de las Letras. La prensa argentina ha informado ampliamente del evento, incluyendo citas relevantes del discurso de Auster, cuyo título (traducido) fue «de la necesaria inutilidad de la literatura», que me he permitido parafrasear, como es obvio.
el escriba sentado Se puede decir que del oficio de escribir la literatura es sólo una parcela aunque, eso sí, la más premiada y celebrada, y a la que vale calificar de inútil porque no produce bienes tangibles. Pero fuera de la parcela literaria el oficio no es inútil sino todo lo contrario: imprescindible. Basta recordar la efigie de "Kai", administrador de la V dinastía egipcia que vivió hacia el 2500 aC. La estatuilla que lo representa, "el escriba sentado" que exhibe el Louvre, nos devuelve una mirada de suficiencia que asevera: sin mi oficio la civilización no es posible.

El discurso de Auster contiene los argumentos que colocan cada cosa en su sitio. El lector ya lo habrá intuido: ni el escriba egipcio ni antes el sumerio fueron escritores; como tampoco lo son las miríadas de escribas contemporáneos de todas las profesiones y ciencias. Lo cual explica de modo sutil la aparente contradicción de que el público en general, nosotros, aceptemos sin discusión que el papel más celebrado de un premio pueda corresponder al narrador de ficciones, por delante del científico que, a una edad impensable, es ya experto y primera figura en física cuántica. Nótese: al narrador de ficciones lo puede leer y entender cualquiera, mientras que al científico sólo unas pocas decenas de investigadores de su misma especialidad.

Hay una aseveración muy citada del poeta cretense y premio Nobel de Literatura, Odyseas Elytis, que dice: Escribo para que la muerte no tenga la última palabra. No veo claro que esté contenida también en las afirmaciones de Auster. Lo que expresó el poeta griego es la pulsión más universal del hombre que escribe: trascender la muerte, ser recordado por la posteridad. Elytis ya nos dejó y su deseo se ha cumplido (por cuánto tiempo es otra cuestión). El norteamericano de Newark no tiene aún 50 años y en su producción pasada y reciente, además de sus declaraciones informales, se manifiesta más preocupado por la comunicación del aquí y ahora que por la trascendencia: La novela [...] constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento, dijo al cierre de su discurso.

La contundencia tranquila de las afirmaciones de Auster sobre la inutilidad de su "oficio" entiendo que pueda soliviantar a otras llamadas vocacionales. Creo que ha perdido perspectiva cuando opina (lo hace en su página WEB) que ser escritor no es una profesión como la de médico o policía; dice que ser escritor no se elige, sino que más bien uno se siente arrastrado a serlo y, una vez que se acepta el hecho de no servir para otra cosa, hay que prepararse para un duro y difícil camino. Hasta el final. Me parecen incontables los médicos, de cuerpos y de almas, que podrían decir lo mismo, lo cual difumina la distancia entre Vida y Literatura.

Fernando Anguita B.

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ONCE AÑOS SIN PATRICIO

[...] y de pronto miro el almanaque y caigo en la cuenta: hoy, 23 de octubre, se cumplen once años de la muerte de ese estupendo poeta que fue el quilmeño Patricio McGough. Once años que han resultado puro vértigo, como si el tiempo se pareciese cada vez más a una puñalada infructuosa. Once años durante los cuales los que le sobrevivimos hemos visto caer y levantarse y volverse a caer a unos cuantos gobiernos, a unos cuantos políticos, a unas cuantas infamias (a Patricio la patria le dolía en el alma). Once años durante los cuales los hijos aprovecharon para crecer hasta convertirse definitivamente en ellos mismos, y a cambio nos trajeron nietos para entibiar la casa. Once años que se fueron sumando sin que yo me diese cuenta, y terminaron dejándome en la piel esta aspereza a la que los otros llaman madurez, y que todavía no sé muy bien para qué me sirve.

Para los que no lo sepan, Patricio fue uno de esos artistas que surgen de vez en cuando, y que tanto nos hacen falta en momentos sin sol, como es este. Maestro del dibujo, narrador nada despreciable, contador de historias maravillosas, por sobre todas las cosas fue un poeta luminoso de la estirpe de un Jaime Dávalos o Hamlet Lima Quintana, que no por casualidad fueron sus amigos del alma. ¡Tendría tantas cosas para contarles del querido "irlandés"!

Al destino le gustan las paradojas, escribió Borges, uno de sus maestros. Mientras proso estas líneas, desde un rincón del comedor un televisor manda imágenes de "La última tentación de Cristo", aquella película de Scorsese sobre libro de Nikos Kazantzakis que durante años nos vedaron en la Argentina.
Alguna vez, recién vuelto de Uruguay, le conté que la había visto y que no entendía el por qué de la prohibición. Patricio rabiaba: él no entendía el por qué de ninguna prohibición. Con él lo aprendí: si para todo el mundo la libertad es imprescindible, para un poeta es su propia sangre... Algunas cosas, es cierto, han cambiado para bien en estos días, aún cuando el mundo siga siendo no muy hospitalario, demasiado inestable y endemoniadamente violento. Y que la poesía, como resulta lógico en ese orden de cosas, haya decidido emigrar quién sabe a dónde...

Es curioso, pero yo que no puedo recuperar la voz de mi propio padre, tengo siempre presente la de mi amigo. A veces, distraído por la calle, creo reconocerla y hasta me doy vuelta. Pero ya sé que es inútil: han pasado once años y su ausencia es un dolor que se reaviva cada vez que leo un poema escrito como Dios manda, que veo una de aquellas películas, que miro de reojo este estúpido almanaque...

Miguel Ángel Morelli

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SUDAMERICANOS

Sudamericanos,
mirad ya lucir/de la dulce patria/la aurora feliz/La patria en cadenas/
no vuelva a gemir/en su auxilio todos/la espada ceñid./El padre a sus hijos/
pueda ya decir/gozad de derechos/que yo no conocí

Bartolomé Hidalgo, el autor de este diálogo patriótico, fue un precursor. No es que a mí se me haya dado la veta optimista y facilonga. NO. Pero fíjese lector, usted que me lee desde hace varios años, estará de acuerdo conmigo. No es que yo defienda al pinguino, de ninguna manera, tiene desprolijidades imperdonables, pero vamos, a ver, no le cae a usted mejor que muchos de los anteriores? Digamos que desde el 73 -salvando a Alfonsín- para acá, aunque los cadáveres sigan vivos y los vivos sean demasiado vivos, no cree que algo mejor estamos? Un poquitito digo, no digo que en efecto tengamos de la dulce patria la aurora feliz, pero si presionáramos más, si volviéramos a participar... Y si hubiera una oposición seria... Si no se siguiera malvendiendo el país... Si dejaran de vendernos buzones...

Y fíjese lo que es la patria sudamericana. No cree que Luis Ignacio Lula, a pesar de sus abdicaciones y corruptos variados, es mejor que la derecha feroz?
Y Evo Morales, qué maravilla tener un presidente que sale ornado con flores y que por lo menos dice, y no sabemos si lo logrará, dice que gobierna para los bolivianos. Y Tabaré, pese a todo, fíjese las cosas que hacía y decía su antecesor, Jorge Battle, aquel clarividente que dijo que todos los argentinos somos ladrones, del primero al último, mientras firmaba convenios que dejaban todo atado y bien atado... Y al pobre Tabaré ahora le hacen huelga los camioneros, como se la hicieron a Allende, por qué será que los camioneros siempre andan por el mal camino (sin ánimo de señalar a los nuestros, nos libre dios de sus iras...).
Y Michelle Bachelet, pese a que le hacen los trajes sus enemigos, no cree que es más refrescante verla en la pantalla que a Pinochet, con sus lingotes de oro y la sangre derramada? La primera mujer presidente en la historia de Chile... y sin marido, pardiez.
Y en Ecuador, no le parece fenomenal que Correa, que no es multimillonario, haya sacado tantos votos, aunque no llegue a ganar la segunda vuelta?
Y Perú... por lo menos no tenemos a Fujimori ni a Vargas Llosa... aunque el presidente Alan García adhiera al tratado del llamado libre comercio, que es el zorro libre en el gallinero libre.
Y Paraguay... por lo menos no está Stroessner... aunque haya muerto de muerte natural a los 93 años.
Y Venezuela... con Chávez poniendo nervioso al imperio americano, llamando asesino con todas sus letras y su pronunciación tropical a Bush... recomendando leer a Chomsky en lugar de mirar la serie de Tarzán... y regocijando siempre.
Yo los miro en la Tele y no me producen el disgusto que me producían antaño los de antaño. Y si tuviera hijos, les podría decir: gozad de derechos que yo no conocí. Porque el mundo era peor cuando latinoamérica estaba plagada de dictadores, de nombres siniestros como Anastasio Somoza, Rafael Leónidas Trujillo, Boris Martínez, Fulgencio Batista, Jean Claude Duvalier...y otros.

Estremece nombrarlos y por algo la novela de dictador es célebre en las letras latinoamericanas. En cambio ahora, amigo, usted enciende el televisor y ve caras que se pueden mirar, caras que no torturan ni hacen desaparecer a los enemigos, caras, en fin, tan humanas y con tanta capacidad para el error como las nuestras. Y sí, sudamericanos, creo que por el momento nos luce una estrella feliz que ojalá sepamos hacer brillar por mucho tiempo y con mejor luz.

Leda Schiavo

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ANOCHE FUE PARÍS

El cielo, la tierra, la injusticia, en cuanto me descuido, vuelven a sorprenderme...
En este caso, no importaría tanto como de costumbre, si lo que reviva en el papel, quedara parecido a cuando abandoné bajo la canilla mal cerrada, las cosas que usé para tomar el desayuno...

Sorpresas que suele confiarnos la nostalgia de lo que no se pierde, ni con los bríos aéreos de una mañana... Apenitas ventosa... Ahora, ya es hoy, pero más que nada, el regreso a la brisa áspera de un atardecer, que al rondar por una caja grande de piedra con adornos raros y una fila de árboles boscosos, resultó insoportable, desde el primer suspiro que me provocó lo que, estoy seguro, necesito ir rememorando igual a una reunión relampagueante de sentimientos escritos...

Todo esto porque un tramo confuso de insomnio, hizo aparecer el recuerdo de alguien que, tenía algo así como una entrañable apariencia de gato en su rostro, suficiente estatura para el compromiso solidario; y del que sería incapaz de olvidarme la forma en que pronunciaba el sonido de una letra del abecedario en especial...

Se me ocurre que reproduciendo el desgarro minúsculo de una tela en dos tiempos deslizadamente contiguos. El primero, decidido y breve. El segundo, menos intenso aunque (me atrevo a arriesgar una medida de apreciación desde lo sensitivo) doblemente prolongado y en abandono apagador del que lo antecedía...

Aparte de que el hecho de haber descubierto sus libros, me hiciera paulatinamente tan feliz, lo que me duele en lo que me dicto... Debe ser difícil jugar sólo con silencio, a romper la vida de la muerte...

Soñé casi despierto que al señor alto de las èjgres, ya no lo veía avanzando hacia la hermosa soltura con la que trabajaba; intuyo que con entusiasta responsabilidad a ser sorprendido por el follaje misterioso de las palabras...

Al contrario. Enceguecido, con letra desastrosa; prácticamente desprovisto de serenidad, la verdad es que ni bien me ausento un poco de lo que escribo, escucho que una suerte de rabia suave (mezclada a la frialdad con la que reaparecen algunas emociones de la memoria) no deja de repetir rítmicamente; y en un lentísimo goteo irreparable: "ardámosle un poquito en los dos ojos, mientras las lágrimas se van..." O juraría haberlo visto cruzar de nuevo el patio. Agachándose durante un lentísimo instante... Me ilusiono para no interrumpir esa pizca de movimiento pendular en que quedaba la hoja por la que espiaba el primer hilo del cuento que empezaba a perderme; apretaba con fastidio la perilla del velador, y ya me era imposible convencerme de que había que dormir... Entregarse porque sí a la tranquilidad oscurecida...
Y llueve...

Néstor Tellechea

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EL CUENTO ULTRACORTO:
Hacia un nuevo canon literario

(Algunas consideraciones)

La brevedad en la escritura siempre ha ejercido un gran poder de seducción. Entre las formas de escritura radicalmente breve con valor literario podrían mencionarse el haiku, el epigrama y la poesía fractal

Estos textos constituyen el conjunto más complejo de materiales de la narrativa literaria.
Esta clase de microficciones tienden a estar más próximas al epigrama que a la narración genuina. El crítico alemán Rüdiger Imhof señala en su estudio sobre las metaficciones mínimas, que para su comprensión cabal es necesario desviar la atención de las consideraciones genéricas acerca de lo que es un cuento, y dirigirla hacia el asunto más fundamental, que es la escala, es decir, la extensión de estos textos. La fuerza de evocación que tienen los minitextos está ligada a su naturaleza propiamente artística, apoyada a su vez en dos elementos esenciales: la ambigüedad semántica y la intertextualidad literaria o extraliteraria.

La consecuencia de todo lo anterior es que en los microcuentos la presencia de la epifanía es casi exclusivamente textual (o intertextual), es decir, de naturaleza estructural, pues esta epifanía ya no puede recaer en algún personaje y su respectiva situación específica. Esto es así debido a que en estos textos el concepto mismo de personaje ha desaparecido bajo el peso de la intertextualidad o de la ambigüedad semántica. Como ocurre también en la escritura hipertextual (en ciertos programas de computadora), es el lector quien tiene la opción de construir un sentido que luego es conferido al texto, gracias a la superposición de contextos.

También en estos microtextos la ironía está presente, pero suele ser inestable, es decir, no puede ser determinada por la intención de la voz narrativa. Esto se debe a que la intención narrativa en general (y la intención irónica en particular) es indecidible en estos casos, a falta del suficiente contexto para ser interpretada de manera estable (W. Booth).

Afirma Juan Armando Epple, en la introducción a su antología de microcuentos hispanoamericanos, que este género híbrido y proteico es una metáfora expresiva de los dilemas que viven las sociedades latinoamericanas en sus niveles sociales, ideológicos y de reformulación estética de sentidos (J. A. Epple).

La investigadora venezolana Violeta Rojo propone llamar minicuento a la narrativa que tiene las siguientes características: a) brevedad extrema; b) economía de lenguaje y juegos de palabras; c) representación de situaciones estereotipadas que exigen la participación del lector, y d) carácter proteico. Esto último puede presentarse en dos modalidades: ya sea la hibridación de la narrativa con otros géneros literarios o extraliterarios, en cuyo caso la dimensión narrativa es la dominante; o bien la hibridación con géneros arcaicos o desaparecidos (fábula, aforismo, alegoría, parábola, proverbios y mitos), con los cuales se establece una relación paródica. El ejemplo paradigmático de minicuento es "El dinosaurio" (1959) de Augusto Monterroso.

Lauro Zavala

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[Extraído de Biblioteca Digital Ciudad Seva]

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TEXTOS de OTROS


Julio Cortázar

 

MENSAJES RECURRENTES

La tercera vez que al encender un cigarrillo abrió al revés la caja de fósforos y éstos se desparramaron por el suelo con el minucioso desorden que caracteriza a tan útiles objetos en esas circunstancias, Polanco comprendió que algo grave le pasaba y que haría bien en consultar al psicoanalista. Lo detuvo la sospecha apenas defendible de que ese gesto inconsciente encubriera una voluntad de mensaje, una escritura incapaz de valerse de los medios colectivos de expresión. Por eso, la cuarta vez que abrió al revés la caja de fósforos, y pasado el primer momento de malestar y casi de horror, Polanco se decidió a examinar con cuidado los fósforos caídos en el suelo del café "Las Torcazas". Sin buscar engañarse o más bien tendiendo a la desconfianza, reconoció sin embargo que dieciocho de los cincuenta y nueve fósforos emanados de la caja componían con manifiesto desaliño la palabra Manolita. Había además el comienzo o el final de otra palabra, a cargo de veinte fósforos, pero era difícil decidirse entre espera y franela; para peor los clientes del café no habían tardado en amontonarse en torno a las criptografías y se herniaban de risa so pretexto de que Polanco tardaba en recoger los fósforos y parecía como dormido. En realidad Polanco estaba al borde del desmayo, porque aunque no conocía a ninguna Manolita, cinco años atrás en Carrasco había jugado en la playa con una uruguayita rubia que se llamaba Lita, y hasta había pensado en pedir su mano, idea que le duró lo que dura un lirio; ahora de golpe todo reaparecía fosforescentemente, si cabe la figura: Lita, la mano de Lita, la alusión a los juegos acuáticos resumidos más bien estúpidamente en la palabra olita, de donde Manolita y también, evidentemente, franela, porque de eso había habido bastante, e incluso espera, largas esperas de noche en las esquinas por donde ella vivía entre pinares, antes de que les pasara esa frecuente pero siempre disimulada cosa que llaman incompatibilidad, con el subsiguiente pullman de vuelta a Montevideo y vapor de la carrera. —Rejuntá lo fofo, crosta— le decían los muchachos que en el fondo apreciaban a Polanco. "Yo ahora tendría que viajar a Carrasco" , pensaba Polanco, lúgubre.

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de Último Round

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