|
p
«¡!»
Conocí a Leda allá por la década del sesenta, cuando era profesora de la Ruta 2, como le gusta decir, porque daba clases en las universidades de La Plata, Mar del Plata y Necochea e investigaba en el Departamento de Filología de la Universidad de Buenos Aires.
Creo que lo primero que me impresionó fue su sentido del humor, su manejo de la ironía. Después conocí su inmensa generosidad, su calidad humana. Desde entonces, y sobre todo, hemos compartido la risa. Cuando se fue todavía eran tiempos de carta con estampilla y seguimos conversando y riéndonos por correspondencia -sus cartas agudas e inteligentes, eran siempre una fiesta -. A veces llegaban postales, bellísimas e insólitas con un breve comentario certero o en las que lacónicamente me pedía: hablame de la hoja de la planta del tomate. Claro que hay mucho más, pero ya lo dirán otros, en este número de del Sur.
Se fue. En la ciudad junto al lago dio clases durante casi treinta años, trabajaba allá pero vivía acá, como también le gusta decir. Ahora vuelve para quedarse y seguramente se seguirá yendo , y quizá esté acá pero viva allá, porque con Leda nunca se sabe.
El viernes 8 de octubre los colegas, amigos y discípulos, le harán un homenaje con motivo de su jubilación y su nombramiento de Profesora Emérita. El homenaje ha sido organizado por la University of Illinois at Chicago y el Instituto Cervantes de Chicago, en cuya sede tendrán lugar las ceremonias.
La primera parte, titulada, Reunión de valleinclanistas en homenaje a Leda Schiavo, consistirá en un simposio sobre el gran escritor gallego Ramón del Valle-Inclán, por ser ella especialista en este autor y fundadora de la Asociación Internacional de Valleinclanistas. En el simposio participarán, como invitados especiales, tres catedráticos de la Universidad de Santiago de Compostela: Luis Iglesias Feijoo, Margarita Santos Zas y Darío Villanueva.
En la segunda parte del homenaje, titulada Queremos tanto a Leda, hablarán colegas, amigos y alumnos, y se le ofrecerá el número monográfico de la revista literaria Contratiempo, que le está dedicado, en el que se han reunido estudios sobre su obra literaria y sobre su influencia en escritores de lengua española de Chicago.
Leda ha escrito en la agenda desde los primeros números hace ya seis años. Sus notas son siempre originales y agudas, a veces irreverentes. Se la extraña cuando no está.
Desde Quilmes la Agenda del Sur y yo, nos sumamos al homenaje porque también queremos tanto a Leda.
Sonia Otamendi
p
Las ausencias de Leda
Despedimos a Leda una noche magnífica de verano, fresca, perfumada por el olor del césped y por el aroma de las parrillas donde se asaban un corderito entero, mollejas, chorizos, entrañas, vacíos y tiras de asado. Nos sentamos a cenar bajo los árboles. A nuestro alrededor las luciérnagas se encendían y apagaban entre lo verde, como si pautaran a la vez la fugacidad y la permanencia del tiempo. Las mesas estaban ataviadas con un mantel celeste sobre otro blanco y centros de flores que jugaban con los mismos colores. A un costado habíamos construido una plataforma de madera para los bailarines de tango que llegarían más tarde. Detrás, dos enormes parrillas encendidas. De fondo, Piazzola.
Fue un ritual de nostalgia de lo perdido y de lo por perder. Con el asado comimos ensalada de papas, salsa criolla, berenjenas en escabeche, ensalada de tomate y muzzarella, humita. Preparamos un chimichurri ortodoxo y en la ensalada de papas usamos mayonesa argentina. El vino era un malbec. A los postres servimos pasta frola, profiteroles y masas secas. De los cuarenta y tantos presentes, solamente un puñado éramos argentinos, pero la homenajeada es argentina por nacimiento y amor. A la entrada de la casa ondeaba una bandera prestada por el consulado, con sol y todo.
Lo por perder es Leda, que se jubila, es nombrada profesora emérita, y se dedica a ser lo que más le gusta ser, un marinero. Ahora va a ir y venir, y no sabremos dónde está, cuándo está, qué día llamarla y encontrarla en Chicago, en su casa de la avenida Wabash, en el piso 44, desde donde se ve la arquitectura moderna más famosa del mundo y, abajo, el gran río Chicago, que va a dar con sus aguas verdes en el lago Michigan. Leda siempre se ausenta sin aviso, pero, desde ahora, ausentarse va a ser un modo de vida, y por eso digo que la perdemos. Un poco más.
Se había puesto en la cabeza una diadema plástica fluorescente. Por lo rubia, enrulada y ojiazul, podía parecer un ángel, pero todos conocemos las opiniones lapidarias y las ironías de ese ángel. Llevaba en la mano un cuerno con el que hacía un ruido que trepanaba los tímpanos, y así llamaba la atención de todas las mesas cuando quería decir algo que siempre nos hacía reír a gritos. Era un ángel que se representaba a sí mismo, histriónico, autoirónico, que con sus gracias nos daba golpes bajos y nos hacía sentir ya cómo iba a ser vivir en Chicago sin Leda. Un ángel que evocaba, por contraste, a la profesora y la erudita, dedicada a la investigación y a la enseñanza más que a cualquier otra cosa, tan seria que sus alumnos le tenían un poco de miedo.
Los bailarines de tango fueron buenísimos, y hubo luego músicos espontáneos, serenatas con violín, y mucho baile, aprovechando la gran plataforma. Pasadas las 12, los que tenían baby sitter en casa empezaron a despedirse, y los demás dejamos las mesas y nos distribuimos por los sillones del jardín, postergando el momento de irnos. El jardín estaba precioso, fresco, verde, solamente iluminado por velones. Trajeron más vino. Charlamos y nos reímos un buen rato. Después, la conversación se fue apagando, hasta que por fin, poco a poco, nos fuimos yendo todos. Leda quedó en el jardín, con la aureola en la cabeza. Sabemos que volverá, quizá con frecuencia, pero sin embargo cada uno de nosotros se fue esa noche con una nostalgia nueva en el corazón.
Graciela Reyes
p
Leda está presente
Me hice amigo de Leda, antes de conocerla, a través de sus artículos en la agenda. Porque esta argentina lejana, profesora de literatura española en una universidad de Estados Unidos, tiene la habilidad de instalarse, casi desde la primera línea, cerca del lector y uno se siente como conversando con una amiga.
Leda está presente, con sencilla puntualidad, casi todos los meses en la agenda. No es ruidosa, no es espectacular, su estilo casi no se nota, pero siempre dice lo que quiere transmitir. Siempre hay una opinión, un posicionamiento ante las cosas de la realidad, dicho así, sin vueltas y sin excesos.
Cualquier tema puede disparar su reflexión, las más de las veces un comentario o un artículo periodístico, pero también un recuerdo, una impresión, un viaje, acerca del cual transmite de inmediato esa vivencia presencial, esa cualidad de testigo crítico y sin ataduras, que trae un aliento de frescura y de autenticidad poco frecuente, en medio de tanta opinión sesgada por intereses o prejuicios de sector.
Porque Leda, en cada uno de sus escritos, es ante todo ella misma, un prójimo vivo, despierto, a veces indignado y a veces nostálgico; una argentina lejana y cercana, siempre atenta a lo que ocurre en el mundo y en su querido país. Se puede estar de acuerdo o no, pero siempre vale la pena escucharla.
Muchas gracias, Leda, por tantos años de creer en la palabra y ejercerla con fidelidad. Por lo que a tus lectores atañe, ni pienses en jubilarte.
Roberto Enrique Rocca
p
Esperando la llamarada
El otro día intentamos con Leda calcular desde cuándo nos conocemos y no lo conseguimos: no estudiamos al mismo tiempo, pero nos conocimos entre amigos comunes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Ella insiste en que fue cuando yo empezaba la carrera y yo en que fue cuando la terminaba. Pero fue allí, y hace mucho tiempo, 35 años por lo menos. Leda tenía como un dolor. Después empezó a viajar fuera del país, hasta que se instaló en España, después en Estados Unidos, y entonces empezamos a vernos muy de vez en cuando. Creo que Leda se fue afirmando, sorteó muchas pruebas, consiguió cosas que se había propuesto, se sintió segura. Hubo algo que siguió siempre igual: Leda busca una intensidad en la conversación. La conversación para ella no es un relleno, es algo central en la vida, el relleno es lo demás. Le gustan los encuentros, le gusta reunir amigos y es como si probara sacar chispas de los contactos. Muchas veces se decepciona. Dice de una reunión: Fue aburrida. Quiere decir que de los contactos no surgió nada, nada a la altura de sus expectativas. Tiene un modo especial de escuchar a la gente reunida alrededor de la mesa de un restaurant, o en una casa, como alguien que esperara ver encenderse una llamarada. A veces lanza repentinamente algo íntimo, deja el corazón al descubierto. Si la mecha se enciende se ríe. Se rió así conmigo la última vez que nos despedimos de noche en la calle, pocos días antes de viajar a Chicago a recibir su homenaje.
Leda académica es una persona cumplida. Alcanzó una serenidad desde la que espera sin angustia ver encenderse la llamarada. Pero esa serenidad no significa que se resigne. Una y otra vez, vuelve a buscar ese momento impredecible en que dos personas, o cuatro, o muchas más, vibran al mismo tiempo porque, por fin, se ha anudado una conversación.
Marta Vassallo
p
Queremos tanto a Leda
...me has dado el deseo, el futuro, la ansiedad, el miedo
todo lo que había olvidado y que un día, plaf,
así, de repente, de nuevo, me recupera
para la vida y para morir.
Leda Schiavo
Con las debidas licencias
Asonancias aparte, hablar sobre Leda es, de hecho, casi un acto literario. Ello por supuesto no porque la alegoría sugerida en el título tenga que ver con su quehacer poético. No es que ella sea cortazariana en estilo literario propiamente dicho (al fin y al cabo no olvidemos que Julio inventó la novela y no la poesía). Lo que intento decir es que Leda vive cortazarianamente. La acogen tres ciudades y cada una es de por sí un ejercicio poético dispar: en Madrid lo saben sus amigas y amigos quienes junto a ella, reinventan palabras entre aulas y vino; Buenos Aires le sabe a Borgeorígenes y rebeldía; y aquí en Chicago ella nos entrega abrazos con todas las debidas licencias. Estos, sin dudas, son paralelos que arrastran consigo atemporalidad y conexiones, fundamentos esenciales del hecho poético y de la experiencia vital.
Los textos de Leda son translúcidos, ellos dibujan la experiencia de atrapar el mar, la memoria de un rincón o la voz de un amor que siempre estuvo ausente. Sus poemas son aventuras que las madrugadas albergan junto al azar de la geografía: trátese de un rascacielos de la calle Wabash, un café de la Gran Vía o un tugurio porteño. En cualquiera de los lugares e historias que reinventamos a partir de esas narraciones atemporales y conexas, allí está la Leda que hoy nos hace coquetear con las palabras y el amor. De alguna forma también ella representa el reiterativo escape del poeta que zarpa en todo momento sin dejar ningún puerto, porque a ninguno Leda lleva dentro, y a todos ha arribado.
Yo he cometido la osadía de erotizar sus poemas porque los que saben de enseñanzas e investigaciones ya han llenado su cometido; a nosotros, tus amigos, y a los lectores, solo nos queda hurgar entre el corazón y leerte. Es por eso que mi tarea en esta intervención es simple: dedicarte el último número de Contratiempo; en él, unas páginas reintentan publicarte; suponer que en algunas cuartillas o en unos minutos la revista pueda regalarte palabras, es indudablemente, tarea fallida. Aunque siempre he respetado los intentos, nunca me han gustado los conatos; sobre todo por aquello de final precoz; y pretender homenajear a Leda en unos minutos, repito, es tarea que se nos queda corta.
Como sabes, este proyecto de Contratiempo que aparece ya por 18 meses consecutivos contra viento, marea y tiempo; este albergue de las causas perdidas, ha sido foro, espacio y reflejo de tus críticas; del apoyo y de la filosofía de una mujer a quien todos respetamos. Es por ello que nos regocijamos ante este homenaje que pienso pudo bien haber ocurrido hace tiempo o dentro de muchos otros años de los que te quedan por estos lados. Contratiempo no intenta ni canonizarte ni despedirte, mas bien deseamos que nos sigas inyectando esa savia peligrosa que la poesía le regala al lenguaje. En fin Che, a nombre de la revista, solo quise recordarte, de corazón, lo mucho que te queremos.
Jochy Herrera _______________
N. de la R. En el homenaje del 8 de octubre, después del simposio sobre Valle-Inclán, se le ofreció a Leda Schiavo un número especial de la revista literaria Contratiempo, dedicado a ella y a su obra literaria. Ésta fue la intervención de uno de sus amigos en el acto de entrega de la revista.
p
Leda se nos va, más o menos
Aunque no sean definitivas, todas las despedidas son agridulces. Así fue la preciosa fiesta de despedida de Leda... aunque sabemos que no se va del todo de Chicago y que tiene más que merecido escapar de los vientos helados que soplan por la Universidad de Illinois y dedicarse a leer por el gusto de leer, no para iluminar a legiones de alumnos.
Uno de esos alumnos, que trabaja en el equipo de redacción de una revista cultural de la ciudad (para nada ligada a la Universidad), estaba pegando un día carteles por los pasillos del Departamento de Español, Francés, Italiano y Portugués sobre una lectura de poesía de Leda en la Décima Musa, famoso antro etílico-cultural del vecindario mexicano de Pilsen. Leda lo vio, corrió detrás de él y le dijo que no pegara carteles ahí con estas palabras: "Somos dos, somos dos: la maestra y la escritora".
En la Universidad de Illinois extrañarán a la maestra y la investigadora, la que trajo a Juan Goytisolo y la que llevaba a los estudiantes a clase al Café Ibérico para que conocieran con las papilas la cultura española. Pero en la ciudad echaremos terriblemente de menos a la escritora y la gran parrandera.
Fuera de la Universidad, Leda no "trabajaba" de maestra. Con su currículum kilométrico, hubiera podido sentarse a la cabeza de las distintas instituciones y proyectos culturales en que siempre anda metida; pero ella prefiere sentarse en las bancas, donde tiene plena libertad para escribir como quiere e incitar al desorden. Los círculos de escritores jóvenes de la ciudad (organizados en revistas elaboradas con amor y con las uñas) la consideran amiga de farras y colaboradora esencial. Las editoriales nacientes le han dedicado sus primeras publicaciones, como el poemario Con las debidas licencias/With leave and license. Las instituciones oficiales, como el Instituto Cervantes, le rinden homenaje por su labor en la difusión de la literatura hispánica en Chicago.
Al compartir su profunda y rica vida cultural, Leda nos abrió mucho mundo. Siempre llega de España o de Argentina con nuevos libros y, como es generosa, los presta. Un año se abonaba al Lyric Opera y otro al Shakespeare Theater. Nos llevó a oír un concierto de tango de Barenboim en la Sinfónica, a Susana Rinaldi y a Adriana Varela, y se deja llevar a oír jazz, blues y corridos mexicanos. Como muestra máxima de solidaridad, aprendió a bailar vallenatos colombianos y sones cubanos. Con un agudo olfato para el cine subversivo, encuentra películas que vale la pena ver y comentar por largo rato.
Adicta a las noticias y progresista de hueso colorado, se pronunció públicamente contra la guerra de Irak y otros desmanes del imperio, y organizó campañas de solidaridad con causas progresistas en Argentina. Uno siempre puede contar con Leda para tener una conversación lúcida sobre los asuntos del mundo, aun en parrandas de largo metraje.
También extrañaremos su buena mesa y su buen vino, la buena sobremesa, sus exhortaciones a vivir con entusiasmo y su prodigiosa energía.
Lo bueno es que sabemos que Leda tiene el mal de San Vito metido en los huesos y no se puede estar quieta en ninguna parte y que, por más que putee de la gelidez del mundo gringo, ha dejado raíces en Chicago que la traerán de vuelta.
Elizabeth de la Ossa
***
p


|