a PORTADA

<Nº 87

Octubre 2007 — Nº 88

N° 89>


LAS MANOS DE EURÍDICE
Miguel Angel Morelli

EL SENADOR VA AL BAÑO
Graciela Reyes

DE UN «LADRÓN DE FUEGO»
Fernando Anguita B.

AZALEAS
Marta Vasallo

MAQUIAVELO SE QUITA EL VELO
Leda Schiavo

SI LO CORTÉS, NO QUITA LO VALIENTE...
Claudio L. Pérez

LO QUE INSISTE
Alicia Silva Rey

DEL DICHO AL HECHO
Jéssica Priano

DESDE LA BUTACA
LA SEÑAL de Ricardo Darín y Martín Hodara
Josefina Sartora

OTROS
Friedrich Nietzsche / Franz Kafka / Robert Skidelsky

fab9

LAS MANOS DE EURÍDICE

Escrita por el psiquiatra y dramaturgo brasileño Pedro Bloch (Ucrania, 1914 — Río de Janeiro, 2004) y estrenada por el actor Enrique Guitart primero en el teatro CAPSA de Barcelona (1953) y luego en Buenos Aires (1955), la obra "Las manos de Eurídice" cuenta con un extraño récord: ha sido representada nada más y nada menos que cuarenta mil veces en todo el mundo (el propio Guitart, que prácticamente le dedicó su vida, la llevó a escena en alrededor de cinco mil oportunidades). Se trata del ¿delirante? monólogo de Gumersindo Tavares, el hombre que alguna vez abandonó su hogar y que ahora, al cabo de los años, regresa tras experimentar un sinfín de frustraciones y desencantos. De la alegría al drama, de la nostalgia al resentimiento pasa el pobre Tavares lo mismo que un ángel poseído. A veces lleno de cinismo, a veces argumentado al estilo de un verdadero justiciero, pero siempre alucinado, tratando de hacerle pasar mentira por verdad a la platea para poder convencerse a sí mismo.

La Escuela de Teatro del Círculo Médico de Quilmes ha repuesto la obra entre nosotros. Con dirección de Florencio Amoroso y la actuación de Ricardo Duarte. Atildada y medida, inteligente, la puesta en todo momento trata de mantenerse fiel al original, aún cuando en algunos pasajes aparezca con nitidez la mano del director, fundamentalmente en la pulcra resolución de la escena final. Allí es cuando Amoroso nos trae a la memoria otra estupenda puesta suya, la de "Esperando a Godot"; claro que en esta "Las manos..." se eluden ciertos riesgos y apenas si se los insinúa con rasgos suaves, acaso porque la similitud entre ambos textos, el de Bloch y el de Beckett, esté dada nada más que en la atmósfera. Y si la ya clásica obra beckettiana se resolvía a través de la mística según la particular mirada de Amoroso, no es éste el caso: Tavares no espera, no desespera, va al encuentro, y su desnudez ni es rotunda ni da lugar para que el espectador sienta piedad por su destino.

En el mismo orden de cosas, digamos que resulta correctísima la actuación de Ricardo Duarte, que redondea un Tavares sin fisuras. Claro que tampoco él se decide a salvar o condenar al personaje: de su ajustada composición queda en claro que se trata de un pobre diablo, pero un pobre diablo que en última instancia no merece ni demasiada conmiseración ni un castigo ejemplificador.
Completan la puesta Rosita Rotman y José Luis Sorol (luces y sonido) y Margarita Alfonso (utilería). Tanto el maquillaje como la escenografía le corresponden a la Escuela de Teatro.

__________

La obra podrá verse en el «Círculo Médico de Quilmes», Brandsen esq. Alvear,
durante todos los sábados de octubre a partir de las 21 hs., con entrada libre y gratuita.

Miguel Angel Morelli

p



EL SENADOR VA AL BAÑO

Lo único que hizo el senador Craig fue mover demasiado los pies y las manos en un baño público. Lamentablemente, sus movimientos eran parecidísimos a los que se hacen para invitar a alguien a una farrita sexual, y el invitado, en este caso, era un sargento de la policía, vestido de paisano, que estaba en el inodoro de al lado. El senador fue arrestado inmediatamente por conducta lasciva.

Se defendió diciendo que estaba buscando un pedazo de papel higiénico que había caído al suelo (qué asqueroso, el senador, levantar papel higiénico del suelo), y que además él era un senador de la Nación. El sargento le dijo entre otras cosas que con razón el país está como está. Todos oímos por televisión, un tiempito después, la cinta grabada del arresto. Pero no habría pasado nada si el senador no hubiese decidido que lo mejor era tapar esta historia admitiendo que era culpable de alterar el orden, un delito menor. Pensó que con pagar la multa quedaba todo arreglado, pero resulta que la historia se hizo pública.

El senador pertenece al partido republicano, que es el partido de Dios. Los republicanos se diferencian de los demócratas no por ser más virtuosos (de hecho, hay más republicanos que demócratas descubiertos en actividades "lascivas"), sino por proclamar que ellos no toleran el pecado propio ni ajeno. El senador Craig dedicó una larguísima carrera de servidor público a combatir toda forma de obscenidad, donde la viera. Atacó al presidente Clinton con saña y votó por su impeachment, por el asunto aquel de la chica que recibía Clinton en su oficina. En estos últimos años se opuso fervientemente, con ardor de Torquemada, al matrimonio de los homosexuales, que los republicanos consideran una amenaza para el mundo occidental. Este señor era un paladín de la virtud cristiana. Claro que los periodistas que lo vigilaban y lograron la primicia de sus manotazos en el baño tenían mucha información sobre su vida secreta. Pero era un hombre muy poderoso, y nadie podía decir nada sin tener buenas pruebas. Lo del baño fue un regalo.

Cuando se le vino el mundo encima, el senador salió a la calle, puso una tarima en el suelo, arrastró un micrófono, y empezó a gritar y gesticular, ante la estupefacción de la gente que pasaba. "No soy gay, no soy gay, no soy gay", repetía, rodeado de cámaras. Para alcanzar cierta grandeza trágica tendría que haberse arrancado los genitales, como Edipo los ojos. Pero no lo hizo. Daba pena mirarlo. Tiene que negar que es gay porque se ha pasado la vida atacando a los gays. Craig era un pilar en la campaña presidencial de Mitt Rommey, un mormón buen mozo y multimillonario (Dios lo hizo ambas cosas), que inmediatamente dijo que lo de Craig no tenía perdón. Todos los patriarcas republicanos estuvieron de acuerdo. El senador tuvo que renunciar, y pasó de la respetabilidad a la ignominia en unos minutos. Una justicia poética impecable.

Los señores como Craig, que abundan y tienen muchísimo poder, son eximios cultivadores de la hipocresía. Las personas más públicamente religiosas suelen ser las más hipócritas, porque ellas, que combaten tanto la Maldad, tienen que parecer santas a toda costa. Pero en el caso de los políticos la cosa ya no es risible, sino siniestra. La hipocresía cubre todo: las aventuras eróticas (que serían lo de menos), la corrupción, la coima, y también el asesinato y las guerras. ¿Acaso no dicen los ex amigos de Craig que la guerra de Irak se hizo para llevar la democracia a ese querido pueblo? Si el querido pueblo no tuviera petróleo ni a los colegas imperialistas de Craig les importara tanto poner una pica en el Oriente Medio, ¿habrían intentado llevar "la democracia" a los iraquíes? La hipocresía es lo infame y repugnante, no la miseria de buscar amiguitos en un baño público.
__________

Graciela Reyes

p


DE UN «LADRÓN DE FUEGO»

El universo atiborrado de libros y publicaciones basurarias, —que proliferan sin que exista la menor intención de aconsejar a sus autores el uso razonable del preservativo mental—, obliga al lector exigente a gastar un tiempo precioso en la selección de lo que le vale la pena leer. Bien sea por el escaso tiempo residual que deja el trabajo diario en la edad productiva —sesgado calificativo—, o porque la jubilación alerta de que nos queda para leer menos tiempo del que parecía, los miles de seres humanos que conjugamos la lectura con la "funesta" manía de pensar nos indignamos cuando en nuestras averiguaciones descubrimos que el tiempo perdido sobrepasó con mucho el de un par de ojeadas.
EL_MUNDO_070829 :: Umbral_inmortal
Sin embargo, la plétora de artículos y recomendaciones que siguen al fallecimiento de un escritor consagrado es un caso particular de "selección" que puede resolverse en poco tiempo. Además, cuando la muerte avisa con antelación suficiente, la explosión de comentarios suele concentrarse en una extensa separata. En cierta manera ha sucedido así con Francisco Umbral: "El Mundo", el periódico donde el insigne escritor "ejerció" desde su fundación, respondió de inmediato publicando un documento de 16 páginas que tituló UMBRAL INMORTAL.*
Poco se puede añadir a lo que once "firmas" de primeros espadas han dejado dicho en esa separata. Pero me atrevo a citar un libro esencial que hace más de un año tuve la fortuna de recibir de su autor. Se trata de "Ladrón de fuego", de Bernardo J. Gómez Calderón.**

Para mí, un libro dedicado a un autor es esencial cuando trasciende lo biográfico, supera las obviedades del sentido manifiesto que dejan las "primeras lecturas" y, sobre todo, alcanza a explicar lo que el autor ha dejado dicho veladamente, o incluso sin querer. A las muchas horas de investigación que consume escribir un libro esencial se suman las que su autor tuvo que emplear en estar preparado para ello. Este segundo sumando precede de ordinario al primero, del que termina por nutrirse acrecentando el bagaje cultural del autor. No sobra advertir que un libro esencial es muy raras veces un libro popular.

Gómez Calderón :: ladrón de fuegoGómez Calderón dice en la apretada conclusión de su trabajo que ha intentado poner de manifiesto toda la riqueza argumentativa del columnismo de Francisco Umbral, demostrando que el autor sabe engarzar las piezas de sus textos para extraer de ellos el máximo rédito persuasivo, informándolas magistralmente merced a la excelencia de su estilo...

El tributo, así rendido por una autoridad docente a un escritor autodidacta, fue un valor anticipado, —el libro se cierra y publica en 2004—, que contrasta ahora con el mezquino comportamiento de otras autoridades: las que se ausentaron del sepelio, escocidas sin duda por los latigazos retóricos que el escritor les había dedicado en vida. Mal consejo siguieron los corifeos del poder político de este momento. Marraron la ocasión irrepetible de honrar y despedir al hombre que pasa a la Historia de la Literatura como "Príncipe de la Lengua Española", título fuera del alcance de ruletas electoralistas, más allá —en palabras de Luis María Ansón— de academias cicateras y oropeles vanos.

Francisco Umbral ha 'roborado', —cultismo que le era grato—, la duda latente en la definición de Joan Fuster para el último adiós:

Morir deu ser deixar d'escriure

Y eso fue, literalmente, para él.
__________

* Las ediciones WEB (abiertas) de EL MUNDO y de LA NACIÓN (28 y 29 de set.) dieron la noticia en varios artículos.

** profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga (Esp.) — "Ladrón de fuego" lo publicó la "Asociación para la Investigación y el Desarrollo de la Comunicación" :: ISBN: 84-609-3181-1

Fernando Anguita B.

p


SI LO CORTÉS, NO QUITA LO VALIENTE...

El pasado 16 de septiembre más de 150 personas participamos del homenaje al Maestro Manuel Oliveira, al cumplir sus 80 años.
Nos reunió el afecto, sí, pero también la admiración y el respeto a una obra sostenida con lo único que puede sostenerse la creación en este país: con el cuerpo.
Hay artistas mendicantes, que se sustentan y perduran por encima de sus obras, parados sobre sus obras. Y los hay dignos que sostienen la obra sobre sus hombros. Todo el peso de una obra sobre la apenas espalda, los apenas brazos, las apenas manos, de apenas un hombre. Manuel Oliveira es de estos últimos. Su vida, está, y estuvo siempre, al servicio de la magia oscura de sus cuadros, sus pesares, pienso hoy.
Su pasión de vivir ha sido trasfundida a sus pinturas, a lo violento de sus rojos, a sus trazos temperamentales, a ese mundo que nos muestra habitado por cristos y diablos, o Cristos y Diablos, como se quiera.
Y él está; su latir, su exhalar están, supeditados, hundidos, entregados a revelarse a nosotros desde detrás de cada imagen. Por eso puede aparecer su mirada desde el fondo de los ojos del retrato de su madre, de su padre, de sus amigos eternos (Hamlet, Tejada Gómez, entre otros), o desde el sórdido rostro de un fantasma pálido y mirón, con nombre y apellido conocidos, que cabalga huyendo de nosotros después de la ofensa y el saqueo. Porque Oliveira no se teme y se sabe un poco Cristo, un poco Diablo, tan humano él, tan confiable, tan falible, tan erróneo y tan perfecto, tan como nosotros, como cualquiera de nosotros. Salvo en su obra. Una obra más allá de él: entre nosotros. Su pintura, siendo espejo de sí mismo, ¿cómo no ha de devolvernos nuestra propia imagen? ¿Cómo no ha de alabarnos o recriminarnos?

La reunión, fue sin duda un hecho cultural, un acontecimiento que tenía que ver, centralmente, con nuestra cultura, la cultura de Quilmes. Y por lo tanto hubo en la reunión declaraciones y gestos, palabras y hechos.
Y léanse como quieran, como a cada uno le plazca o pueda leerlas, tanto las unas como los otros, pero tan cierto es que el homenaje fue declarado de interés municipal, como que el único funcionario del sector cultural presente en el homenaje fue el Secretario de Cultura y Educación de la Municipalidad de Berazategui, Sr. Ariel López. Léanse como quieran, como a cada uno le plazcan, tanto las presencias como las ausencias.

Por suerte para nuestra cultura, el motivo del encuentro estaba muy por encima de cualquier error de criterio o falta de urbanidad (digo "urbanidad" para no decir lo que pienso, porque de decirlo, entonces, no leerían aquí lo que les plazca, sino lo que pienso).
Por suerte también, fue realmente una fiesta, porque la creación es una fiesta, una celebración pública de nuestra intimidad, un volcarse a los demás desde lo más prístino y lo más opaco que tenemos y la obra de Manuel Oliveira exhibe, también por suerte, las luces y las sombras que nos habitan, con igual intensidad.
__________

Claudio L. Pérez

p


AZALEAS

En el balcón de mi madre, las azaleas florecen para nadie. Están llenas de brotes rosas y morados. Cuando vuelva a verlas habrán estallado en flores, que se mecerán al viento. Me lleno de entusiasmo, y de evocaciones. En su último año de vida saludable, mi madre me dijo que al salir al balcón y verlas florecidas, les había dado las gracias. Yo también les di las gracias por sus brotes innumerables. Por su callada persistencia, frente a la ausencia de mi madre, frente al recuerdo devastador de sus últimos meses, cuando no quería prolongar su estadía en el balcón más allá de unos minutos, porque apenas veía sus plantas.

Las pérdidas, de variada índole, se van apilando en rincones cada vez más penumbrosos y amplios, que nos abstenemos de visitar. Salvo en sueños. Pero en la vigilia cada vez son más las circunstancias cotidianas que nos remiten a alguna de ellas.

"Mi corazón espera/ también hacia la luz y hacia la vida/ otro milagro de la primavera".

El verso de Machado viene sin que nadie lo llame, en estos días dulces e inquietantes. Hace mucho tiempo, cuando por primera vez daba clases de lengua en una escuela, las niñas de primer año con quienes leí esa interpelación de Machado al viejo olmo sobre el Duero me dijeron que lo que pasaba era que el autor era viejo y estaba triste. Tenían razón. Creo que eran más benevolentes con esa melancolía, que sin embargo les era tan ajena, de la que permanecían tan distantes, que yo, perteneciente a una generación para quien por entonces el milagro vendría de la propia acción, no del rotar de las estaciones, y que a pesar de eso me dejaba atrapar en esa interpelación perturbadora.
En estos días inciertos, que se dirían desencajados incluso de cualquier previsible ciclo natural, que podrían saturar al más sediento de vuelcos, ¿quiénes y de qué podrían esperar un milagro?. Los adolescentes se han vuelto expertos en pragmatismo, los milagros toman la forma de una perpetua renovación tecnológica y asustan, la vejez está cuidadosamente negada.

Y yo no pido milagros de nadie. Tal vez el único milagro sea el inexorable advenimiento de la primavera, que nos saca de la distracción, y nos llena de unas ganas que no precisan nombre ni objetivo para ser eso, ganas sin de qué.
__________

Marta Vasallo

p


MAQUIAVELO SE QUITA EL VELO

En el número anterior (*) atribuí a Maquiavelo una frase que bien podría haber sido de Maquiavelo, pero me dicen que pertenece a un Maquiavelo demediado, un Maquiavelo menor, como lo fue Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler.
Lo lamento por Maquiavelo, que era un personaje ilustrado, pero el error me llevó a leer en Wikipedia más sobre el siniestro Goebbels y di con los principios que elaboró sobre la propaganda. Creo que conviene reeleerlos, a tan poca distancia de las elecciones, para comprobar que se siguen usando, y que Goebbels era tan genial como siniestro.

Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan."
Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad."
Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Ya ven, amigos, cuando lean Clarín, La Nación, cuando escuchen Radio Continental, Radio 10, cuando oigan a ciertos personajes de este gobierno y a otros contra el gobierno... analicen con cuales de estos principios de propaganda se mueven... y no se dejen convencer demasiado fácilmente.
____________

(*) pulse aquí

Leda Schiavo

p


LO QUE INSISTE

Eso que cae como una piedra en el estanque.
Solo, en lo estancado, y emite suéter rojo con casitas bordadas, muñeca negra sin puntillas, letra infantil para una carta en la que seca una gota de sangre.
Lo que nos priva de todo lo privado, ¿sólo es real si de todo nos priva cuando un cuerpo nos quita el cuerpo? ¿Solos, así, ante la muerte?
Eso que no, que dice no y no, la certidumbre del saber de la muerte, ¿qué es que no es (ya) más?

Canta.

Lo que perturba canta. Secamente. Con dicción cómica. Cuerpo que ha sido el pasaje del canto tardará un tiempo realmente muy... largo en...imposible de medir con...a pie, a caballo mecánico un vehículo cualquiera...el muro...a cuyas puertas...tendrías...no todo entra en el marco de una fenêtre de terciopelo, yo, por ejemplo, he visto a un caballero comer de la suela de sus zapatos la efigie de...un mandril a falta de una buena manzana para arrojar como una cuña viva en el dorso (en el dorso) de su cárabo negro.

Canta.

Si fuera un animal sería una liebre, el cuerpo. Saltar, saltar siempre a punto de no morir.
__________

Alicia Silva Rey

p


DEL DICHO AL HECHO

"Si todos hiciéramos un poquito de lo que nos corresponde, todo funcionaría mejor."
Otra vez mi escucha se detuvo cuando percibí esa frase dicha por el director de un establecimiento educativo.
Entre el condicional (acción posible que depende de una condición previa) y el "poquito", quedé suspendida en el aire por no poder controlar mi capacidad de asombro.
Además de sentirme un "poquito" estúpida por hacer "muchito" de lo que me corresponde, me sentí aislada del grupo de docentes del que creía formar parte.
Mi confusión le ganó a la sorpresa cuando algún sector se defendió con facilidad citando el precepto bíblico:" El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra". Entonces, parecería que si el directivo no predica con el ejemplo, los docente tenemos "piedra libre" para no hacer lo que nos corresponde.

Pienso que ser docente es algo más que un trabajo. Ser docente tiene que ver con un compromiso social que se toma con seriedad y respeto (hacia el otro porque, fundamentalmente, es una actividad que requiere convicción y una actitud coherente con uno mismo y con el otro, es decir, con el alumno. Decir y hacer deben estar directamente relacionados en el quehacer docente. ¿Cómo exigirle a un alumno que no falte a clases, que estudie para una evaluación o que se comprometa con la materia, si uno no hace lo que corresponde? Y lo que es peor, ¿cómo vamos a lograr que nos crean lo que les estamos enseñando si decimos una cosa y hacemos otra?
En la circunstancia crítica por la que atraviesa la educación hoy en día es muy difícil pretender una situación de enseñanza-aprendizaje ideal, pero al menos debería ser posible mantener una coherencia interna entre el ser y el hacer. Esto no depende de políticas educativas, económicas y de "ríos revueltos" por proximidad de sufragio. Tiene que ver con voluntades personales, con elecciones de vida.
Ser docente, en esencia, es una decisión muy compleja, más allá de los contextos sociales, económicos, políticos y culturales. O bien, justamente y por estos contextos, la tarea educativa es un desafío complejo y permanente que los docentes debemos enfrentar día a día.

Mientras en gran parte de las esferas laborales, económicas y privadas se persigue la eficiencia para obtener mejores resultados, en la educación apenas se sugiere poner un "poquito" de empeño (¿para cubrir las apariencias?)
Pero, ¿cómo? ¿No es que el futuro de nuestro país depende de la educación? ¿No es que todos los problemas de este país se resolverían con una mejor educación?
Si la educación es el "Talón de Aquiles" de esta sociedad, ¿no deberíamos poner más entusiasmo, dedicación, empeño, energía, ganas, trabajo en educar?
Y si no, bueno, sigamos reproduciendo el discurso del poder hegemónico. Pero después, vayamos a cantarle a cantarle a Gardel.
__________

Jéssica Priano

p


DESDE LA BUTACA
LA SEÑAL de Ricardo Darín y Martín Hodara

Cuando a Ricardo Darín le asignaron la tarea de dirigir La señal, sobre una novela y adaptación de Eduardo Mignogna, proyecto que al morir éste había quedado inconcluso, sabía que la tarea no le iba a ser cómoda. Darín ha recorrido una larga carrera como actor —algunos lo catalogan "el mayor actor argentino" —, y es muy cierto que en los últimos años ha demostrado una versatilidad y una amplitud de registros asombrosas, dejando atrás el rol de galán de comedias para transitar los diversos caminos del drama o del thriller psicológico. Pero el doble compromiso de estar delante y detrás de la cámara era otro cantar. Darín volvió a demostrar su inteligencia al convocar a alguien con experiencia en dirección: Martín Hodara había sido asistente de Fabián Bielinsky en Nueve reinas y es un director con amplia experiencia en publicidad. Juntos acometieron el trabajo de dirigir este film, uno de los mejores estrenos argentinos en lo que va del año.

Se trata de un film de género: homenaje al film noir norteamericano de los ´40, en los que no falta ninguno de los tópicos del género, bien usados y medidos. Los dos detectives con sombrero, en una oscura oficina, que ofician de cara y contracara del protagonista; la mujer fatal poderosa que seduce a uno de ellos y lo llevará a su perdición; la trama que se va complicando con vueltas de tuerca, hasta tornarse algo confusa; la fotografía oscura y nocturna; el traidor y el héroe; la novia infiel; las noticias en los diarios. Pero todo esto quedaría como una mera remake del cine negro si no fuera por la esmeradísima recreación de época: la acción transcurre en julio de 1952, durante los días en que Eva Perón agonizaba y el pueblo sostenía la vigilia del rezo por su vida. El film recrea una Buenos Aires lúgubre y oscura, cuidando el detalle de manera admirable: las calles con edificios de época en planos cerrados, los automóviles antiguos, un colectivo de entonces, la ausencia de semáforos o cualquier artefacto posterior a esa época, la decoración, el vestuario, todo señala una prolija e infrecuente dirección de arte. Pero lo más notable es la fotografía de Marcelo Camorino, de mediotonos lúgubres que crean una atmósfera sombría e inquietante.
En ese ambiente, más allá del siempre impecable Darín, se destaca la actuación de Diego Peretti, actor que ya parecía encasillado en un solo rol histriónico. Aporta aquí un matiz liviano a un film que por momentos parece adentrarse en la solemnidad y la densidad, subrayada por algunos diálogos algo artificiosos.

Si La novia errante es hasta hoy la mejor película del nuevo cine argentino independiente de 2007, La señal le da su mejor sitial a la industria.
__________

Josefina Sartora

p


TEXTOS de OTROS


DIEZ MANDAMIENTOS PARA ESCRIBIR CON ESTILO

Friedrich Nietzsche

  • Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
  • El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
  • Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
  • El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
  • La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
  • Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
  • El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
  • Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
  • El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
  • No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

***

EL ESCUDO DE LA CIUDAD

Franz Kafka

 

En un principio no faltó la organización en las disposiciones para construir la Torre de Babel; de hecho, quizás el orden era excesivo. Se pensó demasiado en guías, intérpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedará terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creíble era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores, condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que demoraría muchísimo la construcción de la torre y otros que más valía aguardar que se reestableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así pasó la era de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad. El vaticinio de que cinco golpes sucesivos de un puño gigantesco aniquilarán la ciudad, está presente en todas las leyendas y cantos de esa ciudad. Por esa razón el escudo de armas de la ciudad incluye un puño.

***

de John Maynard KEYNES

Robert Skidelsky

 

«En un mundo empobrecido —apuntó Keynes— es peor provocar paro que frustrar al rentista» [...] El pensamiento original, según observó (Keynes) en su lección del 6 de noviembre de 1933, comienza como un «monstruo gris, peludo y lanudo» en nuestras cabezas. «El uso preciso del lenguaje llega en un estadio posterior del desarrollo de nuestras ideas. Podemos pensar con exactitud y eficacia mucho antes de poder, por así decirlo, fotografiar nuestro pensamiento» [...] La Teoría General hace explícita una idea que sólo estaba explícita en los dos libros anteriores de Keynes: que el dinero no es un mero medio de cambio sino un depósito de riqueza. La condición necesaria para esta función del dinero es la incertidumbre: mantener dinero reduce la exposición al riesgo y alivia por tanto la ansiedad [...] Cuando la incertidumbre es demasiado aguda la liquidez ofrece un refugio para salir de la actividad [...] El deseo de acumular dinero puede aniquilar todas las otras formas de producción, de forma tal que las sociedades ricas terminen ahogadas en un mar de oro, como el rey Midas. [...] La pregunta más profunda que plantea la obra de Keynes es la siguiente: ¿Es el dinero lo que provoca que la economía no se comporte correctamente? ¿O es la incertidumbre la que hace que el dinero no se comporte correctamente? La teoría de la política monetaria aún está suspendida sobre estas dos ideas.
______________

Del libro «Keynes» —ed. Alianza, 1996— ISBN 84-206-3965-6

***

p


Todo delSUR

Valid HTML 4.01 Transitional

1