a PORTADA

< N° 67

Octubre 2005 — Nº 68

N° 69>


CÓMO SER FELIZ
Graciela Reyes

LA SOMBRA DE LAS MARIPOSAS
Miguel Ángel Morelli

DE UN PROYECTO DE ALIANZA
Fernando Anguita B.

LAS LEYES DE MENDEL
Roberto E. Rocca

SE NECESITABA TANTA AGUA...
Leda Schiavo

DESDE LA BUTACA :: El cine se ocupa de Malvinas
Josefina Sartora

LOS COMENSALES DE PAPA
Raúl Alberto Schnabel

OTROS
Julio Cortázar

fab6

CÓMO SER FELIZ

A veces mis amigos me cuentan, charlando, por qué son felices, o cuándo lo son. Aquí reproduzco algunas de las cosas que me han dicho, y lamento no poder reproducir también la voz, la entonación, la emoción con que me las dijeron:

  1. "Todos los días, al volver de la ciudad, tomaba un autobús que iba por la costa. Cuando el autobús entraba en la zona de balnearios pobres donde yo vivía, había un momento en que el camino giraba un poco, y entonces aparecía el mar, de golpe, enorme. Mi expectativa empezaba mucho antes, en cuanto entrábamos en los balnearios. Sentir la inminencia del mar, saber que el mar estaba allí siempre, en el recodo, esperándome... Esa mezcla de ansiedad, placer, deslumbramiento: la felicidad." (R. V. F., profesor.)
  2. "Para mí, no hay mayor felicidad que sentarme con los amigos en la playa, después de trabajar en el mar todo el día, hacer un fueguito y preparar unos mariscos. Abrir unas cervezas, asar los mariscos despacio, charlar, ver caer la noche." ( M. B., patrón de barco.)
  3. "Yo me siento bien cuando consigo que los niños estén tranquilos, entretenidos, como si no estuvieran enfermos. Es una satisfacción, es una sensación de eficiencia y de paz. No los puedo curar, pero los puedo hacer sentir mejor, y eso me hace feliz, aunque sea inexplicable, porque no se puede ser feliz en una sala de terminales." (V. Y., enfermera.)
  4. "¿Sabes lo que me gusta, lo que realmente me hace feliz, mucho más que cualquier otra cosa?: estar con la gente que yo quiero, sentirme auténticamente acompañada. Ninguna otra cosa, ni mi trabajo, me hace tan feliz." (M.E.I., artista.)
  5. "Lo que más deseo es tener a mis hijos todos juntos alrededor de la mesa. Por eso me gusta la Navidad, porque nos reunimos todos. Y cuando me pongo a hacer esas cenas enormes y los oigo charlar y reírse, siento algo que debe de ser la felicidad, siento que la vida es buena." (V.D.C., escritora.)
  6. "Lo mejor es cuando nos llevan a jugar al fútbol a esa cancha con luces. El césped es una seda. Una vez hice un gol de media cancha, me hubieras visto. Fue el momento más feliz de mi vida." (C. F., once años.)
  7. "Nadie sabe, si no lo ha vivido, lo que es volver al país de uno después de años de no verlo. Ya desde el avión empiezo a reconocer cosas y me vuelvo loca de alegría. Ay, y ver de nuevo a mi madre, eso no se puede explicar, es la mayor felicidad posible." (J. M., estudiante.)
  8. "Ya he cumplido los 91. No es mala edad. Mire usted, hay cosas que ya no puedo hacer, pero todavía puedo disfrutar de muchas otras, y puedo recordar, que es muy importante. Uno es feliz en la vejez según la salud que tenga y la vida que haya llevado, y yo llevé una vida buena, digna de recuerdo." (J. C., lingüista.)

Hasta aquí los testimonios de algunos de mis interlocutores. Nos hacen felices grandes cosas y también cosas pequeñas; todos, quien más, quien menos, tenemos la capacidad de ser felices. Pero ser feliz es una gran paradoja. Los seres humanos estamos agobiados por el conocimiento de nuestra mortalidad, que solamente nosotros tenemos (no creo que los chimpancés, nuestros parientes más cercanos, sean conscientes de su mortalidad, aunque el 98% de su ADN es idéntico al nuestro), pero junto a esa angustia de la muerte, y por las mismas razones —por nuestra inteligencia, imaginación, afectividad— tenemos el talento de ser felices, aun en circunstancias adversas. Podemos ser felices con casi nada, cotidianamente, en ese momento en que, solamente por ver a unos chicos jugando, saludar a un amigo, abrir un libro, hacer algo bien o compartir una cena sentimos el inexplicable placer de la mortalidad misma: la dicha de estar vivos, pese a todo.

Graciela Reyes

p


DE UN PROYECTO DE ALIANZA

Tenía el firme propósito de no reincidir en argumentos que volvieran a soliviantar, mucho o poco, la deseable tranquilidad de la vida cotidiana, ya de por sí suficientemente agitada por los problemas que se consideran ordinarios, los que calificamos con la banal exclamación "¡es la vida!", para dar a entender que la solución está en aguantarse con lo que hay.
Creía también que, por el momento, Argentina quedaba lo bastante lejos del hervor del conflicto entre civilizaciones (discutible definición) para sentirse afectada por él. Pero el 3 de septiembre pasado supe lo equivocado que estaba. La prensa española se hacía eco de informaciones aparecidas en "La Nación".
El lector tiene por tanto a su alcance la fuente de la noticia que informaba de la entrada en Argentina de, por lo menos, cinco grupos de personas pertenecientes al movimiento fundamentalista Jamaat Tabligh, vinculado a Al Qaeda. Su presencia fue detectada en ocho ciudades, entre ellas Buenos Aires y La Plata.

Sin embargo, también por el momento, parece que esa tierra no ha sido elegida para masacrar inocentes en ella, sino como campo de reclutamiento de terroristas. Entonces pienso que si tal fue el propósito de los "infiltrados" habría que saber no sólo hacia dónde (lugares y grupos sociales) se fueron a buscar reclutas, sino también por qué esperaban (o esperan) conseguirlos allí. Imagino que las autoridades, la policía especialmente, se habrá tomado la investigación muy en serio.

El frente común que exhiben los gobiernos de Europa contra el terrorismo no es todo lo homogéneo que cabría desear. El conflicto trata de ser reconducido por una alianza "ad hoc", "La Alianza de Civilizaciones", que Naciones Unidas está poniendo en marcha asumiendo una propuesta del presidente del Gobierno Español. Entre la iniciativa amistosa de la Alianza, utópica a mi entender, y la caza sin cuartel que se desatará cuando se produzca un nuevo atentado, "estrenando" o repitiendo país, se polarizan las posturas y opiniones. La más exacerbada de las que se conocen es probablemente la de Oriana Fallaci, escritora y periodista italiana que, supongo, no necesita presentación. De las muchas preguntas directas y comprometidas que le hizo el mes pasado un sacerdote polaco al entrevistarla *, creo que basta una, la que copio, para resumir su interpretación de la raíz del "conflicto":

— A su juicio, definir al Islam como "una religión de paz" y decir que el Corán enseña la misericordia es una tontería. ¿Por qué?
— Porque, amén de 14 siglos de Historia (siglos durante los cuales el Islam no hizo otra cosa que desencadenar guerras, es decir conquistar, someter y masacrar), lo dice el Corán.
Es el Corán, y no mi tía, el que llama a los no musulmanes "perros infieles".
Es el Corán, no mi tía, el que los acusa de oler como los simios y los camellos.
Es el Corán, no mi tía, el que invita a sus secuaces a eliminarlos. A mutilarlos, a lapidarIos, a decapitarlos o, al menos, a degollarlos. De tal forma que, si en Arabia Saudí, te pillan con una cruz en el cuello, una estampita en la cartera o una Biblia en tu casa, terminas en la cárcel y quizás en el cementerio.

Naturalmente, para aceptar o rechazar una interpretación tan radical del libro que es fundamento y guía de vida para millones de personas, es preciso profundizar en su conocimiento. Cabe esperar que los encargados de materializar la proyectada Alianza reserven en sus apretadas agendas tiempo bastante para, al menos, leérselo.

Fernando Anguita B.

__________

* diario "El Mundo", Madrid 1 de septiembre de 2005

p


LA SOMBRA DE LAS MARIPOSAS

A Carlos Córdoba

"Todo da sombra, / hasta lo invisible. // La sombra del pensamiento / sutura las grietas / de la aleatoria realidad. // La sombra de las palabras / dice aquello que las palabras no dicen" escribió admirablemente Roberto Juarroz 1.

Dueño de una lucidez tan implacable que a veces hasta olvidó que toda poesía debe ser escrita también con sangre, Juarroz vivía de modo austero en un chalecito de Témperley. Alguna vez supe caer por allí para visitarlo. Y en medio de una charla hasta me animé a comentarle, no sin pedantería, que según mi parecer su poema estaba equivocado. Porque no todas las cosas de este mundo dan sombra. O por lo menos eso era lo que yo había aprendido en el campo, escuchando cierto refrán del "Vasco" Pedelaborde, un hermano de mi madre. "Las mariposas no dan sombra gustaba repetir mi tío porque Dios nos las molesta ni siquiera con su luz". Por lo demás, el dicho era tan común entre la gente de a caballo que me extrañó que Juarroz, siendo de Dorrego, no lo conociera.
Años más tarde, ya en Quilmes y gracias a Beatriz Piedras, descubrí el haiku, y con el haiku a Basho. Para mi sorpresa, aquel enorme poeta nacido en los arrabales de Kyoto me regresaba a los dichos sureros de tío "Vasco": "Oh mariposa / Dios no le ha dado sombra / a tu belleza" 2. El mismo concepto. La misma idea (aunque Basho, limitado por las estrictas reglas del haiku, sólo pudo aludir de un modo oblicuo a la "delicadeza" de ese Dios que no se atreve a perturbar a su creatura).

Debo admitir que durante un buen tiempo el tema me obsesionó, pero nadie supo darme una respuesta que no se apoyase ni en las supersticiones más descabelladas ni en la mera fabulación. Ni siquiera el italiano Roberto Casati, en su estupendo libro sobre la historia de la sombra 3, pudo despejar mis dudas. Así las cosas, me fui olvidando del asunto.
Dos o tres noches hará, y como para consolarme de un desvelo pertinaz, se me dio por buscar en Internet alguna página que hiciera referencia a esto de los lepidópteros y su falta de proyección bajo la luz. Ya era bien de madrugada cuando di con un sitio [http://butterflywebsite.com/articles/index.cfm#sto] cuyo contenido me estremeció: allí se lo corroboraba de un modo científico, inexorable, aunque adjudicándole esta propiedad sólo a una taxa supragenérica (las Nymphalidae) y por razones estrictamente ópticas, explicación de la que debió prescindir totalmente mi limitado dominio del inglés. Pero sin embargo ahí estaban para coincidir, de algún modo, Basho y su intuición poética, la sabiduría campera del bueno de mi tío y el químico y entomólogo Keith Brown Jr., autor del ciber artículo de marras.

Ver el mundo, este mundo, sólo es posible con los ojos del asombro. El propio Juarroz escribió en otra parte: "Si dejamos que se caiga la luz / quizá también se caigan otras cosas / confabuladas con la luz / y aparezca detrás un mundo inédito / o una nueva versión de lo visible" 4.

Miguel A. Morelli

__________

1 Juarroz, Roberto "Decimotercera poesía vertical" Editorial Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1996
2 Basho, Matsuo "Senda hacia tierras hondas" Editorial Hiperion, Marid, 1994 (traducción de A. Cabezas García)
3 Casati, Roberto "El descubrimiento de la sombra" - Editorial Debate, Madrid, 2001
4 Juarroz, Roberto "Novena y décima poesía vertical" Editorial Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1987

p


LAS LEYES DE MENDEL

Me había dicho por teléfono:
— Vení a cenar esta noche... una cena como las de aquel entonces... ¿te acordás?

¿Si me acordaba? La muchedumbre de años que ya no estaban, los jirones de memoria siempre imprecisos, siempre móviles y mudables; todo era apenas un confuso remolino ante la magia de esas dos palabras, de "aquél entonces" que despertaba un tropel de imágenes, estáticas y fragmentarias, pero nítidas, incuestionablemente vivas. Su rostro volvía, iluminado por el temblor del candelabro, volvían los ojos húmedos, los reflejos cálidos en el cabello negrísimo, los labios entreabiertos, la garganta tersa, el pecho palpitante.

Aquella última cena estaba allí todavía, sobreviviendo como un jardín de luz en el largo desierto de la memoria.
Ante la puerta, cuando toqué el timbre, con el ramo en la mano, me sentía un viejo ridículo. Media tarde ante el espejo, tratando de arreglarme, de verme otra vez joven, de creer que eso era posible. Y para peor, con esa parte maldita de machismo que uno nunca termina de desterrar, preguntándome cómo estaría ella y tratando en vano de resistir el asalto de las imágenes ominosas que pugnaban por poseerme.

A punto estaba de emprender la huída, cuando se abrió la puerta. Y la tuve, después de tanto tiempo, frente a frente. La tuve o creí tenerla y la magnitud del milagro me dejó sin aliento: los mismos ojos húmedos, los mismos reflejos cálidos en el cabello negrísimo, los mismos labios entreabiertos, la misma garganta tersa, el mismo pecho palpitante.
—¡Hola! —dijo— Pasá al living, que mamá te espera.

Y con una sonrisa pícara, exactamente la misma que yo recordaba como si fuera hoy, agregó:
—Yo salgo y los dejo solitos.

Roberto E. Rocca

p


SE NECESITABA TANTA AGUA...

Una encuesta lanzada el 20 de setiembre por el periódico Usa Today y la cadena CNN, revela que el 58 por ciento de los norteamericanos desaprueba el modo como el presidente Bush gestiona los asuntos del país, sobre todo la guerra en Irak, la economía y la respuesta ante el huracán Katrina. Cuatro días después, entre cien mil y doscientas mil personas, según las fuentes, se manifestaron en Washington en contra del reelegido presidente. Todos los viejos y los nuevos líderes pacifistas expresaron su ira y su desasosiego. Es impresionante ver cómo esta gente se mueve y se organiza, sin dejarse ganar por el pesimismo. El que a la larga vayan a tener razón, como la tuvieron cuando se movilizaron en contra de la guerra de Vietnam, es tan preocupante como que el 42 por ciento siga apoyando a Bush, pese a todas las evidencias.

Vamos por partes: el gobierno quizás aproveche el descontento para retirarse sin gloria pero sin más penas de Irak... dejando a esa pobre gente en el caos total, un caos peor al que se produjo cuando la retirada de Vietnam. También es preocupante que, pese a que un estudio oficial revela que la imagen del presidente en el exterior es casi la peor posible, la mitad de la población siga deslumbrada con su poderío militar y siga apoyando las suicidas políticas económicas de los republicanos. Cuando Bagdad era bombardeada sin piedad y los irakíes morían como moscas, la popularidad del presidente era alta, las banderas de los patriotas flameaban en las casas y en los coches y prácticamente nadie quería pensar en el enorme déficit económico del país. Y todavía ahora, tras tantos errores y mentiras, apenas el 58 por ciento está poniéndose en contacto con la realidad.

Un intelectual de derecha, Andrew Bacevich, autor de El nuevo militarismo americano: cómo los americanos son seducidos por la guerra, publicado este año, se dolía al comprobar que el norteamericano medio adhiere a una visión idealizada de la vida militar, sucumbe a la visión estética de la guerra televisiva y se enamora progresivamente de la imagen de un poder militar sin límites.

Se necesitaba tanta agua como la que invadió a la hermosa y singular Nueva Orleans y a las ciudades de las orillas del Misisipi para que el norteamericano medio comenzara a pensar, se diera cuenta quizás del valor de toda vida humana y de que es mejor gastar el dinero en refaccionar la casa y no en aventuras imperiales que sólo favorecen a la clase dirigente.

No quiero ser injusta con la minoría opositora norteamericana, con los valientes activistas que dedican su tiempo y su dinero a defender sus ideas, desde aquellos que en la época de Mc Carthy se negaron a denunciar y perdieron todo menos la buena conciencia, a los de ahora, algunos ya bastante mayores, como los incansables Angela Davis o Studs Terkel, y otros muy jóvenes, como los soldaditos que vuelven destrozados física o psicológicamente de la guerra.

No es fácil ir contra la corriente, sobre todo en un país como los Estados Unidos, donde los medios para el ninguneo del adversario son tan sofisticados.

Leda Schiavo

p


DESDE LA BUTACA :: El cine se oocupa de Malvinas

El tema de la guerra de Malvinas es una brasa que nadie quiere sostener en su mano. Al parecer, la amenaza de los militares a los colimbas que sobrevivieron, prohibiéndoles hablar de lo ocurrido, se ha extendido a toda la sociedad. Desde el eufemismo utilizado en 1982 para nombrarla -"el conflicto austral"- hasta la negación psicológica, la guerra ha estado oculta tras un manto de neblina. Por esto es bienvenida la revisión que está realizando el cine, que desde Los chicos de la guerra de Bebe Kamín, respondió como ningún otro arte a las consecuencias de la tragedia. Recordemos Hundan al Belgrano, Fauckland, El visitante y Malvinas, historia de traiciones.
Este año, el tema tiene tres abordajes: No tan nuestras, un documental de Ramiro Longo que aún no he visto, Locos de la bandera, de Julio Cardoso, e Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer.

Locos de la bandera es un documental producido por la Comisión de Familiares de Caídos, y por lo tanto funciona como un film institucional: apoyado en los testimonios de madres o hermanas de combatientes muertos en la guerra, serpentea entre el documento y la ficción, con la presencia de un joven receptor de la memoria y la recreación de escenas ficcionalizadas. El propósito no fue hacer cine bélico, sino mostrar la realidad durante y después de la guerra, y las circunstancias que vivieron esos familiares, a quienes se les arrebató sus jóvenes y fueron abandonados en la soledad de su dolor, sin darles noticias de sus hijos, a veces sin informarles sus muertes, y que posteriormente quedaron impedidos de visitar sus tumbas.
Resulta llamativo que en ningún momento nadie establezca la similitud entre esos desaparecidos en la guerra de Malvinas y los desaparecidos durante la represión, y que tampoco se mencione ni siquiera una vez que fue la misma dictadura la que los involucró en una guerra absurda y aplicó las mismas políticas de desinformación. Junto a ese sugestivo silencio, hay una reivindicación de algunas consignas que se esgrimieron entonces. Iluminados por el fuego en cambio, elige la ficción para evocar la guerra. También aquí se establece un paralelo entre presente y pasado, pero el punto de apoyo reside en mostrar, a través de la historia de tres conscriptos, el estado de desamparo, el sufrimiento y maltrato físico y psicológico de las víctimas. El film reconstruye fielmente el escenario y tiene excelentes escenas de batalla, constituyéndose en un film bélico, rara avis en nuestro cine. Ambas películas también tienen en común el regreso a las islas y la visita al cementerio de Darwin como un intento de cerrar heridas que permanecen abiertas.

Sin embargo, los films realizados hasta ahora sobre el tema no llegan a recrear o transmitir cabalmente el absurdo, el sinsentido de la muerte de 649 caídos en batalla y más de 300 suicidados, ni los gravísimos errores de la conducción política y militar durante y después del enfrentamiento a la OTAN. Tal vez porque lo sucedido es tan innombrable como intransmisible, o tal vez porque en nuestro país ya estamos demasiado familiarizados con el absurdo.

Josefina Sartora

__________

N. de la E:
PREMIO ESPECIAL DEL JURADO
"Iluminados por el fuego", la película de Tristán Bauer, sobre un excombatiente que recuerda su paso por Malvinas, obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián.
Bauer lo recibió de manos del escritor chileno Antonio Skármeta, y lo dedicó "a aquellos soldados que cuando tenían entre 18 y 20 años fueron llevados a una guerra, a las Malvinas; a los que murieron en la batalla, a los más de 300 excombatientes que se han suicidado y a los que volvieron y siguen".

p


LOS COMENSALES DE PAPA

"Habiendo visto con qué lucidez y coherencia lógica
ciertos locos (delirantes sistematizados)justifican,
ante sí mismos y ante los demás, sus ideas delirantes,
he perdido para siempre la segura certidumbre
de la lucidez, de mi lucidez...
yo no fui destinado a la realidad"
Fernando Pessoa - «Libro del desasosiego»

Es probablemente 1885. El candil alumbra las garras de los que postergan en la tela sus agonías, los sombríos comensales de papa.
El colorado Vincent se cruza en la escena y yo le pregunto a boca de jarro: dígame, usted que vivió con esos mineros, ¿qué indagó desde sus acusadores ojos? ¿Alcanzó acaso la trastienda de las miserias y las imposturas de los hombres? Y, dígame también, ¿cómo logró que parpadearan las luces y las sombras del café nocturno? Me refiero al que logró atraer a un bebedor al abismo. El otro no respondió.

Pues al menos dígame, ¿ha oído hablar de la locura? Vea, déjeme decirle. Creo que la locura es la última plaza de los incorregibles... ¿no le parece Vincent? O será, acaso, el reducto de los hastiados de adivinar la mentira en tantos políticos labios.
El otro tampoco respondió.

Vincent van Gogh. Usted y yo compartimos demasiados años el secreto. Nadie sabe mejor que nosotros que usted sólo existe en sus autorretratos, y que su cuerpo y su rostro no son más que la alucinación de la tela, excusa de la luz. Sólo usted y yo sabemos que esa doctrina desatina las reglas de la vulgaridad. Para nosotros, Vincent, es lo que hay, pues también sabemos que por culpa de nuestra lucidez (que otros llaman locura) ha renunciado usted a otras percepciones (que otros llaman realidad).

Bueno, concretemos. Vea amigo, comprendo que fallaron sus cálculos con el material. Yo se lo advertí ¿lo recuerda? Escaseó nomás la pintura. Tal vez el rojo, tal vez el amarillo. ¿Recuerda cuando le dije que no debería abrir tantos mirasoles? Su oreja izquierda no logró nacer esta vez y , entonces, ¿qué otra solución que separarla de ese rostro sólo real en la tela? Comprendo la distracción. Esas cosas pasan.
También comprendo la asombrosa paciencia que nos obliga a padecer como a los poetas malditos vagando tras una palabra que no encuentran. Sospecho, querido Vincent, lo más terrible de su pena: saber, estar convencido de que en estos tiempos por el mundo, usted y yo no somos necesarios.

El colorado Vincent al fin respondió. Dijo que ya no podía seguir tolerando el dolor.
Ya es la mañana del 29 de julio de 1890.

Raúl Alberto Schnabel

p


TEXTOS de OTROS



Julio Cortázar

 

LA TRISTEZA DEL CRONOPIO

A la salida del Luna Park un cronopio advierte que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas que remonta Corrientes a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto.

Meditación del cronopio: "Es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas, para los famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde.
Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo".

Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales.

__________

de «Historias de Cronopios y de Famas»

***

p


Valid HTML 4.01 Transitional

1