LOS QUE SÓLO ESCRIBIMOS
Liliana Lukin
UNA EXPERIENCIA PARA REPETIR
Miguel Angel Morelli
LA CHICA DE LAS TRES CABEZAS
Graciela Reyes
UN SOPLO POÉTICO
Roberto Retamoso
DE PIEDRA, TORTURA Y SUICIDIO
Fernando Anguita B.
LOS NEO_ZARES TELEVISIVOS: la TV que supimos conseguir
Fabían Iriarte
CUANDO LA UTOPÍA TUVO LUGAR
Federico Pablo Blanco
DOS TEXTOS
Marosa di Giorgio
QUE LA VIOLENCIA ENGENDRE MÁS VIOLENCIA
Mariano Ariel Anconetani
Selección de poemas de LA AGENDA nº 57
S.O.
fab9
LOS QUE SÓLO ESCRIBIMOS En la edición del día martes 17 de Agosto de «Página 12», el periodista Ángel Berlanga recogió estas palabras de la poeta Liliana Lukin:
Cuando se está en permanente trabajo de sobrevivencia, sin descanso alguno, sin poder escribir, como en general es la vida para los artistas e intelectuales en este país, con funcionarios de Cultura que declaran que no les interesa la cultura, un encuentro, un espacio, el intento de confraternidad y pertenencia es siempre un lujo.
Pero se trata de poesía. Quienes organizaron este encuentro contaban sólo con su deseo: ellos tienen una fuerte noción de comunidad y es desde ese concepto que nos reúnen: "el resto" del mundo en "su" lugar del mundo, por lo cual estar ahí es un doble reconocimiento. Cada vez, leer y escucharse entre pares y para un público es una situación de examen, un placer, una confrontación. Conocer a quienes sólo hemos leído, volver a verse con gente del interior, con quienes sólo nos escribimos, darse los libros, compartir con los artistas plásticos de la zona que les pondrán imagen a los textos pueden ser momentos necesarios, una forma posible de una política para la literatura, y también una fiesta
Liliana Lukin
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UNA EXPERIENCIA PARA REPETIR
El Encuentro Nacional de Poesía celebrado en Quilmes semanas atrás habrá de constituirse, sin ninguna duda, uno de los acontecimientos más importantes del año, al menos en lo que a nuestra región se refiere. Lo atestiguan, entre otras cosas, la enorme cantidad de asistentes, el silencio con el que fueron seguidas cada una de las participaciones y los posteriores e-mail recibidos de aquellos escritores que llegaron desde el interior del país, y que no hablan más que de la calidez y el respeto con el que fueron tratados en nuestra ciudad. En tal sentido, la labor de los organizadores (el Centro Cultural Artenpie y la Universidad de Quilmes) resultó poco menos que estupenda, a punto tal que cuesta imaginar cuál pudo haber sido el punto débil de ambas jornadas (hilando muy fino, se me ocurre pensar que la presencia de los profesores de literatura, que o bien fue muy escasa o bien quedó demasiado perdida entre tanto gentío).
En lo personal, agradezco de todo corazón el haber sido invitado a participar. Resultó, como digo, una experiencia altamente enriquecedora. En primer lugar, por la auténtica polifonía que pude oír y que me hizo confirmar lo que ya sospechaba: que la poesía argentina continúa ofreciendo todavía hoy una gama de matices riquísimos (desde los jóvenes y por cierto muy originales integrantes de la revista Vox de Bahía Blanca hasta la voz reposada y clásica de un estupendo Rafael Felipe Oteriño). Y luego, porque tuve la oportunidad de escuchar a mis colegas locales en un contexto que, al exceder el ámbito doméstico, implicaba todo un desafío. En tal sentido, creo que quedó demostrado que en Quilmes se escribe poesía de la buena: las páginas intimistas y a veces descarnadas de Beatriz Piedras, el misterio que rodea cada página de Néstor Tellechea y la expresividad de Carlos Patiño (cuya poesía, como la de un Hamlet Lima Quintana o Tejada Gómez, gana efectividad al ser dicha en voz alta), fueron claros ejemplos.
Una experiencia para repetir. Sin ninguna duda.
Miguel Angel Morelli
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LA CHICA DE LAS TRES CABEZAS
A los seis años, yo ya tenía pruebas de que dentro de mí había otra persona que actuaba por su cuenta: no era yo, sino otro, quien perdía cosas. Perdía de todo, y en especial y para mi mayor vergüenza el lápiz negro que usábamos en primer grado para aprender a escribir. Me esforzaba por prestar atención -si me habrán dicho que prestara atención-, pero era inútil, perdía el lápiz sin saber cómo, cuándo, por qué. Las reprimendas incluían augurios sobre mi futuro, del tipo "nunca vas a llegar a nada en la vida".
Al que perdía las cosas le puse de nombre Serpentino Gutiérrez. Gutiérrez porque suena bien, supongo, y Serpentino porque me lo imaginaba serpenteando, deslizándose de un lado a otro, juguetón, habitante de un mundo que yo imaginaba subacuático y que estaba dentro de mí, pero dónde, no sé. Nunca le hablé a nadie de Serpentino. Descubrí que además de perder el lápiz hacía cosas útiles, como prestar atención por mí, avisándome de peligros o recordando frases que yo en realidad no había oído. Sus habilidades lingüísticas eran asombrosas. Era velocísimo para entender cualquier frase que oyera y para ponerme palabras en la boca. Él buscaba las palabras (que tenían que estar en su mundo subacuático), me las daba, y yo las usaba, todo rápidamente, casi sin exigirme pensar, era algo vertiginoso.
Un día supe que el cerebro tomaba decisiones propias para proteger el funcionamiento del organismo, que había toda una vida fisiológica que era involuntaria e inaccesible, como el mundo subacuático de Serpentino. Cuántas cosas sucedían dentro de mí, sin mi intervención. Me di cuenta de que yo, con mi moño blanco siempre caído, yo Reyes, no era más que una minúscula parte de "yo".
Ahora las ciencias cognitivas me dan una hipótesis fascinante para explicar todo esto: tengo tres cabezas, como todo el mundo. La primera o la más primitiva es la cabeza, o la mente, fisiológica, neuronal. La segunda mente es más desarrollada: realiza computaciones inconscientes, es la mente simbólica o computacional. Si esta hipótesis es correcta, allí habita Serpentino. Su mundo es un mundo de módulos especializados en hacer diversas tareas de manera subconsciente, rápida y certera. Limitándonos a las tareas lingüísticas, hay un módulo lingüístico que analiza el lenguaje y lo descodifica, y otro módulo que nos permite representarnos lo que los demás tienen en sus mentes (sus creencias, sus intenciones, deseos), y por lo tanto también sus intenciones comunicativas. Entender el lenguaje es, para mí, la más asombrosa facultad mental, porque implica entender lo que significan las palabras y también y sobre todo entender lo que alguien quiere decirnos cuando usa ciertas palabras: con las palabras solas no bastaría, hay que poder leer la mente ajena. Todo esto sucede, según estas hipótesis recientes, por debajo de la conciencia. Podemos, claro, hacerlo objeto de reflexión consciente, y lo hacemos con frecuencia, pero lo maravilloso es que podamos comunicarnos sin pensar mucho: entendemos el lenguaje y entendemos a los demás, de manera involuntaria y relativamente fácil, gracias a los mecanismos mentales que hemos ido adquiriendo en la evolución de nuestra especie.
La tercera mente es la racional, la de los actos voluntarios con finalidades y normas, y participa en el lenguaje cuando hace falta aclarar malentendidos, analizar textos, en fin, reflexionar sobre lo que decimos o nos dicen. La racional y la simbólica, que en lo lingüístico interactúan y convergen, son las mentes propiamente humanas. Para casi todos los animales, aun los que tienen códigos de comunicación, es imposible captar las intenciones de los demás, viven en un mundo de cuerpos, no de mentes que se leen entre sí.
Serpentino Gutiérrez es, en realidad, algo mucho más maravilloso e incomprensible de lo que yo creía a los seis años: es parte de la extraordinaria tecnología que está instalada en los humanos al nacer. Él vive allí donde operan, misteriosamente, la memoria, la imaginación y la creatividad.
Ahora ya no pierdo el lápiz, pierdo otras cosas. Serpentino es el bibliotecario del gran archivo que es mi memoria. A veces cambia datos de lugar, o elimina algunos, sin consultarme, por supuesto. A veces desentierra cosas fascinantes, que yo creía haber olvidado. Siempre sabe más que yo. Y se ríe de mí, como toda la vida.
Graciela Reyes
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DE PIEDRA, TORTURA Y SUICIDIO
He leído en un periódico que piedras arrojadas por los adolescentes de
Bagdad, en una intifada permanente, fue el pronóstico que hizo
Einstein para la próxima y última guerra mundial. Hace tres meses escribí en
estas páginas sobre la tortura. Estos días he terminado de leer «El dios
salvaje», y de releer la «Vida de los doce Césares».
En apariencia las tres aserciones que anteceden tienen poco que ver entre
sí; sin embargo, las “pensé” a la vez, antes de hilvanarlas con el título que
luego he puesto.
La mezcolanza de datos, imágenes y pulsiones que abarrotan nuestra
mente no suele ser fácil de deslindar. De hecho fracasamos en el empeño
con frecuencia, y la prueba está en la exclamación que revela nuestro
desconcierto: «¿En qué estaría yo pensando?». En cambio,
enfrentados a la pantalla del ordenador o a la hoja en blanco la cosa se
simplifica bastante. La situación es comparable —no idéntica—
al intento de reconstruir un sueño roto por el despertar, o tratar de hacerlo
horas después.
El hilo del hilván titular, la conclusión traducida a palabras, no es
sino el repetido grito de alarma, insistente y apabullante, ante la
universal sordera y estupidez de la especie.
El lector habrá oído hablar de la «Vida de los doce Césares», incluso puede
que sitúe a Suetonio, su autor, en los albores del cristianismo. Menos
probable, aun siendo contemporáneo, es que sepa de la exploración sobre
el suicidio que hizo Al Alvarez después de “regresar” del suyo. En todo
caso, con esos datos, si termina la lectura lo creo en condiciones de llegar a
una conclusión parecida a la que acabo de anticipar.
- La premonición del genio, del mayor cerebro del siglo XX, no necesita
aclaración. Madura día a día y nos estallará en la cara como al genio le
estallaron, en vida, Hiroshima y Nagasaki.< /li>
- Para torturar “a la orden”, o reventar a prójimos infieles (para los
infiernos) y mártires fieles (para las huríes del cielo), acólitos y fanáticos
esperan.
- Durante los años cesáreos de la noble Roma, las atrocidades que
desgraciaron a centenares de miles de hombres y mujeres no se quedaron
en las de Tiberio, Calígula o Nerón, aquellas que aprendimos casi a la par
que el catecismo. Augusto, por una sospecha infundada, aplicó tormento al
pretor Quinto Galio como si fuera un esclavo. A pesar de no obtener
confesión alguna —el pretor era inocente—, el divino
Augusto, el de la Pax romana o Augusta, ordenó darle muerte
después de vaciarle los ojos con sus propias manos.
- Al Alvarez apunta un brote de optimismo cuando escribe: la
infelicidad es una condición vital con la cual hay que convivir, como el mal
tiempo. Una vez hube aceptado que nunca habría respuestas, ni siquiera
en la muerte, descubrí sorprendido que ya no me importaba mucho si era
feliz o infeliz; ya no existían «problemas» ni «el problema de los
problemas». Y eso en sí ya era el comienzo de la felicidad.
Después de este sucinto deslinde en cuatro puntadas,
sólo me queda advertir: “Pasar” por el suicidio individual no es un itinerario
que yo recomiende para remediar el suicidio colectivo al que la universal
sordera nos está precipitando. Habremos de encontrar otra receta no
tardando.
Fernando Anguita B.
_________________
«El dios salvaje» Álvarez, Al :: emecé_1971 ISBN 84-95908-56-5
«Vida de los doce césares» Suetonio :: Austral_1903 ISBN 84-670-0451-7
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UN SOPLO POÉTICO
La poesía sopla donde quiere, dice un proverbio antiguo. Esta vez sopló en Quilmes, gracias al empeño puesto por un grupo magnífico que se autodesigna como "Artenpie", toda una definición acerca de cómo se posiciona en su condición de colectivo cultural.
A ese empeño se sumó la capacidad organizativa y la infraestructura de la Universidad Nacional de Quilmes, para producir como resultado un encuentro nacional de poesía realmente inolvidable, por varias y diversas razones.
En primer lugar, por la calidad de las intervenciones, tanto a nivel de la lectura de poemas como en las mesas de reflexión y debate. En ese sentido, y más allá de las lógicas diferencias y desniveles que supone un encuentro de estas características, donde coincidían poetas consagrados y de gran trayectoria con poetas noveles y jóvenes, el evento logró desplegar un piso de calidad poética que se reconoció en la totalidad de las lecturas.
En segundo lugar, por determinados momentos de intensa emotividad, como cuando Víctor Redondo, en su condición de dirigente de la Sociedad de Escritores Argentinos, expuso públicamente, a modo de primicia, la lista recientemente elaborada por esa institución con los nombres de los escritores y poetas desaparecidos durante la última dictadura militar. El clima de unción y homenaje que se produjo entonces representó sin duda uno de los instantes más plenos del encuentro, al lograr que todos los presentes nos sintiéramos hermanados en la evocación de quienes hicieron de su consagración a la poesía la causa esencial de su propia vida, aún a costa de su vida misma.
Y en tercer lugar, por la posibilidad de experimentar un clima de fraternidad que no siempre se logra en esta clase de encuentros. Seguramente que en este caso incidió de manera fundamental la calidez de los organizadores, que se brindaron con una entrega total en el desarrollo de todas y cada una de las actividades. Gracias a ellos, sin duda, pudimos sentir ese hálito cautivante que produce la poesía cuando quiere soplar, y que logra la magia de trascender el lenguaje de los versos para desplegarse en los gestos, en las miradas o en las sonrisas de quienes descubrimos, al compartir una mesa o un vaso de vino, como hermanos que no conocíamos pero que estaban presentes en el mismo amor por lo poético.
Roberto Retamoso
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DOS TEXTOS
Soy la Virgen. Me doy cuenta. En la noche me paro junto a las columnas y a las fuentes. O salgo a la carretera, donde los conductores me miran extasiados o huyen como locos.
Soy la Virgen. El Ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos. Me dijo algo rarísimo, no entendí bien.
Voy por el antiguo huerto -Isabel, Ana- por las antiguas casas; quisiera ser una mujer en una de estas casas, una mujer en la ciudad, pero, soy la Virgen; no se dan cuenta; busco otra aldea abandonada, otros cáñamos. Silba el viento. Los lobos están comiendo los corderos.
A mi diadema caen las estrellas como lágrimas, caen rosas y gladiolos, dalias negras.
Soy la Virgen.
Estoy sola. Silba el viento. ¿Adónde voy? ¿Adónde voy?
Y jamás habrá respuesta.
de Los papeles salvajes
(figura también en el libro recién aparecido La flor de lis)
El bosque de casuarinas donde un día se presentó el Diablo.
—¿Se presentó el Diablo?
Sí, y todo tejido en lana roja y negra. Como una manta y un saco.
Yo era chica y dije: —¿Qué es un diablo?
Era adolescente y quedé alelada.
Era una mujer y quedé picada.
Me le acerqué, pero no mucho, porque no se podía; a ratos, parecía que no estaba.
De pronto dije:
—Yo soy una princesa. Pero legítima; no de pacotilla como las que salen en los diarios.
Al oír esta oración extraña, parpadeó, aunque sus ojos eran inmóviles, y algo se asombró.
Quedaba tieso. Parecía un objeto, un tejido olvidado.
Yo, por aliviar las cosas, vencer esa extrañezas, fui hasta la cocina, tomé, desde un platillo, dulces de higo, salí a mirar las ramas.
Pero, él ya estaba allí; con un salto invisible y opaco, ya estaba allí.
Le dije: —Diábolo.
Él contestó: —Mariposa Glicina y Glicina Mariposa.
Llamándome así por mis nombres prohibidos, pues, por salvarme de todo mal, no me habían hecho figurar en el Registro.
Me acerqué a su lana. Él dijo: —Vayamos a los infiernos donde están nuestros hermanos.
—¿Cómo...?!!
Di un grito que no se oyó.
Pero, le tendí los dedos, que él acarició por sumo instante. Pidió: —Y dame las cosas de abajo.
Aunque parezca mentira me acerqué y separé las piernas.
Él buscó y encontró los orificios; lamió y hendió; uno a uno, los lamía y los partía. Yo, un poquito, brincaba. Dijo: —Vayamos al infierno, ya. Eres de las que sirven bien. Vamos, bromelia, móntate en mi lomo y vamos.
de Rosa Mística
Marosa di Giorgio
____________ Marosa di Giorgio nació en Salto, Uruguay, en 1932, y residió en Montevideo desde 1978, donde murió en agosto de este año. Su extensa obra poética está compilada en «Los papeles salvajes» que reúne su producción desde su primer libro, Poemas (1954), hasta Diamelas Clementina Médici (2000). En narrativa ha publicado Misales (1993, traducido al francés), Camino de las pedrerías (1997), Reina Amelia (1999) y Rosa Mística (2003). Hace unos días apareció en Buenos Aires su último libro de poemas, La flor de lis, que incluye el CD "Diadema".
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LOS NEO_ZARES TELEVISIVOS: la TV que supimos conseguir
La arrogancia, la prepotencia, el rencor y el ejercicio de la presunción elemental de que el otro es sensiblemente inferior, es el motor incansable de esta sociedad y no menos sintomáticos son los medios masivos de comunicación. Así como hoy los periodistas deportivos devienen en clowns sospechosos y formadores de opiniones extravagantes, los periodistas más comprometidos hacen de la miseria más sórdida tours semanales con formatos económicos, que el mismo entorno cicatero les propicia. Los que toman decisiones en nuestra televisión, aquellos que supimos mitificar como tantas cosas, aprovechan para jugar al escondite con la anuencia contemplativa de un espectador desprevenido, conformista y olvidadizo.
Que el target ha cambiado no es novedad, que la televisión lo sabe tampoco lo es. Empresarios, Ejecutivos, Programadores, repiten hasta el hartazgo formulas que condicen con el pulso requerido por ese cambio, (al menos eso nos hacen creer) y con la excusa de una torta publicitaria reducida, limitan su creatividad derivando contenido para sectores menos dotados. De esta manera Telefé abandonó el edulcorante "Pum para Arriba" para ensayar un costumbrismo gore y productos doble equis para saciar un nicho de alta sintonía inmediata. En tanto Canal 13 no asume más riesgos de estilo (Vulnerables, Culpables) y se empecina en aplicar la lobotomía indiscriminada a sus ya agotados seguidores con fotocopias de productos o, mejor dicho, plagios de plagios.
Asumen que el contenido de su cántaro es un líquido vital del cual todos deben beber, aun cuando se altere horarios y programas y se mofen de manera desvergonzada, carcomiendo el hábito, el gusto y el ejercicio propio del más elemental entretenimiento.
Permítanme llamar "El efecto Suar" al despropósito de manipular informalmente la expectativa colectiva, de inaugurar espontáneos comienzos de programas y de violar grillas de programación y pautas publicitarias. Es que estos neo-zares televisivos juegan su particular estrategia comercial ante la silenciosa complicidad de espectadores adormecidos por doctrinas mediáticas contaminantes y, que no hacen mas que respetar una "verdad artificial" unidireccional.
Volviendo al tema central, cabe aclarar que una tira semanal no va en vivo y entonces ninguna excusa como la dada ante el levantamiento de una serie es válida. Hay que saber que nadie lanza una tira semanal si por lo menos no tiene dos semanas grabadas, llámese 10 capítulos mínimos. Que un actor se lesione es parte del trabajo diario, teniendo esos diez capítulos es más que improbable que alguien levante programación que ha sido pautada comercialmente con antelación (Por lo menos 60 días) aduciendo tamaña excusa. Hasta aquí, una respuesta mínima, a un agravio mayúsculo.
Los neo-zares televisivos son voceros sobrevaluados de una sociedad peligrosamente decadente, superflua y mezquina que supimos nutrir sin memoria, sin exigencia y siempre mirando hacia estribor. No harán más que lucrar ostensiblemente y sin descaro con la permisibilidad pasiva de un espectador que aguanta y certifican estos lugares comunes de personajes patéticos, de empresarios míseros y de mártires maradonianos de volátil durabilidad.
Los neo-zares mediáticos especulan con nuestros movimientos y hacen los suyos, tiran de la cuerda emulando aquellos modelos de gobernantes que en el presente resultan patéticos pero que nuestra historia se ensaña siempre en producir, alterando siempre el curso de una promesa y vulnerando nuestros derechos.
¿Será que la realidad es una ficción mal contada y que la TV es su ADN?
Fabían Iriarte
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CUANDO LA UTOPÍA TUVO LUGAR
Parece un contrasentido, pero es verdad. Tuvo lugar, nombre y fecha: Encuentro Nacional de Poesía Quilmes 2004; el 14 y 15 de agosto.
Una idea ambiciosa, una utopía, realizar un encuentro de poesía a nivel nacional en Quilmes. Aunque parecía una locura, nos pusimos a trabajar en eso. Luego de idas y vueltas, vimos coronado nuestro esfuerzo con la concreción de un encuentro que fue un éxito, tanto por la calidad de los participantes, como por la cantidad de público.
Lógicamente, esto genera una luz de esperanza en varios sentidos, ya que nos demuestra que una Utopía no es algo imposible, sino algo complejo; y que el fruto de esta, es una nueva Utopía, mejor que la anterior. Pero seamos concientes de que esto se logra sólo con esfuerzo, con muchísimo trabajo, reflexión y autocrítica. Toda la energía aplicada a este proyecto, se ha multiplicado al verse realizado; pero esta fuerza motriz, que se generó, sólo tiene sentido si se la cosecha para hacer una nueva siembra con la semilla que ha engendrado, de otro modo se disipará y solo será un lindo recuerdo de algo que pudo ser.
Por lo enunciado, y aún sabiendo que quedan cosas por mejorar, podemos decir que hemos marcado un hito en la historia de Quilmes, e incluso del país, ya que es la primera vez que un centro cultural independiente, como es Artenpie, realiza una actividad en conjunto con una universidad pública (la UNQ), trabajando de igual a igual y produciendo un desborde de conocimiento hacia la sociedad en la cual se encuentran inmersas estas dos instituciones, que aunque representan formas diferentes de entender la cultura, supieron salvar diferencias y lograr un éxito Cultural del cual gozamos todos, como miembros de la comunidad.
Por todo esto, Salud a quienes de una u otra forma fueron parte de esta Epopeya. Nos encontraremos pronto.
Federico Pablo Blanco
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QUE LA VIOLENCIA ENGENDRE MÁS VIOLENCIA
Una gran angustia me rodeó aquel día en que visité la obra del pintor y escultor sanpedrino, Fernando García Curten, artista que desde el año 1990 decidió dejar de exponer sus obras por fuera de su casa, convertida en Museo en su ciudad natal. Angustia que se sumó a mi duda, frente al argumento de Curten: ¨No quiero exponer más porque el artista queda desnudo en ese acto, un acto por naturaleza violento¨.
La comunidad quilmeña fue testigo el 14 y 15 de agosto de los cuerpos desnudos que dieron testimonio de sus creaciones poéticas en el Encuentro Nacional de Poesía ¨Quilmes 2004¨, organizado por la Universidad Nacional de Quilmes y el Centro Cultural Artenpie.
Poetas de provincias y ciudades argentinas como Córdoba, San Juan, Entre Ríos, Mar del Plata, Bahía Blanca, Rosario, La Plata, y Buenos Aires y nuestra ciudad, sumados a investigadores de Universidades Nacionales, editoriales y librerías, cafés literarios, cooperativas de escritores y representantes de la Sociedad de Escritores del país, se sumaron a esta cruzada que se instaló en el Salón Auditorio de la UNQ y en distintos espacios culturales quilmeños.
El encuentro surgió por una inquietud de Artenpie, al considerar que "la Universidad tenía que participar por su importancia académica y por la necesidad que tiene la comunidad de Quilmes de vincularse estrechamente con la Universidad", según palabras de Claudio Pérez, de ese Centro Cultural.
La discusión en torno al valor de la palabra y la poesía en la actualidad fue tejiéndose con la lectura de la obra poética no sólo de nuestros días. A la memoria de poetas desaparecidos durante la última dictadura militar como Francisco Urondo, Roberto Santoro, Miguel Angel Bustos y nuestro Hugo "Pajarito" Sánchez, se sumó un homenaje al poeta chaqueño Alfredo Veiravé, fallecido en el año 1991.
Las instituciones que protegieron el encuentro fueron resaltadas en las discusiones. Daniel Freidemberg, integrante de la revista ¨Diario de Poesía¨ sostuvo que "La Universidad, por su tendencia y finalidad, tiende a mostrar un enfoque científico y a ponerse en el lugar del saber; sin embargo, el poeta también tiene mucho para decir con lo que hace porque puede dar testimonio de qué son las cosas que le inquietan".
De esta manera, la comunidad quilmeña pudo disfrutar de la violencia de poder exponer lo creado, aquella violencia que permite hacer participativo lo íntimo, el mostrarse sin prendas.
¨El hacer del yo un nosotros¨, me había dicho García Curten.
En fin, al terminar el encuentro sólo me preguntaba, con gran esperanza, si la importancia de esta violencia podría engendrar más violencia.
Mariano Ariel Anconetani
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