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Setiembre 2007 — Nº 87 |
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OTROS fab9LO QUE PERTURBA [in memoriam] A la memoria de F. __________ Christian Boltanski DEL MORIR Y LO CONFORTABLE a Adolfo Valor, abogado Parece que la desaparición material de Ingmar Bergman se ha producido cuando él supo que ya no tenía nada más que decir, salvo certificar que la única posesión real común que comparten todos los animales es la vida y (los racionales) la libertad de decidir el momento de su conclusión. La coherencia final de la obra de un genio suele manifestarse haciendo uso de esa libertad, aunque, por supuesto, no necesariamente. "... he vivido una vida de mierda completamente sin sentido, estúpida, pero en general , bastante confortable".** Después de escuchar eso, cualquiera de nosotros, hombre o mujer corriente, —no genial—, es normal que razone para sus adentros: si un ser humano que en su tarea ha rozado la perfección razona así, ¿qué pensaré yo cuando me llegue la hora? ![]() Por un momento, mi devoción y admiración confesas ante la obra del genio de Uppsala, se vieron veladas por el barniz de cinismo senil que conjuga confort con mierda, estupidez y sinsentido. Sin embargo, la lección magistral es esa: los humanos, sin excepción, superdotados incluidos, somos "víctimas" de lo confortable. Es una cuestión de naturaleza. La química del cuerpo físico propende a lo cómodo, —se podría hablar de una "diátesis de la molicie"—, mientras que mecanismos todavía misteriosos apuntan a objetivos de carácter inmaterial, —espiritual, en lenguaje de muchos— incómodos por naturaleza.
Fernando Anguita B. M. P. CABOURG
Estoy más que seguro de que esta será la última ocasión en que los ecos del mar estén rozando la cabecera de una cama habitada por mí...
Néstor Tellechea DOCENTES Y PODER El otro día escuché decir a una docente: ... debemos hacer personas, nosotros tenemos que luchar para marcar la diferencia, debemos formarlos (a los chicos) para ser mejores, tenemos que luchar. Apenas escuché esto, sentí un estremecimiento. ¿Será posible que tengamos tanto poder? ¿Será posible que los docentes nos consideremos lo mejor o los mejores de la sociedad? ¿Será posible que podamos "hacer" personas a gusto, a imagen y semejanza, tal vez? Jéssica Priano CINCUENTA CUENTOS MÍNIMOS
Amén de agasajarme con su amistad, Roberto Rocca comete gentilezas tales como la de invitarme a hablar de su último libro desde la contratapa misma de la obra. Acepté corriendo, desde luego. “Se trata de una sencilla y rotunda apreciación matemática; si ya sabemos los difícil que resulta escribir una novela, a pesar de contar el autor con el inapreciable auxilio de las —digamos— doscientas mil definiciones que trae un diccionario y común y silvestre, imagine el lector cuánto más difícil es escribir un cuento, un simple y humilde cuento, pero encriptado ahora en unas veinte o treinta páginas, y para qué vamos a hablar de esos textos breves, brevísimos, que para cualquier buen narrador son algo así como el paradigma de la síntesis absoluta. Claro que, además de saber combinar con fluidez ese centenar de palabras (y a veces menos todavía), hay que tener ideas de las buenas, de las que merecen volverse literatura.
Párrafo aparte para las ilustraciones que acompañan el volumen y que les pertenecen a los plásticos quilmeños Marcelo Aguilar, Juan Baük, Norma Cistaro, Martín Diéguez Aguerre, Alejandro Fontana, Manuel Oliveira, Sonia Otamendi, Ludovico Pérez, Enrique Rocca y Guillermo Rocca. Miguel A. Morelli LA TRAICIÓN DEL ELECTRICISTA
La lengua que hablamos no es solamente un sistema de comunicación, sino una señal de identidad, una contraseña. Los que hablan como nosotros forman una especie de familia extendida. Los bebés que todavía no saben hablar prestan más atención y aceptan mejor mimos y juguetes de las personas que hablan su misma lengua, y más todavía si esas personas no tienen ningún acento diferente, por leve que sea. Parece que el cerebro viene programado para reconocer a los que son iguales que uno y así protegernos mejor de los extraños. “No, bolú, así no que te vas a electrocutar”. “Pero miraaaaaá, ¿qué hiciste, qué tenés, caca en la cabeza?". “Apurate, mové el or…” “Eeeh, qué corriente de aire viene de adentro de la pared, no rompas más, cacamala”. Y muchas más cosas, que no reproduzco para no ofender a la directora de la agenda, que cuida mucho el tono. Me tenían aterrorizada, pero qué placer oírlos. Claro que yo no sabía que por la misma plata casi hubiera podido comprar un pasaje a Buenos Aires, ida y vuelta. Graciela Reyes EL FRÍO
Este es el invierno más frío que recordamos. Todos tenemos frío, las casas están frías, el agua sale fría, todo se va enfriando... Uno ya no encuentra abrigo para ponerse; bufanda, guantes, hasta sombrero. La crisis energética no nos privó todavía de gas y electricidad, por lo menos en la capital, pese a los augurios. ¿Se dio cuenta de que con tal de traer una mala noticia los medios de comunicación se prodigan al hartazgo? Leda Schiavo DESDE LA BUTACA: Cine en TV
En un famoso escrito de 1996, Susan Sontag expresaba su sentido lamento por la muerte del cine. Deploraba que ya no se hicieran películas como las de la época dorada de Hollywood, o las de la era plateada del cine europeo. Lamentaba el advenimiento de un cine agresivo, superficial y manipulador, de neto cariz comercial, que no compromete al espectador. Lloraba también por la pérdida de la cinefilia, ese amor por el cine y por toda la liturgia que genera la sala cinematográfica. Diez años después, esa situación se ha agudizado: basta ver la cartelera de las salas comerciales, que sólo ofrecen un cine pasatista e intrascendente, olvidable ni bien uno sale de la sala. Josefina Sartora |
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TEXTOS de OTROS |
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AZATHOTH |
H.P. Lovecraft |
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Cuando el mundo se sumió en la vejez, y la maravilla rehuyó la muerte de los hombres; cuando ciudades grises elevaron hacia cielos velados por el humo torres altas, temibles y feas, a cuya sombra nadie podía soñar sobre el sol ni las praderas floridas de la primavera; cuando el conocimiento despojó a la tierra de su manto de belleza, y los poetas no cantaron sino a distorsionados fantasmas, vistos a través de ojos cansados e introspectivos; cuando tales cosas tuvieron lugar y los anhelos infantiles se hubieron esfumado para siempre, hubo un hombre que empleó su vida en la búsqueda de los espacios hacia los que habían huido los sueños del mundo. *** | |
José de Cadalso (1741 - 1782) |
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«Política viene de la voz griega que significa ciudad, de donde se infiere que su verdadero sentido es la ciencia de gobernar pueblos, y que los políticos son aquellos que están en semejantes encargos o, por lo menos, en carrera de llegar a estar en ellos. En este supuesto, aquí acabaría este artículo, pues venero su carácter; pero han usurpado este nombre estos sujetos que se hallan muy lejos de verse en tal situación ni merecer tal respeto. y de la corrupción de esta palabra mal apropiada a estas gentes nace la precisión de extenderme más. Políticos de esta segunda especie son unos hombres que de noche no sueñan y de día no piensan sino en hacer fortuna por cuantos medios se ofrezcan. Las tres potencias del alma racional y los cinco sentidos del cuerpo humano se reducen a una desmesurada ambición en semejantes hombres. No quieren, ni entienden, ni se acuerdan de cosa que no vaya dirigida a este fin. La naturaleza pierde toda su hermosura en el ánimo de ellos. Un jardín no es fragante, ni una fruta es deliciosa, ni un campo es ameno, ni un bosque es frondoso, ni las diversiones tienen atractivo, ni la comida les satisface, ni la conversación les ofrece gusto, ni la salud les produce alegría, ni la amistad les da consuelo, ni el amor les presenta delicia, ni la juventud les fortalece. Nada importan las cosas del mundo en el día, la hora, el minuto, que no adelantan un paso en la carrera de la fortuna. Los demás hombres pasan por varias alteraciones de gustos y penas; pero éstos no conocen más que un gusto, y es el de adelantarse, y así tienen, no por pena, sino por tormentos inaguantables, todas las varias contingencias e infinitas casualidades de la vida humana. * "Il n'y a point de héros pour son valet de chambre." Es autora de este dicho Madame Cornuel, dama parisiense del siglo XVlI cuyo salón o tertulia rivalizaba con el de Madame de Rambouillet. [n. del editor] carta LI, de «Cartas marruecas» :: Ed. Cátedra -2000- ISBN: 84-376-1810-X *** | |
SINFONÍA CONCLUIDA |
Augusto Monterroso |
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—Yo podría contar —terció el gordo atropelladamente— que hace tres años en Guatemala un viejito organista de una iglesia de barrio me refirió que por 1929 cuando le encargaron clasificar los papeles de música de La Merced se encontró de pronto unas hojas raras que intrigado se puso a estudiar con el cariño de siempre y que como las acotaciones estuvieran escritas en alemán le costó bastante darse cuenta de que se trataba de los dos movimientos finales de la Sinfonía inconclusa así que ya podía yo imaginar su emoción al ver bien clara la firma de Schubert y que cuando muy agitado salió corriendo a la calle a comunicar a los demás su descubrimiento todos dijeron riéndose que se había vuelto loco y que si quería tomarles el pelo pero que como él dominaba su arte y sabía con certeza que los dos movimientos eran tan excelentes como los primeros no se arredró y antes bien juró consagrar el resto de su vida a obligarlos a confesar la validez del hallazgo por lo que de ahí en adelante se dedicó a ver metódicamente a cuanto músico existía en Guatemala con tan mal resultado que después de pelearse con la mayoría de ellos sin decir nada a nadie y mucho menos a su mujer vendió su casa para trasladarse a Europa y que una vez en Viena pues peor porque no iba a ir decían, un Leiermann* guatemalteco a enseñarles a localizar obras perdidas y mucho menos de Schubert cuyos especialistas llenaban la ciudad y que qué tenían que haber ido a hacer esos papeles tan lejos hasta que estando ya casi desesperado y sólo con el dinero del pasaje de regreso conoció a una familia de viejitos judíos que habían vivido en Buenos Aires y hablaban español los que lo atendieron muy bien y se pusieron nerviosísimos cuando tocaron como Dios les dio a entender en su piano en su viola y en su violín los dos movimientos y quienes finalmente cansados de examinar los papeles por todos lados y de olerlos y de mirarlos al trasluz por una ventana se vieron obligados a admitir primero en voz baja y después a gritos ¡son de Schubert son de Schubert! y se echaron a llorar con desconsuelo cada uno sobre el hombro del otro como si en lugar de haberlos recuperado los papeles se hubieran perdido en ese momento y que yo me asombrara de que todavía llorando si bien ya más calmados y luego de hablar aparte entre sí y en su idioma trataron de convencerlo frotándose las manos de que los movimientos a pesar de ser tan buenos no añadían nada al mérito de la sinfonía tal como ésta se hallaba y por el contrario podía decirse que se lo quitaban pues la gente se había acostumbrado a la leyenda de que Schubert los rompió o no los intentó siquiera seguro de que jamás lograría superar o igualar la calidad de los dos primeros y que la gracia consistía en pensar si así son el allegro y el andante cómo serán el scherzo y el allegro ma non troppo y que si él respetaba y amaba de veras la memoria de Schubert lo más inteligente era que les permitiera guardar aquella música porque además de que se iba a entablar una polémica interminable el único que saldría perdiendo sería Schubert y que entonces convencido de que nunca conseguiría nada entre los filisteos ni menos aún con los admiradores de Schubert que eran peores se embarcó de vuelta a Guatemala y que durante la travesía una noche en tanto la luz de la luna daba de lleno sobre el espumoso costado del barco con la más profunda melancolía y harto de luchar con los malos y con los buenos tomó los manuscritos y los desgarró uno a uno y tiró los pedazos por la borda hasta no estar bien cierto de que ya nunca nadie los encontraría de nuevo al mismo tiempo —finalizó el gordo con cierto tono de afectada tristeza— que gruesas lágrimas quemaban sus mejillas y mientras pensaba con amargura que ni él ni su patria podrían reclamar la gloria de haber devuelto al mundo unas páginas que el mundo hubiera recibido con tanta alegría pero que el mundo con tanto sentido común rechazaba. * organillero *** | |