a PORTADA

<Nº 80

Enero - Febrero 2007

N° 81>


EL ÚLTIMO PERIÓDICO
Fernando Anguita B.

EL ÁRBOL
Diego Gresca

POEMAS

Samuel Taylor Coleridge, Martin Heidegger, Felisberto Hernández [comentarios]:: Vicente Huidobro, Amelia Biagioni, Irina Bodaschevski, Jorge Cabrera, Liliana Guaragno, Liliana Lukin, Miguel Ángel Morelli, Sonia Otamendi, Claudio L. Pérez, Beatriz Piedras, Jessica Priano, Graciela Reyes, Roberto E. Rocca, Sonia Scarabelli, Leda Schiavo, Alicia Silva Rey, Susana Siveau, Néstor Tellechea y Marta Vasallo :: Francisco Rodríguez [caligramas].

fab9

EL ÚLTIMO PERIÓDICO

«... quien escribe es un hombre con la mirada fija,
con el cuerpo paralizado y las manos tendidas en
ademán de súplica hacia palabras que huyen de él.»
Pascal Quignard

Dos hombres uniformados entran en el apartamento. Ambos lucen en la bocamanga derecha de sus pellizas una insignia, un disco de fondo azul turquesa donde las letras «CS» destacan en relieve de un rojo rabioso. El hombre más bajo tiene en la mano un teléfono móvil y mira expectante al otro que lleva colgado en bandolera un bulto, una especie de cofre embutido en una funda de cuero negra. La funda deja descubierta una ventanilla rectangular en la parte superior. El hombre alto concentra su atención en la aguja que a intervalos cada vez más cortos ve avanzar y retroceder en la ventanilla. Cuando la aguja se detiene, el hombre suspira audiblemente y le habla a su compañero:

  1. —La contaminación no es alta, estamos en la franja amarilla. No cierres la puerta y abre ese ventanuco, para que esto se ventile... aunque huela poco me pone de los nervios... ya puedes ir informando de lo que ves en este agujero. Cuando yo te hable, si no te digo lo contrario, ten el telefonino abierto...
  2. —Bueno, hay poca cosa: una especie de armario pequeño del que sale una tabla que hace de mesa...
  3. —Eso se llama buró; la tapa que lo cierra es lo que sirve de mesa...
  4. —Está bien... pues en la tapa que hace de mesa hay un ordenador portátil abierto y a su lado una grabadora. Al lado, hace de mesa una caja de cartón grande, de embalar; encima hay una impresora, seguramente la que estaba dentro de la caja...
  5. —Vale, pero sé más breve, di lo que ves y guárdate tu opinión
  6. —Bueno, sólo quería ayudar...

La mirada cargada de desprecio que le fulmina el hombre alto le hace enrojecer, traga saliva y continúa casi tartamudeando:

  1. —Hay... está, quiero decir... en la pared de la ventana un sofá cama sin recoger, sin hacer de sofá, quiero decir... y en la de enfrente unas tablas de madera llenas de libros y revistas... hay también libros amontonados en el suelo... una silla con ruedas delante del buró, un teléfono antiguo encima... y también un periódico... creo, creo que es todo...
  2. —¿Y al lado de la silla? ¿eres ciego o estúpido?
  3. —¡Ah sí!, perdona, la papelera... perdona...
  4. —Vale, la aguja roza el verde. Pon en marcha la grabadora
  5. —Pero la cinta está al final, a tope
  6. —Pues a qué esperas: rebobina, ponla en marcha y deja el móvil a su lado. Ahora es la cinta lo que tienen que escuchar, no a ti
  7. —¿Y qué tal, si no t’importa, si nos quitamos la pelliza? Sudo como...
  8. —Ni se te ocurra. Cuando se suda los poros de la piel están abiertos, pero si quieres coger lo que tu sabes...
  9. —No, no... tú mandas, ya m’aguanto...

Después del ruido de fondo de los primeros segundos de recorrido de la cinta, una voz profunda y pausada sorprende a los dos hombres. El más alto alcanza el sofá cama en una zancada; el otro le sigue sin dudarlo. Entre los dos estiran la manta ligera que está revuelta con las sábanas y se sientan encima. Se pierden las primeras palabras. El hombre bajo pregunta con la mirada si debe volver a rebobinar, pero recibe una mueca por respuesta:

» ... ... ... huele raro y además hace calor... voy a salir a averiguar lo que sucede ... si he decidido explicar mi situación de viva voz es porque no he podido hacerlo por escrito ... el jueves empecé a leer el periódico como siempre por la última página y el sitio de mi columnista preferido lo ocupaba otro ... otro conocido que a mi me carga ... pero no le di más importancia ... tampoco estaba el viernes y supuse que había pescado la gripe ... sin embargo me pareció muy raro el lunes que no había noticia de su falta ... porque ese periodista es lo que se dice un pilar básico del diario ... ... en otra ocasión cayó enfermo y las notas de cómo iba su enfermedad aparecían un día sí y otro también ... por eso antes de llamar a la redacción volví a revisar el periódico a conciencia ... por si había pasado por alto algún comentario de otro redactor ... pero no había ... y entonces noté que faltaban también artículos de otros columnistas y que el periódico traía cuatro páginas menos ... ... entonces llamé ... encontré la línea ocupada pero eso no me extrañó ... seguro que muchos otros lectores estaban llamando pensé ... pero media hora después de mil intentos casi seguidos me pareció demasiado el bloqueo ... entonces llamé al otro periódico de alcance nacional ... bueno hay más pero apenas cuentan ... saltó un contestador automático pidiéndome el nombre y dándome dos minutos para hacer mi pregunta ... antes de colgar indignado solté nervioso lo primero que se me ocurrió ... sabe alguien ahí qué coño pasa ... fue lo que dije ... «

  1. —¡Corta, rápido, corta! Aprieta la pausa y rebobina... avanza hasta donde ha dicho “hacer mi pregunta”
  2. —Ahí, párate ahí, ¿ves que no se identifica?
  3. —¿Y qué pasa?
  4. —Ya, que no entiendes nada, pues pasa que pensó que así no lo íbamos a encontrar... ¡estúpido, listillo, te ha lucido el pelo! Y tú qué esperas: aprieta otra vez el play...

» ... ... colgar indignado solté nervioso lo primero que se me ocurrió ... sabe alguien ahí qué coño pasa ... fue lo que dije ... entonces me volvió la sensación incómoda que me rondaba por la cabeza mientras repasaba y releía hoja tras hoja ... una o dos noticias del día me pareció que ya las había leído el viernes aunque no en las mismas páginas ... me levanté a buscar el ejemplar para comprobar si Águeda ... la chica que limpia los sábados ... bueno ... si había dejado sin vaciar la papelera ... porque no la toca si ve restos de la comida que me sirven del chino cercano ... pero la semana pasada yo había salido todos los días a comer fuera de casa ... así que la papelera estaba limpia y supongo que la mancha amarillenta del fondo siempre estuvo allí ... como el dinosaurio de Monterroso ... y es que nunca me doy cuenta de las cosas a la primera y pensar entonces eso me llevó a la solución del problema ... reactivé el portátil pinché de inmediato en el monigote ... bueno ... en el icono del periódico que destaca en mi lista de favoritos ... salté de la edición güeb a la impresa y en la pantalla apareció la portada ... idéntica a la de papel ... entonces me sentí aliviado ... pero aliviado de qué ... me pregunté ... lo que tenía que buscar era el periódico del viernes ... así que moví el ratón para pinchar en los números anteriores ... la pantalla quedó en blanco pero enseguida escupió el odioso cartelito de conexión perdida ... reinicié toda la operación otra vez ... y una tercera ... sin éxito ... pensé que si mandaba un correo múltiple a la gente de la tribu de enganchados permanentes alguien respondería ... abrí mi buzón ... el mensaje tenía que sonar muy urgente ... empezar con sos ... aunque fuera vulgar funcionaría seguro ... con las yemas de los dedos en la posición canónica para el teclado cuerty ... lancé«

  1. —¡Joder!, ¿qué dice este tío?, ¿canino, curti?
  2. —¡Qué bruto eres! Lo primero, en vez de cortar de golpe, aprieta el pause. Ahora rebobina y entérate cuando lo repita. No ha dicho canino sino canónica, que es cosa de la iglesia. Y lo del teclado es por el inventor de las máquinas de escribir
  3. —¡Qué gilipollez!
  4. —¡Eso! Pues deja de hacerte preguntas, ya te he dicho que te guardes tu opinión... íbamos por teclado... dale atrás y para... un toque más adelante: ¡ahí!

» ... lancé la orden mental a mi anular izquierdo para que pulsara la letra ese ... no tuve respuesta ... en la pantalla blanca parpadeaba el cursor ... mi dedo no se había movido ... pensé que tenía que haber pulsado a tiempo la tecla de mayúsculas extendiendo el meñique derecho ... era una idea estúpida ... lo sabía ... pero ya estaba realmente descentrado ... respiré hondo ... manos a la obra me dije y ordené a mis dedos que actuaran a la vez ... ni uno solo se movió ... el alceimer ataca a mis manos exclamé medio sollozando«

  1. —¿Y ahora por qué has parado tú?
  2. —Para que estén seguros de que ha dicho Alzheimer. Lo de las vacas locas; eso les va a encantar...
  3. —No lo entiendo... tampoco lo del periodista
  4. —No importa. Basta que sepas que los periodistas son peligrosos, y el que le gusta a este tipo es el peor de todos
  5. —Pero dijiste que ya estaban controlados todos cuando...
  6. —Mejor te callas... terminemos este rollo de una vez
  7. —¿Retraso la cinta?
  8. —No hace falta, lo del Alzheimer quedó claro

» ... la descarga histérica me ayudó ... inspiré profundamente y decidí probar con cualquier otra palabra: auxilio por ejemplo era tan buena como sos y sin mayúsculas ... entonces ... nada más lo pensé ... el meñique izquierdo el que debía de pulsar la letra a se me quedó como una alcayata ... en el estómago los cereales del desayuno parecían hervir ... ya empezaban a buscar el camino de vuelta por el esófago ... los pude contener sabiendo que la catástrofe sería completa si vomitaba sobre el teclado ... me concentré hasta el máximo cerré los ojos y conseguí levantar las manos un centímetro ... ... desde esa posición dejé a los dedos moverse a su aire pulsando letras al azar ... ... solté despacio el aire ... aborté la vomitona y con ello el ataque de pánico ... abrí los ojos ... unas decenas de letras y signos me devolvieron el resuello pero también a la situación de confusión ... dentro del chorro de letras sin sentido dos grupos de cuatro decían hijo y roer ... me devané los sesos tratando de encontrar un significado oculto a lo que no podía ser más que producto del azar ... me saqué de la cabeza como pude la imagen de saturno ... la espantosa pintura de goya ... y me decidí a ensayar de nuevo tratando esta vez de escribir hijo ... mancharecoloqué los dedos sobre las teclas, volví a cerrar los ojos y ordené al índice de la mano derecha que se desplazara hacia la izquierda para pulsar la hache y al anular que lo siguiera con la letra i ... inútil intento ... con dos dedos agarrotados estaba peor que antes... a duras penas controlaba ya el pánico ... me faltaba aire pero hice un esfuerzo ... eché la cabeza hacia atrás y quedé mirando a la mancha del techo que seguía allí ... así pasé unos minutos ... puede que menos ... y entonces concluí que mi miedo era infantil ... nada me dolía y notaba como desaparecía el agarrotamiento de los dedos en cuanto los retiraba de las teclas ... o si les dejaba tocarlas sin ton ni son ... ... por tanto concluí que la explicación de todo está fuera de casa ... y para empezar puede que en la misma redacción del periódico ... ... así que dejo el portátil abierto a internet ... por si llega un correo durante mi ausencia ... si tardo en volver o no regreso la cinta le servirá a cualquiera para meterse a investigar ... hoy es martes y trece ... son las diez de la mañana ... corto y cierro«

  1. —¿Eso es todo?
  2. —Está claro que sí
  3. —Entonces habrá que destruir la cinta ¿no?
  4. —¡Calla!, pásame el móvil
  5. —Toma
  6. — ... dicen que dejemos todo como estaba ... el ventanuco y la puerta cerrados ... que no rebobinemos la cinta ni toquemos la papelera ... que Águeda la descontaminará el sábado y limpiará el techo ... ¡la commedia e finita!
  7. —¿Eso es que nos podemos ir a casa ya?
  8. —No corras tanto. Toma, guarda el móvil. Ahora tenemos que pasar por el pabellón de reclutamiento. Nos darán instrucciones para los nuevos, lo que tenemos que enseñarles. Han llegado por docenas. Queda menos de un mes para las elecciones. Antes de dos semanas tienen que callar todas las críticas al presidente: ¡Cómo sea!, no olvides que esa es la consigna
  9. —Y si se contagian otros que no dicen nada malo...
  10. —Eso pasa siempre. A ver si te enteras que esas son las víctimas laterales. Siempre las hay
  11. —Si tú lo dices... pero si son demasiadas... como pasó en el periódico... cuando fumigamos...
  12. —Si no cierras la boca pediré que te degraden. No volverás a salir conmigo. Métete en la cabeza que ya no fumigamos, que no volverá a pasar... y además, si pasa ¿qué pasa?... pues sencillamente que habrá más periodistas que dejen de escribir...
  13. —¿Y luego?
  14. —Pues luego irán desapareciendo los periódicos. Siempre quedará el «Correo Social», el nuestro, el último. ¿No ves que su emblema es la insignia «CS», que es también nuestra consigna? ¡Cántala!
  15. —¡CÓMO SEA!
  16. —Otra vez
  17. —¡CÓMO SEA!
  18. —Eso es todo lo que necesitas saber. Larguémonos de aquí. ¡Vamos!, ¡echando leches!

Fernando Anguita B.

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EL ÁRBOL
Una búsqueda atípica en el "cine argentino"

«El árbol.» Guión y dirección de Gustavo Fontán.

Si es que existe un "cine nacional" entre nosotros, más allá de La guerra gaucha, otras películas de temática "argentina" y la filmografía de Leonardo Favio, signada por la búsqueda estética, El árbol se inscribiría en ella compartiendo las premisas de Favio. Un cine de interdicción que interroga al espectador sobre la misma esencia del relato cinematográfico. El árbol, más allá de la anécdota mínima que narra, es una película sobre el cine, sobre las variadas formas que el arte propone para instituirse como tal. Una historia mínima, familiar, doméstica, que sin embargo alcanza, por las formas con las que se narra, para constituir el relato filmográfico.

Nada ocurre, o dicho de otra manera, lo que va a ocurrir, inscripto en la lógica del devenir, es conocido por el espectador desde el primer momento. ¿Qué ha de esperarse acerca de un árbol que está irremediablemente muerto desde la primera escena? ¿Que caiga, de una u otra forma, como augura el personaje femenino, la madre? ¿o que renazca de entre sus propia irreversible finitud, como espera el padre?

El árbol nos habla sobre el tiempo, sobre el tiempo en la vida, pero, sobre todo, sobre el tiempo cinematográfico. Las estaciones se suceden; y los climas, más o menos auspiciosos. Las posiciones que creen interpretar lo que la vida propone, se explicitan con la simpleza propia de la naturaleza (humana) y avanzan hacia un final previsible. No hay información en el sentido llano del término, que conduzca al espectador en la dirección del desarrollo dramático, sino más bien una justificación vital de los pronósticos que los personajes efectúan desde el comienzo de la película.

Ese árbol va a caer. De una u otra forma, va a caer, va a derrumbarse sobre sí mismo, porque la ciencia salitrosa, la cultura, que el hombre pone en juego a partir de su deseo, no alcanzará para vencer la sabiduría sobre la vida que la mujer esgrime desde que robó la manzana de aquel otro árbol que le estaba prohibido. En el transcurso del inevitable acaecer la mujer barre las hojas, junta, por así decirlo, las pruebas que sustentan su opinión. El hombre se entretiene con el fluir de las aguas, con aquello que lo incita a las navegaciones que sabe sin regreso. Permanecer y partir, estar entre los refractados rayos de la luz sobre las hojas, o ir al encuentro de otras sombras. Permanecer o partir, estar inmerso en las señales precisas de la vida y de la muerte o intentar, hasta el final, un esfuerzo último, reparador y frustrante, inútil, de un viaje hacia el regreso imposible.

Los verdes, mientras tanto, se transfiguran, alcanzan a enmarcar el rostro de un fauno que, ante la égloga simple del racionalismo de un vecino, nos hace pensar que tal vez. Los labios de una mujer que visita a la pareja que disputa sobre un instante llamado fin, han sido tatuados por el tiempo, proponen la resignación en la orilla del licor casero, de naranjas o mandarinas suponemos, con el que se brinda por un reencuentro fallido. No volveremos a encontrarnos, nunca. Cada instante nos ha devorado y nos ha hecho otros.

Y la luz entre el follaje, y el sonido de las hojas y del agua, imágenes proyectadas sobre paredes y puertas antiguas que a su vez nos son proyectadas conteniendo rostros desdibujados por el tiempo y por las puertas y paredes de aristas limadas, escindidas, y el cantar del agua que cae, el del agua que golpea, el del agua que corre.

El haiku ¿puede fimarse? Y ¿puede filmarse la poesía? Puede el relato ralentarse y pautarse, acentuarse como versos primitivos, como oscuros cantos sin reglaje, como imprecaciones domésticas ante el altar de los muertos. ¿Puede?

Eso es El árbol, una gran pregunta sobre el cine, sobre el relato cinematográfico. Una pregunta donde, creo, debería celebrarse la valentía misma de haberla planteado aquí, entre nosotros, bárbaros modernos que acabamos de descubrir el cine de acción, el de suspenso y, sobre todo, los efectos especiales.

Una película es, en definitiva, una suma de saberes y sensibilidades que permanecían dispersas hasta que alguien, el director, logra seducirlas, entusiasmarlas, disciplinarlas tras un objetivo común de inciertas repercusiones. Digo que es una cruzada hacia un sepulcro pagano, una batalla a la que algunos aún deciden presentarse con las armas que han rescatado de otros campos, para salvarnos, para salvar nuestra sensibilidad del adocenamiento.
____________

National Film Review, capítulo argentino.

Diego Gresca

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POEMAS

[sin solución de continuidad entre los cinco grupos del original]


If a man could pass through Paradise in a dream, and have a
flower presented to him as a pledge that his soul had really
been there, and if he found that flower in his hand when he
awake - Aye, what then? (*)

Samuel Taylor Coleridge

(*) "Si un hombre pudiera atravesar el Paraíso en un sueño, y le
dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al
despertar encontrara esa flor en su mano... entonces ¿qué?"

***

"La palabra poética... es la revelación de sí mismo que el
hombre hace de sí mismo"
"El acto de escribir poemas se ofrece a nuestra mirada como un
nudo de fuerzas contrarias, en el que nuestra voz y la otra voz
se enlazan y confunden... En esta ambigüedad consiste el
misterio de la inspiración"

M. Heidegger

***

Tengo que buscar hechos que den lugar a la poesía, al misterio y
que sobrepasen y confundan la explicación.
Antes de eso tengo que tener pensamientos firmes para que los
hechos de poesía no los contradigan; aunque se vea que el hecho
de poesía está confundido, no importa, debo hacer poesía de esa
confusión.
Pero tengo que tener el previo pensamiento firme.

Felisberto Hernández.

***
ARTE POÉTICA

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema ;

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.

El Poeta es un pequeño Dios.

Vicente Huidobro
de «El espejo de Agua», 1916

***
MANIFIESTO

Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre,
de usar reloj y placidez,
aventura a cuerda,
palabra pálida y mortal
y ojos con límites.

Yo me resisto,
entre las muelas del fracaso,
a cumplir la ley de cansarme,
de resignarme,
de sentarme en lo fofo del mundo
mortecina de una espada lánguida,
esperando el marasmo.

Yo me resisto,
acosada por silbatos atroces,
a la fatalidad
de encerrarme y perder la llave
o de arrojarme al pozo.

Con toda la médula
levanto, llevo, soy el miedo enorme,
y avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes.

Amelia Biagioni
de «El Humoa», 1967

***

UN POEMA DE IRINA BODASCHEVSKI

Hoy me
abracé al árbol,
a su integridad salva-
je y lo escuché con mucha
atención. Las voces ingenuas
de su follaje, de su savia pene-
traban en mi ser como bálsamos
desconocidos. Se mezclaban nues-
tras respiraciones con el viento ves-
pertino que mecía las ramas, agitaba
débilmente el plumaje en el pecho de
un pájaro. La oscurecida cúpula celes-
tial bajaba lentamente y se incorporaba
misteriosa a la copa del árbol. Queda-
mos en silencio ante el ocaso violá-
ceo que nos envolvía. En la pausa
repentina se oían ahora sólo
los latidos de tres cora-
zones en un extraño
unísono:
el del pá-
jaro, del
árbol y
del mío
propio.
IRINA

***

CUATRO POEMAS DE JORGE CABRERA

11

lo que queda y no
    lo que está en el perfume
                       de los tilos
la intensidad
                      de la memoria
de lo claro del día
                      lo que queda (y no)
                      lo que no quiere
                                       hundirse
en
la vastedad
                   de lo escrito en mí
en la urdimbre
                        de mí
lo que vuelve y no
           lo que es azul
                                  y ocre
y fuego
             y está en un jardín
éste es el jardín.


14

estoy
pero es menos que estar
(es)
menos que
escandir el cuerpo
es menos que ver
a través de la piel
de la noche
el vacío.
el vacío
donde el ojo aterciopelado
de dios
busca su objeto.


19

lo que es
lo que fuera

algo que quiere quedarse
a pesar
en la mañana

un hilo azul
que guarda
                 levemente
la trama
de los primeros paisajes
escrituras

tejido bajo el agua.


20

escrito está
donde
           menos se piensa

una palabra
lejos
        de su acabamiento

una palabra
cribada
            pese a todo

territorios
donde decir
                   lo oscuro
de la letra que me nombra

manuscritos

lo imposible del verbo.

de La intensidad (inédito)

***

UN POEMA DE LILIANA GUARAGNO

V

En la mañana fría
sobre el pasto humedecido
mojado perro
cola baja tras las patas
caminando
toda la noche con lluvia

Cae el amanecer

Cae como un perro

Sobre las aguas chirles
donde croan las ranas

(donde San Antonio les hablaba
en vano
siempre dirían croac
croac)

***

DOS POEMAS DE LILIANA LUKIN

cartas

mi querida: así, todo lo más se trata
de envejecer, también bellamente
¿cierto? y qué sabia parece una,
la mujer hermosa, joven de perderlo todo
en un sueño: qué sabia puede
ella ser: los niños llevan su verdad
debajo de la manta y su deseo en la boca
mordido, para alimentarse siempre más

si querida: puede una mal esperar
lo que ya tiene y no saber cuál es
su don: estar en el lugar equivocado
es a veces una provocación inútil
y haber amado haber amado
no asegura sufrimientos durables
y provee en cambio llagas
menos pulidas que el espejo de reír

todo (lo de perder lo de olvidar)
lo de no olvidaré porque de eso
se vive: todo da vueltas a veces
en una música única y sedosa
cuyos caballos tascan el freno en mí
y cuya masa de blancas partes
se pudre cayendo

todo: nadie me oyó anoche
no llorar ni nadie escuchó
lo ríspido de mi no dormir anoche
(no produce sonido lo sin nombre
lo que no sé nombrar no hace armonía)

hermanita: la piedad de sí tampoco
es una buena herramienta para morder
y habiendo de arder por los pies
no conviene mojarse la cabeza

así, todo lo más se trata de bellamente
oír el ruido de afuera como si sonara
un clave: los ojos arden antes que los pies
y todo lo más amiga y tanto
se trata de bien oír y hermosas
¿no es cierto? seguir siendo más sabias
y cuidadosamente actuar, y envejecer.


foto


sombrerito con velo
para una semicara de película muda
rejilla negra para los ojos fijos
en un punto de mí
que no existo todavía

es apoyar la mano en pose
sobre esa manga oscura y afelpada
lo que denuncia el parentesco

y yo adivino el parpadeo
de él cuando es tocado
en su traje de ocasión
para
todo secreto: avanza en los lunares
de la blusa
un indicio para mí

así los veo descalzar un parque
de merienda en merienda
sobre la hierba:
                  mantelito
que no conocí

y esas perlas de un amor
impensable
hacen un lujo muy discreto
en el siempre desnudo
escote de mamá

de «Carne de tesoro», 1990

***

TRES POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL MORELLI

1

escuché que decías | bienaventurados los pobres de espíritu
porque de ellos será el reino de los cielos |
pero el viento trae el perfume amargo
de tu propio cadáver que se pudre a la intemperie

escuché que decías | el que esté libre de pecados
que arroje la primera piedra |
pero es tu sangre la que tiñe mi sangre
y las cenizas que me ahogan tus propias cenizas

desde hoy | toda lágrima es espuria
todo evangelio es apócrifo

                                       a silvia y Abelardo

2

hoy no es como
otras lluvias
hoy llueve por
vez primera
sobre el mármol
de su tumba

hugo mujica

llueve sobre el mundo | sobre todas las cosas del mundo
y mientras miro cómo las gotas se balancean en el techo
tiemblan | y finalmente
acaban hundidas contra las baldosas del patio
me pregunto
cómo hay que hacer para sobrevivir a la tormenta |
de qué manera escapar de la tristeza
de estas ganas enormes de correr hacia abajo
para ser agua en el agua | lluvia en la lluvia

a marta c.


3

cuando murió mi padre yo estaba lejos |
tan lejos que todavía llevo en el pecho
las marcas de esa ausencia

cuando murió mi madre, en cambio, estaba a su lado
sosteniéndole las manos |
prometiéndole tardes que jamás llegarían

sin embargo | ¿era mi sombra aquella sombra?
¿eran mías aquellas manos?

si cada recuerdo no es más que una reparación de la memoria
a lo mejor durante aquella madrugada de setiembre
yo haya estado | al lado de mi padre | todavía

***

UN POEMA DE SONIA OTAMENDI

Una mano pinta un rostro.

Pinta una máscara
sobre un rostro inmóvil,
inexpresivo,
como una máscara

Una mano pinta un rostro
de ojos cerrados
y dientes apretados.

Una mano pinta un rostro
en el azul adivinado
casi negro
que lo circunda.

Sólo una mano que pinta una máscara
sobre un rostro inmóvil
en el vacío
en que todo es ajeno
en que todo es vacío.

Octubre de 2006

***

UN POEMA DE CLAUDIO L. PÉREZ

Fotos para un desencanto

nuestro problema es ahora
                                         la calidad de la democracia

como enigmas a resolver
               aparecen
                             los votos de una interna   
        
                             que se perdieron en el espacio
         un cambio de objetivos
                                                   el saldo de la ministra               
y la amenaza de las nubes tóxicas

                 todavía hay
                                      archivos en manos policiales
                                                     asesinatos en la nieve
                                      y objetos de odio
                                                               en corazones geométricos
      como en una historia alemana
                                                         o en un mito romántico
                              mañana puede morir otro
desde el lento territorio del ayer
                                     extrañas criaturas
                                             desmienten una carta
                                                     con visiones distintas
                                                             del pasado argentino
de la tradición a la vanguardia
                                         la ilusión duró poco
había que tapar la mugre
                                lo cruel
                                             lo mezquino
                                                              mano dura
                                                                               uñas largas
                   con un baile sensual
entonces
                  mientras  Atlanta desciende
                                                       en otra tarde violenta
         aparecen
                              los votos a la comparsa
                 él diciendo
                                  que nunca estuvo en Orletti
    y el absurdo
                          vendiéndose en la red

el fantasmático retorno
                                    de una banda con todos los climas

Diciembre, 2006
***

DOS POEMAS DE BEATRIZ PIEDRAS

Ella
     lava puntualmente la ropa
tiende al sol
la brisa sahuma la blancura
          con aroma de tilos
con tenues manos
          al calor de la plancha
irá borrando
           arruga por arruga

el domingo
          deslizará el mantel
el lino se abrirá como un regazo
          si dios quiere
todos vendrán a compartir la mesa
          breve felicidad
          sencillo orgullo
de una mujer que lava
y tiende al sol


Noviembre deja caer las flores
llueve
el agua lleva
           transparencia celeste
una gota brilla
           sobre la flor caída

breve instante
          minuciosamente
               el paisaje
                    se revela

***

UN POEMA DE JESSICA PRIANO

Solitaria

Un cuerpo adusto necesita de formas
compasivas e indulgentes,
la sombra de tu vuelo encerrado
en una imagen esquiva y sola,
comienzos anudados por el viento
de un anochecer que no llega.

Muere en mis muslos la tarde
y caen las últimas ruinas doradas.
Lentamente se enfría
el aire dormido de noche.

Hundir el pecho en la nueva
vida nocturna
que nace
ignota y ríspida.

Los tapices del cielo modifican su manto.

Cierro los ojos
me caigo en un vacío incierto.

Parece que la noche
demora su aventura
y afuera
tu recuerdo
se recorta y reintegra

***

UN POEMA DE GRACIELA REYES

EL SILENCIO

Era una tarde lluviosa y.

Su silencio en mi mano una araña de oro,
que yo llevaba con.

Por un sendero del parque
caminábamos sin tocarnos, y el agua.

Llovía y por dentro de la lluvia yo le hablaba de Virgilio.
Todavía sé cantar los hexámetros latinos.
Y él, él.

Él es como el fragor que produce una rosa que se desploma y es
también.

Recuerdo muchos versos de memoria,
me gusta repetirlos, sabiendo que cada vez repito algo ligeramente
nuevo
porque también yo soy ligeramente.

El verso es palabra en su silencio. Detrás de cada frase hay un
abismo de murmullos,
De recuerdos, de voces calladas pero activas, de lo no dicho que es
más grande.

Su silencio es silencio sin ecos,
un lugar en que cabemos los dos desnudos y.
También es un puerto y es la rosa que.

En el Hades de Virgilio están los que murieron por culpa del durus
amor.
Está Dido, la que amó más que nadie, callada para.

La poesía enseña silencio y también tiempo.

La tarde se cerraba lentamente, y se oían.
Junto a él, los ruidos son más intensos y los olores más.
La lluvia nos mojaba pero habíamos llegado a puerto desde el primer.

Entonces yo también dejé de.

***

UN POEMA DE ROBERTO E. ROCCA

BALIZAS

La ausencia es el oleaje
de la presencia.

Allende las palabras
reverberas

y ni el viento
ni el agua
tu aliento besan.

La ausencia es el recodo
de la presencia.

Oriverdes racimos
de sombra quieta

cuando en la piel la brisa
se desorienta.

La ausencia es la medida
de la presencia.

***

UN POEMA DE SONIA SCARABELLI

ROPA TENDIDA

Suelta en la fresca media sombra,
mientras el sol
oblicuo cae sobre las terrazas silenciosas,

se balancea la ropa tendida

y ese pequeño cuadro contemplado
de la prenda moviéndose en el aire
me vuelve más dulce la mañana.

Veo ahí un gesto
que se prolonga atrás
como a la orilla
de un reino que tuvimos y era
del sol y todos los elementos,
allí esperábamos
giro de la estación pero también
vida y muerte dadas como en una
mano de madre, distribuidas
como si todo fuera parte de esa
cambiante forma
tan amorosamente empecinada
en mecernos bajo la luz

hasta el batiente y hondo
corazón del misterio.

***

TRES POEMAS DE LEDA SCHIAVO

TRÍPTICO

1. Queda el silencio

La cúpula de San Giorgio Maggiore
se refleja temblorosa en el agua
la memoria se estremece recordando la luz de esos días
y el corazón trepida rememorando los errores repetidos
todo tiembla
el aire la luz el agua
pronto temblará mi mano urgida de deseos de años de recuerdos de
sombras
mi voz ya no te nombrará
tu nombre no se hará de mi sonido
inútilmente veremos pasar los días los libros las horas los placeres
las calles
alquimistas fracasados no supimos transmutar el vil metal en oro
el vino se hizo agua
el agua se hizo hiel
queda el sucio silencio


2. Tarde larga de primavera

La primavera se abre paso agazapada
destila hilitos dorados que van cubriendo las baldosas del balcón
los árboles, otra vez, forman un bosque trémulo y vacilante
ilusorio de vida
La tarde del domingo se alarga frente a la pantalla
y frente al mar de hojas verdes que se agita inútilmente
convocando días en que cada hora era una celebración
mientras la memoria duele
con dolor de ausencia

Sólo apoyar la cabeza en un brazo generoso
si fuera posible cálido pero no pido más
pedir es arriesgado
y la tarde se alarga
y la vida se alarga
y la espera es un hueco donde caben todas las sombras

Fantasear, imaginar, inventar que te quiero
y que sos como yo digo
mientras la tarde sigue pasando lenta y tiemblan las hojas de los
árboles


3. Arte poética

Se puede tirar a la basura las cosas de los muertos
olvidarse de contestar el teléfono
cuando quien llama es el deseo
preterido, soslayado, inmaculado
Se puede no comprar una pistola para acabar limpiamente
esta vida que se alarga más de lo que los huesos la soportan
y el músculo cuelga en el museo
mientras la rosa no logra florecer en el poema

Se puede creer en la primavera que llega
aunque no llegue el ómnibus
y los pólenes marchiten el alma y la respiración
mientras se olvidan las nieves de antaño
y los días van cayendo disciplinadamente del almanaque

Se puede ir y venir
y pensar que se ha llegado a alguna parte
cuando nunca se sale de uno mismo
y apenas se consigue un gemido de reconocimiento
confundido con el éxtasis
o la felicidad

Y en un día como hoy
cerrar la puerta
y no salir a jugar

***

TRES POEMAS DE ALICIA SILVA REY

mineral, cuaderno negro

esmeralda


consta en la Biblia
que esmeraldas
adornaron pectorales
y a sumos sacerdotes
Plinio refiere
que Nerón
contemplaba
gladiadores
a través de esmeraldas

diluida en agua,
contraveneno
bajo la lengua
predice el porvenir


amianto

no altera el fuego
sus suaves untuosos
filamentos

de esta “seda”
tramaban los antiguos
las vestiduras
en las que ardían
sus muertos
así
separaban
la ceniza corporal
de la de la madera
de la pira

oh, incombustible
del que tejían
manteles
y en fuego los
lavaban


magnetita

una piedra
que segrega
de manera “científica”
una corriente
de átomos
hacia cuyo vacío,
el capturado hierro,
se precipita,
halló Thales
y también aparece
en “Las mil y una noches”
en la forma
de un monte
que magnetiza
piezas
y cierres de metal
de embarcaciones
náufragas

y en Plinio,
un pastorcito
ve extraer, de su calzado,
los clavos
por la piedra que escala

***

UN POEMA DE SUSANA SIVEAU

Patio

Abejas en las glicinas
denso perfume
cielo lila
de muro a muro
cae
pinta las lajas
pesadas de pasos
La mesa
las amplias sillas
esperan
Latido solitario del patio
¿domingo?
Lejos
el griterío de los pájaros
se prolonga en una cascada
parece una risa
de felicidad

***

UN POEMA DE NÉSTOR TELLECHEA

DESGOBIERNO


Amanezco…

Reconozco
ser de nuevo
sólo si me es posible verme
emparentado
a lo que me sugiera
la opacidad
o el brillo natural
de cada día
con todo lo sentido
casi,
como arrancado por sí mismo
de su sutileza…

¿Se nace
y se renace
tan sólo
por detalles
que no dejan de esperarse?

¿Cuál puede ser
la verdadera
sensación
irresponsable
de no aceptarse
sometido
al tiempo
por un rato?

¿Creerse contenido
por la indiferencia
ejercitada
frente al sol;
apenas
más lejano
y compartido
con el que fui?

¿Aquel
que no quería
desdoblarse
en su anterior
instante
eterno?

Silencio…
Polvo iluminado…

Palabras ofrecidas
por el pensamiento
que no puede conocerme
o a veces,
directamente yo…

Algo
alguien
quién…

o cuánto…
Ahora
todavía
medio cuerpo
reflejado
en la ventana,
como indicio
de la buena suerte
momentánea;
eclipsando
a la de no tener
que oscurecerme
por mi cuenta,
mirando hacia
el recuerdo
sorpresivo de la vida…

***

UN POEMA DE MARTA VASSALLO

Cantaron

Ellos cantaron así
sin permisos
ignorando el olvido
encendieron
el ritmo sin igual
celebrante
envolvente
el fuego arrebatado
a la inclemencia
Fueron

Y a veces se los oye todavía
en noches de fiesta sin permiso
cuando ya nadie se acordaba
de la felicidad
A veces nos envuelve
el remolino
girante
de su hallarse
la gloria arrebatada
al vacío

cuando ya nadie podría jurar
dónde
cómo burlaron de tal modo al olvido
cómo desautorizados
celebraron
su estar

Cantaron

de «Eclipse parcial», Simurg -Buenos Aires, 1999

***

DOS CALIGRAMAS de Francisco Rodríguez

 

ESCONDE Y DELATA

Es certeza o creencia
que la última puerta nos delata
Háganse de ciertas compañías
para escanciar el vino
agrestes manos o veloces ardides
solicitud de la labios o
empujes encontrados
Abriéndose hacia el norte
o taponando el sur de las ventiscas
Suenan troncos macizos
breves perciben los susurros y pasos
Quien oculta dilata
avanzar detenerse
ese pasillo hondo
tiene en su fin el marco
filtran luces hendijas
la pasión de este miedo
me dirige los hombros
derrumba los esfuerzos
caigo
solo
hacia la otra
última puerta

 

esconde

 

fragment

 

FRAGMENTACIONES

Camino sobre el mar
con todo el cuerpo alerta
divago crucigramas
agudizo la verba
corro en tierras
absortos de silencios
de las aura vibrantes
levito entre los cielos
fragmentos de hombre
en las mujeres

 

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