SALUTACIÓN
Leandro Manzo
CULTURA EN QUILMES [&]
DOS AFICHES DE JULIO PAZ
Claudio L. Pérez
ARROJADA AL INFIERNO [&]
¿ÚLTIMO ASALTO?
Fernando Anguita B.
SON LEYENDAS
Alicia Silva Rey
LECTURA PARA EL VERANO
Leda Schiavo
RAÚL LOZZA, de vuelta
Claudio L. Pérez
OTROS
Claire Goll / Jorge Luis Borges Claudio Magris / Clarice Lispector
fab9
SALUTACIÓN
Leandro Manzo
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ARROJADA AL INFIERNO
La Psiquiatría [...] es la única rama de la medicina
que encarcela a sus pacientes si lo cree necesario.
Ronald Laing
Había paseado inquieto, abrumado y confuso, una, dos, tres veces, alrededor del grupo escultórico, el «Sakountala», para terminar deteniéndome absorto al costado desde el que podía contemplar mejor los rostros y la tensión de los cuerpos. Ya sabía del desprecio de los responsables de la conservación de la obra, los que sepultaron la pieza en los sótanos del museo multiplicando el deterioro que manos lerdas, envidiosas y ruines habían propiciado antes. No era ese destrozo lo que me confundía sino la sospecha de que todo un maligno proyecto estuvo a punto de lograrse. Faltó muy poco...
«Una mañana decidieron por ella: no tendría tiempo de envejecer. La sustrajeron al tiempo, a la vida, al recuerdo: sumiéndola, viva, en el infierno.»

Al fallecer Paul Claudel, el insigne poeta, la familia encontró entre sus papeles una carta que les movió a unirse a su deseo de darle a Camille, su hermana mayor, «una sepultura más digna a la gran artista que fue.»
La Dirección de Cementerios respondió:
«… la señora Camille Claudel, inhumada el 21 de octubre de 1943 en el cementerio de Montfavet, en la zona reservada al hospital de Montedevergues, [...] el terreno en cuestión fue absorbido por necesidades del servicio. La tumba ha desaparecido.»
El ominoso proyecto estaba casi logrado. Un episodio más de la penosa historia de la especie humana a punto de cerrarse. Pero hay mujeres y hombres que no se conforman con verdades “oficiales” y, mucho menos, con ocultaciones impenetrables. Poca cosa son, además, los restos mortales de nadie: la memoria de lo que cada uno fue es lo que hay que preservar. Y a eso dedicó Anne Delbée el libro del que he tomado las dos citas que anteceden.¹
El mercado del arte, tantas veces denostado, ha hecho por fin justicia —“poética”, ha sido el apropiado calificativo que le ha dedicado un crítico de hoy— a una de sus más apasionadas practicantes. Recompensa más que merecida aunque de poco le valga ya a su protagonista.
La vida de Camille Claudel (1864—1943), contemporánea de artistas de la talla de Kandinsky, Klimt, Munch, Debussy y Rodin corre paralela un tiempo a estos dos, y es casi imposible de separar del último. El rechazo social que sufrió como artista no fue, sin embargo, una excepción; antes al contrario, fue semejante al de otras mujeres cuya inteligencia superaba la “media” masculina en general y la de su compañero en particular. Frases de una carta² de Auguste Rodin son reveladoras:

[...] de repente, siento tu terrible poder. Ten piedad malvada. Ya no puedo más,[...] ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor.[...]
No dejes que la horrible y lenta enfermedad se apodere de mi inteligencia,[...]
¡Ay! divina belleza, flor que habla, y que ama, flor inteligente, querida mía...
Cuando Auguste escribe así está muy enfermo y, en su debilidad, le pide a ella que vuelva, pero nada en su carta refleja el reconocimiento de ser el culpable del abandono de Camille. Es explícito, teme perder la inteligencia, —la suya— al tiempo que corteja y adula la de ella: malvada, divinidad maléfica, divina belleza, flor que habla... “¡y es inteligente!”.
Hasta ahí la pasión prepotente de Rodin, típica de una época en que sólo se consentía la infidelidad masculina y sólo con muchas reservas la inteligencia femenina. Pero la historia hace justicia real. Los productos del genio de cualquiera salen a la luz tarde o temprano.
Reconozco de antemano mi debilidad por la escultura como forma esencial del arte. Puedo ensimismarme y perder la noción del tiempo que paso ante una obra, escuchando en silencio lo que me dice. Cuando Miguel Ángel golpea el pulgar del pie del Moisés que ha creado y le increpa parla, cane! culmina, a mi juicio, el sentimiento de completitud que debe embargar a los escultores que son y han sido. El genio de Cremona le pide a su criatura que hable, no que ande o que se mueva. El movimiento ya está contenido en las representaciones de los seres vivos. Hay grupos escultóricos ante los que basta entornar los ojos para “verlos” moverse: «La Valse» y «Les Valseurs» de Camille son ejemplo oportuno. Sin embargo es necesaria una concentración superior para “escuchar” lo que dicen. Todas las esculturas nos “hablan”. De bastantes pinturas geniales se puede decir lo mismo, aunque el esfuerzo de atención necesario para entenderlas vaya lastrado precisamente por el color, el encuadre y la perspectiva impuestos por el artista. La conversación que con las esculturas podemos tener (y debemos, porque vale la pena) es la adivinación del aura del escultor al fusionarse en el aura de la figura emergente, de su criatura, porque en ésta quedaron ambas, condensadas para la eternidad y para la intelección y disfrute de quienes se detengan decididos a escucharlas.

De ese alcance de la percepción, al lector que se muestre escéptico, —siempre que no lo sea del todo—, le sugiero que a falta del original ante el que detenerse, examine con atención intensa el fragmento de «Les Causeuses»³ que le muestra la imagen. Si se concentra un poco quizás perciba la retahíla de murmuraciones que soportó Camille y que pudo exorcizar en esas figuras, transformando en Arte la maledicencia de su entorno.
Todavía, hasta el 13 de enero, quienes vivan en Madrid o anden por allí cerca podrán visitar la galería* que expone casi la totalidad de las esculturas de Camille Claudel, la mujer que aprendió de Auguste Rodin, dejó su huella en obras del maestro tan impresionantes como Balzac o Los burgueses de Calais, para volar luego sola y distinta, antecediendo a Les Causeuses, con «Le dieu envolé», «La petite châtelaine», «Le peintre»… … hasta la culminación de «L’âge mûr».
Es posible que a quien se detenga ante esta última (La edad madura) le agobie la misma zozobra que a mí me produjo el Sakountala. Si así fuera es porque ha comprendido que las secuelas perversas del encierro en el manicomio no terminaron en Camille… que a nosotros nos hurtaron los frutos de tres décadas garantizados por su genio. Pero ella, por supuesto, se llevó la peor parte: treinta años en el infierno, víctima en carne viva de su arrojo, del desamor y de las miserias e incompetencias de su tiempo.
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1) Anne Delbée: «Une femme» ©1982, Presses de la Renaissance
versión española: «Camille Claudel», ed. CIRCE, Barcelona 1989 :: ISBN 84-7765-016-0
2) Texto publicado por el periódico ABC de Madrid, traducido de la carta original conservada en el museo Rodin
3) El cuadro cronológico que aporta Delbée consigna 1895 para la aparición en yeso de Les bavardes, Causeuses y 1897 para la talla en jade. El nombre ha sido traducido indistintamente por Las Charlatanas o Las Cotillas. Otra acepción posible sería Las Confidentes, quizás más cercana al instante así captado por la artista, en el que de las cuatro comadres es una la que levanta un brazo y reclama la atención de las otras tres. El extraordinario artículo que firmó Mathias Morhardt en el Mercure de France de marzo de 1898 aporta el dato de que la idea para esa “prodigiosa obra maestra” le vino a Camille de la observación de “cuatro mujeres sentadas unas frente a otras en el estrecho compartimiento de un vagón de ferrocarril y que parecen confiarse no se sabe qué preciado secreto.”
*) Sala de exposiciones de la Fundación MAPFRE. Desde allí las obras viajarán al Museo Rodin de París donde quedarán expuestas de abril a julio.
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CODA:
Tened piedad. Pide ayuda. No la abandonarán. Va a morir. Hace tanto tiempo que la han olvidado… ¡Tanto tiempo!
Aparecen, con botas, con cascos. La puerta abajo.
La jauría se le echa al cuello, como si fuera un ciervo.
Hela aquí golpeada, en el suelo. No pronuncia ni una palabra. Una mujer desnuda. Insoportable.
Se deja llevar. Sin pronunciar palabra. Las alas rotas. La camisa de fuerza.
La ambulancia aguarda, fuera. Diez de marzo de 1913. Los dos caballos relinchan bajo el látigo. Baches y rejas.
Anne Delbée (op. cit.)
Una tarde, tres enfermeros echaron la puerta abajo y le colocaron una camisa de fuerza. Por orden de su familia, fue ingresada en un sanatorio psiquiátrico próximo a París. Nunca más volvió a esculpir nada. Se le diagnosticó "una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza". Al final de su vida recuperó la cordura. Nadie la reclamó.
Ángeles García (EL PAÍS 071107)
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¿ÚLTIMO ASALTO?
A Elena Campagnola y su gente,
con sincero afecto
La recuperación de “viejos” escritos siempre depara sorpresas: unas serán agradables, incluso gratificantes, otras lo serán menos y hasta puede que lesivas para la “memoria” del autor, para la huella que dejó. La valoración de eruditos y críticos definirá el resultado, que será final hasta que tiempo después —años, lustros o decenios— nuevos eruditos provistos de nuevas y más potentes herramientas, aborden una segunda recuperación. Así ha sido hasta ahora y así lo seguiría siendo probablemente, salvo por el vendaval que ha desatado la «internáutica».
La conciencia del escribidor ya no puede ser la misma que la de hace veinticinco años. Uso la palabra conciencia —como equivalente del awareness, del “estar alerta”—, porque me parece ser la más comprensiva de la situación que ha de afrontar hoy quien expone sus razones en libertad y asume la potencial controversia.
Doy por sentado que el lector ha parado su atención en la imagen que le brindo. Estoy por decir que lo hizo antes de empezar a leer, y hasta imagino que lee con cierta prisa para ver de qué va la cosa, es decir, a cuento de qué se le ha ocurrido a algún gracioso ofrecer una recompensa de 100.000 dólares por entregar “vivo o muerto” al ilustre doctor, fallecido en Londres y que debería reposar en el cementerio de Viena.
No he empleado suficiente tiempo en averiguar si después de enterrado en Londres sus restos regresaron a Viena. Tampoco memoricé lo que ponía una placa conmemorativa colocada en la fachada de un edificio, que pudo ser la casa en donde Freud vivió o el lugar que ocupó la «Sociedad Psicoanalítica» por él fundada. Hace ya casi 20 años que pasé por allí. Aunque mi desatención no tiene disculpa, porque por aquellas fechas había estallado la controversia sobre un libro del que di puntual noticia. Pero antes de volver a ella, refrescaré la memoria del lector olvidadizo con diez líneas de la peripecia vital del personaje:
Sigmund Freud nace en 1856 en Freiberg, ciudad de Moravia —hoy Príbor, en la República Checa—. El antisemitismo empujó al exilio a toda su familia que se trasladó a Viena poco antes de 1870. Allí construyó Sigmund su vida, su ciencia y su mundo, pero también de allí hubo de emigrar hacia Inglaterra en 1938, cuando las potencias europeas aceptaron el Anschluss, —la unión política y anexión real de Austria a la Alemania de Hitler—. En Londres, a poco más de un año de su arribada, y después de haber soportado durante quince los dolores provocados por un cáncer en la cavidad bucal, una sobredosis de morfina facilitó su deceso.
Médico y escritor, ensalzado y denostado por igual durante su vida y después de su muerte, de su extensa producción escrita me quedo con un texto por encima de cualquier otro. No es el más celebrado, ni mucho menos, pero es el más proyectivo, el que exorciza los sufrimientos físicos que soportaba. Lo termina en 1930, el año vértice de su padecimiento y lo titula «Das Unbehagen in der Kultur».
La versión española conservó el título literal, El malestar en la cultura; por esta vez fue la versión inglesa con Civilization and its Discontents la que viró a la grandilocuencia.
Puede que a los entendidos les sorprenda que destaque un libro de reconocidas conclusiones pesimistas. Profundamente desconsolador fue la calificación que le otorgó, tiempo ha, la Enciclopedia Británica, argumentando a partir del enfoque que Freud sostuvo sobre la preeminencia de la culpa y la imposibilidad de alcanzar una felicidad incontaminada —unalloyed es el calificativo que usa la EB—. Pero ese libro da también razón de otra técnica para eludir la frustración del mundo exterior: la que devuelve al primer plano la sublimación de los instintos, y cuyo resultado será óptimo si se sabe acrecentar el placer del trabajo psíquico e intelectual.
En esa sencilla y casi escondida afirmación, el hombre que hizo saltar por los aires los tabúes que pesaban sobre el sexo recomienda el retorno al ejercicio del intelecto. No tengo a mano el «Más allá del principio del placer», que escribió ocho años antes, y no puedo poder poner en paralelo sus argumentos.
Sin embargo, esa puesta en cuestión puede esperar: es libre el lector de hacerla por su cuenta, yo debo volver a la noticia a que antes me referí y, por supuesto, al cartel que ilustra la cabecera de esta nota.
En 1985 escribí sobre «El asalto a la verdad», la traducción del libro de Jeffrey M. Masson aparecida en España apenas a un año del original; si ahora vuelvo sobre un tema que cualquiera consideraría pasado, muerto y obsoleto, es porque entonces dije que aquel asalto no sería el último, y por accidente he sabido que no lo fue. El accidente fue simple consecuencia del awareness en el fuego cruzado de la navegación por la WEB, donde, fechado en 15 de Setiembre de 2005 se anuncia que Le Figaro Littéraire presenta como acontecimiento una colección de ensayos titulados colectivamente Le Livre Noir de la psychanalyse. El autor del anuncio*
precisa que en ese Libro Negro una veintena de profesores, médicos y psiquiatras, tiran con mira telescópica contra la cabeza de Freud, Lacan and Co. Si así fue, y no veo razón para dudarlo, el cartel, la imagen que acompañó la noticia valió, en efecto, las mil palabras del tópico.
He tenido la suerte de no haber necesitado en mi vida la ayuda de un psicoanalista... aunque nunca se sabe. No es la primera vez que vuelvo sobre el libro de Masson que en su día me impactó. Me pronuncié sobre él en Puerto Madryn, —otro accidente—, en una amistosa reunión de personas espléndidas. No me preocupan hoy los errores del Psicoanálisis, menos aún los de su fundador como persona. Si todavía se escuchan clamores que reclaman su derrota, pienso en verdad que no está muerto del todo.
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* J.P. Quiñonero
Fernando Anguita B.
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LECTURA PARA EL VERANO
Como siempre quiero sugerirles alguna lectura para el verano.
En 2007 la literatura latinoamericana osciló entre el compromiso político y la literatura de evasión.
En nuestro país, La Anunciación de María Negroni revela en el nivel textual la lucha por superar los años de fuego de los jóvenes guerrilleros argentinos que iban a convertirse en desaparecidos o exiliados. Desde el exilio en Roma la protagonista sufre los vaivenes de su ánimo y se expresa en una prosa poética que debe mucho al surrealismo. Fondo y forma se entrecruzan con maestría literaria. Lo mismo puede decirse de La batalla del calentamiento de Marcelo Figueras, que elige la cosmovisión de un pueblo pequeño para mezclar en su fábula delirante los hechos más atroces de la dictadura militar. Es una novela un poco larga en la que cuesta entrar y al final, el autor no puede despedirse, pero el centro de la narración es muy interesante.
En novela corta hay tres obras construidas en torno a obsesiones diferentes. Radiana, de Esther Cross, con una pianista que repite siempre la misma pieza musical y se convierte en una autómata. El encierro de Ojeda, premio Juan Rulfo de novela breve en 2004 pero editada en 2007, de Martín Murphy, sobre un personaje obsesivo primero con las matemáticas y luego con las descripciones delirantes de objetos domésticos. La vida nueva, del prolífico César Aira, sobre el arte de los editores para engañar a sus escritores, la entrega verdadera o falsa de los escritores a su obra, la oscilación entre la literatura y la vida, etc., con un tema obsesivo que se repite: la publicación hiperbólicamente postergada de una primera novela. Una novela corta magistral es Elena sabe de Cristina Piñeiro, un verdadero tour de force sobre las relaciones entre madre e hija, una madre con Parkinson que decide buscar al asesino de su hija. No es una obra light, uno sufre al leerla pero vale la pena para quien busca buena literatura.
En el género policial hay que destacar una obra maestra de Pablo de Santis, El enigma de París, en la que se articulan erudición e ingenio, está ambientada en el París de la Exposición de 1889. Obtuvo el premio Iberoamericano otorgado por Planeta CasAmérica.
El Premio Nacional de Novela Alejo Carpentier otorgado en Cuba en diciembre de 2006 recayó en Alberto Garrandés, por Las potestades incorpóreas. Es una novela simbolista en la que lo onírico e intangible tiene su espacio, lo mismo que las alegorías. Senel Paz publicó En el cielo con diamantes, ambientada en la Cuba de los años 60. Escritores cubanos residentes en el exterior han publicado novelas críticas del régimen, así Las palabras y los muertos de Amir Valle, que se supone escrita tras la muerte de Fidel Castro y se narra la historia de la revolución desde el punto de vista de un guardaespaldas. Siguen Antonio José Ponte, con La fiesta vigilada, sobre el período entre 1968 y 1993, cuando se cerraron los bares y los cabarets en la isla y las fiestas debieron hacerse en ámbitos privados, y Alexis Romay, con Salidas de emergencia, sobre un exiliado que decide volver a Cuba con los avatares de su regreso y la persistencia del pasado.
En Colombia, siguiendo con la temática comprometida con la realidad, Evelio Rosero ha publicado una desgarradora novela breve, Los ejércitos, en la que a través de un entrañable protagonista, un viejo profesor con algo del Coronel de García Márquez, asistimos a la desintegración de un pueblo perdido en las montañas y víctima de la crueldad de guerrilleros, paramilitares y ejército regular. La novela había ganado el premio Tusquets de novela en 2006.
Entre los autores colombianos, este año Fernando Vallejo se ha decantado con La puta de Babilonia al ensayo, dedicando el libro a los errores y crímenes de la Iglesia Católica y a los personajes corruptos dentro de la Iglesia. Juan Gabriel Vásquez es el autor de Historia secreta de Costaguana, en la que ficción y realidad se mezclan de una manera muy original, tratando de superar el modelo García Márquez.
En Uruguay, el veterano autor Mauricio Rosencof publicó Una góndola ancló en la esquina, en la que el humor, la crueldad y la ternura se entremezclan en la presentación de los personajes de un pueblo que se debate entre la irrealidad de los hechos históricos reales y la vida cotidiana.
La literatura chilena tiene un exitoso autor joven, Alejandro Zambra. Su segunda novela, La vida privada de los árboles es una novela corta con diseño original, en la que se narran las desventuras domésticas de la clase media a través de la visión de un profesor con fantasías de novelista. Han aparecido dos inéditos póstumos de Roberto Bolaño, El secreto del mal, un grupo de relatos inconclusos, y su obra poética completa ordenada por él mismo, con el título La Universidad Desconocida.
Guadalajara de noche de León Leiva Gallardo, hondureño, aparecida a fines de 2006, es un paseo por el underground de la ciudad mexicana, es tanto un descenso a los infiernos como una exaltación de la vida.
En 2007 se publicó la novela de la mexicana Elena Poniatowska que ganó el año anterior el premio Rómulo Gallegos. Se trata de El tren pasa primero, con el tema de la huelga ferroviaria de 1958-9 y su represión por el gobierno, en la novela se mezclan el testimonio histórico y la ficción, la vida pública y la privada, como suele hacer magistralmente la autora. También en México, Xavier Velasco publicó Este que ves, el quinto libro de este joven autor que explora el tema de la infancia como edad llena de angustia y desesperación. La obra es autorreferencial y parte de dos retratos que conserva de su infancia. Juan Villoro en Llamadas de Amsterdam mezcla las desventuras domésticas de un artista fracasado con irónicas referencias a la clase dirigente mexicana, a la que pertenece la mujer del protagonista.
Radio Ciudad Perdida del peruano Daniel Alarcón aparece este año traducida del original inglés (Lost City Radio), y trata de la tragedia de las guerras civiles en un país latinoamericano sin especificar, aunque en muchos rasgos se reconoce al Perú. Se trata de un programa de radio en el que se busca a personas perdidas o desaparecidas y la conductora del programa busca a su propio marido desaparecido en la jungla. Dos jóvenes autores peruanos tratan también el tema de la guerrilla. Enrique Cortez, en La felicidad de los muertos, trata el tema de los desplazados por la violencia política, es a la vez una reflexión sobre las causas de esta violencia y un juego metanarrativo bien logrado en sus escasas 80 páginas. Jorge Nájar, poeta premiado, consigue en El árbol de Sodoma, una prosa digna de su mejor poesía. Novela ambientada en la selva, consta de tres narraciones que pueden leerse con independencia pero que tienen el tema común de las víctimas del terrorismo, el narcotráfico y la diversidad cultural de la Amazonía peruana.
Para terminar refiriéndome a uno de los nuestros, Ciencias morales de Martín Kohen es buena novela pero tampoco para leer en la playa. La idea es muy buena, el mundo del Colegio Nacional de Buenos Aires en el año 1982, durante la dictadura y el fin de la guerra de las Malvinas, todo visto a través de una preceptora imbécil cuya represión la lleva a la perversidad. Es un microcosmos de lo que pasa en el país, dirigido por imbéciles que reprimen perversamente.
No se le ocurra dejarse seducir por el prestigio de Héctor Bianciotti. La nostalgia de la Casa de Dios es para esas minorías que lo han hecho un autor de culto, pero creo que el esfuerzo de leer la novela no se compensa y es fácilmente olvidable.
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Leda Schiavo
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CULTURA EN QUILMES
Como lo dijimos antes lo podemos repetir ahora: si algo caracterizó en el área cultural a la administración municipal expulsada del gobierno por el voto ciudadano, fueron la ineficacia y los procederes de corte fascista. Sé que la palabra fascista es fuerte pero es la que mejor describe no lo que se hizo, si no lo que intentó destruirse. A las pruebas me remito: la comunidad quilmeña dejó en guarda de la administración Villordo un teatro municipal que hoy ya no existe y una Escuela Municipal de Bellas Artes que sobrevive por el empeño y la lucha de sus profesores y alumnos. Es bueno pensar que estuvimos a un paso de perderla para tener conciencia de lo nefasto que estaba creciendo en la burocracia municipal más allá de las páginas porno con que muchos ediles ocupaban su tiempo de no hacer, del sorteo del freezer, de la golpiza primero y el balazo después a los estudiantes que manifestaban para mantener abierta su escuela, de la agresión física a un periodista local y del acoso a la prensa no oficialista de nuestra ciudad. Cuando la oposición, el pensar distinto, el opinar contrariamente, el sano querer más, son utilizados para construir un fantasmático enemigo, mal que le pese a muchos, hay fascismo. Y es muchas veces la ineficacia en la acción, sumada a lo retrógrado en las ideas, lo que habilita la expresión desembozada del mismo.
Es necesario que la administración encabezada por el intendente Francisco Gutiérrez, a la que le deseamos sinceramente la mejor fortuna, tenga en claro que, en el ámbito oficial, se parte de este punto, de un período nefasto para la cultura quilmeña, con algunos de sus ámbitos destruidos (el Teatro Municipal), otros ociosos y presumiblemente saqueados hasta que se demuestre lo contrario (¿hay un inventario de las obras del Museo Municipal de Artes Visuales?, ¿Está actualizado?, ¿Se ha chequeado o se chequeará la existencia material de las obras con su registro, ¿Se ha chequeado o se chequeará la existencia material de las obras con su registro?), algún intento de descabezar ex profeso (como el Museo Fotográfico que era en sí una creación de su último coordinador Fernando San Martín), otros burocratizados (la Biblioteca Municipal, el Museo del Carruaje, etc.), uno emblemático como la Casa de la Cultura, al que habrá que darle un sentido y una actividad acorde a lo que significa, tanto para la historia de la EMBA como para la de Quilmes, y todos descoordinados, sin directivas claras y sin inserción en un programa o proyecto cultural que los movilice en un sentido preciso.
Sobre la propia EMBA “Carlos Morel” es bueno saludar las medidas que ya ha tomado el nuevo gobierno municipal al reintegrarle los derechos que Villordo y su fuerza de choque le había arrebatado, pero es justo también decir que nuestra escuela de bellas artes debe además constituirse como un eje movilizador de la cultura local. Los trabajos de sus alumnos y profesores deben ser expuestos a la comunidad con los requerimientos técnicos que necesitan y toda la riquísima actividad artística que allí se desarrolla debe ser promocionada, puesta en circulación y vinculada con la de otras escuelas de artes del país a través de muestras, exposiciones, encuentros y congresos que la ubiquen en el lugar que se merece en el escenario nacional.
En el ámbito de las instituciones culturales, todas ellas (Casa de Arte Doña Rosa, Centro Cultural Artenpie, Centro Cultural Polaridades, Zona de Arte, etc.), que parecieran haber venido a ocupar lugares vacantes de otras instituciones de vieja data con lenguajes y propuestas remozadas, sufrieron también el embate del ariete villordista y su falso trauma post Cromagnon que pareció exacerbarse con ellas mientras los locales comerciales y otros de instituciones no culturales continuaban con sus prácticas y sistemas de emergencia inexistentes. No están mal los mecanismos de seguridad en las instituciones, lo que estuvo mal es que no se las guiara con certeza ni se las ayudara a emplazar elementos y a realizar adecuaciones y se las exigieran perentoriamente, e incluso se las clausurara temporalmente o se las multara cuando aún estaban en obras, y más aún se les impidiera desarrollar adecuadamente su tarea una vez que las obras, al buen saber y entender de ingenieros en seguridad, estaban concluidas. A algunas de ellas directamente se las persiguió por haber adherido a los reclamos y participado de la lucha en defensa de la EMBA.
En cuanto a los artistas locales, mire, lo pasado dio pena. Dio pena ver como el Museo Nacional del Grabado, en la Ciudad de Buenos Aires, organizaba una muestra de grabadores quilmeños (Marcelo Aguilar, Alejandra Bagolini, Pedro Costa, Miguel Maciel, Hilda Paz) mientras aquí, en su ciudad, en nuestra ciudad, se los ninguneaba como al mejor. Ni hablar de la inexistencia en la propuesta cultural pasada de artistas del relieve de Manuel Oliveira, Leandro Manzo, Enrique Rocca, Sonia Otamendi, entre otros. La comunidad de Quilmes merece y quiere ver la obra de sus artistas en su ámbito, en su ciudad.
No menciono aquí a los escritores de Quilmes, porque desde lo oficial nunca se supo bien qué hacer con ellos, si reavivar aquella mítica ordenanza no reglamentada que obligaba a la Municipalidad a adquirir 300 ejemplares de la obra editada de autores quilmeños o qué. Pero cierto es que cuando dieron muestras de capacidad organizativa y voluntad de trabajo, por ejemplo en el Encuentro Nacional de Poesía Quilmes 2004, organizado por Artenpie y la Universidad Nacional de Quilmes, convocando por tres días en nuestra ciudad a un espectro ilustrativo de la poesía nacional proveniente de ocho provincias y reuniendo 500 personas en la inauguración, se los siguió mirando de lejos y cruzándose de vereda cuando se los veía por la calle Rivadavia. Tal vez haya sido porque en el transcurso de la actividad se leyó la lista completa de los escritores desaparecidos, incluyendo a Hugo Oscar “Pajarito” Sánchez, de nuestra ciudad, o porque los directores de los más importantes medios nacionales de difusión de poesía debatieron sobre los vínculos de la misma con la estética y la ideología, o por que no se quiso analizar la posibilidad de instituir esa actividad como una realización periódica de la cultura de Quilmes, como una vía de contacto de nuestros escritores con los del resto del país, o porque no le interesó a la Municipalidad de Quilmes, lograr lo que han logrado la de Rosario, la de Bahía Blanca, la de Mar del Plata, o la de Medellín, en Colombia, con actividades similares.
En el ámbito de la música lo único que se le ocurrió hacer a los ejecutores del plan cultural Villordo, fue prohibir el rock en Quilmes. Por supuesto se cuidaron de decirlo, pero lo hicieron. Atribuyéndose el rol de comisarios de la cultura prohibieron el rock. «Los pibes toman cerveza ¿visteS?, se empedan. ¿Qué querés que un colectivo se lleve puesto a alguno y le tiren el cadáver a Villordo en un año de elecciones?». El cadáver que le tiraron a Villordo no fue otro que el que presuntamente fabricó él mismo en una noche de fin de año, y el otro, el cadáver político de sí mismo que supo fabricar con incomprensión, ineptitud y autoritarismo.
Podríamos seguir enumerando las cosas que no se hicieron, las que faltan, las que hay que hacer. Pero somos prudentes. Si hay algo que somos los artistas de Quilmes es eso, somos prudentes y respetuosos. Pero conocemos esta ciudad, muchos de nosotros desde que nacimos; venimos haciendo cultura desde jóvenes y estamos un poco aburridos. Si hay algo que no puede hacerse con el arte es burocracia, política de partido, poroteo eleccionario, amiguismo. El arte de Quilmes, en el actual nivel de sus artistas, es una excelente plataforma para profundizar procedimientos democráticos, para hacer política, Política Cultural, generando posibilidades de realización artística para todos los vecinos, acercando los bienes culturales a la comunidad, expandiendo con las producciones artísticas locales los límites del partido, incorporando los nombres de nuestros artistas a la cultura nacional, disputando un espacio posible con la fuerza centrípeta de la cercana Buenos Aires, instaurando para nuestra ciudad un perfil artístico-cultural que ayude a individualizarla y a destacarla más allá de la cerveza. Berazategui lo viene haciendo con el Centro Cultural Rigolleau, con sus talleres permanentes y su muestra anual de artesanía, con el rescate del Atellier Bustillo y otras iniciativas. No queremos parecernos a nadie, tenemos nuestra historia cultural, una historia amojonada en su inicio por las figuras de Carlos Morel y Guillermo Enrique Hudson, ya es hora de ver cómo sigue, hacia dónde va, hacia dónde queremos que vaya.
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Seguramente no es lo más importante, pero es significativo porque lo simbólico tiene su peso en nuestras vidas, en las vidas de los pueblos: ¿podríamos este año, en lugar de celebrar los 342 años de la ciudad, a partir de aquella ominosa fundación de la Reducción de Santa Cruz de los Quilmes, festejar los más modestos, pero menos bochornosos, 196 años de la declaración de Quilmes como Pueblo Libre?
DOS AFICHES DE JULIO PAZ
El maestro Julio Paz llega desde Milán, donde habita, hasta esta Ciudad de Quilmes donde, se nota, vive.
Trae su cuerpo enjuto; su forma de obligar a alterar las frases hechas, porque no sé cómo es su nariz, pero su mirada es aguileña. Trae su calidez, su afectividad, sus lecturas de Carver, de Hammett; sus ganas de dibujar a Paco Urondo. Trae su conversación en Venecia con un mozo de extramuros que lo interroga sobre sus lecturas y le responde “touché” cuando él le dice de la actualidad de Consejo a los políticos, de Plutarco, que lee en su primer almuerzo, y “paso” cuando le responde sobre el libro de Onetti que acompaña su segunda comida allí, en ese lugar que continuará flotando en nosotros cuando Venecia se hunda.
Trae el trabajo que le ha encargado el Corriere della Sera (600.000 ejemplares, el diario de mayor tirada en Italia) para el que realiza retratos cada quince días y, cuando el trabajo es ya un retrato, nos visita.
En la casa brilla la platería, por su ausencia, y en copas rústicas los vinos que compartimos ofician de clepsidras por las que transcurre la madrugada.
En un momento se para y busca unos presentes que ha traído, dos bellos afiches. Estos sí, efectivamente, brillan.
Talenti Extravaganti
Es una obra realizada para el proyecto del mismo nombre, organizado por la Provincia de Milán y destinado a reunir y mostrar el trabajo de los artistas de otras nacionalidades residentes en Milán. De la muestra participaron 39 artistas de Latinoamérica, 35 africanos, 14 del resto de Europa y 12 de Asia y Oceanía.
El afiche es un trabajo de composición y montaje, en colores y formas definidas, que muestra el torso y, principalmente el rostro, de un personaje masculino/femenino multirracial.
Se diría que con los colores del rostro Julio Paz intuyó la proporcionalidad de los participantes; el marrón (nuestra piel cobriza latinoamericana) y el negro (africano) dan volumen a la cabeza mientras que los detalles de ojos y nariz son blancos (europeos). La boca (para mí femenina) es un recorte fotográfico que otorga sensualidad a la imagen. La mirada aparece con un dejo de tristeza, o más bien de añoranza, una mirada de otro país, la de un emigrado.
Así y todo, con la nostalgia a cuestas, el personaje muestra una fuerza impulsora que me remite al circo y por lo tanto al arte: de su espalda, cual alas, surgen dos toberas que lanzan al aire vírgulas multicolores (Debo decir aquí que celebro que el trabajo de Julio Paz me haya permitido usar la palabra vírgula que bostezaba hacia tiempo en el diccionario).
Tan Paz es este afiche que esta mención al circo a su vez nos remite a una serie de trabajos muy anteriores al presente y el uso de esas chispas multicolores, este recurso luminoso, nos lleva a sus obras La luz, invento nacional (1982, una clara alusión a la picana eléctrica), Para esta noche (1986/88, para mí un antecedente del objeto El majestuoso faro de Quilmes, 1990) y El jardín de Má (1990) todos reseñados por el crítico Antonello Negri en su excelente Julio Paz (Edizione Arte Borgogna, Milán, 1993). Estas citas a obras previas, algunas de ellas motivadas por el paisaje y la vida quilmeña y nacional son otra muestra de la permanente alusión a lo perdido en las obras que realiza y colorea el artista (no sólo Paz) y que tiñe el exilio.
Más información sobre Talenti extravaganti, y algunas obras de Julio Paz y el resto de los participantes pueden consultarse en: Talenti extravaganti.
L’Affare Danton

Se trata aquí de un afiche para la obra El affaire Danton, de Stanislawa Przybyszewska, puesta en escena, en Italia (Milán), Polonia y otros países, por el grupo Teatro la madrugada, dirigido por el dramaturgo, director teatral, director coral y concertista Raúl Laiza, nacido en Córdoba en 1964 y de intenso trabajo en Italia y Dinamarca. El tema de la obra son los últimos encuentros entre Robespierre y Danton en la segunda mitad de marzo de 1794 que darán como resultado la muerte de Danton y los suyos el 5 de abril de 1794. No se trata sin embargo de un drama histórico sobra la Revolución Francesa si no de la paradójica tragicidad de aquella y otras revoluciones, una reflexión sobre el poder.
Julio Paz reelabora aquí, como motivo central, el grabado Unos a otros, de la serie Los caprichos, de Francisco de Goya. Sobre un fondo, ocre, se levanta una pirámide humana, de personajes con rostros estragados por el terror, la ambición, la avaricia, el fundamentalismo, que es embestida por uno enjaezado como toro que, intuimos, pertenecía hasta hace un momento a la misma estructura. Arriba, en el ángulo superior izquierdo, un triángulo escaleno con la hipotenusa hacia abajo, está pronto a caer, ¿sobre el que embiste?, ¿sobre el más débil de la pirámide?, ¿sobre Danton?
Con arte y un color muy trabajado ese triángulo apenas, nos sugiere la guillotina, la disputa por el rumbo de la revolución y el período del terror.
Del mismo modo, el grabado original de Goya ha sido expandido, convertido ahora en una pirámide alta, con mayor número de integrantes que el original, transformado en una Montaña, remitiéndonos al grupo de Robespierre, llamado así por ocupar los escaños superiores en el hemiciclo de la Convención Nacional.
El trabajo de Julio Paz aquí es de una fuerza muy superior a la de la estilización o al retratamiento de las imágenes. Ha sido guiado por su arte hacia una reinterpretación de la historia, mediada por su sensibilidad, que muestra, sobre el fondo uniforme, salpicaduras, chorreaduras, como si la historia hubiese requerido, al menos hasta aquí, de mucha, demasiada sangre, para llegar a ningún lado, a un mundo donde lo individual prevalece sobre lo colectivo, donde la saciedad y el hambre festejan juntos en un banquete pantagruélico.
Ver: L'Affare Danton
Claudio L. Pérez
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SON LEYENDAS
Leyenda: s.f. Breve texto con indicaciones o aclaraciones puesto en monedas y medallas, en un cuadro, en un mapa, etc. (sinón. INSCRIPCIÓN, LETRERO ./ Narración de sucesos fabulosos transmitidos por tradición oral./ Composición poética en que se narra un suceso de esa clase./ Narración de la vida de uno o varios santos.)
Escribir poesía y narrativa hoy aquí entre nosotros tendría que ver, en varios casos, con el modo en que la cultura tecnológica ha producido y está produciendo una cohorte de autores onfálicos en el sentido de que no pueden salirse de su materia porque, inmersos todo el tiempo en ella, son la causa y el efecto del narcisismo constitutivo de estas escrituras que se dicen/escuchan ópticamente en el espejo placentario de un espacio definido de lectura y escritura dado por el el msn, el celular, el fotolog. Estos autores no son ni quieren serlo ni se les ocurre pensarse vanguardia histórica porque transcurren TRANS históricos, SON LEYENDA.
Se dirigen a un circuito de lectores habituados a ciertos códigos y prácticas discursivas que convocan a la naturalización del sí mismo que su extracción sociocultural les confiere. La tradición es para estos autores la letra y la lectura de letras y lecturas hechas por los amigos—referentes—copias (tal como sería copia de otra la imagen propia en el espejo) en el código oral virtual del presente del chat. Y los que chatean sin parar, ¿son otros que los lúmpenes bien nutridos del ciberespacio?
No se hablaría entonces de una literatura menor, popular, industrial, de mercado, sino de escrituras que se percatan de unos procedimientos dados por igual, democráticamente, a TODOS los televidentes de la generación de estos escritores que, por supuesto, no acceden a la escritura ni muchos menos a la publicación de la escritura pero que están igualmente capacitados en la captación de dichos procedimientos. Captan, luego secretan (segregan) onfálica, complacientemente, espectadores avezados de realitys.
Estos autores hablan (escriben pasando al acto) para exhibir unos modos de “mirar-habitar-deambular”.* Se exhiben (al igual que los miles de su generación que no escriben) haciendo síntoma de espectáculo televisivo que también les afecta el chateo, las cuestiones de género, las in-auditas lecturas.
Al igual que los cientos de miles de su generación, que no escriben ni publican, exhiben subjetividades que permanecen retenidas en lo fijo-móvil de una pantalla o de un visor. Vertiginosidad in-audita del tiempo cibernético que afianza toda incontinencia: si antes hubo o se dio por supuesta una ley dada o impuesta por alguna clase de pater, ahora lo que ha sido instituido es una huida: se huye del padre que no estuvo. No se transgrede ley ninguna, se pasa al acto una y otra vez en el nombre forcluido del Ausente. No escuchan (in-auditan); secretan (segregan) materia prematuramente empobrecida de subjetividad: esto es haber aprendido bien los procedimientos del reality (“si la historia no me engancha o la manera de contar no me llega, no lo leo. Como cuando hacés zapping” afirma en un reportaje el autor A. López **), y es hacer de estos mismos procedimientos síntoma en la escritura.
No hay representación porque hay síntoma. Fuera de cualquier sistema que no sea el de su colectivo virtual de pertenencia, resultan advenedizos a la propia historia no narrada. Habría que ver hasta dónde han de llegar estos autores en la activación de este síntoma.
Si la tele oficia de ley o pater entonces el lenguaje que (los) constituye, en la medida que se presenta en las producciones (documentales) de estos autores constituido a la manera tele-visiva, hace del síntoma piercing (casual) en el cuerpo de la lengua.
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(*) Cfr. Fernández, Nancy, Apuntes sobre narrativa y poesía hoy en “El interpretador” Nº 32, diciembre 2007.
(**) Kalish, Elsa y Hernaiz, Sebastián, Diálogo con Alejandro López en “El interpretador”, octubre 2005.
López, Alejandro, Guan to fak, y Kerés coger?, Buenos Aires, Interzona.
Alicia Silva Rey
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RAÚL LOZZA, de vuelta
Ahora volverá. Cuando se hable de los grandes pintores argentinos, cada vez que se discuta la tensa relación entre arte e ideología, siempre que se intente oponer la libertad artística a la toma de posición, Raúl Lozza volverá como experiencia y como ejemplo de que un colectivo, bien asumido, no necesariamente es una jaula feroz donde se anulan las individualidades o se cercena la autonomía intelectual y creativa.
Nació en Alberdi, provincia de Buenos Aires, en 1911, y se fue el pasado 27 de Enero, para continuar una discusión de amigos que Berni había abandonado por la mitad.
En la década del 30 se afilió al Partido Comunista en el que militó toda su vida.
Colaboró en el periódico antifascista Socorro Rojo, y en él utilizó por primera vez la palabra “picana” para designar el mecanismo exaltado que se utiliza para hacer pasar corriente eléctrica por el cuerpo de los prisioneros.
Creó junto a León Benarós, Sigfrido Radaelli y Roger Plá, el diario artístico Contrapunto que edita ensayos de Barletta, Romero Brest, Evar Méndez, Ulises Petit de Murat y Samuel Eichelbaum y, por primera vez en nuestro país, fragmentos del Ulises de Joyce traducidos por Salas Subirat.
También para Socorro Rojo, donde se publican, había dibujado los planos de las mazmorras de la “Sección Especial”, la policía política del dictador Uriburu.

Años después participa de la fundación del Movimiento Arte Concreto Invención que postulaba la anulación de todo espacio ficticio dentro del cuadro, incluido el marco:
"Yo venía del cubismo, sentía que era necesario cambiar todo, terminar con el sistema tradicional de colores, aceptar la bidimensionalidad de la pintura", dirá cuando reflexione sobre esa etapa.
Cuando el Partido Comunista defendía el realismo socialista, Lozza leía la Dialéctica de la Naturaleza de Engels y se aprestaba a formular sus propias conclusiones sobre la pintura.
Definió un movimiento, el Perceptismo, y enunció su estética:
"Frente a la pintura el hombre no debe reconocer objetos del mundo que lo rodea ni de su propio interior, sino que debe conocer un hecho nuevo destinado a despertar en el destinatario la acción dinámica del conocer".
Estuvo preso por pensar como pensaba y por estar donde pensaba que debía estar para cambiar la sociedad por una más justa y más equitativa.
Expuso en el país y el exterior y obtuvo, entre otros, los siguientes reconocimientos: Medalla de Oro, Cámara de Diputados, 1971; Premio a la Mejor Trayectoria, Asociación de Críticos de Arte, 1986; Plaqueta de Honor como invitado especial, Salón de Otoño; Premio Don Quijote y Sancho, Instituto Iberoamericano, 1989; Distinción Bienal Fortabat; Premio Palanza, 1991; Diploma al Mérito y Estatuilla de Platino, Fundación Konex, 1992; y Gran Premio Consagración Nacional, Secretaria de Cultura de La Nación, 1993.
El enorme rompecabezas que fue construyendo a lo largo de su vida, una interpelación a las artes plásticas y a la mirada, queda así, sin sus últimas piezas. Tal vez lo mejor que podamos hacer sea releer sus escritos teóricos y recorrer con detenimiento las obras que ha dejado. En ellas deben andar juntas la revolución y la libertad.
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"La mejor forma de avanzar hacia la realidad es andar contra la corriente del lugar común" Raúl Lozza
Las imágenes corresponden a las pinturas 167 [Óleo sobre madera - 98 x 100 cm (1948)] y a la 285.
Claudio L. Pérez
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