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AGENDA CULTURAL

AÑO IV - N°33
MAYO 2002
Quilmes- Argentina
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Sonia Otamendi


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DE INSECTOS Y HOMBRES

Fernando Anguita B.


La evolución, el motor de la vida, se ocupa de todas especies. En la nuestra, allá por 1642, seleccionó a un tal Newton para enseñarnos la ley de la gravedad. Pero muchísimo antes, un ejemplar del triatoma infestans, la chinche asesina, ya se doctoraba en esa ley. Un milenio antes de Newton, por lo menos, los quechuas reconocieron los méritos del insecto dándole nombre, identificándolo: uihchúcucc, "lo que cae arrojado", le llamaron. Así quedó constancia de que un insecto se había anticipado bastante a la "caída de la manzana". La voz quechua, modulada por gargantas que hablaban español, quedó en vinchuca, el bicho que arruinaba y sigue arruinando la salud de los más pobres de América.

Hace unos años aterrice en Ezeiza, listo para abordar un estudio de recursos hídricos al norte del país. Antes de seguir viaje dispuse de una tarde libre en Buenos Aires y decidí consumirla callejeando sin rumbo fijo. Creo que fue en el cruce de Callao con Lavalle, o quizás ya en Corrientes, donde, al paso, me abordó una mujer de mediana edad y me entregó un papel. Del encuentro, por llamarlo de algún modo, me quedó la imagen de un rostro devastado por la tristeza y una prueba, la cuartilla impresa que daba la voz de alarma y explicaba las mortíferas artes del enemigo. Las interpreté a mi manera y me imaginé vinchucas infestando las grietas, la quincha y los maderos carcomidos que malsostenían los techos de las casas más humildes. Las adivinaba esperando a que fuera de noche, a que se hiciera la oscuridad total, extinguidos los candiles y apagadas las mortecinas bombillas... ...

... ...unos minutos más, y los últimos ruidos se ordenan, se hacen uniformes y se reducen, acompasándose al ritmo familiar de inspiraciones y espiraciones. Por fin la primera chinche decide descolgarse en vertical sobre la frente del hombre, de la mujer o, mejor aún, del niño durmiente. Le pica y al mismo tiempo defeca sobre la minúscula perforación de la picadura. Luego se descuelgan las demás y hacen lo mismo. Nadie debe quedar sin ser atacado...

Desperté sudoroso y con una ducha fría espanté mi pesadilla. Quizás la hubiera olvidado para siempre de no haber recogido a un campesino y a sus dos hijos en el vehículo camioneta que me llevaba hacia Resistencia. Al hombre le hice sitio en la cabina e indiqué a los muchachos que se acomodaran detrás, en la caja. Saltaron usando la rueda trasera como resorte, y por un segundo quedaron estáticos. No pude desviar la mirada a tiempo: se me quedó clavada en las malignas protuberancias que deformaban sus caras. .

"Ha sido la chinche gaucha, el chupao la llaman también los vecinos —dijo el padre, agachando la cabeza, como avergonzado—. Labura en dos veces: primero cae, pica, chupa y vuelve p'arriba. Cuando el pibe se rasca, ensancha la picadura y sale un poco de sangre. La chinche cae otra vez, justo en el mismo lugar y allí se caga. Esos bultos tardan meses en 'parecer"..

Aquella explicación gratuita, más precisa de la que traen los libros, se reproduce en mi memoria siempre que veo una película donde hombres_comando se descuelgan de sus helicópteros por la noche para caer sobre enemigos que duermen. No defecan sobre ellos para infectarlos y dejarlos convertidos en zombies, pero eso es porque nuestra especie no ha alcanzado todavía el nivel de evolución de la vinchuca. Sólo es cuestión de tiempo.

Fernando Anguita B.

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