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AGENDA CULTURAL

AÑO IV — N° 39
NOVIEMBRE 2002
Quilmes- Argentina
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Dirección
Sonia Otamendi


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XI

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DE PELÍCULAS Y EMOCIONES

Fernando Anguita B.


Casi simultáneamente se han estrenado en Madrid dos películas de muy distinta factura. Han sido «Concorrenza sleale» del director italiano Ettore Scola y «Apocalypse Now –redux–» del norteamericano Francis Ford Coppola. El espectador tasa de ordinario las películas que ve por el cúmulo de emociones que le producen. Al salir de la sala, carga apresurado con aquéllas como si fueran los objetos de un paquete mal envuelto. Una película «buena» le da pie para dedicarse de inmediato a evaluar y ordenar los objetos del paquete; es decir, para explicarse —y, en su caso, confrontar con otros— los sentimientos que necesita manifestar para estar seguro de que ha entendido lo que ha visto.
Todo eso sobra si la película es «mala». Pero esa cualidad no es absoluta. De ahí la pregunta: ¿Por qué una película puede ser buena, y hasta excelente, para unos, y mala, incluso detestable, para otros?
La respuesta fácil es que sobre gustos no hay nada escrito, —tampoco nada filmado, podríamos añadir—. Sin embargo, las frases hechas enmascaran un sinfín de complejidades e interrelaciones, hasta el punto de que no explican casi nada. Valdría más apuntarse a la paráfrasis de un viejo refrán y decir: Por tu opinión sobre las películas que vieres, te diré quién eres.

Mi admiración por el cine de Scola viene de antiguo; nació con «Una giornata particolare» (1977) y se duplicó con «La nuit de Varennes» (1982), donde recreó a Thomas Paine, personaje histórico capital al que ningún otro director, que yo sepa, había hecho caso hasta entonces.
Admirar el cine de Coppola es trasladarse a otra dimensión. La trilogía de «El padrino» (1972-74-90) y el primer «Apocalypse Now» (1979) son hitos que han despertado emociones imborrables en millones de seres humanos. ¿Cabe entonces la comparación que trato de establecer por la simple coincidencia de fechas en la producción y estreno de dos películas? Anticipo que sí cabe, porque ambas fueron hechas para despertar las emociones esenciales que forman la conciencia del hombre, y la maestría en su ejecución hará que su mensaje dure mucho más tiempo del que se tarde en olvidar lo visto y escuchado.

El mensaje emocional de la reconstruida Apocalypse está en Heart of darkness, el libro que la inspiró: «Odio la peste de la mentira», escribió Conrad. Concorrenza sleale es, en palabras del propio Scola, «una denuncia a la discriminación y a la indiferencia».
En los sucesos de los años 30, la indiferencia frente a la persecución de los judíos tuvo al Vaticano de protagonista silencioso. De parecida indiferencia se vistió mucha gente para digerir las mentiras de la propaganda oficial, las que denuncia Coppola, ahora sin autocensura, sobre lo que fue la guerra de Vietnam.

Las emociones que provocan películas como éstas poco tienen que ver con las que esperamos sentir cuando vamos al cine para «pasar el rato». Pero son emociones imprescindibles para despertar de la molicie cotidiana y saber si estamos dispuestos a levantar la voz contra las cruzadas salvadoras de cualquier signo. En consecuencia, para averiguar si realmente odiamos la peste de las mentiras que nos cuentan.

FAB

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