La noticia ocupaba más de una página en periódicos y revistas de España, y supongo que de Argentina también: la joven más rica del mundo cumplirá 18 años el próximo 29 de Enero, decía, y apostillaba de inmediato, en ese momento entrará en posesión de una fortuna de 1.560 millones de euros.
A efectos prácticos, un día con otro, euros y dólares resultan equivalentes, de modo que el ciudadano argentino, entrenado a pensar en dólares, no tendrá dificultad en apreciar la importancia de esa fortuna y, por supuesto, si no se lo impide la mala sangre que le hervirá ante esa muestra del “desequilibrio global”, puede hacer algunos cálculos, “cuentas de la vieja”, como la que le brindo:
Sea un ciudadano que gana en mi país 25.000 euros “brutos” al año; no es un dato estadístico, sólo un supuesto no disparatado para mostrar equivalencias. Se puede razonar con mayores cifras de ingresos, y también con menos. No importa demasiado, llegaríamos a la misma conclusión. Voy a asignarle a ese hipotético ciudadano la edad de 70 años, de los cuales los últimos 50 fueron los de su vida activa. Mañana morirá de repente, sin embargo hoy, como no lo sabe, se ha puesto a razonar del modo más simple. Sus cálculos son los siguientes:
Mis 25.000 euros/año, mirando hacia atrás, me dicen que lo “ganado” por mí en estos 50 años equivale hoy a 1.250.000 euros, o sea 1 millón y cuarto de euros por toda mi vida. Supongo que eso debe ser lo que valgo. Si ahora divido la citada herencia por lo que valgo, me sale que la “afortunada” joven recibirá en un solo instante lo que 1.248 tipos como yo han cosechado a lo largo de toda su vida. No es para tanto entonces: el instante de una vida por todas las vidas de mil y pico personas, ¡hasta muere más gente en accidentes que se han olvidado antes de terminar de leerlos!
Será que los periódicos exageraron para escandalizar; porque escribieron que tal fortuna alcanzaría para saldar las deudas de varios países del tercer mundo. Y eso no me encaja, puesto que equivale a afirmar que si 1.248 tipos como yo cediéramos nuestros ingresos durante toda la vida, el tan traído y llevado problema de la deuda de muchos países desaparecería.
Naturalmente la hipótesis de este ciudadano es una majadería: los mil y pico tipos no pueden vivir del aire... ¿o quizás sí?
Pues en efecto, porque de poco más que de aire sobreviven hoy no 1.250, ni 12.500, ni 125.000, sino cerca de 1.000 millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo.
Si la corrección estuviera en apuntar a la fortuna de la novedosa heredera se podría hasta negociar con ella. Pero esa fortuna no es más que la punta del iceberg –perdón por el manido tópico– de la inmensidad de fortunas –en plural, no se olvide– que hacen cuerpo y placa común con ella, como el hielo en los fondos abisales de los mares circumpolares, y cuya fragmentación no muestra, para las fortunas, el menor signo de ser una amenaza. Cosa distinta será lo de los hielos polares; sin embargo, cuando éstos se licuen a velocidad suficiente para que los mares empiecen a tragarse las costas habitadas por ciudadanos del tipo millón y cuarto, los que valen mil y pico veces más ya estarán instalados en Marte.
¿Y los otros casi mil millones...?
Bueno, no serán problema, para esas fechas todos se habrán reunido con Dios.
Fernando Anguita B.
|