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AGENDA CULTURAL

AÑO VI- N° 56
AGOSTO 2004
Quilmes- Argentina
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Sonia Otamendi


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XI

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DE MITOLÓGICA CONFUSIÓN

Fernando ANGUITA B.


Una más de tantas coincidencias —colisiones las vengo llamando— ha motivado esta nota. De no haberse producido, los párrafos que siguen dormirían en el lenguaje binario del presente y del inabarca-ble futuro. Gilbert K. Chesterton me llevó de la mano a descifrar —no me atrevo decir a disfrutar— «Itylus», el poema de Swinburne. A la mitad del empeño, supe de la convención<>conmoción poética que estos días celebra Quilmes.

Quien sabe que no es poeta no se pone a escribir poemas. Todo lo más que puede hacer es dejarse embargar por la lectura de algunos, aunque si se enfrenta a un conjunto variopinto, probablemente no sea capaz de diferenciar los mejores de los simplemente buenos; puede que ni siquiera de los que ten-gan mala crítica. Sin embargo, ese lector de poemas no-poeta siempre sabrá señalar cuáles le gustaron y, en ocasiones, hasta decir por qué.

Rubens: El banquete de TereoAlgo parecido me ha pasado con Itylus. Repito que de no mediar la colisión no estaría hablando de ello. Quizás tampoco me habría dejado envolver por la cadencia atormentada de unos versos capaces de iluminar violación, mutilación y parricidio; los versos que en 1866 crisparon a la hipócrita sociedad victoriana. Ignoro si hoy es posible, no ya crispar sino siquiera sorprender a nadie valiéndose de una doble fabulación: la lírica, derramada por la maestría del poeta, y la que el modelo toma de la quimera mitológica.

Y aún hay más. Todos los poetas saben —imagino— no sólo que Algernon Charles era el doble y resonante patronímico de Swinburne, sino que éste se equivocó al poner nombre al personaje_víctima de su más celebrado poema. Aunque quizás sólo se dejó llevar por la leyenda mítica más truculenta. Porque no fue Itilo o Itylus sino Itis, el pequeño sacrificado por su madre y su tía para castigar al padre. La suerte (es un decir) de ambas víctimas fue parecida, Itilo también fue muerto por su madre, pero por error. Los lugares, tiempos y protagonistas son también distintos. La multiplicación de versiones se produce asimismo en la historia de Itis. De ésta, una prevalece y se consolida en «El banquete de Tereo», el cuadro pintado por Rubens en 1638 que hoy se exhibe en «El Prado» de Madrid.

No he podido dejar de preguntarme por qué el poeta asumió la confusión mitológica. ¿Fue por conservar la rima en el único verso donde aparece el nombre? Es posible. Los críticos han dicho que de los sórdidos escombros de incesto y crimen, había logrado condensar un instante en un canto de lírica belleza.

Por si algún poeta de hoy se siente capaz de ajustar la rima y devolver su protagonismo a Itis, he aquí la estrofa que lo reta:

Couldst thou remember and I forget.
O sweet stray sister, O shifting swallow,
The heart's division divideth us.
Thy heart is light as a leaf of a tree;
But mine goes forth among sea-gulfs hollow
To the place of the slaying of Itylus,

“Humana” es la única especie animal que escribe. El poeta pertenece a la clase particular de la misma que sublima las palabras, la sustancia que alimenta su vigilia y su sueño, para luego caer / en las metáforas inacabables / que instauran la convicción / de que la vida es una retórica / y la retórica la ciencia de la vida. Cuatro lustros se cumplieron ya desde que Graciela lo dejó así de claro.
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FAB.

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