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AGENDA CULTURAL

AÑO I- N° 06
AGOSTO 1999
Quilmes- Argentina
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 BORGES Y YO

Leda Schiavo


Conocí a Borges como profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras. Estábamos entonces en la calle Viamonte y Reconquista y los alumnos éramos, casi sin excepción, las “chicas de letras”. Borges llegaba, pasaba la puerta de clase mirando para arriba, subía a la tarima sobre la que estaba el escritorio y comenzaba a hablar monótonamente, siempre mirando para arriba. Lo escuchábamos religiosamente porque la comunicación trascendía la palabra misma, no era un profesor que hablaba, era el poeta en función casi sacerdotal y nosotras, pobre alumnas abotagadas, lográbamos darnos cuenta. Lo mejor era cuando Borges recitaba, siempre de memoria, a los clásicos ingleses. Entendíamos pocas palabras, pero el milagro musical nos traspasaba. Una vez, un chico de la FUBA quiso agredirlo, y me puse en el medio. Así me enteré que Borges era de derechas. Yo le dije que Borges era Borges, aunque fuera de derechas, y lo sigo pensando.

La última vez que vi a Borges fue en Chicago. Estábamos en guerra por las Malvinas y Borges dijo que no contestaría a ninguna pregunta sobre la guerra. Lo quisimos igual. Me acerqué con “La Cifra” para que me lo firmara y cuando se lo puse delante me dijo —¿qué es?—. Como lo sostenía mirando la foto que estaba en la tapa, le dije –ahora es un espejo—. Entendió y se río con su risa de niño grande. Me ha ocurrido muchas veces estar en un país extranjero y sentirme sola. Busco entonces un libro de Borges y al leerlo, me siento en casa.

Leda Schiavo

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