Es un día pálido y mis ganas de pensar escribiendo, empujan y se arrepienten. El país está sometido al humo caprichoso de la ambición. Prueba incesante de que aquel que puede, quiere hacer más plata que preguntas. ¿Qué de los futuros mejorados de los que se habla y no se alcanzan? ¿Qué del derecho a buscar, que ya ni siquiera a encontrar, otra mejor realidad argentina para muchos más?
Según Juan Gelman (y no tengo porqué dudarlo) la poesía es palabra calcinada. Este sentimiento razonado, resulta inhallable para las encendidas justificaciones de arriba, o para la asfixiante desesperación de abajo.
Hace dos días que no veo carritos por mi casa, y añares que me fui enterando por afuera de mi inconsciencia, de ese país que nunca fuimos, y que por ahora, lo presiento ahogado o perdido de visualización.
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NT
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