Huelva era una pequeña ciudad, capital de la provincia de su nombre. Al igual que toda España acababa de terminar la Guerra Civil de 1936 y estaba intentando recuperar su economía, en pleno periodo de posguerra.
En todo caso era un sitio tranquilo, donde todo el mundo se conocía en mayor o menor grado.
No es de extrañar que este suceso llegara pronto a oídos del agente alemán que operaba allí -a pesar de que la aparición de cadáveres en la costa no era un hecho excepcional- debido a las batallas y hundimientos que tenían lugar en el marco de la Segunda Guerra Mundial.