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Ahora le toca el turno a la construcción
de las anclas. Utilizo la escayola como
hice con los cañones pero en esta
ocasión no dispongo de ningún
ancla del tamaño deseado para que
me sirva para hacer el molde. Así
que me pongo manos a la obra y fabrico un
ancla de madera. No me queda mal del todo
y me pregunto porqué no hago otra
igual, las pinto de negro mate y ya tengo
el problema resuelto.
Pero
al final veo que la anclas de madera apenas
tienen peso y en todo caso aquí se
trata de disfrutar haciendo piezas de metal
y moldes. Por tanto las construiré
de PLOMO siguiendo
el mismo procedimiento
que utilizé para los cañones:
sumergir hasta la mitad el ancla de madera
en la escayola del primer compartimento,
esperar que solidifique y se seque completamente,
situar el segundo compartimento de madera
encima del primero y verter mas escayola.
Una vez seco extraer el ancla de madera
y ya podemos verter el plomo fundido. En
esta ocasión el experimento me salió
a la primera. Obtuve tres anclas del mismo
molde (una puede servir como ancla de respeto)
y creo que hubiera podido sacar bastante
mas. No estaban perfectas al 100 por cien
pero las consideré aceptable. Retoques
pertinentes para eliminar rebabas y me puse
a hacer el cepo, teñirlo con aceite
de linaza y ponerle el arganeo (1), aunque
sin forrar -de momento- este último
con la cigala (2).
(1) La argolla
grande del extremo de la caña.
(2) El cabo con que se forra el arganeo
en las anclas de cepo. |